Categoría: Marketing Político por Internet

“Como amigo”, de Forrest Gander


“Su rostro iba tan a favor de su pesarosa guapura, que parecía mayor y más convincente que cualquiera de nosotros…..Sus palabras no eran tanto registros memoriosos de acontecimientos como algo que lo hacía capaz de practicar una manera de hablar que nos hechizaba, incluso a sabiendas que eran pendejadas… Mentía no sólo acerca de su esposa Cora, su novia Sarah, sus amantes, sino acerca de todo”.

Erase una vez que era un joven carismático llamado Les, casado con Cora, que vivía en una ciudad vecina de donde trabajaba nuestro protagonista, lo que aprovechaba Les para vivir con Sarah, cuya estancia en su departamento justificaba ante Cora señalándola como lesbiana, por lo que su relación, le mentía, era la de una conveniente room mate con quien compartía gastos.

Clay era amigo, compañero de trabajo y ferviente admirador de Les. Besaba el suelo por donde pasaba Les. Desesperado porque ignoraba su presencia, porque sentía que su adoración no valía nada, molesto porque no le tiraba ni una migaja de conversación, porque lo eclipsaba, lo bajaba de nivel, lo vaciaba, empezó a pensar sobre las maneras de curarse de la veneración que le entregaba.

Sarah era la novia “lesbiana” de Les, el primer hombre a quién se la mamó, mamada que le supo a agua de pozo. Sarah, la que pensó, la primera vez que escuchó hablar a Les, que “está hablando de mis sentimientos, está hablando por mí, lo sabe todo”. Sarah, la que nos quiere contar cómo es la vida sin Les.

Forrest Gander es poeta. “Como amigo” es su primera novela. Estudió geología, y también literatura inglesa, ya ven ustedes que se complementan; vivió en la cuna de la independencia mexicana Dolores Hidalgo, de ahí, viene, supongo, la traducción al español mexicano de la poeta mexicana Pura López.

“Como amigo” es, y perdón para los que les parece que todo lo que leo son la octava, novena, …. maravilla de la literatura, es, digo, una novela p r e s c i n d i b l e. Con un arranque espectacular, perturbador, inquietante, “Como amigo” va perdiendo fuelle a la medida en que va transcurriendo la novela, muy, muy corta, por lo que no la vas a dejar sin terminar, porque con ese arranque, con ese personaje, esperas algo, pero, por desgracia, te quedas aguardando.

Tampoco estoy diciendo que es una pésima novela. No, se lee, te pone a pensar sobre temas importantes como el carisma, la envidia o el rechazo, pero quizá, saturado por tanta lectura, está se me atoró, o quizá no la comprendí, o a lo mejor la leí muy aprisa, o quizá me preocupó que se notaba una traducción a la mexicana, a mi, que siempre me molestaron las traducciones de Anagrama, por tanta hostia, tío, joder y cojones.

Narrada por tres protagonistas -Clay, Sarah y Les-, ubicada en algún rincón de los Estados Unidos de Trump, “Como amigo” es un ejercicio de un poeta escribiendo prosa que a ratos quiere ser poética -lo que Sarah nos cuenta a ratos parecen versos- pero que se queda en el vacío, el mismo que te deja la novela al terminarla después de la tormenta, que Hanna, creo se llamaba.

“Del color de la leche”, de Nell Leyshon

Un error común entre los lectores es el de no abrirnos a nuevos autores. Tenemos nuestros favoritos, y si son escritores compulsivos, de esos que publican un nuevo título cada 18 meses, pues se nos llena la lista de lecturas. Los dichos tienen su razón de existir, y el “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” lo aplicamos en este caso, con mexicana y singular alegría.

Nell Leyshon es una escritora inglesa, que escribe teatro y novela principalmente. En 2010, la escritora se convirtió en la primera mujer que escribió para el teatro Shakespeare’s Globe de Londres que llevaba 400 años sin dar cabida a la creatividad femenina. Ella nació y creció en Somerset, y pasó la mitad de su infancia en Glastonbury, y la otra mitad en una pequeña aldea agrícola al borde de los niveles de Somerset, que supongo inspiro el pueblo donde transcurre “Del color de la leche”.

Desde el año pasado me aguardaba la novela de Nell Leyshon. Había leído varias reseñas sobre la obra, que incluso fue elegida por una asociación de libreros españoles como la mejor novela del 2014. Así que aprovechando el impulso que me dispensó Sexto Piso con su oferta veraniega, y que acumuló varios títulos en espera de lectura, me decidí a leerla.

