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“Paraíso inhabitado”, de Ana María Matute

Enternecedora y fascinante la historia de Adriana, una niña en sus casi once años, perteneciente a una familia “acomodada”, durante los años previos a la Guerra Civil Española, que víctima de la indiferencia de su madre y del alejamiento del núcleo familiar de su padre, se sumerge en un universo de fantasía, su propio paraíso, para evadirse del mundo de los “Gigantes”, donde se siente so juzgada e incomprendida.

Llegué tarde a la obra de Ana María Matute, al igual que a la de las Carmen, Laforet y Martín Gaite, mujeres pertenecientes a una destacada generación de escritoras españolas. Me imagino que por ignorancia o porque no era, ni es, frecuente tropezarse con sus libros en las librerías mexicanas, por eso cuando me encontré con “Paraíso deshabitado” no dude en llevármela. A la hora de pagarla, una grata sorpresa: contaba con un 40 % de descuento.

Ana María Matute (1925-2014), miembro de la RAE, Premio Café Gijón en 1952 a los 26 años, Premio Planeta a los 28, Premio Nacional de Literatura a los 32 y Premio Nadal a los 33; un matrimonio desdichado la sumió en una profunda depresión entre 1971 y 1996, período de silencios literarios, que rompió con la publicación de “Olvidado rey Gudú”. “Paraíso deshabitado” una de sus últimas novelas publicadas, apareció en 2008. Matute fue galardonada con el Premio Cervantes en el 2010.

“Paraíso inhabitado” me dejó con sentimientos encontrados. Me gustó, y mucho. La leí entre conmovido y sorprendido: Adri, nuestra pequeña protagonista, es la responsable. Sus silencios, sus refugios, sus libros, sus correrías nocturnas, su incansable imaginación, me enternecían.

Por otro lado, su incesante y firme, su persistente y compleja rebeldía frente al mundo de los adultos; su búsqueda de independencia; su tenaz batalla para liberarse de la reclusión hogareña, me asombraba y me confrontaba, quizá porque alcancé la odiosa edad cuando ni comprendes ni justificas la indocilidad infantil, aunque la rebeldía pueda estar justificada; en mi descargo, hasta la misma Adriana, por momentos, se reconocía “muy sorprendida de mi misma, de cuanto se me revelaba: la voluntad, el deseo de ser yo por encima de todas las prohibiciones, costumbres y barreras”.

En fin, el caso es que a pesar de la portada, no me esperaba esta historia, tan llena de imaginación y fantasía, que por momentos me parecía un cuento para niños, siendo, creo, un relato poderoso sobre la infancia, acerca de el primer amor, parte de esa experiencia inicial y vital que nos ocurren cuando nos abrimos al mundo.

Adri, una niña “chiquita”, “menudita” de talla, enorme en imaginación, se siente libre cuando todos duermen, aprovecha la noche para merodear por los rincones de la casa familiar y descubrir objetos, ambientes, personajes, con quienes establece una imaginativa comunicación con un lenguaje “secreto, un lenguaje al que yo tenía acceso”, nos cuenta Adriana en una de sus aventuras nocturnas.

“Paraíso inhabitado”: espacios, lenguajes, personajes; Unicornio con cuerno dorado que abandona el dibujo que lo contiene para escapar del marco que lo aprisiona, “dejando tras él hojas de otoño y hierba pisoteada”; diminuto teatro de marionetas, que le proporciona a Adri la posibilidad de crear un enorme mundo imaginario, poblado por los títeres, pero también por compañeros de juegos, como Gavrila, el hermoso, el guapo, el bello vecino del piso de arriba, el hijo de la bailarina, quien le enseña una forma de comunicarse, a contarse todo, sin necesidad de palabras “para saber que pensábamos o sentíamos los dos” y construir esa primera relación, ese primer amor, donde Adri encuentra euforia, equilibrio, paz.

Narrada en primera persona, con una prosa natural, sobria, a manera de un relato evocativo, con una estructura accesible, con Adriana, ya adulta, interviniendo en el relato que nos cuenta. “Paraíso inhabitado” es una historia llena de magia, narrada desde la mirada de una niña capaz de construir su propio universo, cuya lectura te la recomiendo ampliamente, mientras yo, ¡Te leo!

“Honrarás a tu padre y a tu madre”, de Cristina Fallarás

Libro de memorias, crónica, novela histórica, autobiografía de ficción, autoficción pura y dura, “Honrarás a tu padre y a tu madre” me resultó de género inclasificable, pero de grata lectura. Cuenta dos historias con un mismo tronco, que parecen avanzar paralelamente, buscando sin encontrarlo, un punto de intersección donde conciliar los secretos, los prejuicios, los tabúes y las prohibiciones familiares con el deseo, la necesidad de conocer el origen de su vida.

No me acuerdo cómo llegué a “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Publicado en el 2018, lo encontré entre una decena de libros de Anagrama que esperan lectura. Sé que no fue por lo atractivo del título, que me lo parece y también estoy seguro que no fue por la autora, desconocida para mi. Vagamente creo recordar una reseña pero no logro afirmar el recuerdo en mi mente. Sin embargo, supe por la sinopsis que el libro de Cristina trata de dos temas que me interesan: La Guerra Civil Española y el género de moda, la autoficción.

