“Apocalipsis”, de Stephen King


El pasado 24 de marzo Stephen King, autor de la novela “The Stand”, titulada en su primera versión en español como “La danza de la muerte”, y en su versión completa como “Apocalipsis”, compartió a través de su cuenta de Twitter ciertos pasajes de su relato, donde detalla la manera en que se propagó un virus (una cepa mortal de una súper gripe que mata a casi todo el mundo), y los efectos que provocó sobre el espíritu colectivo.

“The Stand” cuenta la historia de como una sociedad apolínea se ve destrozada por una fuerza dionisíaca. Los supervivientes de la plaga se concentran en dos campos opuestos: uno, localizado en Boulder, Colorado, que intenta imitar la sociedad recién destruída; los otros, en Las Vegas, donde integran una comunidad violentamente dionisíaca. “The Stand” nos narra la lucha en la que se enfrascan para quedarse con los despojos del planeta.

La intención de King al publicar su tuit (con video incluido) era la de resaltar una propuesta sobre el comportamiento social que debemos seguir en una situación como la que estamos sufriendo, y evitar que el miedo provoque un caos que nos desborde a todos. Eludiendo ahondar en lo moral o religioso, King compartió su deseo para que seamos solidarios y respetuosos de las reglas impuestas y/o propuestas que reducen la propagación del virus por contacto. El capítulo 8 que publicó, relata la forma en que la súper gripe logró dispersarse gracias a una serie de errores comunes, como los que estamos cometiendo la mayoría de nosotros durante la pandemia.

Hace muchos años dejé de considerar a Stephen King como mi “placer culpable”. Con la edad y la confianza de saberme buen lector, dejé de ocultar la inmensa pasión que me provocan los libros del mal llamado “Rey del Terror”. Todavía en el siglo XX, muchos críticos literarios se atrevían a desdeñarlo y/o criticarlo, y algunos lectores con ínfulas de intelectuales, lo consideraban como un productor de lectura basura. Hoy, pocos se arriesgarían a criticarlo o vituperarlo públicamente, conscientes que de hacerlo, sus redes sociales serían atacadas por millones de sus fanáticos, y se verían obligados a cerrarlas y correr a esconderse al sitio mas recóndito del planeta.

Stephen King se convirtió en autor de culto para millones de lectores de diferentes generaciones que leen y coleccionan sus libros y todo tipo de juguetes referentes a sus películas o personajes; disfrutan sus películas y series televisivas; crean grupos y sitios en las redes sociales para intercambiar experiencias y comentarios sobre sus lecturas, y leen religiosamente todos los Tweets que difunde. La mayoría de sus libros continúan reeditándose, desde su primera novela “Carrie”, hasta la última: “El instituto”. Cualquiera que asista a una librería podrá notar la vigencia de su prestigio y popularidad.

La biografía de King parece de novela. Nacido en la ciudad de Portland, Maine, en septiembre de 1947 y abandonado desde los dos años por su padre, creció junto con su hermano mayor David en una pequeña familia que pasó a encabezar su madre Ruth, y desde muy joven tuvo claro que se convertiría en escritor. En 1959, a los 12 años, publicó una pequeña reseña sobre sus programas preferidos de televisión en una revista ya desaparecida llamada Dave´s Rag. Seguro de su vocación, se graduó en Lengua y Literatura inglesa en la Universidad de Maine, ya con una larga lista de cuentos publicados, la mayoría por él mismo y con la ayuda de su hermano, propietario de una imprenta.

Recién graduado, sin conseguir plaza como maestro, casado con Tabita King, se vio obligado a aceptar una serie de trabajos para sobrevivir, incrementando magramente sus ingresos con el sueldo de su esposa y la publicación de algunos relatos, hasta que en 1973 la editorial Doubleday le aceptó el manuscrito de “Carrie”, que había sido lanzado a la basura y rescatado por Tabita, anticipándole 2,500 dólares. Lo que ocurrió con la novela, ya es parte de la historia.

Stephen King es autor de muchas relatos de “iniciación”. Yo lo descubrí arrancando la década de los 70´s, en plena adolescencia, precisamente con “Carrie”, una novela que trata del tránsito de la infancia a la pubertad. Considero que muchos de sus nuevos lectores se enganchan a su literatura por sus historias llenas de personajes juveniles que se meten irremediablemente en problemas, o meten a los demás.

El crítico argentino Rodrigo Fresán ubica parte de la obra de nuestro protagonista al nivel de Charles Dickens, porque está poblada de niños y jóvenes que enfrentan sus miedos, y logran superarlos. Dany Torrance en el “Resplandor”; Charlie McGee en “Ojos de fuego”; la pandilla de niños en “iT” son ejemplos de personajes inolvidables que pasan por ese tipo de trances.