Sorpresa fue la primera sensación. Desde la primera página conocemos una voz narrativa atractiva y original, la de nuestra protagonista y narradora, Mary, que inicia su historia: “… en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años… quiero contarte lo que ha pasado….. y eso es por el principio”.

Mary es la menor de cuatro hermanas; viven con sus padres y su abuelo en una pequeña granja en la Inglaterra rural. Nació con su pelo blanco como la leche, y una deformidad en una de sus piernas, lo que le resta valor ante los ojos de su padre, que utiliza a sus hijas como bestias de carga en las tareas agrícolas: ordeñar las vacas, pastar las ovejas, preparar el terreno para la siembra, etc.

Un día su padre la informa que ha convenido con el vicario del pueblo que se instale en la vicaría, en calidad de criada, responsable del cuidado de la señora de la casa, enferma del corazón. Así inicia una nueva vida para Mary, y pronto, por su carácter, simpatía, disciplina y dedicación conquista el cariño de la señora y el aprecio del Vicario.

A pesar de que pintaba para una vida color de rosa, la lectura de la historia de Mary te empieza a inquietar. Desconfiado que es uno, esperas que algo se tuerza: el mundo es cruel, y no les ofrece respiro a seres carentes de maldad como Mary. Y a Mary le ocurre lo que le sucede aún, a millones de mujeres: tiene que luchar contra una violencia, diferente a la que ejercía su padre, pero que igual te destroza hasta el alma.

Es imposible no simpatizar con Mary: lengua pronta y bien afilada, escepticismo sano que la protege contra decepciones innecesarias, cariñosa con su abuelo, trabajadora, leal. Tan buena como un dulce de leche, lo que le ocurre termina arrugándote el corazón.

Corta, intensa y muy buena novela. Le agradezco a editoriales como Sexto Piso el esfuerzo que hacen para acercarnos obras y autores que no conoceríamos de otra manera. Escribe Valeria Luiselli en el prólogo del libro (revisando mis notas mientras escribo este texto, me di cuenta que la mexicana lo había escrito): “Hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. “El color de la leche” es uno de esos..”.

“Mi madre”, de Yasushi Inoue

Existen historias tan viejas como el mundo, y una de ellas, una prueba por la que casi todo ser humano debe de pasar, es la de ser testigo de la muerte de aquellos que nos dieron la vida, y como se lee en la contraportada: “padecer el trance de ver cómo la edad convierte a los progenitores en niños indefensos en brazos de sus propios hijos, de pronto devenidos padres, cuidadores”.

“Mi madre”, es un testimonio sobre los últimos años de vida de Yae Inoue, que Yasushi Inoue nos ofrece, en una lucida y conmovedora crónica sobre el deterioro mental que sufrió su madre, producto de la demencia senil que se disparó a partir de la muerte de su esposo. Texto escrito con delicadeza, lleno de amor y respeto, donde a través de los diálogos familiares, vamos conociendo la historia y la personalidad de la abuela, como la nombran toda familia.

Yasushi Inoue (1907-1991) no nos es muy conocido porque ha sido escasamente traducido al español, pero gozó de gran reconocimiento en su país natal, donde fue galardonado con casi todos los premios literarios que se entregan en Japón. Autor de poesía, novela, cuento y ensayo, también se dedicó al periodismo y algunas sus obras fueron llevadas al cine y a la televisión nipona. Gran acierto de Sexto Piso rescatarlo para nuestro mercado.

Dividido en tres partes que abarcan 8 años, narrado con una prosa delicada que alcanza en momentos tonos poéticos, “Mi madre” nos revela las reacciones, reflexiones y preocupaciones que provoca en toda la familia la situación de la abuela, en un sobrio retrato de la relación que cada miembro del clan guarda con la matriarca. Yasushi Inoue fue el primogénito de cuatro hijos: su hermano menor, cuyo nombre no recuerdo, y dos hermanas: Shigako y Kuwako, sobre quienes recayó la custodia de la madre.

Ellos, junto con sus parejas, sobrinos, hijos, dialogan sobre las conductas de la abuela, que van desde la constante repetición de las cosas, hasta el olvido -que en ocasiones parece selectivo- de personas y eventos que fueron relevantes en su vida, como el caso de su marido, al que nunca menciona, y de quién Inoue, al inicio del libro, nos hace una emotiva semblanza.

