“Noche sagrada”, de Michael Connelly

Leer las novelas de Connelly, sobre todo las de la saga de Harry Bosch, es parecido a la convivencia con un amigo, al que ves muy seguido, al que estimas, con quién te encanta pasar el rato en el bar, o salir a correr todas las mañanas; y que mientras te tomas un tequila, o trotas a su lado, atiendes a sus historias, la mayoría, repetidas, pero que con su talento narrativo, basta un ligero giro, para que la recibas como si nunca la hubieras escuchado.

He leído muchas novelas de Bosh; he visto todas las temporadas de la serie televisiva, y es tan grande mi apego a sus historias, que cuando me siento un poco cansado, o requiero un descanso activo para mi cerebro, exhausto de literatura un poco más, digamos compleja, perturbadora, o simplemente exigente, inmediatamente lo busco.

Lealtad, camaradería, aprecio, apego, lo que quieran gusten y manden, pero mientras Connelly continúe contándonos las aventuras de Harry, yo seguiré leyéndolas. Hemos envejecido y compartido la vida los últimos, ¿qué les gusta: 20 años? Algo cercano a eso, así que definitivamente, nos consideramos viejos camaradas.

En “Noche sagrada”, mi buen Harry, en el semi retiro (¿qué pensaría un nuevo lector que se iniciara en la saga con esta novela? ¿Cómo formarse una imagen correcta de Bosch? ¿habrá nuevos lectores de la saga Bosh?), se encuentra aferrado en resolver (pro bono) el asesinato de Daisy Clayton, una adolescente prostituta, ocurrido 9 años atrás.

Su obsesión lo lleva a ofrecerle una habitación (así de buena gente es Harry) a Elizabeth, la madre de Daisy, una drogadicta en otro de sus períodos de recuperación, a quien la aflige un lacerante y merecido sentimiento de culpabilidad por la muerte de su hija. Obvio, a Maddie, la hija de Harry, no le cae en gracia el arreglo hogareño, y poco a poco opta por arraigarse en su cuarto universitario, para evitarse la incomodad que le provoca la presencia de la room mate de su padre en su hogar.

Harry recibe la ayuda inesperada de la detective Renée Ballard, del turno nocturno de la División de Hollywood, caída en desgracia por haber presentado una queja por acoso sexual contra un superior. La falta de apoyo, el vacío al que la han condenado sus compañeros, unido a un fuerte sentido del deber y la justicia, la impulsó a unirse a Harry en la búsqueda del asesino de Daisy.

Como sucede siempre -en L.A. hay demasiados asesinatos como para que un detective dedique el cien por ciento de su tiempo en la solución de solo uno- , tanto Bosch como Ballard ocupan su horario laboral en la solución de otros casos, digámosle vigentes, y periféricos al que los obsesiona, que es el de Daisy Clayton. Este recurso de Connelly sirve para revelarnos la dinámica cotidiana de las diferentes comisarías que integran el famoso, enviciado y desmesurado DPLA.

El autor estructuró la novela intercalando secciones para contar las actividades habituales de Renée y Harry, retando al lector a descubrir si algunas de esas investigaciones se relacionan con el caso de Daisy. Hay uno especial, donde se involucra un policía corrupto y un informante de Bosh, que ofrece el arco de tensión necesario, que quizá no mantiene la búsqueda de un asesino que lleva 9 años suelto.

Porque no hay orden en una investigación de asesinato: una mujer es asesinada brutalmente con un cuchillo en la trastienda de su negocio y el caso se cierra en un día. Una chica es secuestrada en la calle y asesinada, y pasan nueve años sin una pista de su asesino. Pero hay policías buenos, como Bosch, como Renée, que no descansan hasta enviar a los homicidas tras las rejas.

Un buen par de detectives, varios robos y homicidios rápidamente resueltos, una peligrosa pandilla, que le pone precio a la cabeza de Harry Bosch, un clandestino y vengativo “escuadrón de la muerte” policial tratando de impedirlo, y un asesinato irresoluto. ¿Qué más queremos, para descansar leyendo, que una buena novela policíaca?

“El consentimiento”, de Vanessa Springfield

Si pretendiéramos, si ambicionáramos que la literatura, que la lectura, solo nos proporcionara gozo estético, placer emocional, sentimientos positivos o sensaciones agradables, estaríamos errados, totalmente equivocados, rotundamente despistados.

No solo sentimientos y sensaciones positivas obtienes de las lecturas. Un buen libro es capaz de transformar a las personas, aunque su lectura no sea como un paseo por un parque de diversiones. “El consentimiento”, de Vanessa Springora ha logrado exponer el doble rasero con el que la sociedad francesa juzgaba un delito como la pedofilia, dependiendo de quién lo cometía, para traerlo a debate creando una nueva conciencia.

“El consentimiento”, la novela de No Ficción de Vanessa Springora, no es una lectura agradable, ni apacible, ni placentera. Mientras lees, experimentas efectos que van del odio al desprecio, no por la autora, que con quien al menos yo, conecté profundamente con sus emociones, sino hacia su verdugo, el despreciable Gabriel Matzneff, un vil depredador, que morirá pronto, sin lograr salirse totalmente con la suya, pero sin recibir un castigo equivalente al daño que produjo.