Independiente de las razones que me llevaron a iniciar la lectura, pronto una sorpresa avivó mi interés: uno de los protagonistas de la historia de Cristina Fallarás resultó descendiente de Benito Juárez, el más grande prócer de la historia mexicana: su bisnieto Pablo Sánchez Larqué, hijo de Delfín Sánchez Juárez y Sophia Larqué.

Cristina Fallarás (1968-) es una periodista, escritora y política española. Por su novela “Las niñas perdidas” recibió el prestigio Premio Hammett 2012 de la Semana Negra de Gijón y el Premio Ciudad de Barbastro de Novela Breve 2011 por “Últimos días en el Puesto del Este”. Este 2021 aparecerá su más reciente novela “El Evangelio según María Magdalena” y es una reconocida activista en favor de los derechos de las mujeres.

“Honrarás a tu padre y a tu madre” trata de de la historia de la familia de Cristina, esencialmente la sus dos abuelos, el paterno, Felix Fallarás, sin militancia política conocida y fusilado en Zaragoza en 1936; el otro, Pablo Sánchez Larqué, formaba parte como encargado de uno de los pelotones de fusilamientos de los Franquistas sublevados contra el gobierno de la Segunda República encabezado por Manuel Azaña.

Cristina, ante el muro de silencio impuesto por su abuela paterna, Presentación Pérez, investiga, indaga, analiza, rastrea y se entera sobre la vida y la muerte de su abuelo paterno, Felix Fallarás, el Chico, fusilado en los inicios de la Guerra Civil confundido, quizá, con su padre, Felix Fallarás, el Grande, activo sindicalista. De su abuelo materno, Pablo Sánchez, el Coronel, con quien convivió mientras vivió, tenia claro, por su abuela, la Jefa, que el principio había sido Benito Juárez.

Pero hay otra historia subyacente en el libro de Fallarás, que es la de la propia Cristina, que inicia cuando se echó a andar, partiendo sin rumbo y sin plan de Barcelona, a “buscar a mis muertos”, recalando en el “Grand Oasis Park”, una deprimente, abandonada y decrépita urbanización, otrora de lujo, ubicada en la costa de Tarragona, para relatarnos, desde ahí, a manera de bitácora, sus recuerdos a través de una serie de anécdotas, acercándonos a su privilegiada infancia como nieta de un reconocido militar del franquismo.

Escrito desde las entrañas, “Honrarás a tu padre y a tu madre” no es un libro sobre la Guerra Civil Española, sino sobre los efectos que provocó entre los descendientes de vencedores y los vencidos. El abuelo materno de Cristina perteneció al bando de los triunfadores; el materno, al de los derrotados. Y enfrentarse, asumirse como descendiente de esa dicotomía, obligó a Cristina a reconocer con lacerante dolor como el silencio y la cobardía familiar que palpó durante su búsqueda, le mutiló una parte de su memoria, la que pertenecía al abuelo paterno, y que recuperó con la escritura de esta historia.

Narrada en primera persona, intercalándose las historias de sus abuelos con las de su peregrinaje, “Honrarás a tu padre y a tu madre” me resultó una lectura fascinante, a pesar de que como escribe Cristina, “Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea”, porque la historia que nos relata Cristina, se puede creer o no, pero de que se lee, se lee y yo, ¡Te leo!

‘Después”, de Stephen King

Stephen King regresa para traernos una historia que me asombró. Cuando pensaba que le conocía todos sus trucos, volvió a sorprenderme con una novela que se parece a otras, pero que aún y así, me atrapó desde la primera página, y que al final… caray, el reto mayor al que me enfrenté es contarte lo sorpresiva que me resultó, sin estropearte la lectura.

Agradezco cuando se me atraviesan libros como “Después”, del maestro Stephen King, que resultan justo el tipo de historia que mi sesera requiere, asimila, aguanta y festeja sin sentir que acrecienta la fatiga mental que en ocasiones me fastidia. Y los leo de un tirón, sin sentirme cansado. Descanso activo pues, ya te lo he comentado.

No soy fanático, ni asiduo seguidor del género del terror. Pero con Stephen King me une un fuerte lazo escritor-lector que ni el paso de casi 48 años y decenas de libros -unos excelsos, otros regulares, algunos francamente infumables- han logrado causar ni un leve rasguño que lo ponga en riesgo de rotura. King es el autor del que más libros tengo y he leído. Sobrepasan ya los noventa, cubriendo varios metros en el librero más grande de mi biblioteca. Te lo cuento para anticiparte que no esperes objetividad en mi lectura. Soy incondicional del Rey.

Hace muchos años dejé de considerar a Stephen King como mi “placer culposo”. Con la edad y la confianza de saberme buen lector, dejé de ocultar la pasión que me provocan los libros del mal llamado “Rey del Terror”. Todavía en el siglo XX, muchos críticos literarios se atrevían a desdeñarlo y/o criticarlo, y algunos lectores lo consideran como un productor de lectura basura, pero a mí, me vale.

Stephen King es un autor de culto para millones de lectores de diferentes generaciones que leen y coleccionan sus libros y todo tipo de juguetes referentes a sus películas o personajes; disfrutan sus películas y series televisivas; crean grupos y sitios en las redes sociales para intercambiar experiencias y comentarios sobre sus lecturas, y leen religiosamente todos los Tweets que difunde. La mayoría de sus libros continúan reeditándose, desde su primera novela “Carrie”, hasta la más reciente en nuestras librerías: “Después”. Cualquiera que asista a una librería podrá notar la vigencia de su prestigio y popularidad.

