“La invención de Morel” de Adolfo Bioy Casares

Las últimas semanas he estado leyendo mucho cuento, mayoritariamente, fantástico. No es ni el lugar, ni el momento ni soy la persona adecuada para presentarles una disertación sobre las características del género, pero leí Poe, Brasca, Merino, Arreola, Monterroso, Darío, Borges y Cortázar entre muchos más.

No es mi género preferido; lo reconozco. La fantasía en cualquiera de sus modalidades no se encuentra entre mis lecturas frecuentes. Pero hay que conocerlo, y si se puede, intentar reconocerlo. Por eso, ya enredado en el tema, me decidí a leer la novela de un maestro del género, Adolfo Bioy Casares: “La invención de Morel”.

Bioy Casares (1914-1999) fue un verdadero maestro del cuento y la novela breve. Amigo entrañable de Jorge Luis Borges, publicó junto con su esposa Silvina Ocampo , y con el mismo Borges, un importante libro sobre el género fantástico: “Antología de la literatura fantástica”.

“La invención de Morel” la publicó en 1940 y marcó el verdadero arranque de su carrera literaria. Siguieron otros libros: como “El sueño de los héroes”, “Historias fantásticas” y “Dormir al sol”. Su monumental “Borges”, es un hito en la historia de nuestra literatura, y los que nos hicimos de esa maravilloso volumen de más de 1500 páginas, nos sentimos orgullosos de tenerlo.

Novela corta, “La invención de Morel” es la historia de un prófugo de la justicia, que en su huida, decide esconderse en una isla desierta, donde un intento fallido de urbanización, la amuebló con algunas construcciones que se encuentran abandonadas.

Nuestro Robison Crusoe escribe una especie de diario, con la intención de ofrecerle a la humanidad su visión acerca del infierno que sus perseguidores han construido, y entre el trabajo que ejecuta frente a la necesidad de ganarse el pan, y sus constantes enfrentamientos contra las fuerzas de la naturaleza, nos va contando el transcurrir de sus días.

Una mañana es sorprendido con la presencia de un grupo de -¿vacacionistas?- personas, lo que lo obliga a abandonar la construcción donde se había instalado, para esconderse en la zona pantanosa de la isla, desde donde emprende varias incursiones para espiar a los intrusos, sin decidir que es lo que hará: presentarse y arriesgarse a que lo denuncien, o permanecer escondido hasta que regresen de donde llegaron.

Entre acecho y atisbo, nuestro protagonista descubre una bella mujer, a la que llama Faustine, y de la que termina total, irremediable y perdidamente enamorado, y como siempre sucede, la situación se le complica, pues inicia el juego de que me exhibo, pero no me ves, te celo, pero tú me ignoras, te amo, pero ni te enteras.

Será el amor, será el cansancio, será el coraje que le provoca el asedio de Morel -uno de los intrusos- sobre su bella Faustine que lo ciega, pero nuestro narrador, tardado, pero cae en cuenta que, como en aquella Isla de la fantasía, la del señor Roarke y Tattoo, ocurre un prodigio, que lo convierte en una especie de hombre invisible, por lo que pasa inadvertido para todos.

Y lo que inició como una novela policiaca, continuó como una historia de aventuras, se transformó en un romance de novela, termina en una fantasía de ciencia ficción, una especie de utopía metafísica, al que nuestro narrador, junto con nosotros, tendrá que encontrarle sentido.

“La invención de Morel” es una novela de muchas lecturas. A ratos me desesperó, en otros me fascinó, pero al final, terminé deslumbrado por la genialidad de Bioy Casares. No envejece la novela: 80 años y aún provoca emociones.

“El dibujo de la escritura”, de Jorge F. Hernández

Existen ocasiones en que en el rincón más inesperado de la librería a la que casi nunca acudes, te encuentras con una pequeña joya que seguramente incrementará el valor de tu biblioteca, y que además, te costó menos de cien pesos mexicanos.

Así me pasó con “El dibujo de la escritura”, de Jorge F. Hernández un maravilloso libro editado primorosamente por Alfaguara -¿por qué no lo haces más seguido, Alfaguara?- que estaba en oferta, y que lo adquirí sin saber de lo que se trataba, solo por el título y la edición en pasta dura, y obvio: el precio!