Todos ofrecen diagnósticos, suposiciones, ideas, reflexiones sobre las razones y sinrazones de lo que dice, no dice, repite y urde la abuela. Todos se preocupan, y dentro de sus alcances, intentan ayudar, hacerle más llevadera la vida, llenándola de compañía, amor y paciencia.

Escrito con delicadeza, con respeto hacia la madre y hacia los lectores, pues nunca dramatiza lo ya trágico, ni resalta la comicidad de situaciones que se producen en ocasiones, la historia fluye con una tonalidad conmovedora, moderada, nostálgica, evocadora.

Dudé mucho sobre la conveniencia de leer el libro. Mi madre, de 86 años cumplidos, presenta síntomas del deterioro que en la mente, produce el paso de los años. Pensé que me podía alterar su lectura. Sucedió lo contrario: me llenó de paz, de amor, indulgencia, mayor comprensión de la etapa que vive y grandes deseos de disfrutarla lo que nos quede de vida.

Libro hermoso, luminoso, emotivo; “Mi madre” es un “canto imperecedero a nuestra finitud, a nuestra fragilidad y a la eterna e ineludible figura de la madre”.

“La edad del desconsuelo”, de Jane Smiley

¿El amar te duele? ¿Amarte duele? ¿Es posible amar toda la vida? ¿Existe la felicidad; cuáles son los límites mínimos para considerarte que eres feliz? ¿El matrimonio, te debe ofrecer felicidad hasta que la muerte llegue?…A ti, sí, tú que estás casada: ¿eres feliz?¿Estás preparada para cuando llegues a la edad del desconsuelo?

Intensa lectura la de “La edad del desconsuelo”. Anoche, una pregunta insistía en fijarse en mi mente: ¿Me hubiera servido de algo leerla cuando se publicó, allá por 1987? No sé, quizá “La edad del desconsuelo” debiera ser lectura obligatoria para los casados que están ingresando a los cuarenta, esa década tan mítica como definitoria en la vida.

Jane Smiley (1949-) es una autora estadounidense que ha escrito 13 novelas, pero que ha sido escasamente traducida, cuando menos al español. No la conocía y no recuerdo dónde leí sobre “La edad del desconsuelo”, pero me atrajo lo suficiente como para buscarla hasta en la propia editorial -no la encontré en mis librerías tradicionales- Sexto Piso.

En “La edad del desconsuelo”, conocemos a David Hurts, dentista, 35 años, casado desde hace años con su novia de Facultad, Dana, dentista también; padres de Lizzie, Stephanie y Leah. Consulta compartida, casas en los suburbios y en el campo, estabilidad financiera, señalando firmemente el rumbo hacia un futuro asegurado.

Horarios de trabajo flexibles y coordinados, tareas domésticas compartidas, tres hijas inteligentes, sanas y hermosas. Tanta perfección te provoca sentimientos encontrados, porque las primeras páginas de la novela es una relación que nos expone Dave sobre las maravillas que le ha otorgado la vida desde que conoció a Dana.

No dejas la novela porque la narración está bien hecha, y además, hasta eso, el tipo es simpático y profundo; sus reflexiones, realistas, descarnadas e interesantes; Dave, con su incontinencia narrativa, te va envolviendo en su visión sobre lo que ha sido su vida, en los pequeños actos y eventos cotidianos que engarzados, van construyendo una rutina, que parece le acomoda.

Todo NoÑo pues, hasta que durante un paseo en el auto, a la maravillosa Dana se le escapa, sin darse cuenta, un pensamiento que nunca debió salir de su mente, porque viene a partirle la visión idílica de la vida a su marido: “nunca más volveré a ser feliz”.¡Válgame la maldita imprudencia Dana! Mira que en ocasiones, los deseos se te conceden.

Al escucharla, a Dave se le mete a la cabeza que su mujer lo engaña. Y ese poderoso pensamiento, que se convierte en obsesión, transforma y trastorna su matrimonio, desequilibra su trabajo, altera a sus hijas. Después de analizar a su presunción desde todos los ángulos, concluye que ha llegado a “La edad del desconsuelo”, cuando “las barreras entre nuestras propias circunstancias se han derrumbado a pesar de toda la educación recibida”.

