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“De qué hablo cuando hablo de escribir”, de Haruki Murakami

Caray, dos textos sobre el mismo autor, que son a la vez relecturas, de manera continúa. Espero me disculpes. Si no te gusta Murakami, si te es indiferente los textos autobiográficos o las memorias, y tampoco te interesa conocer las ideas y reflexiones del novelista japonés sobre la manera, la forma, los sistemas y métodos para enfrentar el reto de escribir una novela, te agradezco la atención a estas líneas. Antes de que te retires, un like es apreciado.

Si decidiste continuar con la lectura, te lo agradezco por anticipado. Hace muchos años que no leía dos libros de un mismo autor tan seguido, y mucho menos ya habiéndolos leído, pero no pude resistir, después de leer “De qué hablo cuando hablo de correr”, regresar a “De qué hablo cuando hablo de escribir”, que la leí hace un poco más de 4 años.

Los dos libros nos permiten conocer a Haruki Murakami. Los dos tratan de sus hábitos, rituales, retos y manías, las de un escritor que corre, porque está convencido que la actividad física mejora su capacidad como novelista y contribuye a que su creatividad se reafirme. La diferencia es que este libro se centra en su vocación, su profesión, en su vida como escritor.

Estudiante mediocre, lector voraz, amante de la música pop y del jazz, cuando egresó de la Universidad decidió abrir un bar para poder escuchar música todo el santo día. Un tarde, presenciando un juego de beisbol, de forma súbita, decidió que escribiría una novela. La escribió, la envió a un concurso, se dio por satisfecho y continúo trabajando duramente en su bar.

Cuando ya se había olvidado la novela, recibió el anuncio de que se encontraba entre 5 finalistas al premio para el mejor escritor novel de la revista literaria Gunzo. Unas horas después, caminando con su mujer, se dijo, convencido de ello: “Voy a ganar ese premio, sin duda. Me convertiré en escritor y tendré cierto éxito”. Y lo logró, vaya si lo consiguió.

Sé que en grupos como este encontramos muchos jóvenes que anhelan hacer de la literatura su forma de vida. Les recomiendo la lectura de Murakami porque tiene la virtud de convencerte que puedes alcanzar tu sueño. No es un manual del tipo “El arte de escribir” o “Cómo escribir un bestseller”. No, no va por ahí.

“De qué hablo cuando hablo de escribir” es un ejercicio honesto donde Murakami revela las claves de su trabajo, donde nos cuenta, sin alardes ni falsa modestia, como el azar jugó a su favor hace treinta y cinco años, pero que con disciplina, organización, trabajo duro, serio y rutinario, sumado a cierto talento para escribir, logró construir una larga carrera que le permitió vivir con la libertad que siempre pretendió.

Leer mucho, escribir, corregir y re escribir más; si no estás trabajando en una novela, escribir otros géneros o traducir como él lo hace, pero escribir, diariamente escribir. De acuerdo al autor, la tenacidad, la regularidad, el esfuerzo y la energía que pongas en tu trabajo siempre te generaran buenos frutos, pues para Murakami, cualquiera puede escribir una novela; lo difícil es vivir de escribir, y eso se puede lograr más con talacha que inspiración.

A los lectores que nos gusta leer todo acerca de los libros, la literatura y sus autores encontraremos en la lectura “De que hablo cuando hablo de escribir”, la visión de Murakami sobre la industria editorial, los premios literarios, acerca de sus maestros, sobre la creación literaria y la originalidad.

Los que nos gusta además las novelas de Murakami, tan desconcertantes para su haters, pero tan originales y audaces para nosotros, “De qué hablo cuando hablo de escribir” nos permite conocerlo mejor. No sé si a ustedes les ocurre, pero a mi me agrada saber lo más que pueda de mis autores favoritos. Investigar, profundizar en su vida y en su obra, nos hace crecer como lectores, ¿no crees? ¡Te leo!

Soberbia lectora

Me sorprendió la cantidad de comentarios que generó mi publicación sobre la reacción que provocamos los lectores a los incrédulos sobre el amplio y maravilloso universo donde los leedores nos sumergimos durante nuestras lecturas.

Acostumbrado a publicar solo sobre los sentimientos, sensaciones y emociones que me provocan mis lecturas, no imaginé que tantos compartiéramos el estado de desdeño y menosprecio al que pretenden someternos en ocasiones algunos no lectores.

“Yo no tengo tiempo para leer”, “¿A poco has leído todos esos libros?”, “Te va a hacer daño leer tanto” son algunas de las frases que cotidianamente escuchamos, la mayoría de las ocasiones, sin que vengan al caso.

Permíteme plantear una hipótesis: Sé que existen lectores convencidos de ser superiores a quienes no leen, y que además, dejan ver ese sentimiento de superioridad y menosprecio hacía la gente que no comparte su gusto por la lectura.

Todos hemos leído comentarios en los grupos de Facebook de este tipo de lectores, que se lanzan como jauría sobre aquellos ingenuos que se atreven a preguntar sobre un libro, o externar una opinión sobre algún libro o autor considerado indigno por esta clase de arrogantes lectores, a quienes las lecturas que presumen no les han enseñado virtudes como la tolerancia y la empatía.

Muy probablemente me gane algunos enemigos de a gratis, pero creo que la lectura es una actividad sobrevalorada. El que leas no te hace más culto, más inteligente, mejor informado ni mejor persona. Cada cerebro procesa de manera diferente la lectura, por lo que los resultados que se obtienen de los textos varían en cada persona.