Tengo muchas referencias de Jorge. Como escritor, como ensayista, como promotor de la cultura, como columnista, pero no conocía su faceta de caricaturista, porque estimadas amigas y amigos, “El dibujo de la escritura” es un libro de caricaturas que trata sobre literatura, sus autores, de nosotros, los lectores.. en fin, una joya que engalana la más fifí de las bibliotecas.

Sí les gusta la obra gráfica, la literatura, los libros, el buen humor, traten de buscar el libro de Jorge. Si lo encuentran sentirán que descubrieron un tesoro que tenían perdido desde hace tiempo.

“Donde se guardan los libros”, de Jesús Marchamalo

Tema recurrente en las lecturas: ¡libros sobre libros! A la mayoría de los lectores que conozco les encanta pasearse por los pasillos de sus librerías favoritas. Y aunque, alguno que otra lo critica -dejando flotar por ahí, un indiscreto efluvio con olor a envidia-, también nos encanta mostrar nuestras librerías y fijarse en las ajenas, aunque sea en foto o video.

De ahí el éxito de los videos de los BookTubers mostrando sus bibliotecas, y el de las secciones de dedicadas a ese fin de muchos programas televisivos alrededor del mundo, que muestran las bibliotecas de escritores, académicos o bibliómanos. Yo paso horas buscando en YouTube bibliotecas -sobre todo privadas- que conocer, y ni para qué mencionar mi búsqueda de libros que hablen sobre el tema.

Hace poco tiempo comentaba el libro de Jesús Marchamalo “Los reinos de papel”, que era la continuación de “Donde se guardan los libros”. Normal que te enteres de los libros no en el orden en que se publicaron, sino cuando te topas con ellos. Y cuando te gustan, mueves cielo, tierra y mar hasta que consigues la serie, como fue mi caso.

Editado por Siruela, “Donde se guardan los libros. Bibliotecas de escritores” nos presenta un recorrido por las bibliotecas de veinte escritores contemporáneos, que azuzados por Marchamalo, hablan sobre sus libros: “cómo están o no ordenados, la manera en que se han ido acumulando o perdiendo, y de las historias, buena parte de ellas fabulosas, que rodean a muchos de ellos”.

Fernando Savater, Javier Marías, Pérez-Reverte, Vilas-Mata, Vargas Llosa, Carmen Posadas, Soledad Puértaolas , y la lista continúa hasta completar veinte, le abrieron las puertas de sus bibliotecas a Jesús Marchamalo y nos permitió atisbar por sus estantes, decepcionado de nuevo por la calidad de las fotos color sepia, no muy buenas que digamos, tomadas por el propio autor.

Jesús Marchamalo les solicita a sus anfitriones tres menciones: un clásico de la literatura universal que lo haya conmovido, emocionado, impresionado notablemente; un libro de algún autor contemporáneo o de actualidad que recomiende, y la más complicada: el libro de su propia autoría que más presente tiene, por las razones que sean: complicaciones y/o circunstancias a la hora de escribirlo, éxito o fracaso, etc.

Las menciones de los escritores te pueden servir para ampliar tu conocimiento sobre el tema, incrementar la lista de los libros por adquirir o quizá, hasta para decepcionarte por el gusto del autor.

Lectura fácil para leer entre libros, a ratos, o sin parar, de principio a fin. Gasto prescindible en tiempos de pandemia, recomendado solo para bibliomaniáticos o para quienes tengan acceso fácil al libro y les guste el tema.

“Todo cuanto amé”, de Siri Hustvedth

Existen lecturas que no te permiten distracciones. Son las que constantemente, en cada párrafo, en cada página te exigen que te comportes como un lector adulto. Nada de evasiones, de evocaciones, de escapar hacia otros mundos, de soñar con convertirte en el personaje de la novela. “Todo cuanto amé” es una novela demandante, absorbente y desafiante.