Pero hablemos un poco de “Después”. En un alucinante arranque de la novela, caemos en cuenta que Jamie, un niño de seis años, ve y habla con los muertos. Pero, calmado, no ocurre a la manera de Cole, el protagonista de “Sexto sentido”, la película con Bruce Willis y Haley Joel Osment de protagonistas. Puede ser interesante, aterrador, puede ser terrible, pero es lo que es, así, sin mas, una habilidad, llamémosla sobrenatural de Jamie.

Jamie, es hijo único de Tia, una madre soltera a quien adora y que es, además, agente literaria, un atractivo adicional para un lector que le agrada todo lo que tiene que ver con los libros, la industria editorial, escritores y las novelas; Regis Thomas, autor de La saga de Roanoke, que constaba de 9 títulos, era y con mucho, la joya de la corona de la agencia de Tia.

Sin deberla ni temerla, Jamie es forzado por su madre a utilizar su insólito poder de interlocución con el Sr, Thomas y auxiliarlos a concluir su más esperada novela, “El secreto de Roanoke” con la cual cerraría la saga. Por desgracia, su conversación con Regis Thomas fue presenciada, además de su madre, por su pareja, Liz, una policía corrupta del Departamento de policía de Nueva York.

Thriller tirándole a “Weird Fiction”, que es un subgénero que involucra a policías investigando crímenes o eventos extraños donde aparecen entidades paranormales, con muchos guiños a sus novelas protagonizadas por niños con poderes sobrenaturales; Novela escrita con solvencia, narrada en primera persona por Jamie, que no alcanza las alturas de las últimas novelas de Stephen, como “El visitante” o la saga de Mr. Mercedes, pero se lee y se disfruta, sobre todo porque logré leerla sin miedo ni grandes sobresaltos. ¡Te leo!

“La paciente silenciosa”, de Alex Michaelides

Novela psicológica, que a pesar de que escasea del ritmo frenético que caracteriza a los Thriller, no deja de ser atractiva y adictiva. Sé que existen demasiadas reseñas y comentarios sobre ella, pero apenas el pasado mes de julio llegó a las librerías mexicanas. Así que discúlpame y tenme paciencia por andar de novedoso retrasado.

“La paciente silenciosa” me resultó, antes que nada, uno más de los grandes Misterios del mercado editorial ¿Por qué tardó tanto Alfaguara para publicarla en México? A finales del año pasado, la editorial me solicitó un texto para publicarlo en una de sus revistas digitales. Aproveché para solicitar, como contrapartida, la novela de Michaelides. No la tenían disponible, así que me aguanté hasta que por fin salió la primera edición en México, dos años después de la edición española.

Ya llegó a las librerías españolas la segunda novela de Alex Michaelides, titulada “Las doncellas”. Vamos a ver cuánto tarda Alfaguara México en traerla. Mis expectativas no son altas. A lo mejor en el 2023. Con decirte que aún no llega la tercera novela de Carmen Mola, otra súper ventas de Alfaguara. Afortunadamente sobran alternativas de lectura, así que no hay prisa, solo curiosidad de lector voraz.

“La paciente silenciosa”, opera prima de Alex, convertida en un best seller a fuerza de recomendaciones de lectores, no defraudará a los que nos cautivan las novelas bien estructuradas, escritas con solvencia, bien ambientadas, protagonizadas por personajes amenazados, afectados, abusados, rotos psicológicamente actuando en una historia llena de giros, donde los buenos no lo son tanto, y los malos son peor de lo que te imaginas.

“La paciente silenciosa” es Alicia, una artista plástica, que en un arranque de locura, asesina a su esposo descerrajándole 5 tiros en la cabeza. Muda, literalmente sin hablar, termina internada en un hospital psiquiátrico a donde seis años después, llega Theo, un joven y ambicioso psicoterapeuta, que obsesionado por la última obra pictórica de Alicia, empecinado en curarla y de paso, desentrañar el misterio sobre lo que la llevó, lo que la impulsó esa sangrienta noche a matar a su marido con esa saña.

Alex Michaelides (1977-) nació en Chipre y estudió Literatura Inglesa y Psicoterapia. Como chipriota, debe de conocer muy bien la mitología griega, pues basó la novela en la historia de Alcestis y la obra de Eurípides, y como psicoterapeuta, la trasladó a The Grove, el hospital psiquiátrico de seguridad donde ocurre la historia de Alice y Theo. La novela está llena de referencias al sacrificio de Alcestis, y te entra la duda: ¿clave para desentrañar el misterio, simples ganas de presumir erudición?

Narrada en primera persona por los dos protagonistas, Alicia a través de su diario, y Theo, ay Theo, el pobre psicoterapeuta, que mientras intenta sacar a Alicia de su marasmo, nos cuenta -a la vez que se entera, y de la peor manera, sobre la fragilidad del amor, los débiles eslabones que te unen en matrimonio con la mujer que amas con locura-, … les decía que Theo nos narra, en primera persona, los múltiples obstáculos que tiene que enfrentar para ayudar a su silenciosa paciente. Porque todos: médicos, pacientes, familiares y amigos de Alicia intentan estorbar los esfuerzos de Theo, convirtiéndose francamente, en sospechosos.