Regresando a “The Stand”, su primera versión en español, “La danza de la muerte”, se publicó en 1979 en dos tomos por la editorial Pomaire (edición que fue la que leí ese lejano año), y posteriormente, en 1990, Plaza & Janés publicó una versión completa del manuscrito original (como era el deseo inicial de Stephen King, que su editorial no le concedió, pues “The Stand” fue reducida en una quinta parte y fue la última novela que publicó con Doubleday), titulada “Apocalipsis”, que la leí -¿o debo decir releí?-en abril de 1991.

Stephen King había estado tuiteando insistentemente durante las últimas semanas, preocupado porque su novela está siendo mal utilizada como si fuera un libro profético sobre el futuro que nos espera. Con la publicación del capítulo ocho y sus reflexiones, insiste en que la ficción que escribió, es solamente eso, pura ficción, producto de su genio y prolífica mente que ha producido un legado literario que alcanza casi todos los géneros y estilos.

El autor escribió en su libro “Danza macabra”, un maravilloso texto de ensayos, repleto de anécdotas y referencias de sus obras y las de sus precursores, publicado en 1981, que “El libro también intenta celebrar aspectos más luminosos de nuestras vidas: el valor, la amistad y el amor en un mundo que tan a menudo parece carente de él. A pesar del tema apocalíptico, “Apocalipsis” es principalmente un libro esperanzador que repite la afirmación de Albert Camus de que <también la felicidad es inevitable>”.

No es la primera ocasión en que Stephen King se ve involucrado en este tipo de embrollos. “Rabia” (1977), la novela que publicó bajo el seudónimo de Richard Bachman narra la historia de un adolescente -Charlie Decker- que empujado hasta el borde la locura, asesina a dos maestros y toma veinticuatro rehenes en una escuela. Durante el secuestro, los rehenes se contagian de la furia violenta de su captor y la novela culmina en… El caso es que cuenta la Leyenda que cuando ocurrió la primera matanza con estas características (1988) en la escuela norteamericana San Gabriel High School, en San Gabriel, Cal., King quedó tan impactado que ordenó retirar los ejemplares sobrantes de “Rabia” de la bodega y prohibió durante muchos años su reedición.

Son días complicados. No es recomendable ponerse a leer “Apocalipsis”. Es válido el esfuerzo de King de promover una serie de medidas para reducir al máximo la dispersión de la enfermedad. Mientras tanto, el resto la humanidad contenemos el aliento, esperando que pronto termine está pesadilla.

“Black, black, black”, de Marta Sanz

No sé si fue producto del encierro, o causa de la novela, pero batallé un resto para concentrarme en esta propuesta de la autora española Marta Sanz, de la que solo había leído “Farándula”, una historia que, de acuerdo a lo que escribí en enero del 2016: “Me gustó. Me costó leerla porque lo hice durante la primera semana en el ..…”. Farándula la leí durante el inicio de un proyecto relevante en aquel entonces; “Black, black, black”, durante los días iniciales de la pandemia, así que pretextos existen.

Ya terminada la novela, comprendí que se requiere estar en cierta disposición para enfrascarte en desentrañar el ejercicio literario que Marta Sanz decidió utilizar para escribirla, porque la verdad, esperaba leer una novela policiaca tradicional, clásica, con un crimen, un detective, un escenario, varios sospechosos para ser el primero en arribar a la escena del crimen y colaborar con Arturo Zarco a descifrar las claves del homicidio.

Y el relato inició bien: familiares de la víctima, detective, asesinato sin resolver, cuerpo policial inepto; varios sospechosos, todos, vecinos de la perjudicada, en un edificio medio tétrico ubicado en el centro de Madrid; andábamos pues, entretenidos en la lectura, que fluía al ritmo acostumbrado, cuándo de repente y sin decir agua va, la autora decidió ponerse a jugar con nosotros, sus fieles lectores, provocando una especie de desbarre.

Vayamos por partes para no confundirlos con esta pequeña reseña: Arturo Zarco es un detective privado que me cayó bien. En los cuarenta, gay y divorciado de Paula, es contratado por los padres de Cristina Esquivel para encontrar al que la asesinó un año atrás, pues la policía madrileña no muestra interés en resolver el homicidio. El sospechoso principal es el marido de Cristina, un albañil marroquí qué dio el braguetazo al casarse con una médica geriatra con padres pudientes. Zarco inicia la investigación interrogando a los vecinos de la víctima, que como siempre sucede cuando se vive en condominio, hay de todo tipo, edad, nivel económico, religión, preferencias políticas y sexuales; vaya pues, variada la fauna.

Cuando más entretenidos andábamos con los interrogatorios de Zarco, sus afanes para ligarse a Olmo -un joven vecino, entomólogo coleccionista de mariposas muertas-, y sus conversaciones con su ex Paula -no se sueltan el par-, la autora decide dar un giro en la narrativa, y nos enjareta el diario de Luz, la madre de Olmo; resentimos el desvío, pero, ya encarrilados, nos decidimos por conocer las intimidades de la señora, continuando, a pesar de nuestras dudas, por puro morbo, con la lectura, porque estimados amigos, con el viraje meta literario de 360 grados, Marta Sanz nos reta, nos provoca, nos desafía a que sigamos, y en mi caso -allá ustedes decidirán que hacer- acepté el reto, y me sumergí en la lectura de la fascinante historia del día a día de Luz, dudando -a Marta Sanz ya me cuesta creerle- de lo narrado, conscientes de que estamos en un juego donde encontrar al asesino, ya no es la prioridad.