“Todo cuanto amé” es la primera novela que leo de Siri. Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019, novelista, poeta y ensayista, hasta que se anunció el reconocimiento que le otorgó la Fundación Principe de Asturias fue que entró a mi radar lector, eso y a pesar que he leído casi todas las novelas que ha publicado Paul Auster, que tampoco sabía -ni tenía por qué saberlo- que era su marido, hasta que salió lo del Premio.

Quedé gratamente sorprendido. Tan densa como profunda, les mentiría que es una novela para entretenerse. A pesar del título, no es una novela romántica, pero sí, apasionante. “Todo cuanto amé” refleja a las personas, la familia, los cuadros, la carrera, los recuerdos, todo aquello que formó parte de su vida y que Leo, nuestro protagonista, amó.

“Todo cuanto amé” cuenta la historia durante 25 años de Leo Helzberg, su mujer Erika y su hijo Matthew por un lado; y de Bill, su ex mujer, Lucille, el hijo de ambos, Mark y Violet, musa, modelo y segunda esposa de Bill; dos familias que comparten vida, vivienda, vacaciones, intereses artísticos y académicos y construyen lazos tan íntimos y fuertes, que un suceso transforma radical y profundamente la vida de todos.

Narrada en primera persona por Leo, con una exquisita prosa; escrita con una minuciosidad que se aprecia y no te pesa, “Todo cuanto amé” es una novela sobre la amistad, la familia, la paternidad, la soledad y las terribles consecuencias de las adiciones, teniendo como fondo el mundo del arte contemporáneo.

Leo, historiador de arte; Bill, artista plástico; Erika, profesora de lengua inglesa; Lucille, poeta; Violet, Investigadora de psicopatías, trastornos y desordenes femeninos, forman un clan de intelectuales nada pedantes; atractivos e inteligentes; complejos y en ocasiones, insondables. Poseedores de innegables talentos que los complementan, integran un conjunto de personajes bien diseñados, verosímiles y que con sus excepciones, terminas queriendo y admirando.

Dividida en dos partes, es en la primera, donde Leo se presenta y nos cuenta cómo se conocieron y construyeron sus vínculos y sus familias. La segunda se convierte en una especie de thriller, donde se involucra un personaje siniestro del mundo del arte VIP (vídeo, instalación y performance, dixit Avelina Lesper) provocando graves problemas en la estabilidad familiar del grupo.

Concluyendo: novela bien escrita, profundamente documentada sobre temas como el arte contemporáneo, o los trastornos de alimentación, la histeria o las psicopatías femeninas, y hasta sobre la literatura de Henry James; con personajes maravillosamente creados, y que producen profundas reflexiones sobre la paternidad, las relaciones de pareja, la amistad, la actividad artística e intelectual, “Todo cuanto amé” es una novela muy recomendable.

“Los crímenes de Alicia”, de Guillermo Martínez

“El crimen perfecto no es el que queda sin resolver, sino el que se resuelve con un culpable equivocado”. Con un inicio así, ¿cómo no continuar leyendo? Si les complace resolver enigmas; si alucinan con las novelas que tratan sobre escritores o sus libros; si les agradó “Alicia en el país de las maravillas”, si les interesan las matemáticas, o simplemente les gustan las buenas novelas, “Los crímenes de Alicia” es una excelente opción para ustedes.

Premio Nadal 2019, “Los crímenes de Alicia” es la primera novela que leo del autor argentino Guillermo Martínez, muy presente sin embargo, porqué me gusta ver en YouTube programas que se transmiten en la televisión argentina sobre literatura, y me ha tocado en suerte verlo en calidad de invitado, entrevistado o participante.

Martínez es Matemático, con un posgrado doctoral en esa ciencia otorgado por la prestigiosa escuela inglesa de Oxford; ha publicado ensayos de la relación que existe entre la literatura y las matemáticas como “Borges y las matemáticas”, dos libros de cuentos y cinco novelas más, una de ellas, “Crímenes imperceptibles” llevado a la pantalla cinematográfica.

“Los crímenes de Alicia” transcurre en el Instituto de Matemática de Oxford, y parte de un hecho real brillantemente novelado por Martínez: Kristen, una joven becaria colaboradora de “La Hermandad de Lewis Carroll”, integrada por un grupo variopinto de personajes que investigan la vida del autor de “Alicia en el país de las maravillas” y que van publicar sus diarios, encuentra un papel que daría luz sobre un hecho relevante de la vida de Carroll.