Curioso: tengo que confesarte que existe un momento, en que me desvíe mentalmente del enigma que impulsó a Alicia a matar a su marido, porque mi atención se concentró más en los dramas maritales de Theo, que en sus problemas burocráticos y sus esfuerzos terapéuticos para devolverle la voz a Alicia; hasta que un giro maestro en la historia, los hace converger, dejándome descolocado, sorprendido, estupefacto, francamente asombrado por esa última vuelta a la tuerca.

Suspenso, buen ritmo, aunque sin desenfreno ni frenesí; eso sí: sensaciones de peligro, mucho antagonismo; “La paciente silenciosa” aprovecha los conocimientos de su autor para que reflexionemos en el maltrato infantil y sus consecuencias; profundiza en los orígenes del dolor psicológico, del desamor, del sacrificio y el sufrimiento; “La paciente silenciosa” es una buena novela que se lee de una o dos sentadas y que no defraudó las expectativas que había puesto en su lectura. ¡Te leo!

“Vivir no es tan divertido, y envejecer, un coñazo”, de Oscar Tusquets Blanca

Ilustrativa, amena, graciosa, tan encantadora y tan sugerente, que siento que “Vivir no es tan divertido, y envejecer un coñazo”, de Oscar Tusquets me quedó a deber, aunque no sea cierto. Mira que hace poco escribía que coincidía con Philip Roth en aquello de que “la vejez no es una batalla, es una masacre”.

El título, el tema, el autor, la portada con la ilustración del maestro Belmont desafiando a la muerte, mi coyuntura actual; todo ello junto me empujó a tomar inmediatamente el libro de Oscar de la mesa de novedades para traérmelo a casa.

Oscar Tusquets es “arquitecto por formación, diseñador por adaptación y pintor por vocación”, y confiesa que escribe “por deseo de ganar amigos”. De él solo había leído un libro de memorias sobre su infancia -“Tiempos que fueron”-, que escribió a cuatro manos con su hermana Esther Tusquets, quien dirigió muchos años la Editorial Lumen y de quien te he platicado sobre alguno de sus libros. Publicó 8 libros en solitario y 5 en colaboración “en prestigiosas editoriales y con alentadoras cifras de ventas”.

Cuenta Oscar que entre la finalización y despacho del libro a la imprenta, se le atravesó la pandemia. Y eso lo orilló a escribir una breve introducción donde echa, vacía, derrama todas sus filias y fobias sobre lo que ha visto, leído y escuchado, sobre lo que ha vivido y sufrido durante este triste período de nuestras vidas. Curioso: coincido y comparto casi todas sus reflexiones sobre el tema.

“Vivir no es tan divertido, y envejecer un coñazo” es otro libro -panfleto le llama el propio autor- de memorias, escritas por un superviviente que ha vivido un montón de experiencias en sus ochenta años de vida, escrito con un desparpajo que hace de su lectura una experiencia amena, ciertamente grata y atractiva, a pesar de que el tema me afecta por razones obvias.

Breve, demasiado breve para su larga e interesante vida y para mi gusto, “Vivir no es tan divertido, y envejecer un coñazo”, de Oscar Tusquets Blanca es un rápido repaso -un grueso brochazo sobre un lienzo- por su infancia, su paso por la central de la Llotja de Barcelona para estudiar Dibujo, por su estadía en la Escuela de Arquitectura donde se graduó con un grupo de treinta compañeros y solo una compañera.

Oscar nos cuenta cómo conoció a Salvador Dalí, y pasa raudo y veloz a enumerar a una variopinta lista de personajes del mundo artístico y cultural barcelonés de finales de los 50’s, principios de los 60’s del siglo pasado, que convergían y convivían en un “ambiente escandaloso, absolutamente irrespetuoso con lo que hoy denominaríamos corrección política”.

También nos ofrece un rápido repaso sobre sus estadías escolares veraniegas en instituciones italianas, donde afianzó su amor por las Bellas Artes y por el país; también de refilón nos relata sobre su paso por las Milicias Universitarias, donde obtuvo el grado de Alférez de complemento.

Escribe acerca de sus creaciones iniciales ya como arquitecto, sobre la Gauche Divine barcelonesa, mundo al que perteneció y compartió con su socio de dos décadas, Lluís Clotet, “recuerdos dispersos de una vida que ha dado para mucho”, como bien escribe, integrante de una generación privilegiada, criado en un medio económico holgado, por unos padres “tremendamente tolerantes, aunque fuera por pereza”; una vida llena de oportunidades que tuvo la visión, la disciplina y el talento para explotarlas.

En la segunda parte del libro, Oscar hace un recuento de los daños causados por el paso de la edad: el abandono de la salud, la belleza, el deseo sexual, los amigos, la memoria, las alternativas, el deseo de emprender largos viajes, los colaboradores, las creaciones más amadas, el sueño, estar de moda, la capacidad de crear, las nuevas tecnologías, emprender proyectos de larga duración, la utilidad de aprender.

