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“El funcionamiento general del mundo”, de Eduardo Sacheri

Al arranque, solo al comienzo, costó adaptarme a la lectura. Después de “David Copperfield”, de Charles Dickens, el inicio de la novela de Sacheri me pareció algo así como salir de una autopista alemana, para tomar nuestra Carretera Nacional, rayada, mal parchada, funcional, sí, pero donde sus imperfecciones, quizá imperceptibles para un automóvil, resultan magnificadas cuando la recorro arriba de mi bicicleta.

No quiero parecer injusto con “El funcionamiento general del mundo”, de Eduardo Sacheri. Es una buena novela, muy al gusto de los que como yo, hemos leído con agrado, si no todas, sí la mayoría de sus propuestas. Lo comento porque, quizá -y lo debes reflexionar por si te ocurre-, pensaba al principio: “debí elegir una novela que me representara una transición más suave”.

A Eduardo Sacheri (1967-) lo descubrí en abril del 2015 con “Ser feliz era esto”. Un año después, con “Papeles en el viento”, supe que compartimos la pasión por el fútbol. El 2016 leí su novela, “La noche de la Usina”, galardonada con el Premio Alfaguara 2016 y “Aráoz y la verdad”, escrita en el 2008; en el 2017 leí sus libros de relatos cortos “Las llaves del reino” y “La vida que pensamos”; en el 2019 me enganché a esa maravillosa historia de amor “Lo mucho que te amé” y en el 2020, leí su ópera prima, publicada en el 2005, y que por esos azares de la lectura me había pasado de largo, “La pregunta de tus ojos”. Quede claro pues: Me gusta su literatura.

La novela articula dos historias: la travesía automovilística de cuatro días, de Federico Benítez y sus hijos, Candela y Joel, desde Buenos Aires hasta la inhóspita Patagonia, viaje imprevisto provocado por el fallecimiento de su profesora de dibujo del Tercero 6a, del Colegio Nacional Normal Superior Arturo Del Manso, Marta Muzopappa, muerte que conmueve a Federico a tal punto que, decide suspender las vacaciones programadas con sus hijos a las Cataratas del Iguazú, para, cargando con ellos a fuerza, acudir al sepelio de su maestra.

El viaje refleja el aprendizaje permanente qué significa la paternidad. Encerrados dentro de un automóvil, en un viaje que cubre más de 4500 kilómetros, desde la Pampa húmeda argentina hasta la estepa patagónica, con frio, nieve y carreteras semi desiertas, Federico, Candela y Joel se conocen y reconocen; Federico, procurando cumplir decorosamente con su rol y las expectativas de sus hijos, bregando para ajustarse al nuevo fenómeno de la paternidad bajo el enfoque de género; Candela y Joel, muy metidos en su papel de protagonistas de la generación Alfa, escrutando, curiosos, sobre el pasado de su padre, del que conocen poco.

Y fue con el inicio de la Guerra de las Malvinas cuando Federico, estimulado por el par de adolescentes, producto de un matrimonio ya disuelto en lo legal, pero intrincado y pendenciero en la cotidianidad, arranca la segunda historia -frecuentemente interrumpida por las interrogantes, las disputas fraternales y malos entendidos, del par de oyentes – de lo que ocurrió en 1983: el Primer Torneo Interdivisional de fútbol del Colegio Nacional Normal Superior Arturo Del Manso.

Los que amamos al fútbol sabemos que siempre será la materia, el tema, el asunto más trascendental, fundamental, significativo y vital, sobre todas las demás cuestiones irrelevantes que ocurren en el mundo. Y para mí, es el relato sobre el Torneo de Fútbol la mejor parte de la novela de Sacheri.

El deporte encarna, refleja y simboliza muchas cuestiones más importantes y complejas que el juego mismo, y el torneo de fútbol sirve de marco, ambiente y contexto para mostrar las profundas transformaciones que modifican la vida de Federico. Y es en el torneo, donde la profe de dibujo, la entrañable Marta Muzopappa, quien sabe que “El fútbol está lleno de cosas que le vienen prestadas de la vida”, deja huella, marca y transforma vidas, justificando el caótico viaje de Benítez y su prole.