Al poco tiempo, y antes de reunirse con los miembros de la cofradía para mostrarles el trascendental documento, Kristen es atropellada por un auto que se da a la fuga, señalando el inicio de una serie de muertes entre el grupo de admiradores de Lewis, lo que da pie a una investigación con un atractivo enfoque de lógica matemática, llena de suspenso e inteligencia.

Todo parece indicar que el responsable de los crímenes, enterado del hallazgo de Kristen, y la inminente publicación de los diarios de Carroll por parte de “La Hermandad”, pretende perjudicarla, exponiendo una inclinación pedófila de Carroll. Lewis Carroll, nació con el nombre de Charles Lutwidge Dodgson y publicó este clásico en 1865. Graduado en Oxford, publicó su novela inspirado en Alice Lidell, una niña de 10 años, hija del rector de su alma mater. Por esa relación, y una extraña afición de fotografiar a niñas, Carroll se ganó la fama -nunca confirmada- de pedófilo.

Las investigaciones las encabezan el Inspector Petersen por parte de la policía local y Arthur Sheldon, un brillante profesor de matemáticas, miembro de “La hermandad”, experto en Lógica Matemática, que acompañado por G., un joven ex alumno argentino, procuran descifrar las claves alrededor de los atentados, en un juego lleno de misterio e intrigas, donde todos parecen y pueden ser culpables.

Es G. el matemático argentino quien nos va narrando la historia, a manera de un narrador omnisciente pero selectivo, dejándonos conocer solo sus pensamientos, sin entrometerse en los de los demás, invitándonos a participar en la investigación, dejando fluir la historia, que va transcurriendo llena de enigmas, a ritmo pausado, transcurriendo sin grandes sobresaltos, pero manteniéndonos bien enganchados a la novela.

No crean que se van a quebrar la cabeza resolviendo teoremas de lógica matemática. Y si alguien asegura que descifró el final, no se lo creería. “Los crímenes de Alicia” es una novela metaliteraria, bien documentada en su parte histórica, original, entretenida y atractiva, escrita con una prosa sin complicaciones, que cuando menos a mí, me atrapó desde la primera página hasta la última, la de las aclaraciones y agradecimientos, permitiéndome conocer a Guillermo Martínez. Muy recomendable.

“La casa de la alegría”, de Edith Wharton

Existen lecturas que te dejan sorprendido, desconcertado, pasmado ante lo inesperado; además, apenado, sollozando, con discretos gemidos, así terminé la lectura de “La casa de la alegría”, de la autora estadounidense Edith Wharton (1862-1937). Me agarró con la guardia abajo, y aquí estoy, preguntándome aún cómo superar mi aflicción.

De Edith Wharton solo había leído parte de sus libros de ensayos literarios “Criticar ficción”, “El vicio de la lectura” y “Escribir ficción”. Sabía que era autora de una novela que llegó con gran éxito a la pantalla cinematográfica: “La edad de la inocencia”, novela que además fue galardonada con el prestigioso Pulitzer en 1920, pero no se me antojaba leerla, pues no me gusta leer lo que ya ví en la pantalla.

Conocía por reseñas y comentarios de la valía de “La casa de alegría”. Hace relativamente poco tiempo, la compré con la intención de conocer a Edith en su faceta de novelista, y justo después de leer a la Nobel 2018 Olga Tokarczuc me llegaron las ganas, así que aquí estoy, satisfecho con la lectura, pero con una ligera humedad en los ojos, molestas y estorbosas a la hora de escribir estas líneas.

La historia ocurre entre New York, sus alrededores y algunas ciudades Europeas a principios del siglo XX. Cuenta la historia de Lily Bart, una joven bellísima y carismática, educada para desenvolverse como un verdadero Sol entre lo más granado de la alta sociedad del Este norteamericano.