Sin embargo, no dudo que algunos de nosotros asumamos que poseemos una mejor comprensión del mundo y caigamos en la arrogancia de considerar a los que no leen como personas incompletas.

La lectura es un hábito que puede convertirse en vicio. La ventaja es que es un vicio sin castigo, bien visto por la sociedad, que ha sobrevalorado desde hace siglos el poder de la lectura, los libros y las bibliotecas privadas. Es un hábito y un gusto que requiere de ciertos incentivos para desarrollarse, que demanda tiempo, libros, espacios adecuados y no todo mundo cuenta con ellos.

Cuando era joven detecté que asumía cierta actitud de menosprecio cuando intervenía en conversaciones acaloradas sobre política o temas igual de controvertidos. Lector voraz de libros, pero también de revistas y periódicos, pensaba que tenía más y mejor información para opinar que los demás. Con la edad, me llegó una pequeña dosis de humildad, por lo que lucho por controlar esa dañina actitud.

La publicación abrió el campo para discutir sobre la administración del tiempo libre. Comenté que en época del Tour de Francia, de la Eurocopa y de la Copa América de Fútbol, mis prioridades se modificaban. Y curiosamente, aunque la mayoría de los comentarios giraron alrededor de que no solo de lecturas vive el buen lector, hubo algunos que consideraban incompatible que un lector privilegiara un partido de futbol sobre la lectura.

Incluso un engreído y arrogante cuate se atrevió a afirmar que mi biblioteca era producto de una herencia, e incluso dudar de que fuera mía, porque consideraba imposible que alguien que poseyera una biblioteca así, perdiera su tiempo viendo un partido de futbol en lugar de leer. Si supiera que además de verlo por TV, hago deporte diariamente, que soy triatleta, que he finalizado 4 Ironman y me preparo para otro, no me imagino hasta dónde llegarían sus críticas, reproches y acusaciones.

Ojalá los lectores dejemos de lado esas actitudes de soberbia, altivez e impertinencia, porque creo que son las que provocan la repulsión, el franco repudio por parte de los no lectores. Hay gente con otras vocaciones, que les gusta la danza, el teatro, el cine, el golf, el tenis y hasta el futbol, así que ojalá seamos capaces de aprender de nuestras lecturas a ser humildes. ¡Te leo!

“De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami

Libro de memorias, ensayo literario sobre el maratón, crónicas de sus carreras y entrenamientos, reflexiones sobre las similitudes entre su profesión de escritor y su pasión por el deporte de alto rendimiento, “De qué hablo cuando hablo de correr” es un libro recomendable para corredores, pero también para los que nos gustan las historias sobre los procesos, las maneras de trabajar de nuestros escritores favoritos.

Yo llegué a la literatura de Murakami por insistentes recomendaciones de mi hermana Marcela. La primera novela que leí fue “Al sur de la frontera, al oeste del sol” y ocurrió no hace mucho, apenas en el 2008; considero que esa novela, junto con “Kafka en la orilla” bien valen un Nobel, aunque reconozco que si algo he aprendido durante todos estos años es que Murakami es un autor un tanto cuanto controvertido. Pero bueno, mi primer acercamiento a su obra me impactó tanto que de ahí me seguí hasta los dos tomos de “La muerte del comendador.

Haruki Murakami (1949-), el escritor, me inspira. Sus novelas me abrieron puertas que tenía cerradas sin saberlo, o que sencillamente me eran desconocidas, aperturas que me guiaron hacia lo más profundo de mi yo íntimo. No sé en qué consiste su magia, de cuáles trucos o herramientas se vale, o si se trata sencillamente porque su nacionalidad o su cultura milenaria es tan diferente a la mia, pero no tengo duda de que por momentos, logro una conexión con sus historias como con pocos escritores.

Cuando leí “Al sur de la frontera, al oeste del sol” acababa de dejar los 40’s y me sumergía, un poco perdido y desorientado en mis cincuentas. La historia del protagonista cuarentón que se mira a sí mismo y no le gusta nada de lo que ve, me caló de manera profunda. Y de eso trata en ocasiones la buena literatura: de confrontarte contigo mismo mientras lees, de obligarte a ver, reconocer y enfrentar tus más íntimos miedos, de profundizar en tus entrañas buscando materializarlos para intentar vencerlos. Por eso y muchas razones más leo a Murakami.

La primera ocasión que leí “De qué hablo cuando hablo de correr” me dirigía por carretera a Lubbock Texas para intentar completar mi primer medio Ironman. El libro, además de material de lectura, era una herramienta de motivación, de inspiración, que llevaba como si fuera un mantra. Era finales de junio del 2010, el Mundial de Fútbol en Sudáfrica estaba entrando a la fase de eliminación directa, y el domingo de la competencia, 27 de junio, México se enfrentaba en octavos a Argentina y era eliminado 1-3, mientras yo, completaba feliz como una lombriz, mi primer 70.3. Ese logro, sumado a la compañía de mis compañeros de aventura, mitigaron bastante el dolor provocado por la derrota del Tri.