Por si no están enterados, Vanessa Springora dirige la prestigiosa casa editorial francesa Julliard, y en “El consentimiento”, cuenta la historia de la relación que inició hace más de 30 años con el “aclamado” y reconocido escritor francés Gabriel Matzneff, amorío que ocurrió, cuando ella recién cumplía sus catorce y el escritor pasaba los cincuenta.

El libro provocó un maremoto cuyas olas arrastraron a intelectuales y medios de comunicación franceses, que en su momento, toleraron, ignoraron, consintieron, y muchos, hasta aplaudieron y auparon el comportamiento delictuoso y abusivo del depredador, que se daba el lujo de nutrir sus libros con las historias de sus víctimas, re victimizándolas. Al día de hoy, muchos se han deslindado y han ofrecido disculpas públicas; los otros, quizá se las ofrendaran a sus demonios.

El mismo día en que salió al mercado francés “El consentimiento”, el depredador publicó una larga carta, donde sin ofrecer una disculpa, pedir perdón y mucho menos mostrar arrepentimiento, se quejó de haber recibido una puñalada en el corazón. Y en este caso, es complicado separar la obra del pedófilo de su vida privada, porque insisto, en ella, en sus libros, se regodeaba, exponiendo a sus víctimas, escribiendo sobre sus relaciones, haciendo apología de su delito.

El caso de los padres de Vanessa se cuece en olla aparte. La madre conoció la relación desde su inicio y la consintió; el padre se indignó, pataleó, amenazó con denunciar al pedófilo, pero al final, no hizo nada; bueno, aprovechó la ocasión como pretexto para desaparecer definitivamente de la vida de su hija.

¿Por qué deben de leer libros como “El consentimiento? Para aprender que es mentira que las malas acciones y las malas personas están alejadas del ámbito familiar, cultural, deportivo o religioso; dentro de la familia, en nuestro círculo más intimo de amigos, en el deportivo, en el consultorio del médico a quién le confías la salud de tus hijos, en el centro mismo de nuestra vida, puede merodear un depredador.

Y los jóvenes la deben de leer porque, deben tener claro que una relación sana, solo puede ser, florecer, y crecer, cuando existe una igualdad entre la pareja. El consentimiento puede ser un término jurídico un tanto ambiguo, pero, una adolescente, un joven de 14 años, siempre se encontrará en desventaja, y en muchos niveles, frente a un hombre o a una mujer de 40/50 años.

Libro corto, bien escrito, con una prosa seca, precisa, con la que Vanessa que narra, expone y argumenta lo que vivió, cómo lo vivió, las consecuencias sobre su vida, las razones y sin razones de sus actos. No puedo dejar de recomendarla, aunque lastime leerla.

“Hombres”, de Angelika Schrobedorff


¿Ingenua o cínica; coqueta o infantil; calculadora o cauta; egoísta o víctima; empoderada o sólo rebelde; ambiciosa o simplemente ansiosa? No logré descifrar cuál era el rasgo que mejor definía a Eveline Clausen, la bella, hermosa, irresistible, pero caprichosa, inmadura y superficial protagonista de la ópera prima de Angelika Schrobsdorff (1927-2016), “Hombres”. No me simpatizó mucho Eveline, pero no niego que me provocó sentimientos, algo encontrados, embrollados, pero potentes.

Deseaba mucho leer “Hombres”. Las expectativas que me generó Angelika después de leer “Tú no eres como otras madres”, me llenaban de ansiedad, impaciencia y a la vez, desasosiego: temía al desencanto.

Y es que “Tú no eres como otras madres” es una maravillosa, entrañable e inolvidable novela protagonizada por una madre tan singular, tan original, tan deslumbrante, que te dejaba sin aliento. Aún la recuerdo. ¡genial lectura!

“Hombres” se publicó originalmente en 1961 y provocó un escándalo, a pesar de que recibió una fuerte podada por la censura alemana de aquellos años. Espero que la edición de Periférica & Errata Naturae se apegue a la versión original. Imagino que la Alemania de los 60’s debió ser muy mojigata, pero que a estas alturas del partido se nos ofrezca una versión censurada, me parecería un insulto al lector.

¡Hombres! Varios, sometidos, enamorados, seducidos. Varón que se cruzaba con Eveline, hombre que caía total, completa y absolutamente rendido ante sus encantos; nuestra protagonista, después de sufrir los efectos desastrosos de la guerra, los emplea con un talento innato, sacando partido, explotando su hermosura; lucrando con la fascinación que ejerce entre los varones; deseando evadir, esquivar, burlar ese futuro lleno de miedo, desarraigo e inseguridad, a la que parece condenada.

“Hombres” trata de la infancia, adolescencia y juventud de Eveline; inicia durante los últimos años de la II Guerra con los Nazis negándose a rendirse y sin aflojar su persecución contra los judíos. Difícil juzgar a Eveline, de madre judía y padre alemán; que abandonó a su adorado padre, porque con su madre, perseguida por semita, tuvo que huir de Alemania; llegaron a Bulgaria, donde se reunieron con su hermanastra y su marido, búlgaro de nacionalidad, padres de un niño; y sin que sea un spoiler, les puedo comentar que lograron sobrevivir hasta el fin de la guerra, como todos: con miedo, carencias y sufrimientos.