Además de belleza y excelente educación en las materias necesarias para triunfar en ese mundo, Lily está dotada de atributos que la hacen ser una mujer preciada y apreciada: leal amiga, discreta, delicada, adaptable, inteligente, integra, con ciertas aptitudes artísticas, generosa, de fuertes convicciones morales, pero ingenua, ilusa, contradictoria y sin recursos financieros.

Y es el miedo a la pobreza lo que la lleva a cometer desacierto tras desatino, y a nosotros, a inquietarnos por el rumbo que va tomando su vida, pues caballeros que somos, nos la pasamos afligidos ante tantos despropósitos.

Lily, deseando consolidarse en el único mundo que conoce, pero sin dinero para lograrlo de manera independiente, busca marido para alcanzarla, sin darse cuenta que al no priorizar el amor como elemento de peso al evaluar los candidatos, son sus convicciones morales las que la imposibilitan tomar por esposo a quien no se ajuste a las mismas.

No sé como contarles mis impresiones sin incurrir en algún indeseado spoiler . Lily es adorable, pero está más salada que el Mar Muerto. Todo lo hace con la mejor de las intenciones, pero nada le sale bien. La incapacidad de la hermosa Princesa para conciliar valores con ambiciones la van encaminado hacia el destierro de “La casa de la alegría”.

Envidiada por muchas, deseada por casi todos; vulnerable por su posición financiera y sí, también por su ambición, orientada a permanecer en un sitio privilegiado vía matrimonio, dentro de una sociedad que espera cualquier error para expulsarla de sus filas, se hace de a gratis de una enemiga más pérfida y malévola que Maléfica.

¡En fin! No les cuento más. Gracias a la maestría de la pluma de Wharton, “La casa de la alegría” nos permite asomarnos al ambiente, los usos y las costumbres, los códigos de conducta de la alta sociedad del Nueva York de esos años. Novela con decenas de personajes que giran alrededor de Lily y que refleja un amplísimo y diverso espectro de comportamientos humanos. “La casa de la alegría” es una novela de época que vale la pena leer.

Yo, la verdad, me quedé triste, ojeroso y cansado. Al final, lo único que quería era tomar a Lily de los hombros, mirarla fijamente a los ojos, darle una ligera sacudida y decirle lo más suave posible: “espabílate niña, ya no peques de insensata, confiada e ilusa; elude tus contradicciones, sigue los mandatos de tu corazón y cásate conmigo, que seremos pobres, pero felices”.

“Sobre los huesos de los muertos”, de Olga Tokarczuk

Por fin se me hizo conocer a la polaca Olga Tokarczuk (1967-), Premio Nobel de Literatura 2018 de la que, como casi siempre me sucede, no sabía nada de nada, hasta el día que se anunció como la ganadora del Premio más mediático entre los que otorga la Academia Sueca.

La primera novela que llegó a México fue “Los errantes”, que la tenía cerca y no me animaba a leerla, hasta que el martes me encontré en la librería “Sobre los huesos de los muertos”, y me decidí a entrarle de una buena vez antes de dejarla olvidada por ahí como me pasó con “Los errantes”.

No sé si a ustedes les pasa, pero a mi, hay ocasiones en que, cuando de pronto me encuentro con el libro de un escritor del cual no conocía nada, y que de repente y por todos lados, lees y escuchas cosas sobre su obra y su vida, me apanico, temeroso de que si no me gusta, signifique algo negativo sobre mis aptitudes como lector, aunque sepas que no es así, porque nunca es así.

En este caso, bastó haber conocido a la protagonista y narradora de la novela Janina Duszejko para percibir que mi relación con la literatura de Olga Tokarczuk no termina con “Sobre los huesos de los muertos”, que resultó además, una fascinante novela.

Janina es una anciana adorable, excéntrica, trabajadora incansable, curiosa, quejumbrosa, traductora de poesía, amante de los animales, enemiga de los cazadores, astróloga de vocación, ingeniera de profesión, maestra por amor, piedra en el zapato para la policía, vieja loca para sus vecinos, aficionada a apodar a todo mundo, entrañable y parlanchina hasta el cansancio; personajazo que bien vale una misa.