Dave decide “aguantar vara” y cumple con su compromiso de “padre involucrado”, exhibido a su máxima y febril intensidad durante la mini epidemia de gripa que enfermó a sus hijas, mientras su mente no descansa, y gira sobre temas como la desintegración de su relación, la conciencia del amor absoluto que siente por sus hijas, el futuro como divorciado, el desamor y el desconsuelo; y se colma -y nos carga- de ansiedad, miedo, angustia,

Novela corta, extraordinaria y compleja; atrevida e intensa; relevante y realista. “La edad del desconsuelo” retrata la vida, la vida misma, y por eso, te puede servir como herramienta para iniciar una conversación íntima contigo mismo, para confesarte o cuestionarte que tanto consuelo requieres, que tan feliz o infeliz eres. Y no, no sé si hubiera cambiado las cosas haberla leído a mis cuarenta..

“Si te dicen que caí”, de Juan Marsé

El domingo amanecí con la noticia sobre el fallecimiento de Juan Marsé. Su muerte me impactó por varias razones, pero la principal fue, y me avergüenza confesarlo, porque nunca lo había leído. No he leído a millones de escritores, lo sé, pero existen algunos autores que considero que para un lector con mi perfil, deberían ser imprescindibles. Marsé era -y estaba consciente de ello desde hace años- uno de ellos.

En mi vana defensa podría argumentar que sus libros nunca fueron bien distribuidos en nuestro país, quizá porque sus primeros éxitos coincidieron en tiempo con los de Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, José Agustín, Gustavo Sainz, Jorge Ibargüengoitia, Ricardo Garibay, Elena Poniatowska, grandes escritores también, cuyos libros eran más accesibles para los lectores mexicanos.

Juan Marsé (1933-2020), catalán de cepa, fue reconocido con premios mexicanos: el Premio Internacional de Novela México, y lo que hoy es el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de México. Además, en el 2008 fue galardonado con el Premio Miguel de Cervantes 2008. Conocido, reconocido y apreciado, publicó principalmente novela y cuentos, y varias de sus obras fueron llevadas -con regular éxito- al cine.

“Si te dicen que caí”, su quinta novela, se publicó originalmente en México, en 1973, por causa de la censura del régimen franquista que desautorizaba su publicación en España. Unos años antes se había consagrado con la publicación de su novela mas conocida -su fama aún persiste- “Últimas tardes con Teresa”, ganadora del Biblioteca Breve en 1966.

“Si te dicen que caí” es un ejercicio memorístico de Juan Marsé. Novela de barrio, de calles y plazas, de bares, hospicios e iglesias. Ambientada en la Barcelona de la posguerra civil, cuenta las andanzas de una pandilla de adolescentes encabezada por el Java, y aderezada con las aventis del Sarnita, mientras buscan, sin querer encontrarla, a una prosti de lujo.

Guerrilleros urbanos, falangistas vengativos, huérfanas trabajadoras y colegialas aburguesadas; vencedores y vencidos, ricos y jodidos, nacionalistas y republicanos circulando en una historia laberíntica, o mas bien, en decenas de pequeñas aventis, mezclas de realidades y fantasías que te retan y fascinan.

Niños y niñas en su transito a la vida adulta; adolescentes con imaginación, sufriendo pesadillas pero soñando fantasías; memorias del barrio, de verdades y mentiras; lo real y lo inventado, llevándonos de la mano en un paseo por una Barcelona aún padeciendo las secuelas de la guerra, tratando de restañar sin alcanzar sus heridas.

Decía Marsé en 1977 que la única manera de recuperar su niñez y su barrio, y conseguir lo que pretendía al escribir “Si te dicen que caí”, era conceder crédito a ciertas formas consolidadas de la memoria popular, de la tradición oral, de ahí supongo, la técnica narrativa elegida.

“Evocarían hombres como torres que se fueron desmoronando, compañeros que no regresarían nunca de su sueño, y que no quedaría de ellos ni el recuerdo, ni una imagen: ni la postura en que cayeron acribillados, quedaría”.

Prosa sin preciosismos ni pretensiones, pero vigorosa, rotunda y precisa. Novela de trastornados tiempos narrativos y múltiples voces, “Si te dicen que caí” no es fácil lectura. Marsé menciona que unos versos de Machado lo acompañaron durante los tres años que le llevó escribir la novela: “En los labios niños/las canciones llevan/confusa la historia/y clara la pena”.