El libro se pone serio cuando el autor reflexiona, y nos pone a pensar sobre un tema tabú en la cultura occidental: la muerte, la resistencia a hablar ella: “nombrarla se considera de mal agüero, se oculta a los niños, parece algo sucio y vergonzoso, olvidando que es el momento culminante de nuestra vida, aquel para el que deberíamos haber estado preparándonos día a día”.

Estamos tan poco inclinados y tan mal preparados para morir, que en caso de enfermedad terminal, con tal de obtener unas cuantas horas más, estamos dispuestos a arruinar económica y psicológicamente a nuestros familiares y a pasar por todas las humillaciones y padecimientos que los médicos nos impongan.

El libro termina con un inteligente consejo, que te recomiendo leas y atiendas, que nunca es tarde para reflexionar sobre el porvenir y aprender lo que más podamos de los sabios que nos preceden.¡Te leo!

“La anomalía”, de Hervè Le Tellier

No he leído a Ray Bradbury, tampoco a Philip K. Dick, menos aún a Aldous Huxley o Isaac Asimov, aunque en mi biblioteca puedes encontrar alguna de sus novelas más célebres. Igual esperan, aunque sea a que les pase el plumero por encima, libros de autores como Margaret Atwood y Arthur C. Clark.

Sin embargo he leído a Michael Crichton y hasta acudí con mis hijas a los Estudios Universal a conocer Parque Jurásico. También he leído a Jorge Luis Borges y a su gran amigo, Adolfo Bioy Casares. Y probablemente alguna de las novelas de Stephen King encajen en el género, y al “King” le tolero todo.

No soy afecto a la ciencia ficción. No es lo mío. No logré terminar ni la primera película de la saga de “Star Wars”, aunque reconozco que desconozco si encaja en el género; tampoco he visto nada de “Star Trek”; no terminé “Matrix”, aunque me encantó y continúo disfrutando de la saga de “Back to the Future”.

No había leído ni había escuchado mención alguna de Hervè Le Tellier. El escritor francés ( 1957-) ha publicado 27 libros y preside el Oulipo, acrónimo francés del Taller de literatura potencial. Este grupo experimental fue fundado a principios de los sesenta por el escritor Raymond Queneau y el matemático François Le Lionnais y ha contado entre sus miembros ilustres a Georges Perec e Italo Calvino.

“La anomalía” la compré porque ganó el Goncourt 2020, que habitualmente es garantía de buenas novelas. Cuando la catalogué, consideré que podría pertenecer al género de Ciencia Ficción, así que mis expectativas para leerla tendieron a cero.

Pero un texto de nuestro amigo Jose Sahagun Sahagun me intrigó lo suficiente como para obligarme a descomponer en factores los polinomios del numerador y denominador como primer paso para esquivar ese límite que tendía a cero, y ese paso, más las primeras páginas de novela, modificaron las expectativas.

Sin embargo, después del buen arranque, sentí como que no pasaba gran cosa y percibí que la función de densidad de terminar la novela, viraba de nuevo hacia el cero. La recomendación de Jose y el Goncourt me empujaban a perseverar, así que procedí a sustituir los polinomios en el límite por su descomposición en factores y eliminé aquellos que se repetían en el numerador y en el denominador. Un buen autor, un buen libro, modifica las posibilidades, pensaba.

Y ¿sabes qué? No pienses que “La anomalía” es mala. Al contrario. Por momentos toma ritmo de thriller y no quieres soltar el libro. Las novelas malas no las termino de leer y mucho menos me tomo tiempo para escribir sobre ellas. Y la novela de Le Tellier es buena y te entretiene. Pero…

La premisa es buenísima: un avión atraviesa una tormenta sobre el Atlántico, logra sortearla con algunos daños para aterrizar en Nueva York, todos vivitos y coleando. Tres meses después, un avión idéntico, con la misma tripulación y los mismos pasajeros, salva una tormenta de las mismas características y aparece por el espacio aéreo de los Estados Unidos.

Las autoridades aéreas, el ejercito estadounidense, la CIA, el FBI, en fin, todos los involucrados en el fenómeno, se jalan los cabellos sobre la imposibilidad de tal anomalía: ¿Un avión y más de doscientas personas aparecen desde el espacio, mientras que sus réplicas, que arribaron tres meses atrás se encuentran haciendo su vida ? Joder…

Entonces, ¿qué pasó, porqué las dudas? Nada, solo que me resultó excesivo que casi durante toda la primera mitad de la novela, el autor se la pasó presentándome a una amplia selección de la tripulación y el pasaje. Ocho personajes, ocho historias, demasiadas páginas dedicadas a conocerlos, así que debí armarme de paciencia.

La temática de la novela me gustó. Estudié ingeniería. Me casé con una matemática. Me gustan e intrigan los misterios matemáticos. La hipótesis de la simulación del matemático sueco Nick Boström me resultó interesante y además, “La anomalía” me puso a reflexionar sobre cuestiones relevantes: ¿Cómo reaccionaría al enfrentarme conmigo, bueno, con mi doble idéntico: lo integro a mi vida, lo presento como mi hermano gemelo desaparecido, lo mato, o qué?

“La anomalía” es una novela original, ingeniosa, atractiva, entretenida e interesante. No tengo claro que haya sido indispensable armar tantas combinaciones sobre cómo el ser humano enfrentaría la posibilidad poco probable de toparse con su doble; no con una réplica, no con un clon, sino con una versión idéntica de sí mismo. Mi reparo no le debe importar mucho al autor y menos a ti. Ganó el Goncourt. ¡Te leo!