Janina nos cuenta -no se calla nunca- santo y seña de sus vecinos, de lo que pasa en por su pueblo, Kotlina Klodzka, al suroeste de Polonia; del clima, de los animales que circulan por el bosque, de las cazadores furtivos a los que les tiene tirria, de lo que dice su horóscopo y el de los demás; nos da santo y seña de todo lo que pasa por su mente, y vaya que le sobran pensamientos.

Por andar metida en todo, se involucra en una serie de misteriosos fallecimientos que ocurren en un corto lapso de tiempo durante el invierno en su pequeño pueblo, donde nunca ocurre nada durante la fría temporada invernal, cuando la mitad de sus habitantes huyen del álgido clima para refugiarse en otras ciudades.

Sus estrambóticas teorías sobre las muertes, que no se cansa de repetirlas a quien se le acerca, y que expresa en una serie de cartas que regularmente envía a las autoridades policiales exigiendo que se investiguen, sumado a la constantes denuncias que hace contra las cacerías ilegales de sus vecinos, le acarrea cierta fama de “vieja trastornada”, que ni le afecta ni le perjudica ni la frenan sino todo lo contrario, hasta que……

Para no hacérsela larga, “Sobre los huesos de los muertos” es una original, poderosa, magistral, una fantástica novela que ocurre en un pequeño pueblo polaco de cazadores que cuenta la historia de una serie de crímenes que ocurren en circunstancias muy extrañas y que te mantiene atrapado entre la verborrea de nuestra narradora y las coincidencias y casualidades, que se van entrelazando hasta llegar a un final tan sorprendente como perturbador. Se las recomiendo mucho,

“La hija oscura”, de Elena Ferrante

Pasa de la una de la mañana del martes y no puedo dormir. Las sensaciones que me quedaron de la lectura de “La hija oscura” me impulsan a escribir antes de irme a la cama sobre esta novela corta, pero de enormes dimensiones literarias, autoría de esa anónima o conocida -¿a quién le importa?- escritora que se ha escondido bajo el seudónimo de Elena Ferrante.

No quería leer “La hija oscura”. Escrita antes de “La amiga estupenda”, se encontraba en mis libreros desde hace tiempo, pero temía que me decepcionara. Después de leer la saga de “Dos amigas”, había colocado a su autora en el máximo nivel de mi muy personal ranking literario. Las 4 novelas de la serie han sido para mí de lo mejor que he leído en los últimos 20-25 años. De esa magnitud es la admiración y el temor a que con “La hija oscura”, la Ferrante se me cayera del pedestal donde la había colocado.

Si aún no han leído a la Ferrante no tienen idea de lo que se han perdido. Quien esté detrás del seudónimo es una verdadera maestra de la narrativa. Sus novelas, introspectivas, densas, llenas de emoción contenida, de una tensión que te mantiene expectante, literalmente encadenado a la historia que te está contando, son obras mayores de la literatura.

“La hija oscura” narra la historia de Leda, una mujer llegando a sus 50´s, maestra universitaria de literatura inglesa, divorciada, con dos hijas radicadas con su padre en Canadá, mientras ella vive en Florencia, Italia. Es verano, decide alquilar un pequeño departamento en un pueblo en la costa del mar Jónico a donde arriba cargada de libros y papeles con el plan de preparar su próximo curso y aprovechar la playa para leer descansando.

Es en la playa donde conoce a una familia napolitana tan vulgar, ruidosa y numerosa como la suya, a la que abandonó desde muy joven buscando alejarse de la sordidez, la violencia y la miseria en que vivió hasta su adolescencia. Observando atentamente al grupo, su atención se centra en Nina, una joven madre y su hija, y es en su afán de conocerla, lo que provoca que se desate un conflicto cuyo epicentro es una muñeca, la muñeca de la niña, y que pondrá a descubierto la parte oscura de la vida de Leda, una mujer compleja y afectada seriamente por su infancia. Elena no protege a Leda; la deja actuar, la deja hablar, le permite reflexionar sin juzgarla.

El tema siempre está presente en las historias que nos cuenta Ferrante: el deseo de sus personajes femeninos por huir de la incultura, la vulgaridad y la violencia a través de la educación y la academia. Sin embargo infancia es destino, y pronto nos damos cuenta que Leda, a pesar de su educación, pretensiones y méritos académicos, sigue cargando a cuestas al barrio; sus estallidos de violencia verbal y física la retornan a su origen barriobajero.