Releí el libro de Murakami porque a principios de año me decidí a intentar de nuevo terminar un Ironman, teniendo muy claro que no será nada fácil. Desde el último que terminé, el primero de diciembre de 2013, han pasado un poco más de 8 años; además, ya cumplí 64, y los últimos 7, cuando menos, los pasé sin hacer nada, pero nada de ejercicio; sucesos ocurridos los últimos meses y la pandemia que tanto nos abrumó el año pasado me impulsaron a finales de enero a abandonar el marasmo deportivo y salir, primero a caminar, para poco después, ya teniendo claro en la mente mi meta, empezar el largo proceso cuyo objetivo final es culminar mi quinto Ironman, en Cozumel en el 2022.

Escrito con esa belleza formal que crea con su prosa sencilla y directa, “De qué hablo cuando hablo de correr” es un libro que recomiendo a los que les gusta correr mucho y leer poco; a los que les encanta leer mucho y correr nada y a los que les gusta leer y escribir lo suficiente y les sea indiferente todo lo demás. A los “haters” de Murakami, quizá les ofrezca una oportunidad más para justificar sus odios pasionales, mientras que yo lo tendré muy cerca durante los meses por venir, porque si las novelas de Murakami me inspiran como hombre, “De qué hablo cuando hablo de correr” me infunde ánimos, energía, buena vibra y ganas de partir de nuevo en la búsqueda de mis límites. ¡Te leo!

“Rito de iniciación”, de Rosario Castellanos

Complicada, extraña, rara, una novela para los entendidos sobre la obra de Rosario Castellanos; leer, y sobre todo terminar de leerla, me resultó una experiencia muy enrevesada, intrincada, una especie de lucha libre a ras de la lona, de mucho forcejeo, donde cada recurso literario que aplicó Castellanos, me obligaba, en una especie de contra llave, a trabajar arduamente para descifrarla, para salirme de la trampa de la anti novela a donde me quería llevar.

Fue en “Casa del caracol”, una pequeña y hermosa librería ubicada a 30 pasos de Plaza Machado, en el centro histórico de Mazatlán, donde me encontré con la novela de Rosario Castellanos en una edición de DEBOLS!LLO. No soy experto en la obra de Castellanos, es más, solo he leído por encima algunos de sus poemas en una recopilación de su obra poética editada por el Fondo. “Rito de iniciación” es mi primera novela que le leo.

La leí animado por otra coincidencia. En la misma librería me encontré una edición de “Nada”, hermosa obra de iniciación con la cual Carmen Laforet ganó el Premio Nadal 1944 y que disfruté hace tiempo. No te encuentras en cualquier librería mexicana a Castellanos y Laforet juntas, y mucho menos, dos novelas que coincidente tratan el tema de una joven provinciana que en los 40´s del XX, llegan a la gran ciudad a estudiar letras.

No pretendo comparar las novelas, solo señalar las coincidencias que me llevaron a iniciar la lectura de “Rito de iniciación”, porque la verdad, si no hubieran ocurrido, no me hubiera animado. La fama de Rosario Castellanos como escritora “poco fácil, … no difícil, no densa o críptica: poco fácil”, como la describe Libia Brenda Castro en su Guía de lectura de la obra, ya me era conocida, y después de la lectura de los diarios de Héctor Abad Faciolince, se me antojaba leer a Edna O´Brien o Anne Tyler, cuyas novelas cargué a Mazatlán.

Escrita a mediados de los 60´s del XX, y publicada en los 90´s, la novela tiene una historia editorial muy interesante, que la descubrí al terminarla; al final, el libro tiene un apéndice de Eduardo Mejía titulado “El libro de Rosario Castellanos que no se perdió”, que me hubiera encantado haberlo leído al inicio, junto con la Guía de lectura de Lidia, pues creo que me habrían proporcionado más herramientas para enfrentar su lectura sin tantas asperezas.

“Rito de iniciación” cuenta la historia de Cecilia, hija única de una familia provinciana de “abolengo”, venida a menos, que es enviada por sus padres a la Ciudad de México para “recuperarse” del abandono de Enrique, su novio, una ruptura que sirve como detonante para justificar el viaje de Cecilia, pues no mostraba signos de mayores ambiciones o de rebeldía contra un destino manifiesto: casarse, tener hijos y dedicarse a su familia.

Ya en la capital, e influenciada por su padre, decide estudiar Historia en la UNAM, pero en pleno proceso de inscripción, otro postulante, Sergio, pretensioso e híper mamón aspirante a escritor, la convence de estudiar literatura; así, en un abrir y cerrar de ojos, de un momento a otro, Cecilia cambia de idea y se convierte en estudiante de Letras, en la Facultad de Filosofía y Letras.

“Rito de iniciación” terminó sometiéndome. Sí, complicada lectura, por la estructura, por los recursos narrativos – una narradora en tercera persona que va y viene, compartiendo la narración con otra, en primera, para expresar los íntimos pensamientos de Cecilia-; los diálogos largos y cansados; y un estilo, que por momentos me parecía rebuscado y grandilocuente.

Y sin embargo, lo que me sedujo, lo que me ató a la lectura, fue su vigencia; los temas que trata la novela, que ocurren en los 40´s, escritos en los 60´s y publicados a finales de los 90´s del siglo pasado, continúan tan imperantes, tan actuales, tan vigentes en la segunda década del XXI, que quedas entre asombrado y conmovido.

Rosario Castellanos no quiso publicar “Rito de iniciación”. De hecho, anunció su destrucción. Una copia apareció dos décadas después del terrible accidente que terminó con su vida y sus herederos decidieron publicarla. A pesar de todo, me siento feliz de haberla leído. Si te la encuentras, te recomiendo leas los textos de Mejía y Castro que se encuentran al final de la novela. ¡Te leo!