Novela de iniciación y/o aprendizaje y/o de viaje; homenaje a los maestros que iluminan el camino y te ayudan a crecer; “El funcionamiento general del mundo”, es un relato ameno, entretenido, que utilizando el viaje, al fútbol y a la escuela como escenarios narrativos, trata temas como la paternidad, la niñez y la adolescencia; la épica del juego como metáfora del funcionamiento del mundo; la escuela como sitio de aprendizaje sobre el peso de la autoridad y el poder. Y mira, para abreviar: “El funcionamiento general del mundo” me gustó… que digo me gustó: ¡me encantó! la disfruté a rabiar. ¡Te leo!

“El verano sin hombres”, de Siri Hustvedt

Relato ligero, ameno y divertido, con una protagonista, cuya reacción al abandono me parece incoherente con su pasado, adquiriendo un tono de comedia, lleno de sarcasmo, ironía y confusión, aunque no me atrevería a encasillar “El verano sin hombres” como una comedia, si bien, por momentos, con esa galería de personajes femeninos, representando arquetipos, con características estereotipadas, lo parezca.

Es curioso. Conocí a Siri Hustvedt hace poco, con la lectura de “Todo cuanto amé”, una novela que me encantó, como también me gustó “El verano sin hombres”, con la salvedad de que me parecen de tan diferentes, opuestas. De “Todo cuanto amé”, escribí que me pareció una novela “densa como profunda, les mentiría que es una novela para entretenerse”.

Siri Hustvedt (1955), estadounidense, novelista, ensayista y poeta. Se licenció en Historia en el St. Olaf College, doctorándose en 1986 en Literatura Inglesa por la Universidad de Columbia. En 2019, recibió el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Autora de 7 novelas, 6 libros de ensayo y uno de poesía, donde encuentras múltiples referencias y guiños sobre arte, memoria, filosofía, neurociencia y el feminismo.

La anécdota es sencilla: Boris abandona a Mia por una mujer veinte años más joven, después de 30 años de matrimonio. Mia enloquece, y la ingresan en el pabellón sur del hospital; es diagnosticada con un trastorno psicótico transitorio, también conocido como psicosis reactiva transitoria.

Al recibir el alta médica, y como parte de su proceso curativo, regresa al lugar donde creció, alquila una casita cerca del edificio exclusivo para personas mayores y muy mayores donde vive Laura, su madre, y se dispone a pasar el verano, dirigiendo un taller de poesía a un pequeño grupo de adolescentes, y uniéndose al grupo las Cisnes, integrado por su madre y otras cuatro simpáticas residentes del complejo geriátrico.

Su labor con la pandilla de niñas poetas, que incluye su oportuna y pedagógica intervención para detener el bullying a la que es sometida Alice, una de sus 7 estudiantes, por sus compañeras; las charlas con su madre y su grupo de amigas; la relación que inició con su joven vecina y sus dos pequeños hijos; su regreso a la escritura -Mia es poeta-; la correspondencia electrónica que mantiene con Don Nadie, un acosador culto, sinvergüenza y manipulador, que parece conocerla muy bien; las visitas de su hermana Bea y la postrera de su hija Daisy, todo señala a lo que apunta para convertirse en un verano terapéutico, a pesar “… que su marido la había abandonado y que, encima, se había vuelto tarumba, por más que fuera una locura transitoria”.

Mia Fredricksen, de sesenta años, lleva casada con el exitoso neurocirujano Boris 30 años. Y así, como en “Todo cuanto amé”, trata sobre temas como el arte contemporáneo, los trastornos de alimentación, la histeria o las psicopatías femeninas, en “El verano sin hombres”, aprovecha la profesión científica de su marido para reflexionar -bien documentada- y contarnos de forma entretenida sobre los trastornos nerviosos, las diferencias sexuales, biológicas, y hasta las desiguales preferencias literarias entre los hombres y las mujeres.