Narrada como es su costumbre en primera persona, con una prosa seca pero a la vez ligera, “La hija oscura” trata sobre las ataduras de la maternidad, el precio que paga una mujer con ambiciones; sobre el deseo de redención, el miedo al fracaso, el pavor a elegir equivocadamente.

Los invito a leer a Elena Ferrante. Sus novelas tratan de asuntos complejos y siempre presentes, que la escritora los trata sin maniqueísmos ni falsos melodramas, pero con una narrativa adictiva donde los giros, el suspenso, la trama son manejados con verdadera maestría.

“El secreto de tus ojos”, de Eduardo Sacheri

Existen escritores que se cuelan en tu vida sin pedir permiso, pero sin exigir más atención que la que les corresponde durante los placenteros momentos que se comparten. Son como esas personas que se te aparecen un día, se caen bien, y se despiden sin muchas expectativas, pero con la sensación que se encontraran de nuevo, y el reencuentro será igual de grato.

Eduardo Sacheri (1967-) es de esa clase de amigos. Lo conocí en abril del 2015 cuando disfruté de su compañía leyendo “Ser feliz era esto”. No volví a saber nada de él hasta un año después, cuando me lo topé con “Papeles en el viento”, donde cuenta una entrañable historia de amistad que me permitió conocer que compartíamos la pasión por el fútbol.

Semanas después, me llevé la grata sorpresa de que su nueva novela, “La noche de la Usina” había sido galardonada con el Premio Alfaguara 2016; buen pretexto para volvernos a reunir y consolidar nuestra relación. Fue por esos días que me enteré de otra novela suya “Aráoz y la verdad”, escrita en el 2008, que la disfruté ese mismo 2016; en el 2017 fueron sus libros de relatos cortos “Las llaves del reino” y “La vida que pensamos” los que lo mantuvieron presente.

En noviembre del año pasado tuvimos la oportunidad de volvernos a reunir en torno a esa maravillosa historia de amor que vivió Ofelia Fernández Mollé en “Lo mucho que te amé”. Se las recomiendo mucho si es que no la han leído. Una historia ubicada y muy bien recreada en el Buenos Aires de los 50´s del siglo pasado.

Y como siempre pasa, nos despedimos con un hasta luego, que resultó pronto, pues gracias a un lector del grupo me enteré que la ópera prima de Sacheri era una novela de la que no sabía nada, que se había publicado hace 15 años y que hasta versión cinematográfica tiene: “El secreto de tus ojos”.

Publicada por primera vez en el 2005, con el titulo “La pregunta de tus ojos”, cuenta dos historias: la del asesinato de Liliana Emma Colotto y la del amor cuasi eterno y secreto que Chaparro siente por Irene; la historia ocurre principalmente en Buenos Aires y va y viene mientras nos entretiene, saltando entre los esfuerzos de Benjamín por escribir la historia del crimen de Liliana y sus fantasías, ilusiones, momentos de euforia y desazones provocados por la adoración que siente desde siempre por Irene Hornos.

¡Me encantó! ¿Qué más quieren que les cuente? Benjamin, burócrata judicial federal, responsable, trabajador, topado en el escalafón por no haberse graduado de abogado, ve pasar su vida a través de los miles de expedientes que pasaron por sus manos hasta que recién jubilado, decide alcanzar cuando menos uno de sus sueños: convertirse en escritor.

Se pone pues a escribir la historia del homicidio de Liliana, de su investigación y desenlace, que transcurre durante una parte la dictadura argentina, junto a su entrañable compañero Pablo Sandoval, el profundo investigador Baeza, el inconsolable, singular e inescrutable viudo Ricardo Agustín Morales; a la vez, nos vamos enterando del nacimiento de su amor por Irene, amor íntimo, sigiloso, reservado hasta que Chaparro comprende y se decide a responder de una vez y para siempre, la pregunta de sus ojos.