Quizá, a ratos, “Si te dicen que caí” te parezca confusa, pero la pena por la muerte de Marsé la aclara. Que descanse en paz este orfebre de nuestra literatura.

“Donde se guardan los libros”, de Jesús Marchamalo

Tema recurrente en las lecturas: ¡libros sobre libros! A la mayoría de los lectores que conozco les encanta pasearse por los pasillos de sus librerías favoritas. Y aunque, alguno que otra lo critica -dejando flotar por ahí, un indiscreto efluvio con olor a envidia-, también nos encanta mostrar nuestras librerías y fijarse en las ajenas, aunque sea en foto o video.

De ahí el éxito de los videos de los BookTubers mostrando sus bibliotecas, y el de las secciones de dedicadas a ese fin de muchos programas televisivos alrededor del mundo, que muestran las bibliotecas de escritores, académicos o bibliómanos. Yo paso horas buscando en YouTube bibliotecas -sobre todo privadas- que conocer, y ni para qué mencionar mi búsqueda de libros que hablen sobre el tema.

Hace poco tiempo comentaba el libro de Jesús Marchamalo “Los reinos de papel”, que era la continuación de “Donde se guardan los libros”. Normal que te enteres de los libros no en el orden en que se publicaron, sino cuando te topas con ellos. Y cuando te gustan, mueves cielo, tierra y mar hasta que consigues la serie, como fue mi caso.

Editado por Siruela, “Donde se guardan los libros. Bibliotecas de escritores” nos presenta un recorrido por las bibliotecas de veinte escritores contemporáneos, que azuzados por Marchamalo, hablan sobre sus libros: “cómo están o no ordenados, la manera en que se han ido acumulando o perdiendo, y de las historias, buena parte de ellas fabulosas, que rodean a muchos de ellos”.

Fernando Savater, Javier Marías, Pérez-Reverte, Vilas-Mata, Vargas Llosa, Carmen Posadas, Soledad Puértaolas , y la lista continúa hasta completar veinte, le abrieron las puertas de sus bibliotecas a Jesús Marchamalo y nos permitió atisbar por sus estantes, decepcionado de nuevo por la calidad de las fotos color sepia, no muy buenas que digamos, tomadas por el propio autor.

Jesús Marchamalo les solicita a sus anfitriones tres menciones: un clásico de la literatura universal que lo haya conmovido, emocionado, impresionado notablemente; un libro de algún autor contemporáneo o de actualidad que recomiende, y la más complicada: el libro de su propia autoría que más presente tiene, por las razones que sean: complicaciones y/o circunstancias a la hora de escribirlo, éxito o fracaso, etc.

Las menciones de los escritores te pueden servir para ampliar tu conocimiento sobre el tema, incrementar la lista de los libros por adquirir o quizá, hasta para decepcionarte por el gusto del autor.

Lectura fácil para leer entre libros, a ratos, o sin parar, de principio a fin. Gasto prescindible en tiempos de pandemia, recomendado solo para bibliomaniáticos o para quienes tengan acceso fácil al libro y les guste el tema.

“Todo cuanto amé”, de Siri Hustvedth

Existen lecturas que no te permiten distracciones. Son las que constantemente, en cada párrafo, en cada página te exigen que te comportes como un lector adulto. Nada de evasiones, de evocaciones, de escapar hacia otros mundos, de soñar con convertirte en el personaje de la novela. “Todo cuanto amé” es una novela demandante, absorbente y desafiante.

“Todo cuanto amé” es la primera novela que leo de Siri. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, novelista, poeta y ensayista, hasta que se anunció el reconocimiento que le otorgó la Fundación Principe de Asturias fue que entró a mi radar lector, eso y a pesar que he leído casi todas las novelas que ha publicado Paul Auster, que tampoco sabía -ni tenía por qué saberlo- que era su marido, hasta que salió lo del Premio.

Quedé gratamente sorprendido. Tan densa como profunda, les mentiría que es una novela para entretenerse. A pesar del título, no es una novela romántica, pero sí, apasionante. “Todo cuanto amé” refleja a las personas, la familia, los cuadros, la carrera, los recuerdos, todo aquello que formó parte de su vida y que Leo, nuestro protagonista, amó.