Finalizada la conflagración, Bulgaria es ocupada por Rusos, Ingleses y Estadounidense, y hombres de las cuatro nacionalidades (no olvidemos a los búlgaros), sucumben ante la belleza de la adolescente, que aprovecha su hermosura para divertirse; a los 17 años, Eveline se ha enamorado perdidamente del “amor de su vida” en tantas ocasiones, que tiendes a olvidar que aún es una niña, y sientes el impulso de juzgar, cuando lo que debes es tolerar y comprender, aunque sea con reparos.

Sin cumplir aún los 18, contrae matrimonio con un joven soldado estadounidense, católico para más señas, y a las 6 semanas de casada, ya la tenemos de nuevo, coqueteando con medio ejercito de ocupación, hasta que las obligaciones militares de su marido los trasladan a una Alemania devastada.

Pronto, aunque entiende que su marido cuidará de ella, y mantendrá alejados el miedo y la desgracia de su vida, también comprende que su idea de felicidad, se alejará irremediablemente, por lo que se rebela al papel de ama de casa que le quiere imponer el cándido, inocente, ingenuo, ilusionado y enamorado Teniente.

La historia que nos cuenta Angelika nos muestra a una Eveline egoísta, pero perspicaz; superficial e imperfecta pero intuitiva y sagaz; apasionada y a la vez, desapegada; si su historia erótica y amorosa fuera la de un hombre, sería considerada admirable; narrada en primera persona, con una prosa que parece ajustar perfectamente con la que utilizaría una joven como Eveline, “Hombres” es una novela de “iniciación”, donde presenciamos la evolución de Eveline transitando de niña una mujer entrando a sus treinta; mucha vida vivida en tan pocos años.

“Una tierra prometida”, de Barack Obama

Caray, Barack Obama no solo habla “bonito”; también escribe con tanta gracia y donaire, que su tocho de 847 páginas lo leí contento, relajado, concentrado, eso, a pesar de que tenía programado leerlo entre otras lecturas, a manera de descanso en medio de otros libros; pero no, qué va: la prosa, la estructura, hasta el tono de intriga que eligió Obama para escribir su autobiografía, me mantuvo atado a su lectura.

Había leído sus dos libros: ”Los sueños de mi padre” y “La audacia de la esperanza”, así como una biografía muy completa (“El puente”), del magnifico periodista David Remnick; igual, disfruté de la lectura de “El mundo tal y como es”, las extraordinarias memorias de Ben Rhodes, uno de sus más cercanos colaboradores, y que es frecuentemente citado en este libro.

Me gustaría contar con talento para convencerlos sobre el valor estético que, como obra literaria, guarda “Una tierra prometida”, pero creo que no tiene sentido. Los que gusten de las autobiografías de líderes políticos la compraran, y algunos, la leerán; los fans de Obama, sin duda, se sumergirán en su lectura, aunque la consigan a préstamo; sus enemigos, la leerán por “encimita”, buscando en el índice alfabético referencias para justificar sus fobias; y los demás, se la pensaran dos veces, pues estas 847 páginas cubren apenas el primero de dos tomos que integran su autobiografía completa; y económico, lo que se dice barato, el libro no es.

Organizado en siete grandes capítulos, todos ellos salpicados por encantadores, entrañables recuerdos personales y anécdotas maritales, parentales y domésticas, lo que le otorga una calidez especial al libro. Amor, nostalgia, respeto, amistad, lealtad son sentimientos que se palpan mientras lees “Una tierra prometida”.

Como contraste, igual es constante durante toda la lectura, la narrativa sobre la lucha que se libra en las Cámaras de Diputados y Senadores para lograr la aprobación de sus proyectos. Mezquindad, egoísmo, filibusterismo, hostilidad, desacuerdos, intereses enfrentados, polémicas, riñas, conflictos. Lo normal en cualquier Congreso que se precie de democrático.

Al inicio narra la increíble, sorprendente, fulgurante, deslumbrante historia de su arribo a la Casa Blanca: de las calles, aulas y pequeños despachos en la ciudad de Chicago, al Congreso Estatal de Illinois, para desde ahí, proyectarse al Senado Estadounidense, para usarlo como la plataforma de lanzamiento hacia el despacho oval.

También cuenta sus primeros días en la Casa Blanca, sus convicciones, sus dudas, su opinión sobre la codicia y voracidad de los banqueros y ejecutivos de Wall Street; emocionante narrativa sobre el trabajo político que, obligado por la peor crisis económica del siglo XXI, inició desde el primer día de su trabajo como Presidente para reflotar la economía estadounidense, que se hundía, arrastrando con ella, a las demás economías occidentales.

En “La causa justa”, reflexiona, incómodo, sobre el papel que juega su país como supuesto garante y guardián de los valores democráticos que pretenden imponer al resto del mundo. Cuenta sus impresiones sobre sus primeras giras por el mundo, los líderes que conoció, y sus participaciones en las denominadas Cumbres.

Su rol como Comandante en jefe, las guerras en Irán y Afganistán, la persecución del terrorismo, de “El mundo tal y como es”, como se titula el libro de su asesor Rhodes, es de lo que trata la quinta parte; de la eterna resistencia que oponen los Halcones -y las industrias bélicas que los soportan-, a cualquier iniciativa tendiente a dejar de hacer la guerra. Obama da cuenta de ello, tal como es.

Obama escribe sobre el notorio desgaste en su equipo; las diferencias entre los que despachan en el ala oeste y el resto de su gabinete; sus rutinas para no perder piso; lo privilegiado que se sentía viviendo en la Casa Blanca, arropados por todo un equipo a su servicio; su percepción sobre el alejamiento de Michelle, a la que veía frustrada por el papel secundario que su esposa sentía jugar, lejanía que se reflejaba y era palpable cuando llegaba a la recámara, y la encontraba dormida.

Como toda autobiografía política, Obama aprovecha la suya para ajustar cuentas -con los republicanos-, y esencialmente, para recordarnos que recibió la presidencia inmerso en la peor crisis económica del siglo XXI, lo que marcó y condicionó sus decisiones.

Sin embargo, y en contra del consejo de algunos miembros de su equipo, Barack Obama apretó el acelerador y abrió frentes políticos adicionales, sin comunicar suficiente y adecuadamente lo que se hizo para contener y reflotar la economía: Reforma Sanitaria, Cambio Climático, Irán y Afganistán: ¡Una sangría política!

Y le costó, vaya si tuvo consecuencia el desenfrenado activismo de Barack Obama: en las elecciones de su segundo año, su partido cosechó la peor pérdida electoral desde que Franklin D. Roosevelt perdiera 62 escaños en el Congreso durante su 2o. Año, de su 2o. Mandato. Obama apenas en su segundo año de su primer mandato, ya tenía en su contra, ¡el Congreso y el Senado! La captura de Bin Laden llegó demasiado tarde.

Autobiografía sincera, bien contada, con un arco de tensión en la narración que colabora a mantener la atención, te ofrece mucho más que una idea de conjunto de sus primeros dos años de gobierno: sentimientos, sensaciones, reflexiones, interpretaciones, recuerdos.

Una autobiografía profundamente personal, una honda mirada a su interior, donde Barack Obama no escatima en una severa autocrítica, en una autoevaluación dura y sin concesiones. La historia continuará, viene el segundo tomo, pero, ¡Vaya tipo fascinante!

“Muchas vidas, muchos Maestros”, de Brian Weiss

Les podrán parecer banales o convincentes, pero dos razones me llevaron a abrir e iniciar la lectura de “Muchas vidas, muchos maestros”, de Brian Weiss: que mi socia se había tomado muchas molestias para regalármelo, y que cuando mi mujer lo vio, lo ensalzó de inmediato con una emoción desconocida para mi, pues nunca había advertido una reacción parecida frente ninguno de mis libros.

Sorprendido, pues no les conocía una pasión desbordante por la lectura o por los libros; tampoco que compartieran interés por la siquiatría, y mucho menos, que fueran afectas a la lectura de ese género tan injustamente menospreciado, como es el de el mal llamado “Autoayuda”, como parecía ser el libro.

El caso es que esas fueron las dos razones que me acercaron al libro. Además, me gustan los que tratan sobre casos psiquiátricos. He comentado mi entusiasmo por los libros de Irvin D. Yalom, pero debo de confesar que, de entrada, pensé que estaba orientado a ofrecer alivio a lectores en búsqueda de apoyos emocionales, que la historia de un caso como las que nos narra Yalom.

Creo que ya he comentado que presto poca atención a los elementos paratextuales de un libro: ni portada, ni contraportada, ni solapas, guardas o prólogos, pesan a la hora de elegir. Si durante la lectura algo me parece extraño, o me impacta más de lo esperado, o sucede algo que me impulse, entonces sí, inicio la búsqueda de posibles respuestas acudiendo a ellos o a internet.

Eso me pasó. El inicio de la historia de Catherine me impactó tanto, que inmediatamente busqué para saber si el libro trataba de un caso real o ficticio. La portada ofrecía la respuesta: “La historia real de un psiquiatra, su joven paciente y la terapia de regresión que cambió sus vidas para siempre”. ¡Órale!

Cuando era joven, leí una novela que terminó en película, con un caso parecido. Recordé que se tituló “Sybil”, y trataba sobre una joven con múltiples personalidades. Parecidas, pero diferentes: Catharine no tenía varias personalidades, sino varias reencarnaciones, y conforme avanzaba la terapia, empezó a adquirir poderes psíquicos, como el de adivinar el futuro.

Continué con la lectura, escéptico, más intrigado por conocer las pretensiones del autor, que por descifrar las historias que narraba Catherine bajo hipnosis sobre sus vidas pasadas; eran varias, en épocas diferentes; vidas, digámosles, “normales”, sin hechos extraordinarios; lo poco que tenían en común era que cuando narraba su muerte, mencionaba que flotaba y se alejaba observando la escena.

Para cuando empezaron a tener mayor presencia los Maestros con sus enseñanzas, estaba más que convencido sobre las pretensiones del buen doctor Weiss; mi duda giraba sobre si continuaba o no con la lectura. A media noche de un viernes, impedido a grandes planes de fin de semana por la pandemia, decidí seguir, pues no andaba de humor para elegir otro libro, cuando menos a esa hora. —Ya mañana decidiré—, pensé.

Los Maestros enseñan, hay muchas cosas que aprender y todos podemos hacerlo si abrimos nuestras mentes y estamos dispuestos a esforzarnos para lograrlo. Un libro como “Muchas vidas, muchos maestros” puede ofrecerte diferentes beneficios, o ninguno, pero sin duda, difícilmente te causara algún daño. Utilizar recursos literarios para trasmitir ideas, conceptos, enseñanzas es válido. La desvelada valió la pena sin duda. Ya repondremos las horas de sueño invertidas en la lectura.

Brian Weiss cuenta, en la voz de Catherine varias historias, fragmentos o grandes partes de diferentes vidas, que ocurren en diferentes épocas y lugares, para trasmitir, a manera de enseñanzas -que no recetas, porque hay que ejercitar el cerebro- de muchos Maestros, conocimientos con la pretensión de ayudar al lector a encontrar el equilibrio y la armonía necesarios para disfrutar plenamente su vida; y yo, la verdad, no soy nadie para criticarlo por intentarlo, y mucho menos a alguien por leerlo, como lo hice yo.

“Como polvo en el viento”, de Leonardo Padura

Tengo una cercana y entrañable afinidad con el cubano Leonardo Padura, que no se debe solamente a las placenteras horas transcurridas disfrutando sus libros. Lo admiro como escritor, pero también, por la manera en que ha vivido su ciudadanía, su nacionalidad cubana.

Sin abandonar su país, con dignidad, respeto, orgullo, decencia, decoro, equilibrio y con mucho amor a Cuba, sus novelas han logrado reflejar el ambiente lleno de claros y oscuros con que los cubanos subsisten en esa pequeña pero gloriosa y heroica isla caribeña, y supongo que no le ha de ser nada fácil lograrlo.

Leonardo Padura (1955), novelista, guionista, ensayista y periodista cubano; creador de Mario Conde, ese policía melancólico y entrañable, borrachín, afligido y descontento, cuyas andanzas han sido llevadas a Netflix; galardonado con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, el Café Gijón, el Hammett, el Nacional de Literatura, entre muchos premios más, nos entrega su reciente, y creo yo, mejor novela: “Como polvo en el viento”, una novela apasionante, intensa y plena de nostalgia.

Con una estructura de ida y vuelta, sin dificultades para la lectura, ordenada en diez capítulos, “Como polvo en el viento” nos cuenta la historia de El clan, un grupo de amigos que en sus treinta, deciden, unos obligados, otros por necesidad, y los demás convencidos que es lo mejor para ellos, acciones fundamentales para su futuro, resoluciones que los lanzan por diferentes rumbos, sin que la distancia rompa en definitiva, los fuertes lazos que los atan.

Clara, Darío, Ramsés y Marcos; Elisa y Bernardo; Irving y Joel; Liuba y Fabio; Horacio y Guesty; y Montse; ah, y Walter, el pinche Walter. Adela Fitzberg se cuece aparte, a pesar que con ese nombre y apellido inicia la novela. “Cosí”, como la llama su madre, es el centro y origen de la trama, es la amalgama que une y genera gran parte del misterio, del enigma que te atrapa, porque Padura no puede ocultar su querencia por las novelas de suspense, y en esta historia también ocurren muertes que provocan suspicacias, que pesan en el ánimo del Clan e influyen en su dispersión.

Narrador omnisciente, que relata las complejas y accidentadas vidas de nuestros protagonistas, que nos permite profundizar en sus psique para reflexionar sobre las razones de sus decisiones, de la naturaleza de sus contradicciones, del origen de sus sentimientos de culpa, sobre el daño provocado por la nostalgia, la aflicción por el exilio, el pesar por sus secretos, y el dolor de sus recuerdos.

Efectos de la caída del muro de Berlín; los desdichados y sombríos saldos del “período especial”, que dejó sin soportes económicos a una Cuba terriblemente dependiente del régimen soviético; las diferencias emocionales y afectivas entre los que se quedan y los que se van; sentimientos de encadenamiento y expulsión. Decidir entre el dolor, el desarraigo, el exilio contra la opresión, el miedo, las carencias, la incertidumbre.

Grupo de amigos anclados en el pasado, viviendo con demasiado lastre el presente, impedidos para atisbar hacia el futuro, dispersos por el mundo, pero fuertemente atenazados a la Cuba de sus recuerdos, añorando los que se fueron a los que se quedaron, y estos, a aquellos.

Extensa novela, introspectiva pero intensa. Historia cubana sobre Cuba y los cubanos. Escrita con una prosa llena de tonalidades, nos relata sobre los nuevos comienzos y viejos olvidos; sobre la amistad a toda prueba, y lo que la pone a prueba; sobre apegos y desapegos. Novela de remembranzas, añoranzas y desencantos; crónica sobre una generación que les tocó transitar, de la utopía socialista castrista a la jodida realidad neoliberal.

“Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë

“Cumbres borrascosas” es una novela singular, poderosa, apasionada, misteriosa, diabólica, revolucionaria, de una violencia palpable y sorprendente; historia de una impetuosa energía, que te mantiene estimulado al máximo, completamente energizado, enganchado, por lo que me resultaba difícil dejar de pensar en ella cuando no la leía.

Durante muchos años le había sacado la vuelta; intento recordar, aunque sea una, una sola razón para tal desatino, y no, no me acuerdo. Afortunadamente el alboroto que generó en las redes la publicación de la colección Novelas Eternas, cuyo segundo tomo es la obra de Emily Brontë, me sirvió de impulso para subsanar tan enorme omisión.

Pena me da comentarlo, pero antes de adquirir la hermosa edición de esa colección, la biblioteca almacenaba 6 ediciones diferentes de “Cumbres borrascosas”, la primera en una colección de Editorial Cumbre publicada en 1967 y la penúltima, de Ediciones Siruela, del 2010, que fue la que leí al alimón con la edición de Novelas Eternas.

Me explico: noté que la novedosa colección provocó algunas dudas sobre la calidad de la traducción, y la integridad del contenido, por lo que me propuse vivir la experiencia de leer intercambiando ediciones cada tres o cuatro capítulos, para analizar si percibía alguna alteración que me obstruyera la lectura.

La verdad: no, no lo noté! Sí, existe desde el primer párrafo diferencias notorias entre los traductores, pero no me estorbó, salvo en ciertos nombres propios (Nelly/Ellen; La Granja de los tordos/de Thrushcross).

Lo que me hizo ruido fue el número de páginas: 308 VS 384. La de Siruela incluye un prólogo, una nota a la traducción y un árbol genealógico que suman 24 páginas; faltan, o sobran, pero no quise atormentarme intentando descifrar el misterio de las 52 cuartillas.

“Cumbres borrascosas” -“Wuthering Heights”-, parece transcurrir en los infiernos. Historia de dos casas vecinas (Cumbres borrascosas y La granja de los tordos), narrada en primera persona por Lockwood, arrendatario de la Granja y/o por Nelly/Ellen, su ama de llaves, testigo, protagonista y narradora de las desventuras de los Earnshaw y de los Linton, dos familias que, atadas por la vecindad, terminan mezclándose por y en la fatalidad.

La novela se basa en la relación entre Heathcliff y Catherine, que inicia desde la infancia, cuando el primero es “adoptado” por el padre de Catherine, Mr. Earnshaw, nexo filial que no impidió que entre ellos, emergiera una relación que, me niego a llamar de amor, pues es un término inadecuado para ese vinculo de codependencia apasionada, enfermiza, mórbida, extraña, aunque, no inexplicable, simplemente humana.

No esperen una novela romántica al estilo de Jane Austen; no soslayo su parecido a la literatura de su hermana Charlotte, ambas exponentes de un romanticismo seco, desolado, medio gótico. “Cumbres borrascosas” es ambiguamente incestuosa, tortuosa, densa, oscura, pero que te aprisiona y te emociona.

Con personajes bien trazados, que parecen no tener relación más allá que entre la de ellos mismos, donde la infame villanía de Heathcliff te asombra tanto, como la patética ingenuidad de Isabella Linton; la cobarde caballerosidad blandengue de Edgar Linton y el comportamiento caprichoso, infantil, egoísta y manipulador de su esposa, Catherine Earnshaw, que te lleva a pensar que son tal pa´cual.

Y los herederos, ¡joder!: Catherine Linton, la odiosa hija de Edgar y Catherine: necia, impertinente, imprudente y desobediente; vaya manera de complicarse la vida y la de su padre; y podría seguir con Linton, muy hijo del villano y de Isabella, pero tan blandengue y llorica como su tío Edgar; y Hareton Earnshaw, sobrino de Catherine y por tanto primo de Cathy, un huérfano desdichado; todos, padres, hijos y hasta los lacayos, interviniendo para crear una historia llena de crudeza, desprecio, antagonismo, odio, confusión y caos.

Quedé profundamente impresionado, sobrecogido, encandilado, absolutamente convencido de que “Cumbres borrascosas” es una novela excelsa, sublime, digna de pertenecer a ese minúsculo universo donde moran las obras verdaderamente clásicas, inmortales, que serán leídas por siempre. Imposible no leerla, imprescindible hacerlo.

“Las inseparables”, de Simone de Beauvoir

Este fin de semana me topé con una pequeña joya :”Las inseparables”, de Simone de Beauvoir, un texto cortito, lo justo -155 páginas incluyendo epílogo, escrito por su hija, y documentos iconográficos: fotografías y correspondencia -, inédito hasta ahora. Fue Sylvie Le Bone de Beauvoir, la hija de la pensadora francesa, quien decidió sacarlo de su ostracismo.

Simone de Beauvoir es uno de esos personajes que todo mundo creemos conocer, aunque sea incierto. Su vida, llena de clichés -que sí Sartre, que si el sexo, que si el feminismo-, fue fascinante y dejó una huella indeleble en el pensamiento del siglo pasado. Escribió ensayo, textos de corte autobiográfico, y novela: “El segundo sexo”, “Memorias de una joven formal”, y “Los mandarines” son solo un ejemplo de cada género.

Clasificada por la propia autora dentro del género de la ficción, todo alrededor del libro te hace pensar que “Las inseparables” es un texto autobiográfico: la fotografía de la portada, la dedicatoria, no solo el “Para Zaza”, sino el texto de la misma; más fotografías; cartas entre Simone y Zaza, que concuerdan con lo narrado en el texto; en fin, todo indica que Simone volcó en el texto no solo sus sentimientos, sino hechos que realmente acontecieron.

Simone no quiso publicar en vida el texto. En sus memorias, publicadas en los 60´s, dejó entrever que lo había escrito pero que no lo publicaría. No quiero especular sobre sus razones; de Beauvoir no actuaba, no se contenía, presionada por la opinión pública, y mucho menos, pienso, intimidada porque le apeteciera decirle a una niña “las cosas que solo se dice en los libros”.

“Las inseparables” es narrada en primera persona y arranca el primer día del curso, por Sylvie, de nueve años, una niña muy formalita, la mejor de la clase, cuando conoce a Andrée, una niña con “personalidad”, que admiraba a “Don Quijote y a Cyrano de Bergerac como si hubieran existido en carne y hueso” y que se distinguía por su comportamiento descarado y sus “opiniones subversivas”.

Texto de iniciación, de desarrollo vital, de primeros amores y besos, de confusión en los sentimientos y sensaciones, de desarrollo y crecimiento; Sylvia y Andrée viven en entornos dispares, observan sus convicciones religiosas de manera distinta, afrontan las convenciones familiares y sociales juntas, pero con resultados desiguales, y la forma en que sienten, viven y perciben su amistad, es tan divergente como desigual.

“Las inseparables” es la historia de la gran amistad entre dos niñas que transitan hacia la vida adulta, con una Sylvia despojándose de todas las cadenas que le intenta imponer la sociedad, mientras que Andrée se mantiene apresada en un entorno familiar donde impera el fanatismo religioso y los códigos sociales, con su vida futura decretada, y dirigida hacia el matrimonio y la familia.

Con un final trágico y doloroso, “Las inseparables” es una historia escrita con sensibilidad, ingenuidad y veneración, pero también con pasión, con un arrebato juvenil que no trasgrede, no incomoda, no escandaliza, pero que conmueve, enternece, emociona. Escrita en 1954 no envejece, porque a pesar de las décadas transcurridas, las mujeres continúan pagando un alto precio por su libertad. Se las sugiero.

“La línea de fuego”, de Arturo Pérez Reverte

Novela fuerte, vehemente, intensa, potente, tan bien narrada que terminas padeciendo y compartiendo, junto con los combatientes, la amplia gama de emociones, sentimientos, sensaciones, y vacilaciones que experimentan; y también, comprendiendo, entendiendo las motivaciones que los impulsó a ese holocausto, puestas persistentemente en tela de juicio ante la realidad que los acorrala.

Miedo, hostilidad, ira, frustración, tristeza, desesperanza, culpa, pero también, insinuándose o explotando de manera sorpresiva y deslumbrante: compasión, gratitud, esperanza, humor, alegría, felicidad, amor; sentimientos enfrentados, padecidos, y compartidos durante toda la lectura de esta monumental obra literaria.

En “La línea de fuego”, Arturo Pérez-Reverte nos incrusta en uno de los frentes de la batalla del río Ebro, durante el transcurso de una feroz y encarnizada batalla entre nacionales y republicanos, luchando unos por conquistar y otros por retener el pequeño poblado de Castellets, con su cementerio como la posición clave que permite el acceso a través de su carretera hacia el norte del país, su Ermita de la Aparecida, y los pitones Pepa y Lola como posiciones de valor para alcanzar los objetivos.

La guerra civil española concluyó en 1939 y mantiene su atractivo como tema literario. Para los mexicanos de mi generación, que fuimos educados bajo el recuerdo cariñoso de los niños y niñas, hijos de combatientes republicanos, que se embarcaron en Francia en el navío de vapor Mexique, y que fueron acogidos como propios por el gobierno del Presidente Lázaro Cárdenas en 1936, es un tema de interés.

Yo a bote pronto recuerdo haber leído “Los Girasoles ciegos”, de Alberto Méndez; “Soldados de Salamina”, de Javier Cercas; “Los episodios de una guerra interminable” de Almudenas Grandes (“El corazón helado”, “Las tres bodas de Manolita”, “Inés y la alegría”, “El lector de Julio Verne”), y muy recientemente, “Por quién doblan las campanas”, de Ernest Hemingway. La trilogía protagonizada por el espía Lorenzo Falcó del propio Arturo Pérez-Reverte, está ambientada con ella de trasfondo.

Batalla decisiva, larga y sangrienta, que ocurrió de julio a noviembre de 1938, la Batalla del Ebro es considerada como la que selló la suerte de la Segunda República Española, e inició la madrugada del 25 de julio, cuando las tropas republicanas cruzaron el río en diferentes puntos. “La línea de fuego” se centra en un poblado ficticio entre Mequinenza y Fayón, poblaciones reales que son citadas en la novela, donde se cruzan comunistas, anarquistas, legionarios, Brigadas Internacionales, los requeté de Nuestra Señora de Monserrat, y hasta la quinta del biberón, integrada por adolescentes.

Pero “Linea de fuego” no es una novela histórica. Castellets es un pueblo ficticio. La batalla del Ebro no lo es: fue cruenta, despiadada, inclemente, real, sin duda. Pero la novela de Pérez-Reverte no oculta, ni inventa los excesos terribles que ocurrieron en ambos bandos. No toma partido, no quiere convencernos ni persuadirnos. No existen los buenos o los malos. Solo seres humanos con quienes cualquiera podemos identificarnos.

Heroicidad, pusilanimidad, valentía, cobardía, fraternidad, enemistad, solidaridad, repulsa, idealismo, cinismo; mucha sangre, sudores y olores; hambre, sed y dolor. Sensaciones, sentimientos, comportamientos compartidos por nacionales o republicanos, sean comunistas o falangistas; anarquistas o requetés, enfrentados en un conflicto que dividió familias, barrios, poblados y comunidades.

Notable la maestría de Pérez-Reverte para recrear minuciosamente la atmósfera que se vivió durante esos diez largos días y para ambientar “Línea de fuego” con su admirable práctica de documentarse a fondo y detallarnos, desde las diferentes armas cortas y largas que se utilizaron, los equipos de comunicación, los vehículos, hasta como suenan las bombas dependiendo de su nacionalidad.

Novela narrada en tercera persona del presente, de múltiples voces, con un vasto elenco de personajes, cuyos puntos de vista se alternan, pero ninguno con tiempo para perderlo en largas introspecciones ni reflexiones; son puro diálogo y actividad, que nos posibilitan asomarnos a su pasado y conocer las razones de su participación en la contienda.

Acción pura, adrenalina a tope, “La línea de fuego” es una formidable novela que retrata, en toda su complejidad, la naturaleza del ser humano enfrentado a situaciones límites. Se las recomiendo.

“Plagio. Una novela”, de Héctor Aguilar Camín

Pasmado y sorprendido quedé desde la primera página de la novela de Aguilar Camín. ¿Por qué demonios -reflexionaba- se le ocurrió escribir sobre la historia vergonzosa que estremeció hace 12 años a la república mexicana de las letras? Cómo diría nuestro clásico: ¿Pero qué necesidad, para que tanto problema? Sealtiel Alatriste buscando, sin encontrar su redención, publicó su novela, “Cicatrices de la memoria” el año pasado. ¿Era necesaria la de Aguilar Camín?

Yo no voy a defender a Sealtiel Alatriste. El único libro de su autoría que he leído es precisamente “Cicatrices de la memoria”. Y en mis libreros, solo existe, además de la citada, otra de sus obras, titulada “Los desiertos del alma” que solo la abrí para catalogarla. Nunca me interesó su literatura. Alatriste es, fundamentalmente, un editor con aspiraciones de ser tomado en serio como autor.

Héctor Aguilar Camín es uno de mis novelistas -ojo: novelista, no analista político, no historiador, no periodista- preferidos. Sus libros llenan más de uno de los estantes de mis libreros. “Morir en el golfo”, “La guerra de Galio”, “El error de la luna”, “Un soplo en el río”, “El resplandor de la madera”, “las mujeres de Adriano”, “La conspiración de la fortuna”, “La provincia perdida”, “Toda la vida” y especialmente, la entrañable e inolvidable “Adiós a los padres”, todas, sin excepción, las gocé a tope.

Por eso, permítanme manifestarles que me sentía defraudado por Aguilar Camín. Esperar tres años después de la estupenda “Toda la vida” para leer este – ¿”Plagio”?- relato me fastidiaba. Que quede claro: estaba molesto porque creía que le ganaba la flojera y nos escamoteaba – a nosotros, sus fieles lectores- historias más novedosas y atractivas que la que eligió para su nueva publicación.

¿Se le terminaron las historias a Don Héctor?¿Porqué esperar doce años para regresar sobre el tema de los plagios de Sealtiel? ¿Venganza porque él también fue acusado de plagio por su libro “La tragedia de Colosio”, publicada por Alfaguara cuando Alatriste era el director general de esa editorial? Puras sonseras como esas me venían a la mente.

La empecé a leer por curiosidad, por pinche morbo, porque es una novela cortísima -133 páginas – y sobre todo porqué sé que Aguilar Camín es un gran novelista, por lo que no tenía duda de que nos ofrecería una buena, una excelente novela, aunque el tema no me gustara. Así que la leí y aunque a ratos emergían los sentimientos de desencanto, no podía dejar la lectura. Aguilar Camín sabe escribir, ¡carajo!

En fin, “Plagio. Una novela”, cuenta en primera persona la historia de un escritor que, al día siguiente del anuncio que había sido galardonado con el premio literario más importante del país, es acusado de plagio, obligado a renunciar a su importante puesto en la Universidad, y como colofón, al codiciado premio literario.

Desecha su reputación, decide espiar a su mujer, confirmando que le ponía el cuerno con Voltaire, su archi rival literario, que además, era el minucioso organizador de la acusación del plagio y su linchamiento mediático. El tal Voltaire armó, sin duda, un complot bastante exitoso.

Escrita a manera de novela policial, unos pocos días después de lanzada la conspiración, el promotor de la acusación aparece muerto a cuchilladas, con todos los indicios apuntando hacia la culpabilidad de nuestro protagonista. Caray, lo confieso, la historia terminó seduciéndome, atrapado sin remedio, intrigado por el crimen y la investigación, eso, a pesar de la fiera resistencia que opuse. Don Héctor: ¡me pongo de pie!

Sí eres lo suficientemente joven para no haberte enterado del escándalo, te gustan las historias de escritores, los chismes del mundillo literario mexicano, las novelas policiales, y sobre todo la pericia, el talento y la prosa con que Aguilar Camín escribe sus novelas, no dudes en leer “Plagio”, te la recomiendo a rabiar.
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