“Del color de la leche”, de Nell Leyshon

Un error común entre los lectores es el de no abrirnos a nuevos autores. Tenemos nuestros favoritos, y si son escritores compulsivos, de esos que publican un nuevo título cada 18 meses, pues se nos llena la lista de lecturas. Los dichos tienen su razón de existir, y el “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” lo aplicamos en este caso, con mexicana y singular alegría.

Nell Leyshon es una escritora inglesa, que escribe teatro y novela principalmente. En 2010, la escritora se convirtió en la primera mujer que escribió para el teatro Shakespeare’s Globe de Londres que llevaba 400 años sin dar cabida a la creatividad femenina. Ella nació y creció en Somerset, y pasó la mitad de su infancia en Glastonbury, y la otra mitad en una pequeña aldea agrícola al borde de los niveles de Somerset, que supongo inspiro el pueblo donde transcurre “Del color de la leche”.

Desde el año pasado me aguardaba la novela de Nell Leyshon. Había leído varias reseñas sobre la obra, que incluso fue elegida por una asociación de libreros españoles como la mejor novela del 2014. Así que aprovechando el impulso que me dispensó Sexto Piso con su oferta veraniega, y que acumuló varios títulos en espera de lectura, me decidí a leerla.

Sorpresa fue la primera sensación. Desde la primera página conocemos una voz narrativa atractiva y original, la de nuestra protagonista y narradora, Mary, que inicia su historia: “… en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años… quiero contarte lo que ha pasado….. y eso es por el principio”.

Mary es la menor de cuatro hermanas; viven con sus padres y su abuelo en una pequeña granja en la Inglaterra rural. Nació con su pelo blanco como la leche, y una deformidad en una de sus piernas, lo que le resta valor ante los ojos de su padre, que utiliza a sus hijas como bestias de carga en las tareas agrícolas: ordeñar las vacas, pastar las ovejas, preparar el terreno para la siembra, etc.

Un día su padre la informa que ha convenido con el vicario del pueblo que se instale en la vicaría, en calidad de criada, responsable del cuidado de la señora de la casa, enferma del corazón. Así inicia una nueva vida para Mary, y pronto, por su carácter, simpatía, disciplina y dedicación conquista el cariño de la señora y el aprecio del Vicario.

A pesar de que pintaba para una vida color de rosa, la lectura de la historia de Mary te empieza a inquietar. Desconfiado que es uno, esperas que algo se tuerza: el mundo es cruel, y no les ofrece respiro a seres carentes de maldad como Mary. Y a Mary le ocurre lo que le sucede aún, a millones de mujeres: tiene que luchar contra una violencia, diferente a la que ejercía su padre, pero que igual te destroza hasta el alma.

Es imposible no simpatizar con Mary: lengua pronta y bien afilada, escepticismo sano que la protege contra decepciones innecesarias, cariñosa con su abuelo, trabajadora, leal. Tan buena como un dulce de leche, lo que le ocurre termina arrugándote el corazón.

Corta, intensa y muy buena novela. Le agradezco a editoriales como Sexto Piso el esfuerzo que hacen para acercarnos obras y autores que no conoceríamos de otra manera. Escribe Valeria Luiselli en el prólogo del libro (revisando mis notas mientras escribo este texto, me di cuenta que la mexicana lo había escrito): “Hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. “El color de la leche” es uno de esos..”.
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