Poeta al fin, Mia también nos abre las puertas a su visión sobre el arte, la literatura, la música: “A excepción del prejuicio, en las artes no existen sentimientos que deban ser privados de expresión, ni historia que no pueda ser contada”. Asiste al club de lectura de su madre, donde se discuten los méritos de “Persuasión”, la novela de Jane Austen. Cita a filósofos, poetas, novelistas -incluye un guiño a su marido, donde “suena la música del azar”-, siempre de forma pertinente y atractiva, haciendo uso de su amplio bagaje cultural.

Novela corta, escrita con prosa luminosa, ágil y precisa, cargada con sutil ironía y mucho humor inteligente; narrada en primera persona por Mia, que dialoga y nos involucra directamente en su relato, interpelándonos, cuestionándonos, compartiendo con nosotros sus dudas y certezas; y aunque Mia considera que “seguir un orden cronológico suele ser un recurso literario sobrevalorado”, su estructura es clara y sencilla.

“El verano sin hombres” es, sin duda, una novela inteligente, aguda, irónica y brillante; cómica, divertida, generosamente culta y sí, feminista, que mezcla con oficio géneros y formatos -dibujo- que te recomiendo ampliamente su lectura. ¡Te leo !

“El sentido de un final”, de Julian Barnes

“El sentido de un final” es auténtica literatura. Texto que trata, reflexiona, cuenta sobre la vida, su sentido, sus disyuntivas, sus haberes y deberes; sobre el amor y el deseo; la huidiza y convenciera memoria; los sueños de juventud y las realidades en la senectud; el peso de la palabra escrita, los remordimientos, la pérdida. “El sentido de un final” es, de muchas maneras, una novela para repensarnos.

Las rutas que nos conducen a la lectura de un libro son múltiples: de boca en boca, reseñas, fidelidad al autor, a la editorial o al género; curiosidad por algún tema, en fin, faltaría espacio para mencionarlas. La novela de Julian Barnes me saltó hace unas semanas, al terminar de leer la novela de Junichiro Tanizaki, “Diario de un viejo loco”, cuando se me ocurrió googlear “novelas sobre la vejez”, y en la lista de babelio.com, “El sentido de un final”, apareció en el octavo lugar del listado.

Confieso que me ganó la referencia de Babelio, por la supuesta temática -a pocas semanas de cumplir 65, el tema de la vejez lo tengo presente- y por ello adquirí y me di a la lectura de “El sentido de un final”.

Julian Barnes (Leicester, 1946), está considerado una de las mayores re­velaciones de la narrativa inglesa de las últimas déca­das. Autor de 17 novelas, 4 libros de relatos y 8 de No Ficción, ha sido multi premiado, y con “El sentido de un final” fue galardonado con el Premio Man Booker 2011.

A Barnes, solo le había leído, en el 2017, su novela “El ruido del tiempo”, una reconstrucción de la vida de un músico ruso en la época de Stalin, y en el 2020, un texto corto, “La perdida de profundidad”, contenida en el título “Niveles de vida”, un recuento de sus aflicciones de viudo.

En la lectura de “El sentido de un final”, lo primero que me caló, fue su estilo; mientras avanzaba con la lectura, pensaba: “caray, si fuera escritor, me gustaría escribir como él”, y creo que ese anhelo, intensamente percibido durante la lectura, explica el placer que me proporcionó la novela: prosa elegante, sutil, viva; estructura precisa, clara, simple y flexible.

Lo segundo, fue que no era una novela sobre la vejez: la historia que nos cuenta Antonio -Tony- Webster, un sexagenario jubilado, sobre sus recuerdos de juventud, que parte de una anécdota: una pequeña herencia -500 libras y un diario- que le legó la madre de una ex novia, de quien no tenía noticias desde que terminaron su relación, 40 años atrás, lo lleva a teorizar, y reflexionar sobre lo que le sucede a la memoria, como la manipulamos y la ajustamos a conveniencia.

Lo que inició como una determinación -necedad, diría yo- para conseguir los diarios -en manos de Verónica, su ex- que le habían legado, “se había transformado en algo mucho más amplio, algo que afectaba a mi vida entera, al tiempo y a la memoria. Y al deseo”. Eran los diarios de Adrián Finn, el cuarto de lo que era el “apretado trío” de amigos que cursaban los últimos meses del colegio.