En la tercera y última parte de la historia, para encendernos la luz, regresa Paula, la ex de Zarco y se poner a enderezar los entuertos que dejó el detective, a encordonar los cabos sueltos, a concluir la encomienda de los Esquivel, a culminar el juego de la Sanz con nosotros, que a estas alturas, nos encontramos totalmente seducidos por los recursos que utilizó; por esa prosa que trazó magistralmente ambientes, olores, emociones, en una falsa novela negra, que te podrá -si decides leerla- gustar o no, pero a la que no le puedes escatimar el valor de la innovación, de la propuesta novedosa, que termina en una lectura intrigante, inteligente, compleja, pero entretenida. Y al final, en esta época de pandemia, distraerse, olvidarse de lo que se nos viene encima, se agradece, ¿no lo creen así, estimados lectores?

“Mujer en papel”, de Rita Macedo y Cecilia Fuentes

Se vale desear leer un libro por morbo. Hay libros que su atractivo radica en su capacidad para provocar curiosidad, al tratar temas que pueden parecer desagradables, crueles o que trasgreden las reglas “morales” que unos cuantos, quieren imponer a los demás. Algunos consideran morbosos a quienes quieren conocer en detalle la vida personal o íntima de alguien. En fin, desde siempre ha existido el impulso humano por ver, sentir, oír con lo que socialmente se considera prohibido.

Vaya, tan el morbo vende, que la primera edición de “Mujer en papel” desapareció de los estantes rápidamente. No me lo creía: dicen que en México no se lee. La busqué en mis librerías de costumbre, y cuándo Sonya Garza Rapport, promotora cultural regiomontana, mi guía y amiga, que también lo buscaba, me comentó que la distribución del libro la tenía en exclusiva Sanborns, me lancé al más cercano, pero no les quedaba ninguno en ninguna de sus sucursales, así que tuvimos que esperar hasta que llegó la segunda edición, esa sí, con más ejemplares y sin exclusivas. (Gracias por el regalo Sonya)

Quedemos pues, sí me lo permiten, que el morbo es una razón tan válida y respetable como cualquiera para lanzarse a la lectura de un libro. Lo que no se vale es dejar de reconocer cuando el libro tiene más virtudes o cualidades que las que despierta el interés por su lectura, como es el caso en el libro que me ocupa: “Mujer en papel”, las memorias inconclusas de Rita Macedo que nos presenta su hija Cecilia Fuentes.

Vale, estoy de acuerdo; lo reconozco: mi interés primario, era conocer la vida de pareja del afamado escritor mexicano Carlos Fuentes y la estrella de cine, teatro y televisión Rita Macedo. La vida íntima del conquistador, del galán, del seductor Carlos Fuentes fue, desde siempre, fuente de chismorreos y especulaciones; y con la lectura de “Mujer en papel”, ahora sabemos que, la fama que persiguió a Fuentes se quedaba corta.

Pero créanme que “Mujer en papel” nos ofrece algo adicional a la biografía de una Estrella del espectáculo mexicano y su vida marital con un escritor de fama internacional, más por sus devaneos, que por el éxito comercial de sus novelas.

El libro nos brindó un palco privilegiado para conocer, recordar y reconocer personajes, actividades y lugares, que conformaron una época relevante e importante en la historia cultural de México: cine, teatro, televisión, pero también literatura, música, danza.

Personajes como Emilio “El Indio” Fernández, Luis Buñuel, Pedro Armendáriz, Maria Félix, Dolores Del Río, Ernesto Alonso, la dinastía Bracho, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, José Donoso, Julio Cortazar, Pablo Neruda, Mario Vargas Llosa, Alvaro Mutis y muchos más, los vemos transitar por las páginas del libro, lleno de anécdotas que leídas en conjunto, van fotografiando toda una época.

Además, nos permitió conocer a una mujer sumamente compleja, contradictoria, volátil, intensa, disciplinada, trabajadora, talentosa, creativa, que definitivamente no se ajustaba al papel tradicional de la mujer, pero curiosamente, tampoco a la representación del personaje de una Estrella del espectáculo.

Rita Macedo me resultó una mujer fascinante y fascinadora, adelantada a su época, esposa desubicada, pareja apasionada, madre cuestionada, abuela querida y recordada. Me gustó mucho la lectura de “Mujer de papel”, que además se presentó en una espectacular edición, con fotografías y dibujos que le agregan valor.