“Todo cuanto amé” cuenta la historia durante 25 años de Leo Helzberg, su mujer Erika y su hijo Matthew por un lado; y de Bill, su ex mujer, Lucille, el hijo de ambos, Mark y Violet, musa, modelo y segunda esposa de Bill; dos familias que comparten vida, vivienda, vacaciones, intereses artísticos y académicos y construyen lazos tan íntimos y fuertes, que un suceso transforma radical y profundamente la vida de todos.

Narrada en primera persona por Leo, con una exquisita prosa; escrita con una minuciosidad que se aprecia y no te pesa, “Todo cuanto amé” es una novela sobre la amistad, la familia, la paternidad, la soledad y las terribles consecuencias de las adiciones, teniendo como fondo el mundo del arte contemporáneo.

Leo, historiador de arte; Bill, artista plástico; Erika, profesora de lengua inglesa; Lucille, poeta; Violet, Investigadora de psicopatías, trastornos y desordenes femeninos, forman un clan de intelectuales nada pedantes; atractivos e inteligentes; complejos y en ocasiones, insondables. Poseedores de innegables talentos que los complementan, integran un conjunto de personajes bien diseñados, verosímiles y que con sus excepciones, terminas queriendo y admirando.

Dividida en dos partes, es en la primera, donde Leo se presenta y nos cuenta cómo se conocieron y construyeron sus vínculos y sus familias. La segunda se convierte en una especie de thriller, donde se involucra un personaje siniestro del mundo del arte VIP (vídeo, instalación y performance, dixit Avelina Lesper) provocando graves problemas en la estabilidad familiar del grupo.

Concluyendo: novela bien escrita, profundamente documentada sobre temas como el arte contemporáneo, o los trastornos de alimentación, la histeria o las psicopatías femeninas, y hasta sobre la literatura de Henry James; con personajes maravillosamente creados, y que producen profundas reflexiones sobre la paternidad, las relaciones de pareja, la amistad, la actividad artística e intelectual, “Todo cuanto amé” es una novela muy recomendable.

“Los crímenes de Alicia”, de Guillermo Martínez

“El crimen perfecto no es el que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un culpable equivocado”. Con un inicio así, ¿cómo no continuar leyendo? Si les complace resolver enigmas; si alucinan con las novelas que tratan sobre escritores o sus libros; si les agradó “Alicia en el país de las maravillas”, si les interesan las matemáticas, o simplemente les gustan las buenas novelas, “Los crímenes de Alicia” es una excelente opción para ustedes.

Premio Nadal 2019, “Los crímenes de Alicia” es la primera novela que leo del autor argentino Guillermo Martínez, muy presente sin embargo, porqué me gusta ver en YouTube programas que se transmiten en la televisión argentina sobre literatura, y me ha tocado en suerte verlo en calidad de invitado, entrevistado o participante.

Martínez es Matemático, con un posgrado doctoral en esa ciencia otorgado por la prestigiosa escuela inglesa de Oxford; ha publicado ensayos de la relación que existe entre la literatura y las matemáticas como “Borges y las matemáticas”, dos libros de cuentos y cinco novelas más, una de ellas, “Crímenes imperceptibles” llevado a la pantalla cinematográfica.

“Los crímenes de Alicia” transcurre en el Instituto de Matemática de Oxford, y parte de un hecho real brillantemente novelado por Martínez: Kristen, una joven becaria colaboradora de “La Hermandad de Lewis Carroll”, integrada por un grupo variopinto de personajes que investigan la vida del autor de “Alicia en el país de las maravillas” y que van publicar sus diarios, encuentra un papel que daría luz sobre un hecho relevante de la vida de Carroll.

Al poco tiempo, y antes de reunirse con los miembros de la cofradía para mostrarles el trascendental documento, Kristen es atropellada por un auto que se da a la fuga, señalando el inicio de una serie de muertes entre el grupo de admiradores de Lewis, lo que da pie a una investigación con un atractivo enfoque de lógica matemática, llena de suspenso e inteligencia.

Todo parece indicar que el responsable de los crímenes, enterado del hallazgo de Kristen, y la inminente publicación de los diarios de Carroll por parte de “La Hermandad”, pretende perjudicarla, exponiendo una inclinación pedófila de Carroll. Lewis Carroll, nació con el nombre de Charles Lutwidge Dodgson y publicó este clásico en 1865. Graduado en Oxford, publicó su novela inspirado en Alice Lidell, una niña de 10 años, hija del rector de su alma mater. Por esa relación, y una extraña afición de fotografiar a niñas, Carroll se ganó la fama -nunca confirmada- de pedófilo.