“El manuscrito”, de John Grisham

“El manuscrito” es un thriller ameno, que como atractivo adicional, trata sobre libreros, escritores y lectores aficionados a las novelas policiacas o de misterio. En medio de un huracán categoría 4, Nelson Kerr, un autor de thrillers fallece, presuntamente asesinado en una Isla de Florida llamada Camino Island.

Pongámonos en tono olímpico: Descanso activo; si eres deportista de alto rendimiento, y te encuentras en plena temporada de competencia, difícilmente tu entrenador te programará un día de descanso.

Si el cansancio se refleja en las estadísticas de tus entrenamientos, probablemente se programará un descanso activo, consistente en realizar una actividad deportiva diferente, con poca carga o tensión para las articulaciones. Los corredores nadan o le dan a la bicicleta; los triatletas pueden elegir el golf o caminar; y ambos, pueden optar por ejercicios de flexibilidad, como el taichí, los pilates y el yoga. Lo importante es permanecer activo físicamente.

Leer a novelistas como John Grisham es mi equivalente al descanso activo lector. Después de prodigarme, concentrarme y saturarme con las tres novelas de Agota Kristof y de acongojarme con el libro de Chimamanda Ngozi Adichie, “Sobre el duelo”, me urgía cambiar a un autor, digamos, menos exigente. Las novelas de Grisham me mantienen entretenido mientras el cerebro continúa ejercitándose, generando conexiones entre las neuronas.

Cierta crítica presuntuosa intenta desprestigiarlas denominándolas “novelas de aeropuerto”. ¡Me vale! Existen autores de éxito y con oficio, como Grisham, que empleando un lenguaje neutro, sin pretensiones artísticas y dotándolas de estructuras narrativas sencillas, sin embrollos ni rebuscamientos, escriben novelas que suelen ser, quizá, que no siempre, superficiales, pero eso sí, muy entretenidas. Yo, que seré lector voraz y disperso, pero no pretensioso, las leo con gusto.

Después de 28 años y más de una treintena de novelas, continúo guardándole fidelidad a los libros de John Grisham (1955), abogado de formación, aficionado al beisbol, Bautista por religión, escritor de relatos judiciales que se venden como mascarillas en pandemia. Se dice , se menciona que Grisham ya superó la asombrosa cantidad de 300 millones de libros vendidos. ¡Joder!

“El manuscrito” no es un thriller judicial. No hay abogados ni jueces. El protagónico se lo lleva Bruce Cable, propietario de Bay Books, una librería ubicada en Camino Island, frente a la costa de Florida. Bruce, 47 años, legendario seductor de autoras solitarias en gira, con una solvente fortuna producto de la compra venta de libros antiguos, raros y curiosos, es ademas, un referente entre los libreros del país y adora a los escritores, a quienes les organiza exitosas presentaciones de sus libros en su librería.

Mercer Mann llega a la Isla en la recta final de una gira de promoción para su segunda novela. Vieja conocida de Bruce, asiste con su nuevo novio a la cena que le organiza el librero y a la que acuden un grupo de escritores, entre ellos, Nelson Kerr, quién fallecería la noche siguiente, en medio de los embates del huracán “Leo”

La policía local se encuentra desbordada por los efectos del huracán, y además no están convencidos de que la muerte sea producto de un asesinato. Bruce, vecino y amigo del fallecido, convencido en que se trata de un homicidio, se implica de más en la búsqueda del presunto asesino y termina involucrado en un fraude mayúsculo contra Medicare y otros organismos públicos de salud.

Entretenida, corta, de fácil lectura. Ideal para las circunstancias en que me encontraba, reconozco que me quedé con ganas de más literatura, de más bibliomanía y bibliofilia. ¡Te leo!

“De qué hablo cuando hablo de escribir”, de Haruki Murakami

Caray, dos textos sobre el mismo autor, que son a la vez relecturas, de manera continúa. Espero me disculpes. Si no te gusta Murakami, si te es indiferente los textos autobiográficos o las memorias, y tampoco te interesa conocer las ideas y reflexiones del novelista japonés sobre la manera, la forma, los sistemas y métodos para enfrentar el reto de escribir una novela, te agradezco la atención a estas líneas. Antes de que te retires, un like es apreciado.

Si decidiste continuar con la lectura, te lo agradezco por anticipado. Hace muchos años que no leía dos libros de un mismo autor tan seguido, y mucho menos ya habiéndolos leído, pero no pude resistir, después de leer “De qué hablo cuando hablo de correr”, regresar a “De qué hablo cuando hablo de escribir”, que la leí hace un poco más de 4 años.

Los dos libros nos permiten conocer a Haruki Murakami. Los dos tratan de sus hábitos, rituales, retos y manías, las de un escritor que corre, porque está convencido que la actividad física mejora su capacidad como novelista y contribuye a que su creatividad se reafirme. La diferencia es que este libro se centra en su vocación, su profesión, en su vida como escritor.

Estudiante mediocre, lector voraz, amante de la música pop y del jazz, cuando egresó de la Universidad decidió abrir un bar para poder escuchar música todo el santo día. Un tarde, presenciando un juego de beisbol, de forma súbita, decidió que escribiría una novela. La escribió, la envió a un concurso, se dio por satisfecho y continúo trabajando duramente en su bar.