“La chica”, de Edna O’Brien

Así como “Una librería con magia” me relajó, “La chica”, de la gran autora irlandesa Edna O´Brien me estrujó, me dejó completamente conmocionado, como si totalmente desprevenido, hubiera recibido un mazazo en la sien izquierda. No me derrumbé al suelo porque estaba sentado, que si no, todavía me estuvieran contando los segundos. Eso me sucede por no leer las sinopsis de las contraportadas. Las sorpresas pueden sacudirte desde el cerebro hasta las entrañas. Desprevenido totalmente, ni siquiera el impactante inicio: “Tiempo atrás fui una niña, pero ya no”, me preparó para lo que seguía.

Hace relativamente poco tiempo había leído “Las chicas del campo”, de Edna O´Brien, la primera novela de autoficción de una trilogía -no he encontrado las otras dos: “La chica de ojos verdes” y “Chicas felizmente casadas”- y pensé equivocadamente que por fin se me haría continuar con la lectura sobre su vida, pero, sorpresas da la vida, “La chica” no tiene nada que ver con la vida de Edna, ni con Irlanda, ni con nada que me hubiera podido imaginar hasta que, por ahí de la página 30 caí en que tenía otra historia entre mis manos. Y vaya pinche -ustedes perdonen mi francés- y estremecedora historia.

Increíble. Edna O´Brien tiene ¡90 años! amigas y amigos, y contó todavía con los arrestos para escribir una historia como la de Maryam, una niña nigeriana que es secuestrada junto con sus compañeras de la escuela por un comando de guerrilleros yihadistas para ser humillada, torturada, violada y casada con uno de sus secuestradores. No voy a contarles los logros literarios de Edna O´Brien, están en internet, pero vaya pedazo de escritora!!

“La chica” se puede dividir en tres partes: primero, el secuestro, y cautiverio, en lo profundo del bosque nigeriano, del grupo de niñas, llena de violencia, sadismo, asesinatos. La hediondez la aspiras y te asquea; las torturas te laceran; el sufrimiento te agravia, la esclavitud, te subleva. La historia de Maryam es real, sucedió, incluso Michelle Obama luchó, movilizó, presionó para que conociéramos la historia de las 276 niñas secuestradas por el repugnante grupo islamista Boko Haram, por eso sé que no estoy cometiendo la estupidez del spoiler, solo trato de trasmitirles el cúmulo de sentimientos que la historia de Maryam y la prosa de la autora me provocaron.

Acompañamos a Maryam, su hija recién nacida Babby, y su amiga Buki durante su huída. Compartimos su miedo, nos estrujan las entrañas su hambre y sed, nos abatimos con la muerte que aún, las persigue; nos solidarizamos con su esperanza, y respiramos un poco, cuando encuentran un cuartel militar, uniéndonos a su aflicción ante la desconfianza mostrada por quienes las debieron haber protegido.

Y al final, la historia del regreso. La lucha por disminuir el odio, la terapia buscando sanar el alma, la manipulación de los políticos lucrando con su valentía, la búsqueda de su nuevo lugar en la familia, en el pueblo, en la vida. Porque la vida sigue, pero la miseria, el desprecio, las humillaciones a las que son sometidas las mujeres, permanecen presentes, y Maryam vuelve a ser víctima, ahora de su propia gente, que no muestran signos de compasión, presos de la ignorancia, de sus mitos, de sus tradiciones.

La historia de Maryam está llena de crueldad, dolor, inmundicia, pero también de amor, de solidaridad, de amistad. El drama de Maryam y sus compañeras merece ser recordada, nunca olvidada, porque nos confronta con todo lo malo y lo bueno que existe en la humanidad. Y créanme que “La chica”, obra de la irredenta, inconformista, pero talentosa escritora Edna O´Brien logrará que permanezca mucho tiempo en nuestra memoria.

“Una librería con magia”, de Thomas Montasser

Existen lecturas para descansar. Así como los deportistas de alto rendimiento programan sesiones de -lo que en la jerga se le conoce como- descaso activo, los lectores agarramos un libro y nos ponemos a leer solo por el placer de la lectura, sin ningún plan, sin objetivo, solo para el disfrute, el solaz y el esparcimiento.

Grupos de Facebook que fomentan la lectura, cumplen una gran función: el intercambio de lecturas, experiencias, consejos, recomendaciones son muy importantes para los que amamos los libros. Un ejemplo de ello es “Una librería con magia”, un bello libro de cuya existencia me enteré apenas hace cuatro días, gracias a un amigo del grupo. Con el aval de su comentario, lo adquirí y me llegó el domingo a media tarde, y en la noche, ya en cama, lo inicié y lo terminé, disfrutándolo y gozando la sensación de relax que me producía su lectura.

Thomas Montasser es un agente literario alemán. Ha publicado literatura infantil, es periodista, profesor universitario y lector. Traía ganas de escribir sobre una librería, y se dio el gusto publicando “Una librería con magia”, un texto sin grandes pretensiones, donde narra una historia un poco, solo un poquito inverosímil, que le sirve de pretexto para mostrarnos un panorama superficial de como se administra un sitio mágico como lo son las librerías.