En la primera parte de la novela, Tony Webster rememora cómo él y su pandilla conocieron a Adrian Finn en el instituto, y prometieron ser amigos para toda la vida, promesa incumplida, por las circunstancias que son comunes en las amistades que se forjan durante la niñez y la adolescencia. Adrián, el más serio e inteligente de los cuatro, muy joven, en sus primeros 20’s, toma su vida en sus manos, dejando a los tres amigos, azorados y confundidos, intentando analizar las aristas y resquicios de la decisión de Adrián.

En la segunda parte, Tony, reflexiona el camino tomaron cada uno de los tres sobrevivientes, mientras se plantea, ante la negativa de Verónica de entregarlos, la forma de hacerse de los diarios de su amigo. Es la insensata lucha que emprende por hacerse de los enigmáticos diarios de Adrián, la que lo lleva a tratar de explicarse la historia de su vida, asimilando a base de pensar, que los recuerdos más fiables son los que no has pensado, y que, de golpe, regresan.

La vida, ¿es la que vivimos, la que contamos o la que recordamos? “El sentido de un final” no resultó una novela sobre la vejez, sino sobre la inconsistencia de la memoria, su fragilidad para reflejar la realidad. Literatura de verdad, que te identifica con sus personajes, sus anhelos, sus indecisiones, sus contradicciones y perplejidades ante la fiabilidad de sus recuerdos, que te la recomiendo sin dudarlo. ¡Te leo!

“Las primas”, de Aurora Venturini

Es rara la ocasión que recuerdo la razón de compra de mis libros. Más extraño, si el autor me es desconocido; de “Las primas”, solo conocía la editorial; pero recuerdo que la compré por las primeras 4 o 5 líneas de la sinopsis -ni siquiera la leí completa- de la contraportada, pensando leerla en un improbable día.

Poco tiempo después, me llamó la atención un libro de la misma editorial titulado “Las amigas”. Al tomarlo, me di cuenta que era de la misma autora y tomé nota mental, mientras contenía mi ansia por comprarlo, pensando que debería esperar a leer el primero antes de sumar dos a la lista de los no leídos. Y fueron varias las visitas en que debí contenerme de comprarla. Manifestación de mi bibliomanía.

Pasaron los meses, llegó Enero y terminando “Según venga el juego”, de Joan Didion, leí algunas páginas iniciales de otros libros, sin decidirme por ninguno; fue hasta que leí el prólogo de “Las primas”, que decidí. Era de Mariana Enriquez. Lo que escribió sobre la novela y sobre la autora, me impulsó a leerla: Aurora tenia 85 años cuando escribió la novela, y a pesar que había escrito más de 40 libros, fue gracias a “Las primas” que su obra salió a la luz.

Perdóname esta larga, dispersa y quizá, innecesaria explicación, porque basta con iniciar la lectura de “Las primas”, para quedarte inexorablemente atrapado por la historia que nos empieza a contar Yuna López, una niña de doce años, que asistía a una “escuela para disminuidos”, hija de una maestra muy “severa pero enseñaba bien en una escuela suburbana donde concurrían chicos de clase media para abajo y no muy dotados”; hermana de Betina, de once, que tenía “un mal anímico” y que padecía de “un concorvo vertebral, de espalda y sentada semejaba un bicho jorobado de piernecitas cortas y brazos increíbles”, que concurría, en silla de ruedas, a un instituto donde “trataban casos muy serios”.

Aurora Venturini (1921-2015) fue una novelista, cuentista, poeta, traductora, ensayista y docente argentina. Con “El solitario”, su primer libro de poemas, recibió, en 1948, el Premio de Iniciación a manos de Jorge Luis Borges, pero fue hasta el 2007, cuando escribió “Las primas”, novela galardonada con el Premio Nueva Novela, otorgado por el diario Página/12, que alcanzó el reconocimiento del público.