Cuando ya se había olvidado la novela, recibió el anuncio de que se encontraba entre 5 finalistas al premio para el mejor escritor novel de la revista literaria Gunzo. Unas horas después, caminando con su mujer, se dijo, convencido de ello: “Voy a ganar ese premio, sin duda. Me convertiré en escritor y tendré cierto éxito”. Y lo logró, vaya si lo consiguió.

Sé que en grupos como este encontramos muchos jóvenes que anhelan hacer de la literatura su forma de vida. Les recomiendo la lectura de Murakami porque tiene la virtud de convencerte que puedes alcanzar tu sueño. No es un manual del tipo “El arte de escribir” o “Cómo escribir un bestseller”. No, no va por ahí.

“De qué hablo cuando hablo de escribir” es un ejercicio honesto donde Murakami revela las claves de su trabajo, donde nos cuenta, sin alardes ni falsa modestia, como el azar jugó a su favor hace treinta y cinco años, pero que con disciplina, organización, trabajo duro, serio y rutinario, sumado a cierto talento para escribir, logró construir una larga carrera que le permitió vivir con la libertad que siempre pretendió.

Leer mucho, escribir, corregir y re escribir más; si no estás trabajando en una novela, escribir otros géneros o traducir como él lo hace, pero escribir, diariamente escribir. De acuerdo al autor, la tenacidad, la regularidad, el esfuerzo y la energía que pongas en tu trabajo siempre te generaran buenos frutos, pues para Murakami, cualquiera puede escribir una novela; lo difícil es vivir de escribir, y eso se puede lograr más con talacha que inspiración.

A los lectores que nos gusta leer todo acerca de los libros, la literatura y sus autores encontraremos en la lectura “De que hablo cuando hablo de escribir”, la visión de Murakami sobre la industria editorial, los premios literarios, acerca de sus maestros, sobre la creación literaria y la originalidad.

Los que nos gusta además las novelas de Murakami, tan desconcertantes para su haters, pero tan originales y audaces para nosotros, “De qué hablo cuando hablo de escribir” nos permite conocerlo mejor. No sé si a ustedes les ocurre, pero a mi me agrada saber lo más que pueda de mis autores favoritos. Investigar, profundizar en su vida y en su obra, nos hace crecer como lectores, ¿no crees? ¡Te leo!

Soberbia lectora

Me sorprendió la cantidad de comentarios que generó mi publicación sobre la reacción que provocamos los lectores a los incrédulos sobre el amplio y maravilloso universo donde los leedores nos sumergimos durante nuestras lecturas.

Acostumbrado a publicar solo sobre los sentimientos, sensaciones y emociones que me provocan mis lecturas, no imaginé que tantos compartiéramos el estado de desdeño y menosprecio al que pretenden someternos en ocasiones algunos no lectores.

“Yo no tengo tiempo para leer”, “¿A poco has leído todos esos libros?”, “Te va a hacer daño leer tanto” son algunas de las frases que cotidianamente escuchamos, la mayoría de las ocasiones, sin que vengan al caso.

Permíteme plantear una hipótesis: Sé que existen lectores convencidos de ser superiores a quienes no leen, y que además, dejan ver ese sentimiento de superioridad y menosprecio hacía la gente que no comparte su gusto por la lectura.

Todos hemos leído comentarios en los grupos de Facebook de este tipo de lectores, que se lanzan como jauría sobre aquellos ingenuos que se atreven a preguntar sobre un libro, o externar una opinión sobre algún libro o autor considerado indigno por esta clase de arrogantes lectores, a quienes las lecturas que presumen no les han enseñado virtudes como la tolerancia y la empatía.

Muy probablemente me gane algunos enemigos de a gratis, pero creo que la lectura es una actividad sobrevalorada. El que leas no te hace más culto, más inteligente, mejor informado ni mejor persona. Cada cerebro procesa de manera diferente la lectura, por lo que los resultados que se obtienen de los textos varían en cada persona.

Sin embargo, no dudo que algunos de nosotros asumamos que poseemos una mejor comprensión del mundo y caigamos en la arrogancia de considerar a los que no leen como personas incompletas.

La lectura es un hábito que puede convertirse en vicio. La ventaja es que es un vicio sin castigo, bien visto por la sociedad, que ha sobrevalorado desde hace siglos el poder de la lectura, los libros y las bibliotecas privadas. Es un hábito y un gusto que requiere de ciertos incentivos para desarrollarse, que demanda tiempo, libros, espacios adecuados y no todo mundo cuenta con ellos.

Cuando era joven detecté que asumía cierta actitud de menosprecio cuando intervenía en conversaciones acaloradas sobre política o temas igual de controvertidos. Lector voraz de libros, pero también de revistas y periódicos, pensaba que tenía más y mejor información para opinar que los demás. Con la edad, me llegó una pequeña dosis de humildad, por lo que lucho por controlar esa dañina actitud.

La publicación abrió el campo para discutir sobre la administración del tiempo libre. Comenté que en época del Tour de Francia, de la Eurocopa y de la Copa América de Fútbol, mis prioridades se modificaban. Y curiosamente, aunque la mayoría de los comentarios giraron alrededor de que no solo de lecturas vive el buen lector, hubo algunos que consideraban incompatible que un lector privilegiara un partido de futbol sobre la lectura.

Incluso un engreído y arrogante cuate se atrevió a afirmar que mi biblioteca era producto de una herencia, e incluso dudar de que fuera mía, porque consideraba imposible que alguien que poseyera una biblioteca así, perdiera su tiempo viendo un partido de futbol en lugar de leer. Si supiera que además de verlo por TV, hago deporte diariamente, que soy triatleta, que he finalizado 4 Ironman y me preparo para otro, no me imagino hasta dónde llegarían sus críticas, reproches y acusaciones.

Ojalá los lectores dejemos de lado esas actitudes de soberbia, altivez e impertinencia, porque creo que son las que provocan la repulsión, el franco repudio por parte de los no lectores. Hay gente con otras vocaciones, que les gusta la danza, el teatro, el cine, el golf, el tenis y hasta el futbol, así que ojalá seamos capaces de aprender de nuestras lecturas a ser humildes. ¡Te leo!

“De qué hablo cuando hablo de correr”, de Haruki Murakami

Libro de memorias, ensayo literario sobre el maratón, crónicas de sus carreras y entrenamientos, reflexiones sobre las similitudes entre su profesión de escritor y su pasión por el deporte de alto rendimiento, “De qué hablo cuando hablo de correr” es un libro recomendable para corredores, pero también para los que nos gustan las historias sobre los procesos, las maneras de trabajar de nuestros escritores favoritos.

Yo llegué a la literatura de Murakami por insistentes recomendaciones de mi hermana Marcela. La primera novela que leí fue “Al sur de la frontera, al oeste del sol” y ocurrió no hace mucho, apenas en el 2008; considero que esa novela, junto con “Kafka en la orilla” bien valen un Nobel, aunque reconozco que si algo he aprendido durante todos estos años es que Murakami es un autor un tanto cuanto controvertido. Pero bueno, mi primer acercamiento a su obra me impactó tanto que de ahí me seguí hasta los dos tomos de “La muerte del comendador.

Haruki Murakami (1949-), el escritor, me inspira. Sus novelas me abrieron puertas que tenía cerradas sin saberlo, o que sencillamente me eran desconocidas, aperturas que me guiaron hacia lo más profundo de mi yo íntimo. No sé en qué consiste su magia, de cuáles trucos o herramientas se vale, o si se trata sencillamente porque su nacionalidad o su cultura milenaria es tan diferente a la mia, pero no tengo duda de que por momentos, logro una conexión con sus historias como con pocos escritores.

Cuando leí “Al sur de la frontera, al oeste del sol” acababa de dejar los 40’s y me sumergía, un poco perdido y desorientado en mis cincuentas. La historia del protagonista cuarentón que se mira a sí mismo y no le gusta nada de lo que ve, me caló de manera profunda. Y de eso trata en ocasiones la buena literatura: de confrontarte contigo mismo mientras lees, de obligarte a ver, reconocer y enfrentar tus más íntimos miedos, de profundizar en tus entrañas buscando materializarlos para intentar vencerlos. Por eso y muchas razones más leo a Murakami.

La primera ocasión que leí “De qué hablo cuando hablo de correr” me dirigía por carretera a Lubbock Texas para intentar completar mi primer medio Ironman. El libro, además de material de lectura, era una herramienta de motivación, de inspiración, que llevaba como si fuera un mantra. Era finales de junio del 2010, el Mundial de Fútbol en Sudáfrica estaba entrando a la fase de eliminación directa, y el domingo de la competencia, 27 de junio, México se enfrentaba en octavos a Argentina y era eliminado 1-3, mientras yo, completaba feliz como una lombriz, mi primer 70.3. Ese logro, sumado a la compañía de mis compañeros de aventura, mitigaron bastante el dolor provocado por la derrota del Tri.

Releí el libro de Murakami porque a principios de año me decidí a intentar de nuevo terminar un Ironman, teniendo muy claro que no será nada fácil. Desde el último que terminé, el primero de diciembre de 2013, han pasado un poco más de 8 años; además, ya cumplí 64, y los últimos 7, cuando menos, los pasé sin hacer nada, pero nada de ejercicio; sucesos ocurridos los últimos meses y la pandemia que tanto nos abrumó el año pasado me impulsaron a finales de enero a abandonar el marasmo deportivo y salir, primero a caminar, para poco después, ya teniendo claro en la mente mi meta, empezar el largo proceso cuyo objetivo final es culminar mi quinto Ironman, en Cozumel en el 2022.

Escrito con esa belleza formal que crea con su prosa sencilla y directa, “De qué hablo cuando hablo de correr” es un libro que recomiendo a los que les gusta correr mucho y leer poco; a los que les encanta leer mucho y correr nada y a los que les gusta leer y escribir lo suficiente y les sea indiferente todo lo demás. A los “haters” de Murakami, quizá les ofrezca una oportunidad más para justificar sus odios pasionales, mientras que yo lo tendré muy cerca durante los meses por venir, porque si las novelas de Murakami me inspiran como hombre, “De qué hablo cuando hablo de correr” me infunde ánimos, energía, buena vibra y ganas de partir de nuevo en la búsqueda de mis límites. ¡Te leo!
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