La anécdota va de que Valerie, una estudiante de economía con aspiraciones de convertirse en consultora empresarial, recibe -inesperadamente y sin ser tomada en cuenta su opinión- la encomienda de encargarse de la librería de su tía Charlotte, quien desaparece de escena dejándonos a todos con la maldita duda. ¿está muerte o anda de parranda?

Valerie acepta, se instala en el sillón de lectura de “Ringelnatz & Co.”, toma de los libreros un libro, “El proceso”, de Franz Kafkfa, y ocurre el inevitable flechazo entre la joven economista y los libros, pero también nuestra chiflazón por elaborar la lista de los libros citados en la novela y que no teníamos idea sobre su existencia. Como siempre, un libro te lleva a otros libros, y en “Una librería con magia” convivimos con poetas como Andreas Gryphuis, Heinrich Heine, Rolke, Trakl; y hasta nuestro chileno Pablo Neruda es citado, aunque la mayoría, sin profundizar gran cosa sobre su literatura.

Y los días van pasando, las lecturas de Valerie se van ampliando, su romance con los libros in crescendo; aparecen personajes, como su novio Sven, que pronto se fastidia de la nueva pasión de su novia por la literatura y la tienda, y acepta un trabajo muy ventajoso para su carrera en Qatar, dando un respiro a Valerie, que también presentaba señales de hartazgo sobre la relación; conocemos a Timmi, un niño de diez años, extraordinario lector, bibliófilo en potencia; un albañil persa, amante de la poesía; y la estrella de la película: un joven medio hipster, lector y bibliófilo, que le mueve el tapete a nuestra heroína.

No quiero que piensen que “Una librería con magia” es la obra que los amantes de los libros esperábamos. Es un libro entretenido para un domingo en la noche, cuando queremos olvidar afrentas, pandemias y otras pesadumbres. No pretendo con este informe que te lances a la librería a comprarlo, aunque yo no me arrepiento de haberlo hecho; pero si lo tienes a la mano, no dudes en leerlo cuando te encuentres en estado Zen.

“La invasión del pueblo del espíritu”, de Juan Pablo Villalobos

Existen libros que esperas con ansiedad. Basta que te lo agencies para que lo coloques en el primer lugar de tu lista. Han pasado dos años desde que leí “No voy a pedirle a nadie que me crea” y se me hicieron eternos. Por eso “La invasión del pueblo del espíritu” empece a leerla inmediatamente después de terminar con “El coleccionista de libros”. Y es que ante esta clase de textos, no hay lista sagrada: no importa si tienes una docena, o cientos o más libros pendientes entre las mesas y los libreros, solo deseas leerlo, y lo más pronto posible.

Desde el primer libro que leí de Juan Pablo Villalobos, quedé atrapado en las redes de sus historias, de su inigualable estilo, del ritmo que le imprime a las estrambóticas anécdotas que nos narra, a la ironía, al alboroto, a la bulla que crea con su prosa, que en ciertos momentos memorables, me parece poesía.

Joven autor mexicano, Juan Pablo Villalobos (1973-) reside en Barcelona. “La invasión del pueblo del espíritu” es su quinta novela, todas publicadas por Anagrama: “Fiesta en la madriguera” (2010), “Si viviéramos en un lugar normal” (2012), “Te vendo un perro” (2014) y la ganadora del Premio Herralde de Novela 2016 ,“No voy a pedirle a nadie que me crea”; han sido traducidas y las dos primeras se adaptaron para teatro, presentándose en Brasil, donde Villalobos radicó por el 2014.

También ha escrito un libro de cuentos: “Yo tuve un sueño” (2018) y una novela escrita en portugués -“No estilo Jalisco”- que solo se publicó en Brasil con motivo del Mundial de Futbol del 2014, novela que sus fans no perdemos la esperanza que sea publicada en español.

Eran altas mis expectativas cuando llegué a mi casa feliz como una lombriz con la nueva novela de Villalobos, que narra la historia de la lucha que emprende Gastón -siempre acompañado de su fiel mascota Gato (que por cierto, es un perro)- intentando rescatar el restaurante de su mejor amigo, Max, que después de 30 años de labores, se ve obligado a buscar otro local para re instalarse o cerrar sus puertas definitivamente, pues el dueño de la propiedad la traspasó a un recién inmigrado.

Gastón y Max son inmigrantes, que por antigüedad, están integrados y asimilados en el barrio. Son víctimas, pero no comparten con sus vecinos, los sentimientos de racismo, de xenofobia que emergen de nuevo entre la comunidad por el arribo de una nueva oleada de inmigrantes, procedentes del lejano oriente y del norte de Africa. El miedo provocado por la invasión extranjera empieza a movilizar a los vecinos, que invitan a Gastón y a Max a participar en el movimiento, olvidando que ellos son también expatriados, y que como ahora lo sufren los nuevos, también fueron víctimas en su momento, del rechazo de los nativos.

