“Qué fue de los Mulvaney”, de Joyce Carol Oates

De lo leído de Joyce Carol Oates percibo a una autora con una particular obsesión por la violencia. El uso de la fuerza física, de las amenazas con hacer daño, o de someter física, sexual o psicológicamente a las personas, principalmente a las mujeres, son acciones frecuentes en sus novelas.

Joyce Carol Oates (1938-), es una de las grandes figuras de la literatura contemporánea estadounidense. Galardonada con premios como el National Book Award, el PEN/Malamud Award y el Prix Fémina Étranger. En 2011 recibió de manos del presidente Obama la National Humanities Medal.

Permanente candidata al Nobel, Carol Oates nos presenta una historia sobre los lazos familiares: en “Qué fue de los Mulvaney” nos relata a su dilatada manera, cómo se desbarataron en el clan de los Mulvaney, a consecuencias de la agresión a Marianne, la única niña de los cuatro hijos.

Idílica vida, compartida la alegría y el quehacer. Entrañable cotidianidad, el clan, vive inmerso en sus rutinas, tradiciones y celebraciones. La familia habita una granja de ensueño, hogar, núcleo, símbolo, reino, refugio, todo eso es para los Mulvaney High Point Farm, en el Condado de Chautauqua, zona rural del estado de Nueva York; perros, gatos, caballos, vacas, ovejas, patos y gallinas, en 23 acres de suelo fértil.

Michael Mulvaney, contratista; Corinne -todo un personaje-, ama de casa, mamá todo terreno, anticuaria aficionada; los hijos: Mike, “El mulo”, atleta universitario, alborotador e irreverente; Patrick, “P.J.” tan inteligente y brillante como misterioso e introvertido; y Judd, “Hoyuelo” o “El explorador”, el hijo inesperado, el cuarto, el observador, que es quien siendo periodista, se lanza a contarnos la historia de su familia, despedazada por lo que sucedió, siendo él aún un niño, a Marianne, justo la madrugada del 14 de febrero de 1976, después del baile de San Valentín en el Instituto Mt. Ephraim.

Marianne, la tercera, la bebe dulce, cordial; la estudiante diligente, trabajadora, y concienzuda; la adolescente bella, irresistible, popular, única estudiante de primer año candidata a reina del baile; la amiga tierna de corazón, temerosa siempre de herir los sentimientos de los demás, miembro activo de las juventudes cristianas.

Michael, respetado propietario de Tejados Mulvaney; hombre atractivo, del tipo que, cuando entraba a una habitación, la gente sonreía de anticipación, los hombres buscando estrecharle la mano, y las mujeres arreglándose el cabello, mientras sus bocas formaban rápidas sonrisas. Ciudadano modelo, apreciado por su comunidad.

Corinne, criada en una granja, se comporta con una extraña mezcla de timidez y arrojo; sus hijos pensaban que sería una mujer muy atractiva de no ser porque en “su rostro había algo demasiado ansioso, demasiado hambriento y demasiado trasnochado”; estrafalaria y extravagante, de actitud descuidada, raramente se arreglaba como se esperaba en una mujer de su posición.

Pretendiendo evitar mayores daños a su hija, quien además, creyéndose erróneamente culpable, al no impedir, protegerse y defenderse de la agresión, se niega a imputar al culpable; aconsejados por la policía, por el médico familiar y hasta por el fiscal del condado, Michael y Corinne deciden no presentar denuncia, sin evitar con ello, la censura social y la vergüenza ante la respuesta de la comunidad.

Y no creas que es spoiler. Desde el inicio, se nos va insinuando lo que le ocurrió A Marianne ese 14 de febrero. Sí, pasaron doscientas páginas para confirmarlo, pero todavía tienes más de quinientas por adelante, así que con tu perdón, pero la historia sobre lo que les sucede a los Mulvaney apenas inicia, y ni te imaginas los giros que ocurrirán, que te dejarán turuleco, sorprendido, ansioso y sin aliento cuando la novela travestida de costumbrista, se convierta en una tensa e intensa novela de realismo psicológico.

Historia trágica sobre la múltiple victimización de las víctimas: la humillación, vergüenza, marginación, sentimientos de culpabilidad y deseos de venganza. Reflexión acerca de los comportamientos comunitarios ante el fenómeno: la indefensión de la mujer y las normas sociales que favorecen la superioridad masculina; observación sobre la desintegración familiar, y la debilidad parental, porque la pusilánime, la miserable acción de los papás, no tiene madre.

Novela extensa, realista, ambientada con una minuciosidad que requiere de páginas; con estructura lineal, y lectura asequible, pero compleja y a ratos, intrincada. Narrada por Judd, con amplios y extraños poderes de omnisciencia concedidos por la autora, que se luce, además, con el diseño magistral de sus personajes, oscuros y al límite.

“Qué fue de los Mulvaney” es una novela con una corrosiva crítica social, ejemplo de que en pueblos pequeños, los infiernos son monumentales. No dejes que el tema te aleje de su lectura, porque la literatura trata de la vida, que no es nunca de color rosa, aunque lo quisieras. ¡Te leo!

“Un amor cualquiera”, de Jane Smiley


El dolor, la tristeza, la ira y otras secuelas, propias de un divorcio, marcan de muchas formas el resto de tu vida. El torbellino emocional desatado, la confusión anímica producida, el sentimiento de culpabilidad, cicatrices afectivas que permanecen años; la sensación de pérdida, los sueños incumplidos, la pérdida de la autoestima, sentimientos que te hieren, laceran, que te lastiman a ti, y a tu familia.

El año pasado descubrí a Jane Smiley. Su novela “La edad del desconsuelo”, corta, intensa, atrevida, compleja y realista me marcó hondamente y me llevó a reflexionar sobre la ruptura de los lazos que unen a los matrimonios. “Un amor cualquiera”, sin ser una novela únicamente sobre el divorcio, reincide alrededor del tema, pero desde una perspectiva diferente. Y es que Jane algo sabe, con tres divorcios y cuatro matrimonios en su haber.

“Un amor cualquiera” se publicó originalmente en 1989; Jane Smiley (1949-), escritora estadounidense, miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras, autora de una veintena de libros, galardonada con el Premio Pulitzer de Narrativa y el National Book Critics Circle Award por su novela “Heredaras la tierra”.

Rachel Kinsella, madre de cinco hijos, casada con Pat, a quien conoció en la facultad, se enamora de su vecino, con efectos tan devastadores, que veinte años después, la encontramos auditando su alma, evaluando la magnitud de los daños, cuestionándose sobre la justicia o la arbitrariedad de su castigo, de la represalia que padeció por haber mandado a volar por los aires, la idílica vida doméstica que disfrutaba.

Ellen, Daniel, Anne y los gemelos idénticos, Joe y Michael, son las víctimas inocentes -los hijos siempre lo son- de la ruptura. La reacción de Patrick, fue brutal: vendió la casa y cargó con los cinco al extranjero. Pasó un poco más de un año para que Rachel volviera a verlos. La separación no ocurrió de forma pacífica y pasaron varios años de lucha entre ellos para que alcanzaran un estado de tolerancia mutua.

Estamos en 1983, todos, adultos; cada uno con sus penas y alegrías, pero aún abrumados por los rescoldos del pasado. “Un amor cualquiera” ocurre un fin de semana de ese año, en casa de Rachel, cuando Michael regresa a los Estados Unidos después de una estadía de dos años en la India. Joe se encuentra de visita para recibir a su hermano; Ellen, con Jerry, su marido y sus dos hijas, vecinos de la casa materna, se unen y participan en las actividades de bienvenida.

Rachel los observa, los escucha, conversa, y mientras interactúa, recuerda, cavila, reflexiona, y es entre esa agradable y cariñosa cotidianidad familiar, cuando te va revelando sus opiniones, argumentos, justificaciones, sin decidirse a hacérselos partícipes a ellos, a sus hijos, dudando sobre la conveniencia o no, de exponerse y exponerles a ellos lo que le supuso, a ella, la relación con Ed, el vecino, causa, motivo y razón de la reacción de su padre.

Narrada en primera persona, con una prosa exquisita, bella y cadenciosa. Novela realista, corta y muy intensa, con una graduación de tensión en aumento, que te mantiene sujeto de principio a fin. Historia sobre afectos y silencios; de secretos y malos entendidos; acerca de expectativas y fantasías; sobre el deseo y sus efectos; de anhelos y carencias; a ratos conmovedora, por momentos, perturbadora.

Pienso que “Un amor cualquiera” es, sobre todo, un relato sobre como vemos a nuestra pareja y a nuestros hijos, cómo suponemos que ellos nos ven, y del cómo, nos descolocamos todos cuando nos percatamos de la realidad. A ti también te sorprenderá, por ello te la recomiendo sin dudar: “Un amor cualquiera” es una novela que te puede dejar un poso significativo, una experiencia sustancial ¡Te leo!

“Primera página”, de Juan Luis Cebrián

Extraños caminos son los que nos llevan a coincidir lector-libro. Cuando en 2016 se publicó el libro de memorias de Juan Luis Cebrián, lo busqué como loco sin encontrarlo, por lo que terminé comprándolo en versión electrónica en la tienda de Apple. No me acomodé leyéndolo en el iPad, y me prometí regresar a su lectura nomás comprándolo en papel. Nunca me lo encontré en mis librerías habituales y lo olvidé.

El 6 de enero estuve pegado al televisor hasta casi las 4 de la mañana del 7, cuando el VicePresidente de los E.U., a nombre del Senado certificó el triunfo electoral de Joe Biden y Kamala Harris. Lo que sucedió ese día en Washington me hizo recordar -sospecho que a varios- el Tejerazo, tragicómico asalto al Congreso de Diputados Español en Febrero de 1981 que tan bien noveló Javier Cercas en su extraordinario libro “Anatomía de un instante”.

Conjeturo que gracias a los algoritmos que nos controlan y vigilan, YouTube colocó en mi muro un interesante y ameno documental producido por El País titulado 23F, donde Juan Luis Cebrián y parte de su sala de redacción, presente en esa histórica fecha, evocan la gesta que emprendieron para publicar antes que nadie lo que ocurría en el Congreso, con el objetivo periodístico de informar, pero también de comunicarles a los Españoles que los golpistas no la tenían tan fácil y que se toparían con resistencia.

El caso es que el documental me recordó el libro, -apareció en la crónica televisiva la escena que se convirtió en la inolvidable fotografía de portada del mi ejemplar, la de los periodistas sentados, leyendo en los escalones de un céntrico hotel madrileño la edición especial publicada en tiempo récord por El País- e inmediatamente terminando de verlo, agarré mi iPad para buscarlo de nuevo, y ¡abracadabra! Lo encontré, en un precio razonable, en la App de mercado libre.

Y aquí me tienes, entusiasmado, después de terminar de leerlo, platicándote uno de tantos caminos que te conducen y conectan a la lectura de un libro, e intentando presentarte mis sentimientos, sensaciones, comentarios sobre ‘Primera página”, memorias del controvertido fundador de El País, y figura clave en la Transición, Juan Luis Cebrián. Tantos libros, tantos espacios, al fin coincidimos.

Hijo de periodista, Juan Luis se inició muy joven en el oficio. A mediados de los 60’s, con menos de veinte años de edad, y después de unos cuantos en la redacción como mil usos, ya era redactor Jefe de la sección de Local de “Pueblo”, un pequeño diario madrileño, de corte sindicalista y liberal según criterios de aquellos años.

Recién entrando a sus 30’s, y tras un breve período como Jefe de Informativos de RTVE, trabajando como subdirector de “Informaciones” otro diario madrileño, propiedad de algunos Bancos, Juan Luis se encontró con la oportunidad de dirigir El País, que arrancó operaciones justo un poco después de la muerte de Francisco Franco.

Estructurado por temas, más que cronológicamente, “Primera página” nos ofrece un sobrio, comedido, un muy serio relato de algunos hechos de la vida política, económica, diplomática, cultural y social de España, con Juan Luis como testigo privilegiado y protagonista obligado de uno de los períodos más crispados, apasionantes, palpitantes y excitantes de la historia contemporánea española.

La Revolución portuguesa de “Los claveles”; el secuestro, recién iniciada la transición de el presidente del Consejo de Estado Antonio María de Oriol y Urquijo; el atentado contra las Instalaciones del diario donde falleció el conserje; la boda de la Duquesa De Alba con su colaborador Jesús Aguirre; los intentos por parte de conspicuos personajes ligados al diario para limitar o condicionar sus decisiones editoriales, o incluso, para destituirlo.

Fiel a su oficio, Juan Luis nos ofrece, con una prosa un tanto cuanto didáctica, un recuento de hechos, explicando sus causas, encuadrándolos en su contexto, para elaborar su análisis y reflexión en torno a ellos; también hace un extenso, panorámico y superficial -por razones de espacio, supongo- vistazo por decenas, quizá cientos de personajes que protagonizaron la vida española durante período que cubre el libro, lo que embrolla un poco la lectura para quienes nos estamos familiarizados, o no recordamos a muchos de ellos.

Agradezco a los algoritmos que tan bien conocen mis gustos que me hayan proporcionado la oportunidad de leer “Primera página”. Desde hace muchos, muchos años, he leído todo lo que ha estado a mi alcance sobre la Transición española, y el libro de Juan Luis Cebrián, aunque no profundiza en el tema, como malamente presuponía, tampoco me dejó muy decepcionado que digamos. ¡Te leo!

“La educación sentimental”, de Gustave Flaubert

Historia de un joven ambicioso procedente de la campiña francesa, que termina total, completa y profundamente enamorado de una mujer casada, “La educación sentimental”, de Gustave Flaubert es uno de los mejores libros que he leído, y creo que es uno de los mejores jamás escritos. Lectura seductora, que te encandila, conmueve y te enternece; novela que fluye suavemente, sin grandes alteraciones, pero estimulando variadas experiencias emocionales.

Buen inicio del 2021: “La mujer de blanco” y “La educación sentimental”. Diez o doce novelas clásicas al año es un objetivo que me plantee no hace muchos años. La mayoría de las que he leído, fue durante mi adolescencia y juventud. Afortunadamente recapacite, y no sabes lo que disfruto de su lectura. No hay riesgo de equivocarse: por algo son clásicos de la literatura universal.

Gustave Flaubert (1821-1872) es considerado como integrante de la corriente literaria realista, que propone la observación directa, objetiva e inmediata de la sociedad y reflejarla en los textos de manera fría, clara y analítica; es asimismo valorado como padre de la novela moderna, alejada del romanticismo y basada ante todo en el concepto de la verdad.

La aportación más aclamada de Gustave Flaubert a la literatura, es su manejo del lenguaje, empleado con precisión y economía, ofreciéndote la sensación de que no le falta ni le sobra nada; defensor de que en la novela la forma es fondo, que la manera de contar, significa tanto como lo narrado, te entrega un ejemplo de su incomparable estilo relatándote la historia de Frédéric Moreau, el protagonista de “La educación sentimental”.

Teniendo como telón de fondo los momentos de descontento social y político previos a la Revolución francesa de 1848, descubrimos a nuestro protagonista, tan inmerso en sus ensoñaciones románticas, que ni participa ni parece estar consiente de lo que ocurre a su alrededor; “La educación sentimental” es el relato de un joven heredero que, buscando educación profesional en París, para un destino político, termina obteniendo un aprendizaje inesperado: una educación sentimental.

Idealista, indolente, vacilante, ingenuo, discreto, sobrio; un poco tieso y escéptico a ratos, Frédéric se desenvuelve sin levantar pasiones ni aversiones, lo mismo en los ambientes de la alta sociedad parisina, conviviendo con ministros, millonarios, políticos y militares, como en los animadas congregaciones bohemias, con sus intelectuales, escritores, vagos, y artistas de diversas raleas.

Enamorado de Marie Arnoux, Frédéric, joven, ingenuo e inexperto, no se le ocurre otra manera de acercársele, que procurar la amistad del marido, Jacques Arnoux, galerista y editor de una revista de arte. Frédéric, en su inconsciencia, termina asumiendo el triste papel de alcahuete del esposo; y con sus vacilaciones y cobardía, impotente para declarársele, termina de recipiente de las quejas y lamentos de su amada, herida en su dignidad por los indiscretos amoríos del señor Arnoux.

Arnoux mantiene dos casas y la manutención del par de mujeres, sumado a malas decisiones empresariales, lo llevan a la ruina económica, y junto con él, a Frédéric, que intentando salvarlo, termina hundiéndose, mientras Marie Arnoux lo remata haciéndole entender la imposibilidad de ser correspondido: “la inanidad de su esperanza”, recibiendo así, la primera, que no la última lección sentimental.

Mientras leía “La educación sentimental”, evocaba y comparaba sin remedio a Julien Sorel, el protagonista de “Rojo y negro”, la monumental novela de Stendhal, con Frédéric Moreau; Sorel, hijo de un humilde leñador, sueña con participar en gestas militares, pero imposibilitado para conquistar hazañas bélicas, por la época que le tocó vivir, se concentra en utilizar el amor como instrumento de ascenso político y social, contrastando fuertemente con Frédéric, que ciego, pasivo y ausente de una revolución y la fundación del Segundo Imperio francés, que se gesta y que nace frente a sus narices, pareciera condenado e imposibilitado de alcanzar cargo político alguno, y mucho menos, el amor.

Retrato de una época, reflejo de la sociedad parisina de mediados del XIX, “La educación sentimental” es una extraordinaria novela, que ampara varios temas dejando algunas enseñanzas; contada en tercera persona por un narrador omnisciente e imperceptible, escrita con una prosa concisa, precisa, maciza, fría, y realista; con trama pero sin grandes dramas, con personajes bien planteados, y definidos más por sus acciones que por sus reflexiones, es un clásico que seguirá deslumbrando a sus lectores, cuya lectura te la aconsejo ampliamente, y lo hago, con la razón y con mucho sentimiento ¡Te leo!

PD: El abuso por parte de los traductores de las notas a pie de página, casi siempre me molestan, pero los apuntes de Miguel Salabert en esta edición de Alianza, me resultaron convenientes, pues a manera de enciclopedia, me ofreció información sobre obras, autores, artistas, políticos y personajes de la época, lo que complementó y contextualizó excelentemente mi lectura.

“Tierra Americana”, de Jeanine Cummins


A inicios del 2020, una parte del universo de las letras latinas del mercado estadounidense fue presa de una indignación que -pienso yo- merecía mejores causas: la publicación de la tercera novela de Jeanine Cummins, “American Dirt”.

Recomendada por la mediática “influencer” literaria Oprah Winfrey, y con elogiosos paratextos de escritores como Stephen King y Don Winslow, la versión original de la novela se ubicó de inmediato en las listas de los más vendidos.

Y con tanta publicidad, pues ya sabes, y si no, imagínatelo: los escritores que venden bien sus novelas, ¡no se la acaban! Se ganan de inmediato la animadversión, la tirria, la ojeriza, el odio gratuito de algunos colegas que, mezquinos, aprovechan cualquier resquicio para lanzar sus venenosos dardos, que digo dardos, arponazos en forma de comentarios, reseñas o críticas literarias.

Pronto, la histérica irritación se propaló a un pequeño segmento del mundillo literario mexicano, que presas de arrebatos patrioteros, clamaban contra el atrevimiento de la autora, que con descaro, insolencia y sin vergüenza -según ellos- se atrevía a detallar, describir, a especificar los padecimientos a los que se someten los migrantes mexicanos y centroamericanos cuando intentan cruzar la frontera mexicana para alcanzar la “Tierra Americana”.

Jeanine Cummins nos cuenta las peripecias de Lydia Quijano y su hijo Luca, de 8 años, que huyendo de la sentencia de muerte que pendía sobre ellos, dictada por el líder de un sanguinario cartel del narcotráfico, intentan arribar de “mojados” a la “Tierra Americana” desde Acapulco, Gro., México.

Lydia la tenía sentenciada porque su marido, Sebastian Pérez Delgado, reportero de un periódico de alcance regional en Acapulco, se atrevió a publicar un artículo donde relacionaba el ascenso de Javier Crespo en las filas del narcotráfico con la ruina del puerto mexicano. La venganza del Narco incluyó el asesinato del marido y toda su familia, exterminio que ocurre en las primeras páginas del libro, por lo que no es spoiler.

Conociendo los recursos de Javier Crespo Fuentes, el líder del cártel “Los jardineros”, introvertido, sobrio, lector de poesía y aspirante a vate; “genocida despiadado que se creía un caballero; un criminal que se creía poeta”, Lydia, de oficio librera -ahí, en su librería conoció al narco- se decide por intentar llegar a Denver utilizando los servicios de “La Bestia”, mítica red ferroviaria que cruza México, y que es utilizada cada año por de miles de migrantes en sus intentos de cruzar la frontera.

Y es esta historia -18 días de huida a lo largo de 2600 Kms- lo que provocó tanto revuelo, creo que más que nada, porque fue escrita por una mujer blanca, de ascendencia puertorriqueña, nacida en la base naval de los norteamericanos ubicada en la población española de Rota, criada en el estado de Maryland, residente en Nueva York y casada con un irlandés que por diez años fue indocumentado, y juzgada porque “desconoce la realidad de lo que ocurre”, “porque no tiene idea acerca de un tema tan delicado como la migración y la violencia en México”; “porque los estereotipos de la novela son peligrosos en el contexto del racismo en la era Trump”; “porque retrata un México falso”.

En fin, “American Dirt” es una novela mediocre con lecturas diferentes: la mía, mexicano, testigo marginal de la guerra desatada en contra del narcotráfico, y que conoce -tengo familia radicada en los Estados Unidos, entre ellas, mi hija- de manera muy superficial el tema de la migración, debe ser distinta a la un latino que cruzó la frontera de “mojado” y radica allá; y completamente diferente a la que puede hacer un estadounidense de tres generaciones, que solo conoce a los latinos que le arreglan el jardín, le pintan y limpian la casa, o le sirven el café en el Starbucks de su preferencia.

Concluyendo: “American Dirt” no alcanza los niveles de tensión característicos de una novela sobre fugas, huidas, escapes. Tampoco es un sesudo y profundo análisis sobre el tema del narcotráfico, y quizá, mucho menos sobre el migratorio, pero insisto, aunque no estará ni de cerca entre mis mejores lecturas del 2021, tampoco está el libro como para tirarse al basurero. ¡Te leo!

“A corazón abierto”, de Elvira Lindo


Título del que me enteré en alguna de las listas que circulan sobre los mejores del 2020; novela de autoficción de Elvira Lindo, a quien leo cotidianamente, pero jamás, sus libros. “A corazón abierto” es un texto hermoso, una mirada a un universo familiar que te refleja y te conmueve, y que lo lees entre emocionado y divertido.

Descubrir a Elvira Lindo como novelista me puso a reflexionar sobre tantos escritores que nunca llegaríamos a conocer, si no fuera por las recomendaciones, reseñas, listas, comentarios o cualquier otro tipo de referencia que nos ayude a encauzar nuestras peripecias lectoras.

Elvira Lindo es periodista, guionista -de cine, TV y radio-, locutora, actriz, escritora, y además, editorialista de El País. A diferencia de sus libros, sus dos artículos semanales de opinión los leo habitualmente. Creadora de un personaje muy popular en España -Manolito Gafotas-, Elvira es reconocida por sus aportaciones a la literatura infantil y juvenil y también ha producido novelas para adultos: “Una palabra tuya”, “Algo más inesperado que la muerte” y “Lo que me queda por vivir” son parte de su bibliografía.

Género o subgénero controvertido y controversial, la novela de autoficción tiene tantos seguidores como detractores en el mundo de los teóricos literarios, que no logran crear un consenso para una definición absoluta.

Yo no le entro a esas honduras analíticas, pues a mí me basta con que autor, el narrador y el protagonista compartan el mismo nombre, y el libro lleve la mención de “novela” en alguna parte de sus portadas, para aceptarla como autoficción.

Como nota para mis amigos de Retópada20: Elvira Lindo está casada con el escritor Antonio Muñoz Molina, novelista, Premio Principe de Asturias de las Letras, académico de número de la RAE y también articulista en El País; desde México y para efectos del reto 12, no tengo claro si se eclipsan entre ellos, porque mi percepción es que cada uno brilla en su ámbito.

“A corazón abierto” es un título que alude a la madre, Antonia, enferma del corazón, intervenida quirúrgicamente cuando Elvira contaba con 9 años, operación que proyectó un ambiente de tristeza, depresión y desgracia, que calaría muy hondo, en la infancia de la autora. Figura fantasmal, “contemplativa, algo perezosa, buscando un rincón en el que rumiar sus pensamientos o leer”, Antonia contrasta fuertemente con el retrato que Elvira hace de su padre, Manuel, un hombre vital al que le encantaba su apellido.

Manuel Lindo, auditor de una empresa constructora con obras por toda España, que parece “poeta ruso, un director de orquesta a la Bernstein, un hombre iluminado, un excéntrico del Upper West Side”; contable entregado a su trabajo, donde es paternal con los de abajo y servil con los de arriba; fumador empedernido, y bebedor asiduo, perseverante y persistente, porque “el alcohol le ayuda a romper barreras y acortar distancias”; parroquiano reconocido y muy querido en bares que le eran familiares por toda la geografía española; hablador, parlanchín, fanfarrón; de carácter extravagante, arbitrario y fuera de lógica; padre que mandaba y amaba, pero de manera desordenada.

Dos veces viudo, Manuel envejece “con una necesidad imperiosa de reconocimiento porque siente cómo su su presencia se va diluyendo en el tiempo presente”. Dirigente sin mando ni subordinados, padre sin jurisdicción ni potestad, ejercidos sin disputa en el pasado, se transforma en un viejo infantil, de comportamientos inadecuados, trocado en personaje de las comedias de la hija. Manuel Lindo es, sin duda, el entrañable protagonista del libro de Elvira.

La menor de dos hermanos y su hermana, Elvira trasmite comprensión, aceptación, respeto y amor hacia sus padres, hechos el uno para el otro y que compartieron un amor excesivo, celoso y desconfiado, lleno de reconciliaciones y enfados. La de los Lindo, es una familia como cualquiera; “A corazón abierto” es la historia de una pareja y sus cuatro hijos, donde Elvira, la benjamín, no muy deseada ni esperada, nació con una torta bajo el brazo en forma de billete de lotería.

“A corazón abierto” es un relato sensible de un universo familiar que te identifica y te emociona por afectivo, natural, ordinario, por común y corriente. Historia que enternece, conmueve y regocija. Testimonio de amor, unión, fraternidad, enfermedad y muerte. Catálogo de pequeñas y cotidianas anécdotas llenas de humor; crónica generacional, la de los padres y la de la autora. Te la recomiendo sin dudar. ¡Te leo!

“Un bello misterio”, de Louise Penny

Si te intriga averiguar que especie de belleza pudiera existir en la muerte del Prior de un monasterio, ubicado en uno de los sitios más inaccesibles en la zona montañosa de Quebec, ocupado por los “gilbertinos”, una orden de monjes desaparecidos por cuatro siglos, que profesan el voto de silencio, y que reaparecen ante el mundo gracias al éxito de un disco de cantos gregorianos, entonces te encantará “Un bello misterio”.

Louise Penny (1958), prolífica y exitosa autora de novelas policiacas (ha publicado casi una por año los últimos 15, de las cuales por desgracia, nos han llegado pocas), es canadiense; trabajó como locutora y periodista antes de dedicarse de tiempo completo a la escritura. Autora atípica, los crímenes que nos narra se centran más en las condiciones -siempre enigmáticas- en que ocurrieron, que en las acciones -invariablemente violentas y sangrientas- propias del asesinato.

Más particularidades: el socio de Penny, el detective protagonista de su saga, es el investigador Armand Gamache, Jefe de Homicidios de la Sûreté du Québec, que se distingue de sus congéneres del Noir porque no es alcohólico ni violento; no se insubordina ante las decisiones de sus superiores; tiene una vida familiar intachable, con dos hijos, frutos de más de 20 años de matrimonio con su adorada Reine-Marie; es compasivo y paciente, un dandy en el vestir y gusta de leer historia y poesía.

En las novelas de Louise Penny existe el suspenso, los misterios, los asesinatos, pero no el terror ni la violencia gratuita; las acciones que narra ocurren de manera pausada, lánguida, calmada, como sereno y flemático es el Inspector Jefe Gamache, que entre desayunos, comidas y cenas bastante sosegadas, y a base de pura observación, preguntas perspicaces, gran disposición a escuchar, y armado con una capacidad deductiva sobresaliente, va atando hechos, aclarando situaciones, confirmando deducciones, mientras nos va engarzando a sus investigaciones.

Otra singularidad de sus novelas, es que hasta “Un bello misterio”, se ubicaban en un pequeño y bucólico poblado canadiense, por las cercanías de Montreal, llamado Tres Pinos (Three Pines), donde ocurren crímenes con una frecuencia inusual para un lugar que parece escenario de cuento, enclave mágico donde solo deberían ocurrir historias de sueños cumplidos.

“Un bello misterio” se sale de lo común, porque el Inspector Jefe, junto con su ayudante, el inquieto e impulsivo Jean-Guy Beauvoir, se ven obligados a trasladarse al aislado Monasterio de San Gilberto entre los lobos (Saint Gilbert Entre les Loups) para investigar la muerte del hermano Mathieu, director del coro de canto gregoriano, que falleció producto de un porrazo entre ceja, oreja y quijada.

La comunidad de monjes gilbertinos, encabezados por su Abad dom Philippe, estaba integrada por veinticuatro religiosos, y forman un colectivo autosuficiente. Para poder ingresar, deben poseer tres características: ser devotos al Señor, contar con una habilidad -oficio o profesión- específica y necesaria para aportar al mantenimiento de las condiciones de vida del grupo, y poseer una voz especial, con una nota que sume, que contribuya, que añada divinidad al coro de canto gregoriano.

En una atmósfera que me evoca a “El nombre De la Rosa”, el monasterio de Saint Gilbert parece un fortín medieval a punto de implosión; nuestros investigadores se encuentran con una soterrada, pero profunda división entre la devota comunidad melómana, producto de sentimientos tan humanos como los celos y la envidia, y de psicopatologías como el ego y la ansia por el poder, que al ser humanas, ni evaden, ni esquivan, ni eximen de padecerlas a los religiosos, por más alegres que estén por cantarle a Dios; ni por más votos de silencio y reclusión que acostumbren.

Como colofón, el monasterio se convierte en escenario donde la rivalidad, sobrecargada de odio y reciproco desprecio que existe tiempo atrás entre Gamache y su Jefe, el Superintendente Jefe de la Sûreté du Québec, Sylvaine Francoeur, amenaza con mandar al caño la investigación, plantar una semilla de duda y desconfianza en Jean-Guy Beauvoir, y terminar con la carrera de Armand Gamache.

Con “Un bello misterio”, Louise nos revela su pasión por la música, aprovecha la coyuntura para manifestarse, con cierta sutileza, sobre la iglesia católica, y a sus lectores nos ofrece la oportunidad para googlear e investigar sobre los orígenes del canto gregoriano y escucharlos durante la lectura, lo que se le agradece.

“Un bello misterio” es una buena novela. Llena de enigmas, intrigas, silencios; también de música, que se desliza suavemente en un ambiente de sosiego, cautivados por un divino trino gregoriano que parece envolver nuestros sentidos, sensación inesperada leyendo una novela policiaca ¿No crees?¡Te leo!

“La mujer de blanco”, de Wilkie Collins

Esperaba una obra de arte de la literatura clásica, y no me defraudó. No fantaseaba con una historia de amor georgiana al estilo Austen o victoriana a lo Brontë; tampoco soñaba con una historia de aventuras, como las que nos brindó su gran amigo Charles Dickens. La fama que precedía a Wilkie Collins como fundador del género policiaco no me lo permitía, pero ¡Caray! ¡Wooooaaaauuu! “La mujer de blanco” es todo eso.. ¡y mucho más!

Historia de familia, de amores tristes e improbables, de complots llenos de intriga y de misteriosas usurpaciones de identidades, de secretos, locura, desolación y muerte, de abogados y delincuentes, narradas con tal maestría, que inicia entregándote sutiles, frágiles, pequeñas, ligeras pistas, indicios, señales que te ponen en estado de alerta, con el cerebro trabajando a todo lo que da, uniendo piezas, adelantando vísperas, intuyendo desenlaces, analizando los enigmas, elaborando conjeturas, sin estar cerca siquiera, de imaginar los virajes que tomará la trama, mucho menos resolverlos.

William Wilkie Collins (1824-1889) fue un novelista, dramaturgo y autor de relatos cortos inglés. Fue muy popular en su tiempo. Escribió 27 novelas, más de 60 relatos cortos, al menos 14 obras de teatro y más de 100 obras de no ficción. De los precursores del género policial, “La mujer de blanco”, junto con “La piedra lunar”, alcanzaron un enorme éxito, que persiste hasta este XXI.

Mucho se ha avanzado en el respeto a los derechos de las mujeres, pero continuamos atestiguando en este 2021 del Siglo XXI, que aún persiste la discriminación, marginación, abuso y violencia en su contra. Pero incluso reconociéndolo, me sorprende y se me complica, ya no digo aceptar, sino imaginar siquiera, las condiciones que vivían las mujeres en la Inglaterra Victoriana del siglo XIX.

Te comento lo anterior porque a pesar de tener claro, que no podía ni debía juzgar el comportamiento dócil e insensato de las víctimas de nuestra novela bajo los códigos del siglo XXI, no por ello me dejaba de sublevar, de indignar, de atormentar y afligir lo que leía: la mansedumbre, la sumisión, la dócil resignación con que aceptaban el fatal destino que les imponían.

Desazón, inquietud y aflicción, provocada por la percepción, la sensación, la certeza de cómo una a una, con una envidiable minuciosidad, propia de verdaderos profesionales en el delito del fraude y del engaño, se articulaban las piezas que formaban la trampa ensamblada por el inmundo Percival y su cómplice, el vil Fosco para cazar a la cándida, infantil, indecisa; a la irremediablemente dócil e incapaz Señorita Laura.

Marian Halcombe es la hermanastra de Laura, de figura escultural y natural elegancia en sus movimientos; distinta en todo a su hermana, rompe con el estereotipo victoriano: con “la energía, las manos torpes, la cautela y la resolución de un hombre”, soltera orgullosa, lucha para proteger a Laura, esa “criatura dulce, inocente y afectuosa”, y la batalla que presenta frente a las intrigas del par de villanos les dificulta la culminación de su infamia.

Como en toda historia de villanos, existe otro paladín, que se entrega y actúa con determinación en defensa de las víctimas: Walter Hartright, maestro de dibujo, contratado para adiestrar a las hermanas en su oficio, y quien nos introduce a “La mujer de blanco”, Anne Catherick, fantasmal y escurridizo personaje, quien le da un toque gótico a la historia y es hilo que enhebra a los hechos y a los protagonistas.

Clásica, pero innovadora, relato coral, presentado por varios narradores, que son a la vez protagonistas y testigos de la historia; novela extensa, y a pesar de lo pormenorizado de los relatos, aguda, potente, intensa. Poblada de una amplia y diversa variedad de personajes, engranajes de lo que parece una ingeniosa complicación de relojería, interviniendo con roles primordiales y concisos en el desarrollo de la trama; “La mujer de blanco” es, sin duda, una extraordinaria novela, que te agarra y no te suelta. ¡Te leo!

! Feliz Año !

«Deseo que para el próximo año encuentres salud, amor, felicidad, dinero y todo lo que te propongas. Lo que no encuentres, pídeselo a los libros, estoy cierto que en ellos lo encontraras».

“Rabia”, de Bob Woodward

Desde unas semanas atrás, tenía en mi mente dos alternativas para elegir la última lectura de este aciago 2020: “La mujer de blanco”, de Wilkie Collins o “El infinito de un junco”, de Irene Vallejo. El ensayo de Vallejo, ya pedido y pagado a El Péndulo, era la opción preferida, pero resultó que el sistema OnLine de la librería se equivocó al aceptar mi pedido y el pago, pues supuestamente, no tenían ningún ejemplar, así que, frustrado, empecé a saborear la obra maestra de Collins.

Pero se me atravesó “Rabia”, de Bob Woodward, un libro que lo esperaba desde hace varias semanas sin que llegara a Monterrey, cuando me lo encontré el sábado 26 de diciembre. A pesar de que en los últimos cinco años he leído un poco más de media docena de libros sobre Trump, no logré dejar su lectura para después. Los libros de Bob Woodward continúan capturando mi atención, y más “Rabia”, multicitado los últimos meses.

Woodward es uno de los periodistas más reconocidos en el mundo. Alcanzó la fama muy joven, cuando junto con su compañero de redacción Carl Bernstein reveló lo que terminó conociéndose como el Watergate. Como se puede observar en la fotografía que acompaña el texto, me gusta su trabajo. Periodismo de investigación, narrado de tal manera, que te engancha desde el inicio, y que se lee como un thriller político. La lectura de “Rabia” me resultó tan intensa, tan apasionante, que bastaron 2 sentadas de 201 páginas para terminarlo.

Se ha analizado hasta el cansancio las relaciones existentes entre el periodismo y la literatura. No es ni mi papel ni mi intención presentar o debatir la calidad literaria de los libros de Woodward, y mucho menos su nuevo trabajo “Rabia”, segundo libro que le dedica a Trump, basado en 17 entrevistas con el vendedor inmobiliario, pero de que te atrapa con su prosa, sus datos, conversaciones y fuentes, te atrapa.

Eliminada la posibilidad de la reelección de Trump, mi principal interés se centraba en el COVID-19. Me intrigaba mucho conocer a través del trabajo de un periodista de la talla de Woodward el cómo se les había colado el bicho, a pesar de sus Institutos y Centros para el control y prevención de enfermedades. Y la crónica del proceso que se vivió en La Casa Blanca, no me decepcionó.

La versión fácil de culpar de todo el desastre a Trump ya la conozco. Realmente me intrigaba conocer a mayor profundidad como supuestamente un solo hombre logró imponer -si es que lo hizo- sus intereses políticos, sus fobias y sus filias a toda una comunidad científica como la estadounidense.

En descargo de Trump, para cuando llegaron a la oficina oval los expertos responsables para una primera reunión sobre el tema, el 31 de enero, ya habían entrado desde China a los Estados Unidos, considerando los 30 días transcurridos desde que se conoció la noticia sobre el brote en Wuhan, la espeluznante cantidad de mas 660 mil personas.

Sin hisopos para pruebas, sin mascarillas (China producía el 80 % de ellas), sin respiradores suficientes, la pandemia agarró mal parado al Imperio. Más allá del errático liderazgo de Trump, hoy me resulta obvio que el mundo occidental no estaba preparado para contenerla. A los países con gobiernos totalitarios como el Chino, les resultó más fácil confinar a sus ciudadanos.

Ya tendré tiempo para leer a Irene Vallejo, y hoy mismo inicio con “La dama de blanco”, pero a los que les gusta el género, a los que les interesa conocer cómo se gestiona una crisis mundial desde la oficina mas importante e informada del mundo, les recomiendo ampliamente la lectura de “Rabia”, el último trabajo de Bob Woodward.

En este estrambótico, complejo y retador año del 2020, les comenté 126 libros. Espero que mis textos hayan sido de su agrado. Y sí a alguien lo impulsó a leer, me tengo por bien servido. Les agradezco todos sus Likes y Comentarios. Ha sido, lo es, un privilegio para mí, compartir y comentar con ustedes mis lecturas! Feliz año nuevo estimados lectores!
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