Escrita con una prosa que fluye como las dos historias que nos cuenta Sacheri, sin artificios, sin grandes cumbres, pero a la vez sin hondos precipicios, “La pregunta de tus ojos” es una novela que te engancha y no te suelta; que trata sobre la amistad, la lealtad, la voluntad, la venganza, el dolor, pero principalmente del amor; les recomiendo su seductora lectura mientras espero la próxima reunión con Eduardo.

“Decisiones difíciles”, de Felipe Calderón

El género de las “Memorias” es muy fecundo. Las librerías -y los estantes de nuestras bibliotecas- dan prueba de ello. De bote pronto considero que el interés surge por nuestro gusto por enterarnos de la vida de los demás -las admiremos o no- y de la avidez de algunas editoriales dispuestas a arriesgarse a darnos gusto con su publicación.

Claro, como hasta entre los perros existen razas, en el género hay niveles: de éxito económico, editorial o literario. “Vivir para contarla”, de García Márquez, “Mi último suspiro”, de Luis Buñuel, “Paris era una fiesta”, de Ernest Hemingway han alcanzado el éxito literario, editorial y económico. A Winston Churchill le dieron hasta el Nobel de Literatura, en parte por las suyas.

Siguiendo el ejemplo de Churchill, muchos líderes políticos han publicado sus memorias. Las memorias de los políticos tienen su mercado. En los Estados Unidos los adelantos por los derechos de publicación han alcanzado cifras de vértigo, y me imagino qué, como en ese país raramente un ex presidente abandona el puesto enriquecido, la publicación de sus memorias contribuye de manera importante en sus fondos de retiro.

Sean cuales fueren las razones, los lectores del género esperamos un nivel aceptable de autenticidad y fidelidad con respecto a los hechos que se narran. Conscientes de que no estamos leyendo historia, tampoco queremos que la subjetividad, la exageración o inclusive la ficcionalización sean las divisas que se enseñoreen en la narrativa, dándonos atole con el dedo.

En el caso de los Ex Presidentes Mexicanos post revolucionarios, han publicado sus memorias: Lázaro Cárdenas del Río (“Apuntes: una selección”), Miguel Alemán Valdés (“Remembranzas y testimonios”), José López Portillo (“Mis tiempos”), Miguel De La Madrid H. (“Cambio de rumbo”), Carlos Salinas de Gortari (“México un paso difícil hacia la modernidad”) y se acaba de publicar la de Felipe Calderón (“Decisiones difíciles).

Yo las leí y agradezco su publicación. No solo la de los Presidentes Mexicanos, sino la mayoría a las que tengo acceso. Sé que salvo excepciones, los políticos escriben sus memorias para justificarse, reivindicarse, ajustar cuentas o lanzar bolas de humo. También que su ego les exige, les demanda, los empuja a presumir los supuestos logros que se alcanzaron bajo su gestión. Lo sé, pero aún y así, me interesa conocer sus puntos de vista, las razones para sus decisiones, su visón de su equipo de trabajo y sus adversarios.

Reconozco que las filias y las fobias son inherentes a la política y que impiden el análisis sereno y objetivo del desempeño de cualquier político. Los que tratamos de alejarnos de esos comportamientos sabemos que la política, el desempeño político, puede y debe analizarse desde diferentes ángulos, porque todos reflejan una parte de la verdad.

“Decisiones difíciles” se lee fácil (la inicié una noche y la terminé la siguiente); abarca más de los seis años de gestión presidencial de Calderón; afortunadamente no nos atiborra de números y de gráficas; reconoce llanamente algunos errores que cometió y me llamó la atención su análisis sobre narcotráfico (controlar rutas) VS narco menudeo (controlar plazas) y obvio, lo referente a la aparición del virus AH1N1 en el 2009.

Me disgustó el nombre: “Decisiones difíciles” se tituló el libro de memorias que escribió Hillary Clinton sobre su desempeño como Secretaria de Estado estadounidense. Vaya falta de creatividad editorial.

Creo que se lavó las manos en el tema Genaro García Luna y sus desmanes; le sobraron los últimos dos capítulos (su visón sobre la actualidad y la carta a AMLO), y definitivamente pienso que utilizó su libro para ajustar cuentas con el PAN y la corporación que lo maneja.
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