“El invencible verano de Liliana”, de Cristina Rivera Garza

Celebración y denuncia, exigencia y recordatorio, duelo y purificación. Escrita desde la aflicción, “El invencible verano de Liliana” es un texto que evoca la vida breve de Liliana Rivera, la hermana favorita de la autora, víctima de feminicidio en una época donde la muerte violenta de las mujeres por razones de género aún no estaba tipificada.

El feminicidio de Liliana no acabó solo con su vida. Como todos los delitos de su tipo, sus efectos repercutieron a sus padres, a sus familiares, a sus vecinos, a sus compañeros y a Cristina Rivera Garza, la hermana mayor, que acudió, treinta años después de su muerte, a sus cuadernos, apuntes, notas, cartas y agendas, intocables durante esos años; a los testimonios de sus amigos más cercanos; a conversaciones con sus padres y familiares, para construir un poderoso relato sobre la vida de una mujer “brillante y audaz”: su hermana preferida.

Debo confesar de que a pesar de que tengo varias novelas de Cristina, incluyendo su última, ”Autobiografía del algodón”, nunca la había leído. Compraba sus novelas con la expectativa de leerlas; además, la consideraba un poco… paisana regiomontana, pero… en fin, así me pasa y me pesa. Abrí “El invencible verano de Liliana” por el tema: soy padre de dos hijas; además, la mayor, abogada, ha dedicado su vida profesional al tema de los derechos de la mujer. Pero la terminé porque me era imposible dejarla; culpable: el talento narrativo de Cristina.

Cristina Rivera Garza (1964-) es mexicana, novelista, traductora y crítica literaria. Maestra universitaria, es fundadora del Doctorado en Escritura Creativa en español en la Universidad de Houston. Autora de novelas como “La cresta de Ilión”, “La muerte me da” y “Ningún reloj cuenta esto”; ha escrito relatos y ensayo. Galardonada con varios Premios como el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y el Roger Caillois, radica desde los 90´s en los Estados Unidos.

Dice Cristina Rivera en un ensayo titulado ¿Nos olvidan los muertos?”, publicado por Letras Libres en su reciente número de Junio del 2021 que “Los muertos nos conminan, por su mera presencia física, en tanto memoria vuelta materia, a la práctica ética de recordar, de tenerlos presentes, de volverlos presente”. Y precisamente es lo que logró Cristina con “El invencible verano de Liliana”: acercárnosla, traérnosla a este 2021, cuando lesionada por una tendinitis en el hombro, dejó la natación y en lugar de nadar, se puso a escribir este hermoso testimonio.

El relato de Cristina inicia en Azcapotzalco, un municipio industrial de la Ciudad de México cuando veintinueve años, tres meses, dos días después de la muerte de Liliana, decide acudir ante la justicia mexicana para solicitar una copia completa del expediente de investigación sobre el feminicidio de su hermana, quien fue asesinada el 16 de julio de 1990 en su pequeño departamento, ubicado en la Calle Mimosas 658, colonia Pasteros, Delegación Azcapotzalco.

Desconozco si existe un infierno peor que el burocrático judicial mexicano. Desde ahí arranca Cristina su paciente -se requiere mucha para lidiar con nuestra burocracia- reconstrucción de la vida de su hermana y lo hace con mucho amor y profundo dolor, aún en un proceso de duelo que no termina por sanar, que te conmueve, te emociona, te acerca, te involucra, te identifica.

Cristina utiliza el material escrito por su hermana: notas, apuntes, recortes, planos, cartas, casetes, agendas y cuadernos para procurar intuir, comprender, reconstruir, penetrar a su mundo íntimo, y en una labor detectivesca, localiza a sus amigos más cercanos de su etapa universitaria para recoger sus testimonios, y así, junto con conversaciones con sus padres y con algunos de los familiares que estuvieron más cerca de Liliana sus últimos años, ofrecernos un texto de una extraordinaria belleza que igual que te lastima, te deslumbra e ilumina.

“El invencible verano de Liliana” es una celebración que surge después de un duelo de muchos años; es una exigencia de justicia para que el proceso de sanación se complete; es la recuperación de la vida de una mujer, de apenas veinte años, apasionada de la literatura, el cine, la arquitectura y el rock que termina dándole voz a miles de mujeres, víctimas como ella, que ni se olvidan ni nos olvidan. ¡Te leo!

“Tomás Nevinson”, de Javier Marías

Existen novelas que por sus asombrosas y maravillosas propiedades me hacen sentir incapacitado para trasmitirte las sensaciones y sentimientos que su lectura me provocan. “Tomás Nevinson”, y en general, la Literatura de Javier Marías, su peculiar estilo literario, su prosa, la estructura de sus novelas, sus personajes narradores, me dejan exhausto, pero satisfecho, contento, y afortunado por haberme permitido el gozo de su lectura.

Javier Marías es autor de quince novelas, de semblanzas, de relatos cortos, de antologías y de ensayo. Editorialista de El País, fue Profesor de la Universidad de Oxford y de la Complutense de Madrid y es miembro de la Real Academia Española. Multi galardonado por su obra, los últimos años ha sido integrante asiduo en las quinielas y listas de los autores con merecimientos para recibir el Nobel de Literatura.

Las novelas de Marías se leen despacio. Por más que intente acelerar el ritmo de lectura, con las historias de Javier termino por reconocer que no vale la pena: difícilmente me estará esperando una novela mejor de la que tengo en las manos. “Tomás Nevinson” fluye lenta pero plácidamente. Además, es extensa: 680 páginas, así que si pretendes romper un récord de lectura rápida, te recomiendo buscar otros autores.