“Las primas” es la historia de la familia de Yuna: su madre, su hermana; sus tías, Nené, e Ingrazia, casada con Danielito, padres de sus primas: Carina, con seis dedos en cada pies, una adolescente de 14, abusada por un vecino, y Petra, de doce, una liliputiense que ejerce la prostitución, y con quien Yuna desarrolla un vínculo solidario, de esos que surgen entre las mujeres víctimas.

Yuna deja la escuela en sexto grado por un problema de dislalia, entre muchos más, e ingresa a la escuela de arte, donde conoce al profesor José Camaleón, que cree en su talento, la apoya, la apodera y la encamina hasta convertirse en una pintora de fama y éxito, encontrando en el arte, el medio para ir superando sus problemas de lenguaje y dejar plasmado en sus cartones, en sus lienzos, sus “sentires dudas y singulares formulaciones acerca de la vida, al devenir y la muerte…”.

Novela de aprendizaje, historia del desarrollo cognitivo de Yuna, que página tras página va mostrando ante nuestros ojos como, apoyada en su diccionario y sus lecturas, aprende a hablar y a narrar. Solo una gran escritora puede lograr que esa metamorfosis te parezca tan natural.

Historia sobre una familia disfuncional, cómo la de todos. Temas como la violación, el aborto, el sexo y el asesinato, forman lo que pareciera ser, una historia sórdida, pero que el talento de Aurora Venturini logra transformarla en una novela de gran belleza estética.

Novela original, asombrosa, sobresaliente, imprescindible; narrada en primera persona por Yuna, una protagonista con voz fresca e ingenua, y mente brillante; escrita pletórica de acidez, ternura y humor negro; contada a manera de diarrea sintáctica, con una sintaxis desbocada que te hace pensar que la escribe de un tirón, porque así es como se lee: de un sentón.

Vale la pena conocer a Yuna. Te recomiendo que te lances a leer “Las primas”. Yo ya le envíe un Whats App a Rafa, mi librero, para que me separe “Las amigas”, no vaya a ser la de malas. ¡Te leo!

“Desmorir”, de Anne Boyer

Ensayo galardonado por el premio Pulitzer en la categoría de No Ficción en el 2020, “Desmorir”, es, como su subtítulo lo señala: “Una reflexión sobre la enfermedad en un mundo capitalista”; también es libro de memorias; y un desgarrador relato sobre el proceso de la enfermedad, desde que a Anne le diagnosticaron un cáncer de mama, en 2014, a la edad de cuarenta y un años, hasta que superó la inminencia de la amenaza del padecimiento, y así eludir, que la publicación de este libro ocurriera de manera póstuma.

No, no es un libro de “superación personal”; tampoco pretende ser la historia de heroísmo sobre la épica lucha que libró la protagonista para salir airosa sobre la enfermedad; mucho menos encontraremos un tratado de Mindfulness para brindar bienestar emocional a las enfermas de cáncer; si es, lo creo, una lectura esencial para sus familiares, y una llamada de atención para los integrantes de un sistema de salud que, persiguen objetivos muy alejados de la atención y el cuidado que merecen y requieren los enfermos de esta despiadada enfermedad.

Impactante testimonio, lleno de furia, de la poeta Anne Boyer, atacada por un violento cáncer de mama, pero también por un sistema de salud dominado por una industria deshumanizada, hipócrita y abusiva; y sometida además, a una estructura económica, social y cultural donde, la ciencia y la charlatanería, parecen no consentir espacios para la compasión, para las manifestaciones de dolor, la solidaridad y la empatía para las víctimas de la devastadora enfermedad.

Parecerá un despropósito la elección de “Desmorir” como primera lectura de este año que inicia, pero habrá que reconocer que los sentimientos y emociones que generan las festividades, producto del cambio de año, son variadas y, muchas veces, contradictorias. Desde que salió la edición de Sexto Piso y la adquirí, sabía que la leería, pero iniciarla el primer día del año fue más que nada, producto de un impulso impremeditado y no me arrepiento, porque “Desmorir” resultó ser un texto maravillosamente complejo.