Las investigaciones las encabezan el Inspector Petersen por parte de la policía local y Arthur Sheldon, un brillante profesor de matemáticas, miembro de “La hermandad”, experto en Lógica Matemática, que acompañado por G., un joven ex alumno argentino, procuran descifrar las claves alrededor de los atentados, en un juego lleno de misterio e intrigas, donde todos parecen y pueden ser culpables.

Es G. el matemático argentino quien nos va narrando la historia, a manera de un narrador omnisciente pero selectivo, dejándonos conocer solo sus pensamientos, sin entrometerse en los de los demás, invitándonos a participar en la investigación, dejando fluir la historia, que va transcurriendo llena de enigmas, a ritmo pausado, transcurriendo sin grandes sobresaltos, pero manteniéndonos bien enganchados a la novela.

No crean que se van a quebrar la cabeza resolviendo teoremas de lógica matemática. Y si alguien asegura que descifró el final, no se lo creería. “Los crímenes de Alicia” es una novela metaliteraria, bien documentada en su parte histórica, original, entretenida y atractiva, escrita con una prosa sin complicaciones, que cuando menos a mí, me atrapó desde la primera página hasta la última, la de las aclaraciones y agradecimientos, permitiéndome conocer a Guillermo Martínez. Muy recomendable.

“La casa de la alegría”, de Edith Wharton

Existen lecturas que te dejan sorprendido, desconcertado, pasmado ante lo inesperado; además, apenado, sollozando, con discretos gemidos, así terminé la lectura de “La casa de la alegría”, de la autora estadounidense Edith Wharton (1862-1937). Me agarró con la guardia abajo, y aquí estoy, preguntándome aún cómo superar mi aflicción.

De Edith Wharton solo había leído parte de sus libros de ensayos literarios “Criticar ficción”, “El vicio de la lectura” y “Escribir ficción”. Sabía que era autora de una novela que llegó con gran éxito a la pantalla cinematográfica: “La edad de la inocencia”, novela que además fue galardonada con el prestigioso Pulitzer en 1920, pero no se me antojaba leerla, pues no me gusta leer lo que ya ví en la pantalla.

Conocía por reseñas y comentarios de la valía de “La casa de alegría”. Hace relativamente poco tiempo, la compré con la intención de conocer a Edith en su faceta de novelista, y justo después de leer a la Nobel 2018 Olga Tokarczuc me llegaron las ganas, así que aquí estoy, satisfecho con la lectura, pero con una ligera humedad en los ojos, molestas y estorbosas a la hora de escribir estas líneas.

La historia ocurre entre New York, sus alrededores y algunas ciudades Europeas a principios del siglo XX. Cuenta la historia de Lily Bart, una joven bellísima y carismática, educada para desenvolverse como un verdadero Sol entre lo más granado de la alta sociedad del Este norteamericano.

Además de belleza y excelente educación en las materias necesarias para triunfar en ese mundo, Lily está dotada de atributos que la hacen ser una mujer preciada y apreciada: leal amiga, discreta, delicada, adaptable, inteligente, integra, con ciertas aptitudes artísticas, generosa, de fuertes convicciones morales, pero ingenua, ilusa, contradictoria y sin recursos financieros.

Y es el miedo a la pobreza lo que la lleva a cometer desacierto tras desatino, y a nosotros, a inquietarnos por el rumbo que va tomando su vida, pues caballeros que somos, nos la pasamos afligidos ante tantos despropósitos.

Lily, deseando consolidarse en el único mundo que conoce, pero sin dinero para lograrlo de manera independiente, busca marido para alcanzarla, sin darse cuenta que al no priorizar el amor como elemento de peso al evaluar los candidatos, son sus convicciones morales las que la imposibilitan tomar por esposo a quien no se ajuste a las mismas.

No sé como contarles mis impresiones sin incurrir en algún indeseado spoiler . Lily es adorable, pero está más salada que el Mar Muerto. Todo lo hace con la mejor de las intenciones, pero nada le sale bien. La incapacidad de la hermosa Princesa para conciliar valores con ambiciones la van encaminado hacia el destierro de “La casa de la alegría”.