Reflexión sobre los límites entre lo qué se puede hacer y lo qué no; sobre la elección del mal menor argumentando evitar mayor daño; “Tomás Nevinson” nos confronta con el dilema moral al que se enfrenta nuestro atractivo personaje, inmerso en una situación extrema tal, que no logra elegir un curso de acción que sea conforme con su educación “a la antigua”, con sus valores, ya que nunca creyó ni imaginó que algún día le fueran ordenar matar a una mujer.

Tomás Nevinson es un agente del servicio secreto británico, el M16, supuestamente en retiro. Un 6 de enero lo contacta Bertran Trupa, su antiguo jefe para proponerle que se infiltre en una pequeña ciudad española para identificar entre tres mujeres, a una militante del IRA que colaboró con el ETA en algunos de los más sangrientos y letales atentados que ocurrieron en España.
La orden es sencilla: identificar a la mujer sin ninguna duda y reunir pruebas eficaces, irrefutables e inequívocas para llevarla frente a la justicia con la certeza de que recibirá condena por sus actos; si no es posible obtener dichas pruebas indefectibles, ejecutarla.

A Tomás lo conocimos en “Berta Isla”, novela titulada con el nombre de su ex mujer. Estudiante superdotado para los idiomas y para las imitaciones de acentos, fue reclutado por el M16 británico, y en esta novela lo encontramos años después, trabajando en Madrid para la Embajada Inglesa, separado de Berta y sus hijos, ya adolescentes, pero residiendo en la misma calle donde viven. Aburrido y deseoso de volver a la acción, acepta la propuesta de Trupa.

No te esperes una novela de espías pletórica de acción, a lo James Bond, aunque a Levinson le hayan concedido extra oficialmente licencia para matar. Marías es un maestro es eso de poner pausa a la acción, pero incrementando el misterio, lo que te mantiene en alerta permanente.

En “Tomás Levinson” lo que encuentras son largas digresiones, profundas reflexiones, preguntas bien jodidas sobre la decisión de asesinar a una mujer en nombre de la justicia, obviando con su muerte, que vuelva a cometer actos de terrorismo, evitar nuevos crímenes, horrendos crímenes.

Ambientada en los 90´s, narrada en primera persona, con el estilo peculiar de Marias, donde la voz narradora duda, opina, reflexiona buscando certidumbre, una luz que ilumine el laberinto en que se encuentra, que tranquilice ese estado de zozobra que sufre, imposibilitado para conocer la verdad a ciencia cierta, de determinar tras de quién, entre Inés, Celia o María, se esconde una implacable terrorista, que ha asesinado y puede volver a hacerlo.

Prosa sutil, suave y llena de matices; estructura sin complicaciones; personajes bien dibujados, mostrando su esencia, su conciencia, con un Tomás como ejemplo, símbolo de un hombre desterrado de su universo, sin futuro, envuelto en tareas incompatibles con sus recuerdos, “Tomás Nevinson”, con numerosas referencias a “Berta Isla”, la anterior novela de Marías, sin llegar a ser continuación, es una maravillosa novela que no puedo dejar de recomendártela. ¡Te leo!

“Yoga”, de Emmanuel Carrère

Armatoste explosivo de un género inclasificable, relato (s) inquietante (s) y adictivo (s), “Yoga”, el último libro del escritor francés Emmanuel Carrère me sorprendió, pero no me defraudó. Quizá me agarró en un estado de extrema sensibilidad, sinceramente te lo digo, me tocó ciertas fibras, pero ¡carajo! Me inquietó, me cautivó, me deslumbró y al final, me dejó con la conciencia que había disfrutado de un gran libro.

Con riesgo de parecerte incongruente, no sabía que esperar. Se dijo y se escribió demasiado sobre los embrollos, los diversos obstáculos que sorteó Emmanuel Carrère para publicar “Yoga”, un libro esperado porque desde la publicación de “El reino”, pasaron años sin que el francés entregara una nueva obra.

Emmanuel Carrère (1957-), francés, periodista, cineasta y escritor multi género, ganador del Premio FIL de Guadalajara en el 2017, es un autor que se ha especializado por escribir novelas donde mezcla la ficción con la realidad; novelas de no ficción como “El adversario”, “Una novela rusa” y “De vidas ajenas”, pueden servir de ejemplo de su literatura. Si le crees o no, que todo lo que escribe es real, pues ya es cosa de cada quien.

Pero te comentaba que no tenía idea de que iba “Yoga”, en qué había acabado el libro. Publicado en medio de una serie de conflictos jurídicos con su ex mujer, Hélène Devynck, se decía que Carrère fue obligado a rehacerlo ante el impedimento legal de mencionarla implícita y explícitamente.

Y supongo que algo así sucedió, porque “Yoga”, que según cuenta Carrère iba a ser un “librito risueño y sutil sobre el yoga”, terminó convertido en un extraño, pero fascinante, adictivo y seductor artefacto literario; un libro que cuenta varias historias, aparentemente inconexas, pero al final caes en cuenta que, como decía Steve Jobs, los puntos terminaron uniéndose.