El ensayo se podría separar en tres grandes puntos: un profundo, claro y bien soportado análisis de los efectos y las consecuencias que sufren las mujeres derivadas del cáncer de mama, incluyendo las catastróficas secuelas de los propios tratamientos que les son aplicados, y sobre los recursos económicos necesarios para soportarlos; Boyer, poeta al fin y al cabo, reflexiona sobre su enfermedad y como ésta, afecta a su oficio de escritora; también razona, medita y nos narra, la incomprensión de quienes deben dar soporte, aliento, cuidado y apoyo emocional.

No es que se queje. Sí, narra sobre un sentimiento de soledad desolador, a pesar de que cuenta que sus amigos se mudaron a su casa en turnos durante su enfermedad para cuidarla. Mas bien reclama, protesta, contra la incomprensión al rechazo de los tratamientos como la quimioterapia, cuando todo indica que la paciente, igual morirá con la quimio que sin ella, pues es un tratamiento que intoxica a la enferma en el intento de sanarla.

Denuncia: “El hechizo cultural de la quimioterapia es tan intenso que ciertas personas sin cáncer a veces ven a los pacientes que deciden renunciar a ella como una excusa para abandonarlos. Negarte puede aislarte. La imposición social del cumplimiento terapéutico en una enfermedad de género como el cáncer de mama puede llegar a ser brutal. Lo que mata a la gente es el cáncer, y el tratamiento, y también la falta de tratamiento, y lo que alguien crea o sienta no tiene nada que ver con el asunto”.

“Morir de cáncer de mama no es prueba de la debilidad y el fracaso moral del fallecido. El fracaso moral del cáncer de mama no reside en las personas que mueren: reside en el mundo que las enferma, las arruina a cambio de una cura que también las enferma y, después, cuando la cura no surte efecto, las culpa de su propia muerte”.

Y sí, si llegaste hasta aquí, ademas de agradecértelo, no puedo más que recomendarte que leas este imprescindible libro acerca de una enfermedad tan terrible y devastadora como es el cáncer de mama. A todos nos puede tocar: sufrirla o que alguien amado lo padezca, y “Desmorir”, te puede resultar una herramienta invaluable para enfrentarla, al contar con el punto de vista de alguien que aprendió sobre lo que escribe. ¡Te leo!

“Las gratitudes”, de Delphine De Vigan

Otra de las elecciones de los críticos de El País para ingresar al listado de los 50 mejores libros publicados en el 2021, “Las gratitudes”, de Delphine De Vigan, me resultó una corta pero intensa novela, que en un acto de masoquismo puro, decidí leer este 30 de diciembre, a punto de cerrar el ciclo de lecturas del 2021, un año significativo en mi vida, por algunas razones que van más allá de la pandemia.

Conocí a Delphine De Vigan con “Nada se opone a la noche”, un testimonio biográfico escrito por la autora francesa, obligada a enfrentarse a sus demonios, alborotados por la muerte prematura, pero inevitable, de Lucile, su madre. Su lectura me impactó. Recuerdo terminarla a lagrima viva – cuando la finalicé, mi madre cumplía 86 años -, emocionado, sobrecogido por la crónica tan bella como perturbadora.

“Las gratitudes” cuenta la historia de Michka Seld, una anciana con apariencia de niña, que vive sola, lee, ve la televisión y recibe visitas. A pesar que empieza a mostrar indicios de senilidad, mantiene su autonomía, hasta que un día de otoño, sin aviso previo, Michka yo no pudo continuar viviendo sola.

Tengo problemas con el tema de mí vejez. La decisión de leer “Las gratitudes” me pareció, comentaba al inicio, un acto de masoquismo: el placer de la lectura que produce sentimientos y sensaciones dolorosas. Pero la recomendación de El País, y de nuevo, el leve grosor del libro, vencieron mi resistencia.

Creo estar seguro de no temerle a la muerte, pero me aterroriza arribar a una vejez atestada, atiborrada de enfermedades y dolor; me resisto a suponerme sumiso, subordinado, dependiente de otros. Decía Philip Roth que la vejez es una masacre, y coincido con su diagnóstico. No deseo llegar a viejo, masacrado por los achaques, por los dolores físicos, desorientado por la pérdida de mis facultades mentales. En fin…

Michka Seld es una anciana que viajó mucho, como reportera fotográfica; posteriormente, ingresó a un periódico como correctora. “No se me escapaba ni una: erratas, incorrecciones sintácticas, problemas de concordancia, repeticiones, …”, orgullosa, argumentaba, se justificaba, se defendía por haber roto el mandato de la maternidad, frente al onírico e indiscreto interrogatorio de la malvada directora del centro geriátrico al que pretende ingresar.

Instalada con el apoyo de Marie, Michka, la maestra de la corrección lingüística, se tropieza con las palabras, se le dificulta encontrar la adecuada, se detiene a mitad de la frase; aparece Jérôme, un logopeda que trabaja con las palabras y los silencios, con la vergüenza y los secretos, con la ausencia y los recuerdos, con el dolor, el de ayer y el de hoy, y con el miedo a morir, quien trajina dos días a la semana con Michka, en el intento de que recupere el habla, que producto de la afasia, empieza a estropeársele.

Marie Chapier, el Ángel de la guarda de Michka, unida a la señora Seld por unos lazos que, conforme avanza el relato, vamos conociendo cómo se fueron creando, solidificándose con el paso del tiempo; Jérome Milloux, el terapeuta del lenguaje, el que trabaja con el dolor y con el miedo a morir, que con su ocupación aprendió que “envejecer es aprender a perder”, es aprender a asumir que todas las semanas se sumará una nueva degradación, un nuevo deterioro; Marie y Jérome, unidos para dignificar los últimos días de la dulce viejecita.

“Las gratitudes” es una hermosa y delicada llamada de atención sobre la importancia de agradecer a quienes nos han dado la mano en algún momento de nuestra vida. “Las gratitudes” es una novela corta, pero generadora de intensas emociones.

No importa que la prosa, el estilo o el lenguaje con que está escrita no cumpla con las exigencias de los puristas, la novela de De Vigan es una sencilla pero maravillosa historia que te sacude, te conmueve y claro, te inquieta. ¡Te leo!

“Encrucijadas”, de Jonathan Franzen

Excelente lectura de fin de año. 5 años después de haber leído “Pureza”, esperaba con cierta expectación la nueva novela de Jonathan Franzen, el autor estadounidense que con la publicación de “Correcciones” y “Libertad” alcanzó elevadas cotas entre amplios sectores de la crítica literaria occidental quienes lo auparon como uno de los grandes escritores estadounidenses contemporáneos.

Jonathan Franzen(1959-), es un escritor estadounidense, que saltó a la fama en 2001 con su novela Las correcciones, ganadora del National Book Award y que logró consolidar su fama nueve años después con “Libertad”, calificada de «obra maestra» por el Sunday Book Review del New York Times.

Yo lo conocí con “Libertad” y me acuerdo de la conmoción, el asombro, la emoción que me provocó su lectura en aquel diciembre del 2011, hace exactamente 10 años. No recuerdo por qué, “Correcciones”, que se publicó en español antes que “Libertad”, lo leí hasta dos años después, pero me acuerdo, como si fuera ayer, sin ninguna duda, que Franzen, de nuevo, me dejó asombrado, maravillado, totalmente deslumbrado por su novela y compartí, sin titubeos, la opinión de la crítica literaria.

La lectura de “Pureza”, en 2016, no hizo sino reafirmar mi opinión sobre la calidad de la literatura de Franzen, un autor que no disfraza, no disimula su gusto por la novela decimonónica, llena de descripciones, detalladas minuciosamente; por historias que plantean las grandes interrogantes de la vida y de la sociedad, esas preguntas que persisten y resisten el paso del tiempo, y que Franzen las aborda desde la conciencia individual de sus personajes, consiente de que el mundo puede verse reflejado en el discernimiento, en la percepción y en la conciencia íntima y particular de cada individuo, porque donde se nota la mano de Franzen, es en la gestación de sus personajes, concebidos con la intención de crear un lazo que nos identifique como lectores con ellos.