En la novela aparecen diversos personajes: Pol, el hijo de Max, un científico que regresa a casa después de abandonar abruptamente su trabajo en una empresa que investiga en un sitio lejano el surgimiento de la vida terrestre; también conoceremos a la adormecedora, una especie de bruja mística que ayuda a Gato a bien morir (el fiel perro se encuentra en fase terminal); Yu y su familia, comerciantes del bazar del barrio; el padre de Max y abuelo de Pol, un político corrupto que llega huyendo de su país y se refugia en el restaurante de su hijo; regidores, agentes de bienes raices, desempleados, y extranjeros, todos participando de diversas maneras y etapas en las historias del barrio.

“La invasión del pueblo del espíritu” trata sobre la amistad, la familia, la inmigración y la nostalgia, el miedo a las invasiones foráneas, la gentrificación de los barrios, y hasta un poco de ciencia ficción, faltaba más; de lectura fácil y pocas páginas, es narrada de una manera ágil y sencilla por la prosa de Villalobos.

Percibo en esta novela que el autor se encuentra en una etapa de transición: ¡se nos puso serio! “La invasión del pueblo de los espíritus” no es una de esas historias estrambóticas, irreverentes, delirantes, humorísticas, absurdas e irónicas a la que nos tenía acostumbrado. No es mala, es una buena novela, solo que no es lo que esperaba, y tengo que asimilarlo. Sin embargo, no puedo dejar pasar la oportunidad de recomendarles que lean a Juan Pablo Villalobos, creanme: no se arrepentirán.

“El coleccionista de libros”, de Alice Thompson

Después de secarme las lagrimas inducidas por la lectura de “Cometas en el cielo”, me puse a hurgar por los libreros. Como muchos lectores, compro libros que por una u otra razón no leo de inmediato, y que de pronto me los encuentro, y me sorprenden.
Me sucedió con “El coleccionista de libros”, que probablemente lo compré por el título, y por Siruela, esa gran editorial española a la que le tengo una fe ciega, aunque me frustre constantemente por no contar con los recursos -$$$$- necesarios y suficientes para hacerme de todos los libros que publican y me interesan.

De la autora, Alice Thompson (1961-) no conocía nada ¿Alguien de ustedes la ha leído? Ahora sé que es una novelista escocesa, rockera, madre de un hijo, que vive en Edimburgo y que su tesis doctoral versó sobre el genial escritor Henry James; que “El coleccionista de libros”, es su octava novela y la primera que se publica en Español, y punto.

La verdad nunca me imaginé que me encontraría con la novela con que me topé: una historia enigmática, leída de una sola sentada -ayuda de que es corta: 200 páginas- que no logré descifrar si era un thriller psicológico, una novela de terror, una fábula sobre hadas y gnomos, o un relato gótico.

El maestro de maestros, Stephen King, en la contraportada, que acabo de leer mientras escribo estas líneas, menciona que es “Un perturbador espectáculo gótico, rebosante de energía y genuinamente aterrador”. ¿Espectáculo, novela, cuento o fábula? Es irrelevante, lo que sí les puedo comentar es que me enganchó desde las páginas iniciales. El libro lo solté solo para cenar.

Extraña, interesante, envolvente, intrigante, “El coleccionista de libros” narra la historia de una relación muy, pero muy singular: la de Violet y Archie, que además de la diferencia de edad, de la posición social y la rapidez con que decidieron casarse, comparten, por razones diferentes, el gusto por los libros. Violet para leerlos, Archie, un librero de viejo, para venderlos, pero también, para coleccionarlos, por lo general primeras ediciones.

Inevitablemente, son los libros, más bien, es un libro, que el extraño y peculiar marido de Violet guarda en su caja fuerte, lo que se convertirá en el detonante de la trama, y causa de una cadena de desventuras que sufrirá Violet, que llevada parte por curiosidad, parte necedad, se atrevió a violentar la caja de seguridad, tratando de averiguar la razón por la que Archie se negaba a mostrárselo, a pesar que trataba sobre Hadas, tema preferido de su adorada esposa.

El matrimonio transita, tan rápido como se constituyó, de una relación idílica a otra muy retorcida. Al parecer, el misterioso libro, titulado “Cuentos de Hadas”, de Hans Christian Andersen, encuadernado en piel teñida de un verde pálido, había lanzado su hechizo sobre la pareja, con severas consecuencias para la salud mental de Violet.

Ubicada a principios del Siglo XX en la campiña inglesa, “El coleccionista de libros” es una inquietante novela narrada de una manera muy eficaz, pues su autora, con unos pocos trazos, logró crear un ambiente hipnótico, atestado de intriga, misterio y secretos, y contarnos una historia que te lleva a reflexionar sobre el amor a los libros, el matrimonio, la maternidad, pero sobre todo, en la fachada que ocultan la maldad que puede existir en las relaciones de pareja. Muy recomendado para estos días de histerias pandémicas.

“Cometas en el cielo”, de Khaled Hosseini

¿Para qué sirve leer? Cuando en Retópada20 me invitaron a leer una novela escrita por un autor nacido en el Oriente Medio, se me antojó conocer lo que de otra manera no lograría: la cultura, las tradiciones, la historia milenaria o reciente de esa región tan lejana. En el mismo grupo me recomendaron a Khaled Hosseini, y así llegué a “Cometas en el cielo”, opera prima del autor afgano radicado desde joven en los Estados Unidos, que irrumpió con tanta fuerza en el mercado editorial, que fue llevada al cine con regular éxito y cuenta, incluso, con su adaptación como novela gráfica.

Es la primera novela que leo de Khaled Hosseini, y aún me espera en mis libreros la segunda, “Mil soles espléndidos”, que repitió el éxito comercial de “Cometas en el cielo” y le permitió abandonar su profesión como médico, para dedicarse de tiempo completo a la escritura. A la fecha, Hosseini a publicado otras dos: “Y las montañas hablaron” (2013) y “Súplica al mar” en el 2018.

De lectura fácil, “Cometas en el cielo” narra la historia de Amir y Hassan, nacidos con un año de diferencia: Amir, huérfano de madre, Hassan, abandonado por la suya; residentes en la propiedad del padre de Amir, unidos en una compleja relación de amo-sirviente, compañeros en los juegos de la infancia, equipo en las competencias de vuelos de cometa que se organizaban Kabul, capital de Afganistán, país ubicado en el oriente medio, que fue invadida por los rusos en 1981, provocando la separación cuando Amir y su padre salieron huyendo de los rusos para terminar exiliándose en los Estados Unidos, dejando en Afganistán a Hassan y a su padre, que era también sirviente de la familia.

La narración inicia en San Francisco, California, a finales del 2001, cuando Amir recibe una llamada telefónica de Rahim Kan, el socio y mejor amigo de su padre, solicitándole que acudiese a Pakistan para hablar personalmente, pues se encontraba gravemente enfermo. La llamada da pie a Amir nos cuente su historia a partir de 1975: su vida en Kabul, su huida y su estadía en los Estados Unidos; su regreso a Kabul, para cumplir con la petición de Rahim, lo confronta, de manera definitiva, consigo mismo, con su pasado, con las consecuencias de sus acciones, enfrentándolo con una serie de eventos sangrientos y dolorosos, y mejor no le sigo.

No quiero pecar de riguroso. No soy un crítico literario; solo un simple lector que intenta compartir las sensaciones y emociones que le desencadenan sus lecturas. Siento que la historia, los lugares donde ocurren los hechos, los personajes, merecían un mejor tratamiento. La novela evidencia cierta falta de pericia del autor, comprensible al ser su primera publicación. La tragedia que sufre Afganistán es inmensa, pero la escritura de Hosseini, denota cierta distancia, una sensación de que se expresa algo terrible, pero que el narrador no encuentra el tono adecuado para mostrarlo a plenitud.

Sí, “Cometas en el cielo” es un drama sobre otro: existen los secretos, la traición, expiación, violencia, conflictos étnicos y religiosos, incomprensión, amistad, amor. El drama familiar de Amir y Hassan, las consecuencias del comportamiento del primero para con el segundo, el entorno político, cultural y religioso de un país y su pueblo, como el de Afganistan, que han sufrido lo indecible, son literariamente atractivos, pero, en mi humilde opinión, al autor le faltó pasión, dolor, corazón, experiencia vital pues; o quizá, me he convertido en un viejo insensible y gruñón que ya no se conmueve fácilmente, aunque confieso que el final, me dejó los ojos húmedos y enrojecidos.

“Las relaciones peligrosas”, de Pierre Choderlos De Laclos

No quiero que me crucifiquen porque, todavía saturados de emociones post ocho de marzo, les confiese que he disfrutado inmensamente la lectura de “Las relaciones peligrosas”, una obra de la literatura francesa del siglo XVIII, que por razones de mucho peso literario, continúa vigente en nuestras librerías, y por tanto, es considerado con justicia, un verdadero clásico.

Sé que en la actualidad, disfrutar de una historia que narra la manera en que se puede aplicar el arte militar al arte de seducir y destruir mujeres es, lo menos, políticamente incorrecto. En mi descargo, puedo argumentar que cuando leemos, tenemos que ubicarnos en el contexto: publicada en 1782, “Las relaciones peligrosas” expone el decadente y depravado ambiente moral que privaba en la Francia aristocrática de esa época; pero además, “Las relaciones peligrosas” es un tratado sobre la manera de destruir el ego y el corazón de un hombre, para convertirlo en un títere en manos de una mujer tan lúcida, como combativa y vengativa.

Pierre Choderlos De Laclos (1741-1803), en la única obra de ficción que escribió, nos legó un verdadero clásico, que además, desde su publicación, se convirtió en un best seller, que escandalizó a la aristocracia francesa, resentida por la manera en que fue retratada por el autor francés.

Mientras escribo estas reflexiones, trato de sacudirme de la cabeza el cúmulo de sensaciones y sentimientos que me provocó la lectura de “Las relaciones peligrosas”. Escrita en una juguetona, deliciosa y disfrutable forma epistolar, la novela nos cuenta la manera en que una pareja de libertinos -la Marquesa De Merteuil y el Vizconde De Valmont- ejecutan, en común acuerdo, dos operaciones -al parecer independientes- diseñadas con una precisión casi militar: la venganza sobre el ex amante de la primera, Gercourt, y la seducción, por parte del segundo, de la presidenta Tourvel.

Me encantó la elección de Choderlos. El género epistolar nos ofreció la oportunidad de conocer de inmediato a los personajes. Sin un narrador que se entrometa, podemos conocer íntimamente sus motivaciones, sus sentimientos, sus comportamientos, que a ratos nos escandalizan, en otros nos sorprenden y casi siempre, nos conmueven: ellos son lo que leemos; su correspondencia, nos permite reflexionar y formar nuestros propios juicios de valor, sin que nadie ose imponernos sus propias versiones sobre el bien y el mal.

Los temas que cubre, son vigentes en pleno siglo XXI: amor, deseo, venganza, hipocresía moral, poder, erotismo; y las conspiraciones, están llenas de pasión, malicia, crueldad y manipulación; narradas con una prosa exquisita, que nos mantiene inmersos en la historia. Sé que no es mi papel contársela, y como supongo que la mayoría de los lectores han visto alguna de sus versiones cinematográficas, vale decirles que, como casi siempre sucede, el libro está muy por encima de cualquiera de las películas.

Yo los invito a que lean “Las relaciones peligrosas”. La casa editorial Sexto Piso tiene en su catálogo una edición ilustrada y exquisita de la obra de Choderlos De Laclos, a un precio que ante la belleza del libro, su compra se convierte en inversión.

“Formas breves”, de Ricardo Piglia

Existen libros que se leen solo por el placer de hacerlo. No buscas entretenerte, ni ampliar tus conocimientos, ni sufrir y/o gozar grandes emociones. Solo quieres que las palabras fluyan armoniosas y vivir, lo que podríamos llamar, una experiencia puramente estética. “Formas breves”, del enorme autor Ricardo Piglia es uno de ellos.

Yo descubrí a Piglia durante un viaje a Argentina. Fue en 1998, cuando leí “Plata quemada”, una crónica que relata la historia de una banda asaltabancos que atracó un banco en el municipio de San Fernando, donde curiosamente estaba estacionado, acompañando a mi hija mayor en un torneo juvenil de tenis que se desarrollaba en esa localidad cercana a Buenos Aires Capital. “Plata quemada” me impactó fuertemente; basado en legajos judiciales, grabaciones policíacas, testimonios y crónicas periodísticas, Piglia armó una historia inolvidable, llena de traiciones, heroísmo, y personajes carismáticos, como el Gaucho Lorda y el Cuervo Mereles.

Desde entonces, Piglia se convirtió en uno de mis preferidos. Gracias a que Anagrama iniciaba su conquista definitiva de las librerías mexicanas, tuve la fortuna de hacerme de sus obras, que abarcan cuentos, novelas, novelas cortas, ensayos literarios, guiones cinematográficos e incluso, trabajos académicos. Para desgracia de nuestra literatura, Piglia falleció hace tres años dejando como parte de su invaluable legado, los tres volúmenes de autoficción “Los diarios de Emilio Renzi”, escritos en forma de diario, cuyo último tomo “un día en la vida”, publicado en el año de su muerte, cerró su fecunda producción literaria.

Se me complica definir el género de “Formas breves”. En sus páginas encontramos diario, ensayo, ficción, relato, magisterio, autoficción. “Formas breves” es un ejemplo de libros que muestran lo tenue que es la línea que divide los géneros literarios. Publicado en el 2000, aún destila maestría, oficio, talento, curiosidad, conocimiento.

Temas como la vanguardia y la modernidad en la literatura; la relación contradictoria entre la literatura y la política; la escritura y la división del trabajo; autores señeros, como Borges, Arlt, Kafka, Chéjov, Conrad, Gombrowicz, pero sobre todo Macedonio Fernández, son causa y motivo de las reflexiones que Ricardo nos revela en su obra.

En los capítulos “Tesis sobre el cuento” y “Nuevas tesis sobre el cuento”, con los que cierra “Formas breves”, Piglia, en papel de mentor, nos expone sus consideraciones sobre las características que deben reunir los cuentos. Por ejemplo: un cuento siempre cuenta dos historias, que se cuentan de modo distinto, por lo que “el arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1”. Y nos ofrece ejemplos para demostrarlo.

En el epílogo, el autor nos apunta que los textos del libro “Pueden ser leídos como páginas perdidas en el diario de un escritor y también como los primeros ensayos y tentativas de una autobiografía futura”. Concluye, enigmático, mencionándonos que “La literatura permite pensar lo que existe pero también lo que se anuncia y todavía no es.”

“Formas breves” es una lectura muy recomendable para los que amamos la literatura y a quienes a través de ella nos brindan lo mejor de si mismos, porque como el mismo Ricardo mencionaba: “El lector ideal es aquel producido por la propia obra.” Nada me gustaría más que contarme entre ellos.
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