Profundo, extenso y atractivo ensayo sobre la meditación, el taichí y el yoga; texto ambientado alrededor del atentado que conmovió profundamente a la sociedad francesa: la masacre en la revista satírica Charlie Hebdo en la que asesinaron a doce periodistas e hirieron a cinco de gravedad; relato íntimo y doloroso de la depresión que lo recluyó en un hospital psiquiátrico; y por último, su mirada, su percepción, contada a través de cuatro jóvenes refugiados en una pequeña isla griega sobre la crisis migratoria europea.

En la parte inicial, que da pretexto al libro, donde Carrère vibra y se explaya escribiendo sobre sus inquietudes espirituales, sus conocimientos y experiencias en la práctica de las diferentes versiones del yoga, el ying y el yang, sus posturas (asanas), las técnicas de respiración (pranayama), de meditación y mantras; me resultó atrayente por que me interesa e intriga el tema y por su hipnótica prosa; me conmovió además, intuir las promesas de bienestar que el autor percibe y anhela conseguir con su práctica, buscando espantar su tristeza, aliviar su depresión.

Turbadores y desgarradores me resultaron los apuntes sobre su internamiento hospitalario. Tristeza, desesperanza, pesimismo, angustia, soledad. La bestia negra, la depresión, descenso a los oscuros abismos de la mente; Carrère no se guarda nada en la historia de su locura, sus desequilibrios químicos, su manía depresiva, la terapia a base de electrochoques a la se sometió, y la tenue luz al final del túnel, el anhelado retorno al trabajo.

De la elipsis narrativa no me animo a contarte mucho. Usando como pretexto un viaje a Grecia, donde recala en una de las tantas islas, Emmanuel conoce y se involucra con una norteamericana activista en pro de los refugiados, grupos de adolescentes que esperan en Grecia su admisión en Europa.

Es en esa parte donde se nota las consecuencias de los líos jurídicos de Carrère con su ex-mujer, y supongo que para cumplir con el acuerdo legal, el autor la suprime, e introduce un personaje ficticio, ¨rompiendo” con el pacto con la verdad, pretendiendo que sea el lector quien llene los huecos del relato con el contexto que nos ofrece.

¿Metaficción? ¡Claro! Emmanuel hace todo lo posible para hacernos saber que está escribiendo “Yoga”; su texto nos manda a otros de sus libros; a su personaje Erika la afirma como ente de ficción; y la hipertextualidad de “Yoga” es indudable y evidente, pues muestra toda una red literaria de citas y referencias a otros textos.

¿Autobiografía? Escrito en primera persona, la verdad es que un lector como tú o como yo, la tenemos difícil para discernir que de lo que nos cuenta Emmanuel es verdad y cuál parte ficción. Aunque Carrère odie que se clasifique a parte de su obra como autoficcional, “Yoga” es a mi entender, más autoficción que autobiografía.

En fin, clasificaciones aparte, “Yoga” es una obra muy bien escrita, cautivante, emocionante, que se lee con emoción y concentración. Me gustó el regreso de Emmanuel Carrère a las librerías. Y si llegaste hasta aquí, te lo agradezco. Dejé muchas reflexiones y sensaciones sobre “Yoga” en el disco duro, pero tenía que cortar. ¡Te leo!

“La perra”, de Pilar Quintana

“La perra” es la historia de Damaris, una mujer afrocolombiana residente en una zona selvática del Pacífico Colombiano; historia que a la vez, puede ser la de millones de nuestras mujeres latinoamericanas. Novela corta o relato largo, lectura breve pero intensa; recreada en un ambiente hostil, solitario y peligroso, donde la jungla se une al océano. “La perra”, a pesar de su otro significado, trata sobre la relación entre Damaris y Chirli, una cachorra adoptada por nuestra protagonista.

Espero que me disculpes por traer tan pronto otra novela de Pilar Quintana, la última galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2021. Tantos autores por conocer, tanta obra por leer, y no me pude resistir a a la lectura de “La perra” cuando me la encontré, en un improbable estante de la librería, el mero día de Saint Jordi, mientras aún tenía presente en mi mente las buenas sensaciones que me dejó “Los abismos”.

Varios miembros del grupo me la recomendaron cuando platiqué sobre la Alfaguara 2021. La busqué primero OnLine, en mis librerías mexicanas habituales, y en todas, la reportaron como agotada. El 23 asistí a una de ellas, y neceando, la busqué, solo por no dejar, conociendo como conozco el pésimo sistema informático de venta en línea de esa librería. Y ahí estaba: sección literatura hispanoamericana, ordenada alfabéticamente, en la Q.

La vi tan delgada, tan breve, que me animé a leerla de inmediato. Es raro que lea dos libros del mismo autor tan seguido, pero lo sentí razonable. Tenía disponible el resto de la tarde del Día del Libro, y “Yoga”, el último libro del controvertido francés Emmanuel Carrère podía esperar al sábado. Y sí, sus 108 páginas me permitieron cerrar el viernes contento con su lectura.

Pilar Quintana (1972) nació en Cali y ha escrito 5 novelas y un libro de cuentos: “Cosquillas en la lengua” (2003), “Coleccionistas de polvos raros” (2007), “Conspiración iguana” (2009), “La perra” (2017) y “Los abismos” (2021). “La perra”, ha sido traducida a quince idiomas y reconocida con el Premio de Narrativa Colombiana y un PEN Translates Award.


Damaris es una mujer afrocolombiana, robusta, sólida, de piel oscura -vaya con la corrección política- y manos torpes por enormes. Vive con Rogelio, su marido, tosco pescador, hombre serio, callado y trabajador, medio bruto, pero no tan mal compañero.