Envidiada por muchas, deseada por casi todos; vulnerable por su posición financiera y sí, también por su ambición, orientada a permanecer en un sitio privilegiado vía matrimonio, dentro de una sociedad que espera cualquier error para expulsarla de sus filas, se hace de a gratis de una enemiga más pérfida y malévola que Maléfica.

¡En fin! No les cuento más. Gracias a la maestría de la pluma de Wharton, “La casa de la alegría” nos permite asomarnos al ambiente, los usos y las costumbres, los códigos de conducta de la alta sociedad del Nueva York de esos años. Novela con decenas de personajes que giran alrededor de Lily y que refleja un amplísimo y diverso espectro de comportamientos humanos. “La casa de la alegría” es una novela de época que vale la pena leer.

Yo, la verdad, me quedé triste, ojeroso y cansado. Al final, lo único que quería era tomar a Lily de los hombros, mirarla fijamente a los ojos, darle una ligera sacudida y decirle lo más suave posible: “espabílate niña, ya no peques de insensata, confiada e ilusa; elude tus contradicciones, sigue los mandatos de tu corazón y cásate conmigo, que seremos pobres, pero felices”.

“Sobre los huesos de los muertos”, de Olga Tokarczuk

Por fin se me hizo conocer a la polaca Olga Tokarczuk (1967-), Premio Nobel de Literatura 2018 de la que, como casi siempre me sucede, no sabía nada de nada, hasta el día que se anunció como la ganadora del Premio más mediático entre los que otorga la Academia Sueca.

La primera novela que llegó a México fue “Los errantes”, que la tenía cerca y no me animaba a leerla, hasta que el martes me encontré en la librería “Sobre los huesos de los muertos”, y me decidí a entrarle de una buena vez antes de dejarla olvidada por ahí como me pasó con “Los errantes”.

No sé si a ustedes les pasa, pero a mi, hay ocasiones en que, cuando de pronto me encuentro con el libro de un escritor del cual no conocía nada, y que de repente y por todos lados, lees y escuchas cosas sobre su obra y su vida, me apanico, temeroso de que si no me gusta, signifique algo negativo sobre mis aptitudes como lector, aunque sepas que no es así, porque nunca es así.

En este caso, bastó haber conocido a la protagonista y narradora de la novela Janina Duszejko para percibir que mi relación con la literatura de Olga Tokarczuk no termina con “Sobre los huesos de los muertos”, que resultó además, una fascinante novela.

Janina es una anciana adorable, excéntrica, trabajadora incansable, curiosa, quejumbrosa, traductora de poesía, amante de los animales, enemiga de los cazadores, astróloga de vocación, ingeniera de profesión, maestra por amor, piedra en el zapato para la policía, vieja loca para sus vecinos, aficionada a apodar a todo mundo, entrañable y parlanchina hasta el cansancio; personajazo que bien vale una misa.

Janina nos cuenta -no se calla nunca- santo y seña de sus vecinos, de lo que pasa en por su pueblo, Kotlina Klodzka, al suroeste de Polonia; del clima, de los animales que circulan por el bosque, de las cazadores furtivos a los que les tiene tirria, de lo que dice su horóscopo y el de los demás; nos da santo y seña de todo lo que pasa por su mente, y vaya que le sobran pensamientos.

Por andar metida en todo, se involucra en una serie de misteriosos fallecimientos que ocurren en un corto lapso de tiempo durante el invierno en su pequeño pueblo, donde nunca ocurre nada durante la fría temporada invernal, cuando la mitad de sus habitantes huyen del álgido clima para refugiarse en otras ciudades.

Sus estrambóticas teorías sobre las muertes, que no se cansa de repetirlas a quien se le acerca, y que expresa en una serie de cartas que regularmente envía a las autoridades policiales exigiendo que se investiguen, sumado a la constantes denuncias que hace contra las cacerías ilegales de sus vecinos, le acarrea cierta fama de “vieja trastornada”, que ni le afecta ni le perjudica ni la frenan sino todo lo contrario, hasta que……

Para no hacérsela larga, “Sobre los huesos de los muertos” es una original, poderosa, magistral, una fantástica novela que ocurre en un pequeño pueblo polaco de cazadores que cuenta la historia de una serie de crímenes que ocurren en circunstancias muy extrañas y que te mantiene atrapado entre la verborrea de nuestra narradora y las coincidencias y casualidades, que se van entrelazando hasta llegar a un final tan sorprendente como perturbador. Se las recomiendo mucho,
A %d blogueros les gusta esto: