“Los pazos de Ulloa”, de Emilia Pardo Bazán

Después de la extraordinaria experiencia que viví con la lectura de “Fortunata y Jacinta”, obra monumental de Benito Pérez Galdós, me decidí por continuar con la lectura de “Los pazos de Ulloa”, otra obra clásica de la literatura española del Siglo XIX, escrita por Emilia Pardo Bazán, una autora de la que había escuchado y leído mucho, pero al igual que me ocurrió con la obra de Pérez Galdós, no la había leído.

Emilia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa (1851-1921), Condesa de Pardo Bazán fue una novelista, académica y periodista que incursionó en el ensayo, la poesía, el teatro y la traducción. Mujer, esposa y madre, fue precursora del feminismo en España, y por su defensa a la obra de Émile Zola -considerada en la España de su época como inmoral y atea- se ganó la fama de rebelde y provocadora. Y sin que venga a cuento en este texto, menciono – solo porque acabo de leer “Fortunata y Jacinta” – que a la muerte de su marido, inició una relación amorosa con Benito Pérez Galdós.

Extensa, vasta, y relevante es la obra de doña Emilia: cuarenta novelas, más de seiscientos cincuenta relatos cortos, cuando menos diez y seis ensayos publicados, incluyendo la cocina española como tema de estudio; muchos artículos en periódicos y revistas; conferencias y discursos. Fecunda vida sin duda. Y “Los pazos de Ulloa” es considerado como la novela que la consagró como una de las grandes.

“Los pazos de Ulloa” trata la historia de Pedro Moscoso, dueño de los Pazos y Marqués de Ulloa, un hombre ignorante, huraño, bruto y medio, cuyo único interés y obsesión es la cacería. A su deteriorada hacienda, arriba su antagonista, Julian, un sensible, quisquilloso, y pusilánime sacerdote, enviado por recomendación de su tío, para colaborar como capellán de la parroquia, bajo el mando del abad de Ulloa, compañero de cacería del marqués; y como tarea adicional, actuar como una especie de secretario administrador de don Pedro.

Muy pronto Julian se da cuenta que no será tarea fácil poner orden en la casa del marqués; la influencia de Primitivo, el verdadero poder en la hacienda, dificultaran la puesta en marcha de sus iniciativas. El tal Primitivo, un siniestro personaje, capataz de Don Pedro, abuelo de Perucho, hijo bastardo del marqués y padre de Sabel, la casquivana criada de la casa, amante del marqués y madre de Perucho, sumado a la propia debilidad de temperamento del padrecito, le frustraran una y otra vez cualquier intento de reforma moral o administrativa.

Ante ese muro, los esfuerzos de Julian se concentran en el pequeñín Perucho, un niño abandonado por su madre, que embozado con costras de mugre, que camuflan la hermosura de su rostro – la autora lo describe como “un angelote de Murillo”-, vaga a sus anchas por la hacienda, en estado semi salvaje. Y así siguió el truhán, porque el opacado Julian no logra imponerse ni a al pequeño fierecilla de Perucho.

Aparecen otros personajes como Nucha, prima de don Pedro; Máximo Juncal, el médico rural, los caciques políticos, la hija de Felipe el casero, una nodriza de “hechura, color e inteligencia de tonel”, que es rentada como una “gran vaca” para alimentar a los recién nacidos, entre otros más, pero los personajes con mayor hondura psicológica me parecieron don Pedro, Julian y Primitivo.

Lo primero que me sorprendió de “Los pazos de Ulloa” es la sordidez del ambiente que creó Pardo Bazán. Antes de iniciar la novela, revisé el diccionario y supe que los “pazos”, eran considerados como las casas aristocráticas de la nobleza gallega, así que no estaba preparado para enfrentarme a esa atmósfera decadente, oscura, sucia, inmoral que se vive en la casa de don Pedro Moscoso, Marqués de Ulloa y protagonista de la historia.

A diferencia de “Fortunata y Jacinta” que ocurre en Madrid, “Los pazos de Ulloa” transcurre en el campo de Galicia, en su zona montañosa, y la novela de la Condesa de Pardo Bazán describe el sistema feudal gallego de finales del XIX, decadente -¿es válido decir desde el XXI, retrasado?-, agotado y cerrado donde el Marqués de Ulloa parece ser un arquetipo de los terratenientes del lugar y de la época. Ocurre entre los años de 1866 y 1868, y se desenvuelve entre tensiones políticas, críticas a la iglesia, lucha de clases; en resumidas cuentas: liberales contra conservadores, bárbaros versus civilizados, brutos contra delicados, cultos versus analfabetos.

Escrita con una estructura lineal y un lenguaje sencillo, aunque con algunos “galleguismos” que no entorpecen su lectura, “Los pazos de Ulloa” me resultó una novela grata, entretenida, justa para una lectura placentera, pero, no sé cómo explicarlo… ¿fácil, desapasionada, cándida? Pienso que, aunque existe drama en la historia, no sentí una tensión dramática que me perturbara, que me estremeciera y no me explico la razón. Quizá mi estado de ánimo andaba muy desapegado. Sin embargo, no puedo dejar de recomendar esta novela. ¡Te leo!

“Fortunata y Jacinta”, de Benito Pérez Galdós

He terminado de leer “Fortunata y Jacinta”, y me encuentro entre pasmado y alborotado por la extensa gama de sensaciones, sentimientos, emociones, reflexiones que me provocó durante los 24 días – no recuerdo que en los últimos años, una novela me haya tomado tanto tiempo – la lectura de esta extraordinaria novela, obra clásica entre las clásicas de la literatura en español.

He terminado la lectura de “Fortunata y Jacinta”, y no logro explicarme ni responderme el porqué hasta ahora. Reflexionando esta tarde, me viene a la mente una acumulación de probables causas: desconocimiento, displicencia, arrogancia, indolencia o holgazanería, pero conociéndome, creo que fue resultado de la ignorancia propia de una deficiente formación como lector.

He terminado de leer “Fortunata y Jacinta” y me siento gratificado por haberme dado la oportunidad de conocerla. Como la mayoría de los lectores, le he sacado la vuelta no solo a “Fortunata y Jacinta”, sino a demasiadas obras, consideradas como clásicas de la literatura; eso, a pesar de tener a muchas de ellas a la mano. Para mi propio beneficio como lector, intento corregirlo.

Terminé de leer a “Fortunata y Jacinta” y una duda revolotea por mi mente: ¿ por qué, para qué leer las novedades? A bote pronto, tengo claro que no dejaré de leerlas, pero debo darle una repensada a mis prioridades como lector.
Hace pocos años me prometí que cuando menos el 10 % de mis lecturas serían clásicos de la literatura, y creo que lo he cumplido, aunque ocho o diez novelas clásicas al año, ya no se me hacen tantas.

Me animé a conocer a Benito Pérez Galdós por el ruido que provocó el anuncio sobre la publicación del reciente ensayo de Mario Vargas Llosa, “La mirada quieta”, donde revisa la extensa obra galdosania; eso de que leyó toda la obra de Pérez Galdós durante el encierro pandémico, me retó. Además, leí un texto sobre la novela que publicó una compañera del grupo, así que me lancé a leer “Fortunata y Jacinta”, a pesar de que me hacia “ojitos” -la razón evidente: mucho más breve, lo reconozco- “Marianela”.

Por cierto, hablando de la extensión, desconozco si mis ediciones se encuentran recortadas, pues leí por ahí que la primera edición de la novela se publicó en cuatro volúmenes, que contenían más de mil seiscientas páginas; mi edición de la Colección Austral, publicada en 1951 por Espasa Calpe Argentina consta de 763 páginas, mientras que la que leí, de la colección “Sepan cuántos”, de Editorial Porrúa, publicada en 1971, tiene 652 páginas, eso sí, a dos columnas, y letra “pequeñita”, un diseño tipográfico que ya no acostumbra ni Porrúa.

¿ Qué les puedo contar en menos de 700 palabras sobre una novela tan monumental y extraordinaria como lo es “Fortunata y Jacinta? Fortunata, una apasionada y hermosa mujer, inculta, ingenua, impulsiva, y leal, de la clase baja madrileña, se enamora perdidamente de Juanito Santa Cruz, un señorito, hijo único, mimado por sus padres, sin más ocupaciones que vivir la vida loca, y que tras prometerle matrimonio, la embaraza y la deja, terminando casándose con Jacinta, hija de ricos comerciantes, “con más gracia que belleza”, modosita, sin estridencias, educada, serena, opuesta en todo a Fortunata.

La novela va pues de un triángulo amoroso, al que se suma Maximiliano, un hombre educado, sencillo, tímido y retraído, quien se enamora de Fortunata, a quien convence de unirse en un matrimonio de conveniencia, ofreciéndole beneficios sociales, en espera que con el tiempo y la convivencia, nuestra protagonista termine queriéndolo.

Ambientada en Madrid a mediados del siglo XIX, la novela de Pérez Galdós, retrata magistralmente la vida madrileña de la época; novela de novelas, pletórica de personajes secundarios, maravillosamente trabajados, que complementan el retrato de Pérez Galdós sobre la vida política, económica y social de un período histórico, con la caída de la República y la restauración de los Borbones como marco.

Maravillosa novela, larga, sí, sin duda extensa, narrada con una prosa sencilla, una estructura lineal sin complicaciones, un narrador omnisciente que conoce a todos los personajes, y que nunca estorba la lectura; con entrañables personajes, que difícilmente olvidaré; “Fortunata y Jacinta”, me resultó una de las mejores novelas que he leído en mi vida, y la considero, sin duda, una lectura imprescindible. ¡Te leo!

“Madrid me mata”, de Elvira Sastre

Hace algunos años, sutilmente, de manera difusa, empezó a circular por mi cabeza el nombre de Elvira Sastre. No sé si ocurrió debido a que haya tomado alguno de sus libros en una librería, que seguramente volví a colocar en su lugar, porque no tenía ninguno de sus libros en casa; puede ser que fuera por sus columnas en El País, de la cual no recuerdo haber leído alguna, pero sí, su nombre; o quizá, a lo mejor, por alguna mención en un Blog, o chance, en algún grupo de Facebook.

Un día me enteré que era poeta, y que además, se presentaba con éxito, al estilo Bukowski, en recitales; saberlo me impulsó a buscarla en YouTube. ¡Me encantó! Ya converso en Fan, de vez en cuando, en esas noches serenas, en cama, le solicito a Siri que reproduzca en el HomePod a Elvira Sastre. Gran opción para relajarte y dormir placido.

Después me enteré que la habían galardonado con el Premio Biblioteca Breve por su ópera prima, “Dias sin ti”; pero, algo singular para quien se lanza a comprar libros sin requerir de provocación alguna, hasta ahora, no me he animado comprar la novela; temía decepcionarme. Escucharla en el Home Pad y en ocasiones, verla en YouTube, me cautiva; me complace cuando la veo y escucho, y por ello pensaba, que con eso bastaba.

Cuando me encontré con “Madrid me mata”, que subtituló como un “Diario de mi despertar en una gran ciudad”, consideré que podría ser una manera más ¿neutra? de ¿Leerla… conocerla? Bueno, digamos leerla -porque no había leído ni uno de sus poemas-, y conocer su prosa, así que la compré, y se quedó en espera de un buen momento.

Al terminar la extraordinaria novela de Henry James, “Lo que Maisie sabía” , recordé el libro de Sastre y consideré que era el tiempo adecuado para conocerla, así que empecé a leer su “Madrid me mata”, que resultó, más que un diario, un homenaje a la capital española, soportada con una selección de las columnas que publicó en El País.

Elvira Sastre (1992-), española de Segovia, es escritora y traductora. Reconocida como Poeta, ha publicado cinco poemarios (según Seix Barral, ve tú a saber); dos poemarios más, pero ilustrados, y su novela, galardonada con el Biblioteca Breve, “Días sin ti”.

Fenómeno de masas, antes de la pandemia, a manera de “Rock Star”, sus giras por España y Latinoamérica, junto al cantautor Andrés Suárez, abarrotaban los escenarios donde se presentaban. Sus libros, se venden por decenas de miles, y los seguidores de sus redes sociales se cuentan en cientos de miles.

Por “Madrid me mata”, me enteré que sus experiencias en México le han resultado gratas, al punto que se animó a montar en casa su altar de muertos, una tradición mexicana que ha llamado mucho la atención en el extranjero últimamente.

“Madrid me mata” recorre dos años en la vida de Elvira, y abarca los temas que le interesan: su familia, con sus abuelos; Segovia, donde nació y regresa todas las navidades; sus perros y la adopción de mascotas; su experiencia con el confinamiento; el feminismo, y la marcha del orgullo; e incluso, creo recordar que menciona una que otra metedura de pata de algún político español.

“Madrid me mata” es una sensible declaración de amor que Elvira ofrenda a la ciudad de Madrid, a sus barrios, bares, parques, librerías y balcones; a sus habitantes, con sus distintos acentos, que “forman parte de una misma conversación, suenan a futuro”. Pero es también una declaración de principios: a la libertad, a su libertad para amar, de vivir, de gozar su vida.

Me gustó “Madrid me mata”; me sedujo su cuidada edición, con fotografías; me cautivaron los poemas con que cerró el libro; me conmovió su carta a los abuelos; me atrajo la aguda mirada de Elvira, que se registra en la comprensión que muestra sobre su entorno y realidad y en la detallada y preciosista descripción que logra con su prosa del universo madridista. ¡Te leo!

“Nunca pares”, de Phil Knight

Autobiografía entretenida de un aficionado al deporte, más emprendedor que deportista; interesante y aleccionadora historia que abarca un periodo de veinte años de la vida de Phil Knight, que con grandes dosis de trabajo duro y macizo, estrés, obsesión, perseverancia, resistencia, sacrificio y algo de suerte, construyó una gran marca: Nike.

Tenía años de no leer un libro como este. En los ochentas, mi época de joven emprendedor, los textos sobre o de emprendedores, de empresas exitosas, de historias de éxito empresarial eran mi lectura favorita. Te sorprenderías de la extensa sección de mi biblioteca que contiene libros sobre el género empresarial. Solo de mi ídolo, Steve Job, tengo siete libros sobre su vida, incluida, obvio, la biografía de Walter Isaacson.

No pensaba regresar al género; hace unos meses, Rafael, mi librero, al ver que estaba buscando una novela del premio Pulitzer J. R. Moehringer, autor de “Open”, la muy recomendable biografía del tenista André Agassi, me señaló el libro del fundador de Nike, comentándome que circulaban rumores de que el “negro” que lo había escrito, era el mismísimo J. R. Moehringer, advirtiéndome sobre la recomendación del propio Agassi en la portada como argumento.

Independientemente de quién la escribió, la compré solamente por respeto al trabajo de Rafael. Créeme si te digo que, ni en ese momento, ni en los siguientes, pensé en leerlo. A falta de espacio, y mientras le encontraba lugar, el libro se encontraba muy a la mano, en una mesa de la habitación que contiene los libreros de la sección del género.

Terminando la extraordinaria novela ‘Lo que Maisie sabía”, de Henry James, tenía claro que necesitaba una lectura ligera, entretenida y atractiva. Empecé a leer “Madrid me mata”, el diario de la poeta Elvira Sastre, del cual quizá te comente después, pero mira tú, hete que, ahí, por la mitad del libro, durante un entretiempo, curioseando entre mis libros, me encontré con “Nunca pares”; se me ocurrió abrirlo, y después de dos sentadas, aquí me tienes, escribiendo este texto.

Soy triatleta y jugué tenis muchos años; desde finales de los ochentas, el 90-95 % de mi vestuario deportivo es de la marca Nike. Salvo los tenis para carreras de media y larga distancia, que son Asics, casi todo lo demás es Nike; y si no lo es todo, es porque aún ahora, no resulta fácil encontrar trajes de baño, ciclismo o de triatlón de la marca Nike.

Fan de la marca, la uso, pero esa no fue la razón para leer el libro de Knight. Tengo libros acerca de Google o de Amazon, y no por eso los leo. Quizá la razón que me empujó a la lectura, sea el próximo domingo 8 de mayo. Ese día participaré en el medio Ironman 70.3 Monterrey 2022; a lo mejor, de manera inconsciente, buscando, insisto, quizá, algo de motivación extra, me puse a leer “Nunca pares”. En fin, la razón no importa.

La historia que nos cuenta Phil Knight es la de casi todos los emprendedores de éxito; inicia en 1962, con Phil de 24 años, recién graduado en Stanford, aficionado a correr, y ya desde entonces, deseando ingresar al negocio de los zapatos para el deporte. Consigue un préstamo de su padre, se lanza al Japón, firma con el fabricante de zapatillas Tiger un contrato de distribución exclusiva para la costa este de los Estados Unidos, y empieza, sin dinero pero grandes sueños, la carrera, llena de escollos y sin sabores, una crisis detrás de otra más grande, y así, hasta alcanzar el éxito.

Bien contada, motivadora, graciosa, entretenida; honesta: Phil no trata de venderse como un genio de los negocios, que mira que es contador; paseo por los escenarios de los grandes eventos deportivos; negocio girando alrededor del deporte, menciona sobre la importancia de reclutar a los más grandes deportistas como embajadores de la marca; resulta atractiva para aficionados al deporte, y para emprendedores en búsqueda de claves de éxito empresarial. Bien escrita, ligera, justo lo que necesitaba. A mí, me gustó. ¡Te leo!

“Lo que Maisie sabía”, de Henry James



“Lo que Maisie sabía” me resultó compleja, fascinante, diferente, sorpresiva, atractiva y una retadora y exigente lectura, de lo mejor que me ha tocado leer en los últimos años. Joya de la literatura, expresión de la maestría alcanzada por Henry James, “Lo que Maisie sabía” estimuló mis sentidos y me empujó a emplear mis capacidades lectoras al máximo para comprenderla, atento siempre a la historia y a los audaces recursos utilizados por el autor para contárnosla.

Créeme: puede, a pesar de su complejidad, que te sea más fácil leerla, a que yo logre trasmitirte todas sus cualidades; que alcance a explicarte los magistrales recursos literarios que puso en juego Henry James para crear esta excepcional novela; que logre exponer los diferentes temas que trata; o que intente describir las escabrosas relaciones que se van conformando… en fin, llevo tres días escribiendo y reescribiendo el texto sin lograr encontrar la clave.

Historia profunda, aguda, irónica, cínica, desafiante; se debe leer con calma y atención. Sutil y ambigua, “Lo que Maisie sabía” “cuenta la historia de Maisie, una niña que a causa del divorcio de sus padres se ve obligada a vivir un período de seis meses con cada uno de ellos. Entre padre, madre, madrastra, padrastro, institutrices y niñeras, Maisie intentará comprender… el complejo mundo de los adultos…”.

La novela inicia con el agresivo divorcio de los padres, quedando Maisie al cuidado de dos institutrices en dos casas diferentes. Pronto los padres recaen en el matrimonio; el progenitor con la señorita Overmore, y la madre, con sir Claude, un hombre afable, pero débil en extremo, que se hace cargo de la niña, junto con la sosa señora Wix, institutriz de Maisie en la casa materna, ante la situación de desamparo en que se encuentra, trocada de arma contenciosa a una especie de estorbo, tanto para el padre como para la madre.

Lo que ocurre durante los seis años que cubre la historia, es como jugar rondo al estilo Cruyff o Guardiola, con Maisie usada de pelota, mientras los adultos la “patean” del uno al otro, en un juego inmoral, pletórico de ambigüedades, chantajes emocionales, crueldad, egoísmo e inmadurez. Pero nuestra Maisie aguanta eso y más; mientras crece y se acerca a la adolescencia, nuestra sobreviviente observa, aprende y reflexiona.

Porque Maisie es inteligente, flexible, adaptable; detecta y administra con la sabiduría de una niña, los comportamientos egoístas, caprichosos, falsos, y ambiguos de quienes la rodean. La verdad, Maisie es un personaje que terminé adorando.

“Lo que Maisie sabía” tiene muchas lecturas: historia sobre el chantaje emocional basado en la utilización de los hijos como armas y víctimas de la separación de los padres; sobre el abandono infantil, aquel donde deja de existir una autenticidad emocional, ahí donde aparece el desinterés, la apatía y la frialdad; relato de adulterios, observados y analizados desde la mirada perspicaz de una niña, que madura precozmente. Resumiendo: “Lo que Maisie sabía” expone la complejidad, la ambigüedad, las sutilezas de las relaciones de una serie de seres humanos defectuosos.

Jorge Luis Borges la definía como “una horrible historia de adulterio narrada a través de los ojos de una niña que no está capacitada para entenderla”, y no concuerdo con el genio; la novela es mucho más que la historia de un adulterio; el traductor de la novela, el mexicano Sergio Pitol, la definió como una de las novelas “más endemoniadamente difíciles que pueda permitirse cualquier literatura”; y estoy de acuerdo con Pitol, al que le debemos la impecable traducción que nos facilitó la lectura .

¿Porqué resulta, además de la temática, una novela compleja? Quizá, y eso es lo que me sorprendió, por el narrador que utiliza el autor; James utiliza un narrador en tercera persona, pero no omnisciente; no sabe o no quiere que nos esteremos de todo; nos relata la historia desde diferentes puntos de vista. No vemos a través de los ojos de la niña, sino que nos cuenta lo que la niña ve, sin importarle que ella misma lo entienda. Compartimos, por tanto, el desconcierto, la sorpresa, el pasmo de Maisie. No tenemos certezas, tenemos que aportarlas nosotros como lectores, y ahí uno de nuestros desafíos.

A mi me pareció una extraordinaria novela, exigente con el lector, sí y mucho, pero es tan actual, tan moderna, tan … vaya, no encuentro mas palabras. Te la recomiendo. ¡Te leo!

“Peluquería y letras”, de Juan Pablo Villalobos

Hacer arte, de lo que pareciera ser una serie de cotidianos disparates, no es nada fácil. Juan Pablo Villalobos en un auténtico artista, para que es más que la verdad. Mira tú, que ya hemos platicado antes que, desde el primer libro que leí de Juan Pablo Villalobos, quedé atrapado en las redes de sus historias, de su inigualable estilo, del ritmo que le imprime a las estrambóticas anécdotas que nos narra, a la ironía, al alboroto, a la bulla que crea con su prosa, que en ciertos momentos memorables, me parece poesía.

“Peluquería y letras” es una novela donde la felicidad, las buenas vibras de los protagonistas se trasmiten al lector; va de un escritor mexicano, llamado Juan Pablo Villalobos, casado con una brasileña, y padre de un adolescente y de una niña que viven contentos y felices en Barcelona, comiendo tacos, butifarras y feijoada, que decide escribir sobre su familia, porque en el fondo no va “a estar hablando de nosotros, sino de algo más, de algo que está más allá de nosotros. La literatura es siempre así, escribes de una cosa aunque en realidad estás hablando de otra”.

Escritor mexicano, Juan Pablo Villalobos (1973-) reside en Barcelona. “Peluquería y letras es su sexta novela y las seis, han sido publicadas por Anagrama: “Fiesta en la madriguera” (2010); “Si viviéramos en un lugar normal” (2012); “Te vendo un perro” (2014); la ganadora del Premio Herralde de Novela 2016 ,“No voy a pedirle a nadie que me crea”; y “La invasión del pueblo del espíritu” (2020). Las dos primeras se adaptaron para teatro, presentándose en Brasil, donde Villalobos, casado con una brasileña, radicó por el 2014.

“Peluquería y letras” me llegó en el momento justo. Venía de una mala racha lectora, con libros tan ni fu ni fa, que ni siquiera consideré platicarlos contigo; así de desganado me dejó su lectura. Libros como “El lugar”, de Annie Ernaux, o la interminable y tediosa novela histórica, “De parte de la princesa muerta”, de Kenizé Mourad, que me decepcionó profundamente, me dejaron pachucho.

Mi referencia hacia el libro de Mourad surgió a raíz del reciente fallecimiento del editor Mario Muchnik, que me impulsó a leer su libro ”Oficio editor”, donde mencionó que “De parte de la princesa muerta” fue su primer best seller. Según Muchnik, la novela la leyó en una noche, y la terminó bañado en lágrimas. A mí, después de 16 días de farragosa lectura, quizá por el hartazgo, me dejó frío, habiendo sido el esperado final, la razón principal por la que terminé el tocho, a pesar de que en varias ocasiones pensé en desistir.

En fin. Hablemos de “Peluquería y letras”, una delirante, estrambótica, divertida e irónica novela de “autoficción”, donde Villalobos se da -y nos da- gusto, parodiando el género, y de paso, como es su costumbre, para pitorrearse a sí mismo, a la vez que nos enseña, magistralmente, sus procesos para la creación de una novela.

Y es que Villalobos usa una anécdota simple, cotidiana, familiar, muy real, para desde ahí, entretejer y ensamblar las costuras de lo que termina en una divertidísima novela, que involucra a un par de recepcionistas -personajes Kafkianas- de una clínica de colonoscopia; a una peluquera bretona con una historia “pintoresca, incluso ridícula, muy divertida”, que no puedo contártela; y a un guardia de seguridad ecuatoriano, empecinado en escribir su autobiografía, argumentando que ha vivido experiencias que merecen ser contadas, con un secreto que tampoco puedo detallarte.

Mientras Juan Pablo se preocupa porque piensa que la felicidad que lo embarga le impedirá “hacer” buena literatura, nosotros gozamos con una -para nuestra desgracia, pues no quieres que termine- breve novela, con tenues tintes de thriller, pletórica de juegos meta literarios, de buen humor, de ironía, que te la recomiendo a rabiar. ¡Te leo!

“Todas las almas”, de Javier Marías

Existen ciertos momentos durante mis lecturas, que me descubro dejándome llevar, fluyendo, deslizándome entre las palabras, disfrutando, deleitándome con su sonido más que su sentido, sumergido en el puro gozo de la creatividad puestas en ellas, que intuyo, más que calculo, tan concentrado en sus formas, en su estética, abstraído del entorno, conjeturando que no requiero más que unirlas para que la historia fluya – si bien, no siempre pasa- sin resistencia en mi mente.

Eso me ocurrió durante gran parte de la lectura de “Todas las almas”, de Javier Marías; las novelas de Marías se leen con calma y atento. Ya ni se me ocurre intentar acelerar el ritmo de lectura, me resulta un despropósito; leyendo las historias de Javier, terminé reconociendo que no vale la pena; además, ya atrapado por su singular estilo, su magnética prosa, su ambigüedad argumental y sus enigmáticos protagonistas narradores, permito que la historia fluya sin oposición, rendido ante su arte para contar historias.

Javier Marías (1951) es autor, considerando los tres tomos de “Tu rostro mañana”, de 16 novelas; reputado traductor, es además, un prolífico autor de semblanzas, de relatos cortos, de antologías y de ensayo. Editorialista de El País, fue Profesor de la Universidad de Oxford y de la Complutense de Madrid y es miembro de la Real Academia Española. Multi galardonado por su obra, los últimos años ha sido integrante asiduo en las quinielas y listas de los autores con merecimientos para recibir el Nobel de Literatura.

Hace unos pocos días, me llamó la atención un texto sobre “Todas las almas” que Jaime Fernández Garrido publicó en el grupo -ventajas de los grupos de lectores- Retópata22; la fotografía me hizo click y me impulsó, primero, a revisar mi catálogo, y segundo, a dirigirme hacia los estantes engalanados por los libros de Javier Marías, y ahí la encontré: una humilde edición de Alfaguara Bolsillo, amarillentas ya sus páginas, pero aún intactas; lista, preparada, más que dispuesta a cumplir con su misión: ser leída.

Publicada a finales de los 80’s, y galardonada con el Premio Ciudad de Barcelona 1989, “Todas las almas” es la antecesora inmediata de “Corazón tan blanco”, que fue la primera novela que leí de Marías, novela que aunque Anagrama publicó originalmente en 1992, yo la leí hasta Enero del 2000, en una edición de 1999 de la misma Editorial.

Edición de 1998, impresa en Madrid; casi estoy seguro que “Todas las almas” me acompaña cuando menos desde 1999. ¿ Por qué no le leí ese año, ni el siguiente, cuando conocí la literatura de Javier Marías con “Corazón tan blanco”, que me fascinó? Misterios del Tsundoku. Pero los lectores como tú, como yo, sabemos que existe un momento especial, único, que surge cuando se alinean los estímulos y ocurre la mágica conexión entre el libro y el lector. El libro cumple su misión cuando es leído, no cuando es comprado, y “Todas las almas”, el mío, la realizó.

“Todas las almas” trata sobre la historia de la estancia de un profesor de literatura y traducción, de nacionalidad española, invitado a trabajar durante dos años en uno de los colegios más prestigiados en Oxford, Inglaterra.

El profesor -desconocemos su nombre, aunque sus colegas lo llaman El Español-, después de sus dos años oxonienses, regresa a Madrid, se casa, tiene un hijo y, entonces, decide escribir la historia de su estancia en Oxford, temiendo olvidarla, preocupado por una “perturbación” que recuerda vagamente, y que le ocurrió durante su residencia.

Novela donde desfilan un grupo personajes singulares: académicos, estudiantes, pordioseros, borrachines y hasta Will, un confundido portero del colegio, para quien todas las almas están vivas; y El Español, mientras vaga por las calles del pueblo, visitando librerías de viejo, se da vuelo enterándonos y entreteniéndonos con sus historias, sus hábitos y costumbres, en relatos llenos de ironía, parodia, humor y reflexiones, en un juego literario cuyas reglas nos la advirtió desde el principio, cuando nos avisa que “El que aquí cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel que lo vio y al que le ocurrió, ni tampoco es su prolongación, ni su sombra, ni su heredero, ni su usurpador…”.

Estrafalarios, graciosos, complejos, sus colegas oxonienses esconden secretos que los atormentan: Cromer-Blake, su guía, carga con una vergonzosa enfermedad y un fracaso sentimental; Toby Rylands, las consecuencias sobre su pasado en el espionaje; y la bella adúltera, su amante, Clare Bayes, un secreto que señaló su infancia.

Novela singular, atípica; un testimonio memorial, sin argumento definido; ambigua, al resultar difícil de determinar lo verdadero a lo ficticio, al filtrarse elementos autobiográficos de Marías; colmada de reflexiones sobre la vida, el amor, el exilio, la identidad, la memoria, el azar existencial, la muerte; con una estructura fragmentaria, no lineal, que avanza conforme El Español va dando cuenta de lo ocurrido y reflexiona sobre ello.

“Todas las almas” es una novela, como comenté al inicio, para leerse con calma; es una excelente opción para iniciarse en la literatura de Javier Marias, pues en sus siguientes novelas, encuentras referencias de “Todas las almas”, ya que en sus historias se repiten constantemente personajes, motivos y tramas narrativas, pasando de un libro al otro. Literatura pura y dura, de la buena, “Todas las almas” me subyugó ¡Te leo!

“El baile y el incendio”, de Daniel Saldaña París

El pasado 8 de noviembre del 2021 el jurado que otorgó el 39º Premio Herralde de Novela a “El año del búfalo”, de Javier Pérez Andújar, consideró como novela Finalista a “El baile y el incendio”, del escritor mexicano Daniel Saldaña París, valorando que “Tres personajes admirablemente perfilados dan cuerpo a una historia personal que lo es también de una edad de la vida. Después de las aspiraciones frustradas y los sueños inconclusos de la juventud, quizá quepan formas distintas, radicales y sublimes, de rozar algo parecido a la felicidad. Una novela volcánica, violenta y precisa como una coreografía”.

Anagrama es una de las editoriales que más admiro y leo. Gracias a sus publicaciones he conocido a un conjunto de escritores y escritoras europeos a los que difícilmente habría tenido acceso. Además, su colección “Narrativas hispánicas” nos ha acercado a los mejores autores españoles y latinoamericanos contemporáneos. Y desde 1983, el certamen Premio Herralde de Novela ha servido como invaluable plataforma de promoción de sus ganadores, ya sean escritores noveles o consolidados.

A Daniel Saldaña no lo conocía. Mi lectura de “El baile y el incendio” es un ejemplo de que el galardón funciona. Y no es que Saldaña Paris sea un escritor desconocido: en el 2017 fue incluido en la lista Bogotá39, la cual reconoce y acredita a los Mejores Escritores Latinoamericanos menores de 40 años, pero ha publicado poco: dos novelas más, las dos en Sexto Piso, otra editorial que leo, además de un libro de poesía y otro de ensayo.

“El baile y el incendio” es una novela de sobresalientes hechuras, destacando, además de la excelente factura de los tres personajes que estructuran la historia, la creación del ambiente, de esa atmósfera de sofoco, desolación y pesimismo que se siente en la ciudad mexicana de Cuernavaca, durante una época reciente, una ciudad donde la Primavera se suponía eterna, y que se encuentra asediada por una sequía extrema, e intoxicada por los humos producidos por los incendios de los bosques que la rodean.

“El baile y el incendio” cuenta la historia del reencuentro después de varios años, de tres amigos de la adolescencia, que a mitad de sus treinta, se encuentran en esa etapa de la vida cuando comienzas a darte cuenta que tu vida no es como la que soñabas: Erre, divorciado, desorientado, fracasado en sus pretensiones cinematográficas, presa de dolores crónicos que lo conducen a la dependencia de los opiáceos; Conejo, el mal trío, encerrado y al cuidado de su padre ciego como causa y justificación de su estéril vida; y Natalia, la bailarina y coreógrafa, la creativa que bajo encargo, da forma a “El baile”.

Al inicio de la novela, cuando encontramos a Natalia enfrascada en la temática de las coreomanías, esas epidemias “danzantes” que ocurrieron en varias ciudades europeas durante la Edad Media, o investigando sobre los juicios contra Märet Jonsdotter, en Suecia, tras ser acusada de convertir a distintas mujeres en brujas, estuve a punto de abandonar la lectura. No es que los temas no fueran interesantes, aunque por momentos temí que el escritor nos ensartara una pretenciosa pieza, más ensayo que ficción, pero me equivoqué rotundamente.

Y es que me sentí obligado a acudir constantemente a Google para investigar que tanto era verdad, curioso que soy, y entorpecía mi lectura. Que bueno que no lo hice, porque de eso trata “El baile y el incendio”. La investigación no estaba de más, mostraba el proceso creativo de Natalia. Hiló fino Daniel para unir historia medieval, danza moderna, crisis climática con el relato del reencuentro de Natalia, Erre y el Conejo. Muestra del talento del escritor, quien arriesgó a que sus lectores se perdieran en el camino: “La paciencia es la llave maestra para enfrentar todas las situaciones”.

Otra apuesta en la que salió airoso el autor, fue la elección de utilizar como narradores a los tres personajes. Historia contada desde tres puntos de vista, tres voces claramente diferenciadas, que además de narrarnos la historia, nos permitió conocer mejor a nuestros personajes, pues profundizamos en sus recuerdos, reflexiones, sentimientos y emociones que el reencuentro les provoca.

Novela retrospectiva, fruto de autor maduro al que hay que seguir, llena de nostalgia, donde las expectativas que los protagonistas evocan sobre su adolescencia, se confrontan con la decepción de su presente. Escrita con una prosa intensa, personajes bien tratados, dando cuenta de un relato que terminó irremediablemente enganchándome, con un final sorpresivo, cuando menos para mi ¡Te leo!

“Carmen Balcells, traficante de palabras”, de Carme Riera

Partiendo de la base que una buena biografía debe describir objetivamente los rasgos del carácter del biografiado, personalidad que, en este caso, me resulta francamente, extraordinaria; señalar con fechas y lugares los hechos más relevantes de su vida, que Carme Riera los indica, los contextualiza, los ambienta y los cubre de anécdotas significativas; le sumamos asimismo que el personaje jugó un papel fundamental, determinante en la historia contemporánea de la literatura: Riera nos deja claro que hay un antes y un después de Balcells; y que además, está espléndidamente escrita; por tanto, “Carmen Balcells, traficante de palabras” me resultó, entre varias, una lectura amena, formativa, sugerente e inspiradora.

Carmen Riera (1948-) se dio a conocer en 1975 con el libro de cuentos “Te dejo, amor, en prenda el mar”. Ha publicado novelas, ha sido traducida y ha sido galardonada con el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Catalunya y el Premio Nacional de las Letras. Es miembro de la Real Academia Española. Amiga y cliente de Carmen Balcells desde hace más de treinta años, que a manera de introducción de su libro, nos confiesa que “Carmen Balcells me cambió la vida”.

Porque Carmen Balcells, era una mujer de cualidades incuestionables que “… había empezado de la nada, ni siquiera había cursado el bachillerato, había llegado a Barcelona desde un remoto pueblo del interior de Cataluña, para dedicarse a un oficio cuyas reglas en principio ni siquiera conocía, pero había conseguido cambiarlas y con tesón, perseverancia e infinita dedicación había llegado hasta allí, mejorando la vida de muchos escritores”.

Confieso que durante las últimas páginas, las lágrimas fluían libres y serenas. Admiré a la “Gran Mamá” y me recuerda a la mía. Había leído, escuchado y visto mucho acerca de Carmen Balcells: Libros de memorias escrito por editores como Carlos Barral, Jorge Herralde, Esther Tusquets, Mario Muchnik y de Beatriz de Moira; libros sobre el Boom, como los de Xavier Ayén, José Donoso e Ignacio Padilla; memorias o biografías de sus clientes, como la del propio Gabriel García Márquez; vídeos en YouTube, etc., pero el libro de Carme Riera, terminó, inesperadamente, conmoviéndome.

Nací en 1957 y empecé a leer muy pequeño. Mi adolescencia coincidió con el surgimiento del Boom, ese movimiento mitad literario, mitad estrategia de marketing que agrupó a un grupo de escritores latinoamericanos en torno a Carmen Balcells. Tuve la suerte de leer de muy joven a Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y a Isabel Allende, entre algunos de sus 200 escritores que representa su agencia. Soy pues, contemporáneo de esa época tan literariamente gloriosa para los lectores.

Por esa afortunada circunstancia de tiempos y espacios -mexicano, nacido en los 50´s, lector voraz, bibliómano- empecé a conocer la importancia de Carmen en la industria editorial. Creo recordar que fue en el 2002, cuando se publicó la biografía de Gabriel García Márquez -“Vivir para contarla”-, y que coincidió con mi efímera etapa de librero, cuando el papel de Balcells en su lanzamiento fue tan notable, que atrajo mi atención y admiración.

Personaje relevante en la historia de la literatura hispanoamericana, jugadora implacable, temida y respetada en la industria editorial; representante amada y adorada por sus clientes, entre ellos, seis, sí, 6 Premios Nobel de Literatura; jefa temida por arbitraria y arrebatada; esposa distante, insatisfecha, en una relación que la autora califica como “…fraternal. Es decir, de hermanos que se pelean”; madre “bipolar” y contradictoria, como casi todas, que oscilan entre las exigencias, las altas expectativas y los mimos.

Arbitraria, arrebatada, generosa, extraordinaria, influyente, visionaria, mito, leyenda, insólita, irrepetible, inolvidable, increíble, exagerada, extravagante, llorona… sobran los adjetivos cuando se trata de Carmen. Astuta inversionista en talento, defensora “enconada y decidida de sus escritores”; emprendedora creativa, como lo evidencia la famosa “cláusula Balcells”, que incluía en sus más de 50 mil contratos con editoriales que llegó a manejar, Carmen es una mujer a la altura de su leyenda.

“Carmen Balcells, traficante de palabras” no ha llegado a las librerías mexicanas. Al enterarme de su publicación, no logré resistirme a comprarlo en su edición electrónica. No pude esperar a que arribara a las librerías. Mi cuñada va a España la próxima semana y se ofreció a traérmelo, ofrecimiento que acepté, aunque me adelanté y lo leí en mi iPad; así nos pasa a los bibliómanos, los queremos en papel y en nuestros libreros. Si te gustan las biografías de personalidades del universo literario, te la recomiendo mucho ¡Te leo!
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“El italiano”, de Arturo Pérez-Reverte

Combinación de novela histórica, crónica periodística de guerra y autobiografía, “El italiano” es cien por cien un clásico de la literatura Revertiana. Basada en hechos reales, “El italiano” es una novela de intriga, aventuras, y amor; una historia tan bien enhebrada, que te engancha desde sus primeras líneas.

A Arturo Pérez-Reverte, al polemista, al controversial intelectual español, lo puedes odiar o amar. Aquí yo vengo a platicarte sobre sus novelas, no sobre sus Twittees, sus columnas ni sus decires. Aclaro porque cuando platiqué sobre “Línea de fuego”, más de una, y uno que otro, se engancharon con temáticas ajenas a la novela.

Cuando publico sobre libros en el grupo, trato de hacerlo como si platicara con amigas y amigos alrededor de la parrilla, durante una tarde sabatina de fútbol, cerveza y carne asada. Aquí se supone que somos lectores, y los que aman los libros y disfrutan de la lectura los considero camaradas, compañeras, así que los invito a comentar, aportar y debatir sobre “El italiano” o las novelas de Pérez-Reverte, pero por favor, centrémonos en los libros y lecturas.

A Pérez-Reverte lo conocí en 1996, con “La piel de tambor”, que era su octava novela. Su impacto me llevó a buscar otras novelas, y conforme las encontraba, me ponía al corriente. Desde entonces le guardo fidelidad, aunque confieso que la saga de Alatriste, por ejemplo, no la terminé. Tampoco me atrajo “Sidi”, el relato sobre El Cid, resabios, quizá, de una lectura obligada en la secundaria de mi adolescencia. En fin, hablemos de “El italiano”

La historia ocurre entre 1942 y 1943, ambientada en la Bahía de Algeciras española y el Peñón de Gibraltar en posesión de los ingleses, una bahía donde La Línea entre la zona española y la inglesa sufría la transmigración diaria de ciudadanos, marinos, soldados, espías y saboteadores. Tiempos de guerra, tiempos de héroes y villanos, tiempos en que un grupo de buzos italianos hundieron o destruyeron 14 barcos aliados.

Una mañana, muy de madrugada, mientras paseaba por la playa con Argos, su perro, Elena Arbués se encuentra con un hombre desvanecido, vestido de “caucho negro mojado y reluciente”, sangrando por la nariz y los oídos. Elena, de 27 años, viuda, propietaria de la librería “Circe”, más “alta que la media, … delgada, normal, con cierta clase”, atractiva pero no llamativamente guapa, lectora de los clásicos griegos, quien se decide por llevar al hombre hasta su casa para socorrerlo antes de avisar a las autoridades.

Hurgando en los bolsillos, Elena conoce su nombre, Teseo Lombardo y su rango, 2o Capo Regia Marina y supone que durante esa noche, participó en el ataque al barco que había estado ardiendo toda la madrugada en la embocadura del puerto del peñón, frente a su casa. Y cuando el hombre, recuperando brevemente el sentido, le expresa una petición, acompañada por un número telefónico, Elena intuye que al concedérsela, cambiará su vida.

Apasionante historia, que salta en el tiempo y en el espacio, pues conforme avanzamos en la lectura, caemos en cuenta que ¿encaramos?… gozamos, más bien, dos partes de una misma historia: La aventura de Elena Arbués, la joven librera que cree ver en Teseo Lombardo, 2º Capo Regia Marina, un Ulises salido del mar; y el relato de un novelista, que investiga, escribe y nos cuenta, muchos años después, los acontecimientos que ocurrieron durante esos días en la bahía de Algeciras.

Para resolver el reto narrativo, Pérez-Reverte utiliza con oficio un recurso que recuerdo haberlo percibido en “Hombres buenos”. En “El italiano”, mezclada la realidad histórica con la ficción, Pérez-Reverte enhebra finamente la historia, utilizando un narrador en tercera persona para relatar la trama de Elena y el grupo de buzos de élite Orsa Maggiore, y otro en primera -trasunto literario del autor-, un periodista/novelista que nos va contando la historia sobre la confección del libro, sin que nos perturbe, vale comentarlo, tales artificios en la lectura.

Afortunada amalgama de historia-periodismo-literatura; “El italiano” es una novela, más de intrigas, amor y mar, que de guerra; con un personaje femenino -Elena Arbués, atrevida, estoica, aventurera- que se roba la ¨película”, dejándole a los personajes secundarios, como el mismo Teseo, un tipo atractivo, sencillo que no simplón, honesto, limpio (“hasta su sudor olía a limpio”, decía Ella), y sus compañeros: el sottocapo Gennaro Squarcialupo, y el teniente de navío Lauro Mazzantini, jefe del grupo Orsa Maggiore, los papeles de héroes atípicos.

Historia sencilla y con final feliz, sí, predecible desde el inicio, pero que a la vez, te engancha, porque lo que quieres es conocer cómo se llegó a la consumación; “El italiano” entretiene, ilustra, deleita y enseña. Ideal para un fin de semana largo, como el que se avecina. ¡Te leo!
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