Cerca de los cuarenta, después de años de esfuerzos por concebir un hijo -curas con hierbas, brujerías y rezos incluidos-, se decide por adoptar a Chirli, una perra recién nacida, con quien rápidamente crea un vínculo casi maternal, tensando su relación con Rogelio, en un matrimonio ya en crisis por los problemas inherentes a la infertilidad.

“La perra”, breve pero profunda, lectura cordial, pero sin complacencias. Con una estructura sin complicaciones y una prosa tan delicada y precisa como la de “Los abismos”, que hace que la lectura fluya con un ritmo sereno y relajado, totalmente opuesto al de las olas violentas que rompen contra los acantilados que bordean a ese pueblo de “una calle larga de arena apretada con casas a lado y lado”.

Los sueños, la angustia, la soledad, el mar, la lluvia, los moscos; tierra dura cuyas características y ubicación desconocía, y que gracias a la novela de Pilar Quintana y la ayuda de Google pude conocer, aunque someramente, la dureza que el Pacífico colombiano impone a sus habitantes.

Novela seria, narrada con un tono denso, que nunca cayó en la tentación de aprovecharse de los brujos indígenas y la herbolaria popular para encasillarse en la arbitraria clasificación de “realismo mágico”. Sí, queda claro que una negra pobre que vive en el Pacífico colombiano no tiene acceso a tratamientos de fertilidad, pero tampoco a soluciones “mágicas” a un problema que nos las tiene.

“La perra” trata sobre temas importantes, formales, serios: la maternidad, la fertilidad, y la frustración que provoca lo inalcanzable; el matrimonio y sus presiones hacia la mujer para parir y sus promesas de felicidad incumplidas; el racismo como parte de una estructura social y económica y las diferencias entre clases sociales. Excelente lectura, gracias por recomendármela ¡Te leo!

“Ex Libris Confesiones de una lectora”, de Ann Fadiman

Es difícil resistirse a un libro sobre libros. No importa el género: ya sean novelas; biografías y autobiografías de escritores, editores, agentes literarios; crónicas, ensayos, libros de fotografías, etc., lo que trate de los libros y su entorno, nos seducen irremediablemente porque va implícita en su lectura la promesa de descubrir más títulos, más autores, más sueños.

Y es que los lectores somos imaginativos y curiosos, muy curiosos. Siempre en la búsqueda de nuevos universos, de cosas desconocidas (ya existe un universo inagotable encerrado en la palabra cosas, escribe Arnoldo Kraus), también nos agrada conocer, nos divierte averiguar, las manías lectoras de otras personas.

Creo que esa es una de las razones de esta comunidad. Los lectores, como tú, como yo, entendemos el sentimiento de pertenecer a un grupo como este, donde nos reunimos un conjunto de personas con intereses e inquietudes comunes en torno a la lectura y los libros.

Nuestros ritos, rutinas y actividades lectoras pueden parecerles extrañas a quienes visualizan la pertenencia grupal con las salidas a cenar o a tomar la copa, o con las reuniones para ver un partido de futbol; actividades sociales como los clubes de lectura son parecidas, y cumplen con los mismos propósitos de una reunión para jugar cartas, por ejemplo, y sin embargo, algunos lo consideran singulares.

Dicho lo anterior, resultó natural que al descubrir “Ex Libris” en una mesa atestada de mi librería preferida, cargara con él, a pesar del precio (es importado de España). En descargo de “Ex Libris”, te comento que es un hermoso libro: la portada es muy atractiva, y la edición de Editorial Alfabeto está muy bien cuidada; vaya, es de los pocos libros nuevos que son cosidos, no pegados. Ah, e incluye el separador.

Anne Fadiman es profesora, editora, periodista y ensayista. Ha publicado reportajes en diversas revistas ( Harper´s, The New Yorker y The New York Times) y proviene de una familia estrechamente ligada con la literatura y los libros. Maestra galardonada con el Richard H. Brodhead Price for Teaching Excellence de la Universidad de Yale, es miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias de los Estados Unidos.

Publicado en 1998, “Ex Libris Confesiones de una lectora” es un libro sobre libros, que lo lees de un gozoso tirón. Dividido en 18 capítulos, con una prosa simple y sencilla, Anne nos relata sus extravagancias, sus caprichos, sus excentricidades en algunos de los temas que cotidianamente rondan por nuestros pensamientos lectores y otros, que ni siquiera los hubiéramos imaginado.

Deliciosa la narración sobre la manera en que tras cinco años de matrimonio, durante los cuales permanecieron juntas pero separadas, en la misma casa, pero en diferentes libreros, ella y su marido decidieron fortalecer su relación marital a través de unir sus respectivas bibliotecas. Decisiones sobre los cómo ordenarlos -género, autor, idioma, etc.-; seleccionar los libreros; en caso de títulos repetidos, con cuál se quedarán, etc., fueron algunos de los retos que afrontaron poniendo en riesgo la estabilidad matrimonial.

Manías como la de andar husmeando y a la caza nuevas palabras; los libros del estante suelto, que son aquellos que no tienen nada que ver con el resto de la biblioteca; sobre la relación física que mantiene con sus libros, pues no considera el rayarlos, subrayarlos, doblarlos, como signos de mal trato, sino como señal de intimidad.

La lectura “in situ” le llama ella, a la afición por leer una novela en la ubicación donde transcurre (yo utilizo Google para hacer los recorridos narrados en una novela, aunque de manera virtual); la pedante manía de andarle corrigiendo la ortografía a cualquiera, y su pasión por la cacería de erratas en libros, revistas, periódicos y hasta en los menús de los restaurantes a los que acude.

La lectura en voz alta, los libros de segunda mano, la biblioteca de sus padres; también toca un tema que por mi edad, ya me inquieta, que es la que ocurrirá con mi biblioteca cuando muera. Yo pienso legarla a mis hijas, que aman los libros como yo, aunque estoy consciente de los deberes, de la carga que les heredo junto con ella.

En resumen: “Ex Libris Confesiones de una lectora” es un libro bien escrito, mejor editado, divertido, ingenioso, y muy informativo que se disfrutó deliciosamente durante un domingo -en mi caso- en primavera. ¡Te leo!

“Catedrales”, de Claudia Piñeiro

Arriesgada por la temática; atractiva y sorprendente por la estructura que utilizó Piñeiro para ensamblar magistralmente una narrativa coral; adictiva por el talento, por la maestría de la autora, porque a pesar que pronto conocemos, presuponemos, adivinamos los qué, porqué y el quién sobre la muerte de Ana, no logramos salir del trance, no conseguimos romper el hechizo hipnótico al que nos somete la lectura de “Catedrales”.

Había leído varías de las novelas de Claudia Piñeiro, que ni fu ni fa, hasta que me topé con “Un comunista en calzoncillos”, que me encantó. Pero poco tiempo después, caí rendido a sus pies con la lectura de “Una suerte pequeña”, una novela que me dejó con lágrimas en los ojos, moqueando, completamente cautivado, profundamente conmovido, severamente confrontado conmigo mismo con la historia de Mary, alias Marilé, alias María.

Claudia Piñeiro (1960) es una autora argentina que ha alcanzado reconocimiento como novelista, guionista y dramaturga. También ha publicado cuentos y ha sido galardonada por sus novelas: Premio Clarín de Novela 2005 por “Las viudas de los jueves”, Premio LiBeraturpreis 2010 por “Elena sabe”, Premio Sor Juana Inés De la Cruz 2010por “Las grietas de Jara”; por su dramaturgia, con el Premio ACE 2007 a la mejor obra de autor nacional por “Un mismo árbol verde”; y por su obra en el género de novela negra con el Premio Pepe Carvalho de novela negra 2018, en su XIV edición, por ser un “referente ético y literario para las Letras de su país y fuera de él”.

Y parto del Pepe Carvalho para platicarte que “Catedrales” es una singular novela del género policiaco, que trata sobre la muerte de Ana, una joven adolescente de 17 años, cuyo cadáver fue encontrado mutilado y carbonizado 30 años atrás en un terreno baldío en Androgué, un municipio del área conurbada a Buenos Aires; homicidio sin resolver, crimen que cimbró y desmembró a la familia de la víctima, y cuya resolución vamos intuyendo en cada una de intervenciones narrativas de los familiares de Ana, de su amiga Marcela, y de Elmer, el criminalista contratado para ayudar a encontrar el culpable.

Y te comentaba que la magia de esta novela negra es que muy pronto despejé mis dudas sobre los porqué y el quién, pero continué leyendo, conmovido, explorando, analizando, y sí, juzgando las actitudes y actuaciones de los involucrados en el horrible hecho; porque más que encontrar al culpable y resolver el crimen, la novela de Claudia te obliga a reflexionar sobre temas más relevantes que el quién.

Un epígrafe de Bertolt Brecht que abre uno de los capítulos te puede ofrecer una clave para la lectura de “Catedrales”: “Detrás de los acontecimientos que nos comunican sospechamos otros hechos que no nos comunican. Son los verdaderos acontecimientos. Sólo si los supiéramos, comprenderíamos”.

“Catedrales” es una novela negra, valiente y cruda, que trata sobre la religión y el aborto; que narra una historia que nos acerca a una de las partes más oscuras, más negras de la religión Católica: la del fanatismo religioso; relato que te hace reflexionar sobre la familia, las lealtades, sus secretos, sus prejuicios, las diferencias entre sus miembros.

Contada a través de siete personajes, epílogo de Alfredo incluido; siete voces con su propio estilo narrativo, pero cuyo conjunto coral, evidencia la maestría con el lenguaje de Claudia Piñeiro.

“Catedrales” es la historia de una familia, los Serdá: tres hermanas, Carmen, Lía y Ana, divididas no sólo por la edad; Alfredo, el amoroso pero incompetente padre y Dolores, una madre difuminada, oscura, escurridiza en la narrativa, pero con peso y presencia en actitudes, pensamientos y comportamientos de su pequeño clan. Mateo, el nieto de Alfredo y Dolores, hijo de Carmen y Julián, otra víctima inocente del fanatismo religioso.

Novela con un alta carga emocional, que profundiza en la psicología de los personajes, cuya prosa fluye suavemente haciéndote olvidar la intriga para concentrarte en los temas torales: la familia, con sus diferencias, divisiones, justificaciones y secretos; la sociedad, con sus prejuicios, contradicciones y miserias; la religión, con sus hipócritas normas y las convenencieras concepciones sobre el arrepentimiento y el perdón.

Novela conmovedora y valiente; historia cruel llena de secretos y mentiras; relatos que tocan temas incómodos, y que pueden alterar las fibras sensibles de cierto tipo de lector. ¡Te leo!
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