“Encrucijadas” cuenta la historia de una familia de raza blanca, los Hildebrandt, encabezados por Russ y su esposa Marion, padres de cuatro: Clem, Becky, Perry y Jay. Russ Hildebrandt es un pastor menonita, desterrado de una congregación de jóvenes religiosos pertenecientes a su parroquia, agrupación que lleva por nombre “Encrucijadas”, donde sus tres hijos mayores participan con dispares intensidades y objetivos.

Ambientada durante la década de los 70’s del siglo pasado, en un suburbio de Chicago, de nombre New Prospect, la novela de Franzen nos sumerge en las contradicciones, incertidumbres, dudas, conflictos, altibajos y transformaciones de los Hildebrandt y de otros personajes interesantes de su entorno.

La guerra de Vietnam, el movimiento hippie, la contracultura, el pacifismo, el consumo y tráfico de drogas sirven como telón de fondo y como contexto para ubicar a los Hildebrandt en diferentes dilemas morales, donde cada alternativa señala diferentes caminos, bifurcaciones, encrucijadas que los pueden conducir a sentimientos de culpa, a crisis morales, compromisos, y quizá, a su salvación.

Narrada con una prosa potente y literaria al cien, con una estructura cuyo eje central es un 23 de diciembre desde donde las historias de cada protagonista retroceden a su el pasado, regresan y se cruzan en ese día, para partir de ahí hacia el final de la novela. “Encrucijadas” es una extraordinaria novela, con poderosos personajes, entre los que destaca Marion, la esposa, “la madre de cuatro hijos con corazón de una chica de 20 años”, una mujer que se transforma ante nosotros de una mujer obesa, desaliñada y despreciada por su esposo a la heroína de la historia.

Te recomiendo mucho “Encrucijadas”, que de acuerdo a su autor es la primera entrega de una trilogía que promete mucho. Franzen, junto con Karl Ove Knausgård y Elena Ferrante son los tres más grandes escritores que descubrí en lo que llevamos de este siglo XXI. No quiero terminar este texto sin agradecerte todo el apoyo que me brindaste con tus lecturas, Likes y comentarios durante este año. Te deseo que el próximo 2022 te colme de salud, amor, trabajo y felicidad. Gracias, muchas gracias y Felices fiestas. Nos leemos!

“Hombres en mi situación”, de Per Petterson

La lectura de “Hombres en mi situación” me resultó difícil de digerir, aunque reconozco que compré y leí la novela de Petterson más o menos consciente de que me podría generar cierto desasosiego, sentimientos de desazón, pesar y dolor, porque los hombres como Arvid, como yo, que nos hemos encontrado en situaciones como las que plantea la novela, al revivirlas, cuando invocas recuerdos de procesos desoladores como la pérdida de los padres o el divorcio, solo provocamos que les desconsuelo retorne.

De vez en vez, te encuentras en la librería novelas de las cuales no tienes referencias, pero que por diferentes razones, atraen tu atención. Compré “Hombres en mi situación”, primero, por el título: segundo, por la editorial y por último, por la lectura de la sinopsis de la contraportada. Afortunada elección.

Ahora sé que “Hombres en mi situación” es la segunda novela de Petterson que se publica en español. “Salir a robar caballos” fue la primera y se convirtió en un best seller internacional. Per Petterson (1952-), noruego, Premio de Literatura del Consejo Nórdico 2009, fue, antes de escritor, obrero, librero y traductor. Autor de 8 novelas y dos libros de relatos, es considerado como uno de los escritores más relevantes de la literatura noruega. A mi me quedaron deseos de seguirle la huella.

“Hombres en mi situación” narra la historia de Arvid Jansen, escritor, cerca de los 40´s y padre de tres hijas; un melancólico y afligido hombre, que sobrevive a la tragedia de perder a sus padres en un terrible accidente y a su posterior divorcio, deambulando en su auto o caminando por las calles de Oslo, en excursiones usualmente interrumpidas en alguna de sus cantinas consentidas, donde bebía por ansiedad y si se le apetecía, salir a terminar la ronda, en compañía de alguna fémina en busca de inciertas aventuras.

La lectura de “Hombres en mi situación” me arrastraba sin remedio a recordar una época de mi vida, pero también, a rememorar la lectura de “Mi lucha”, la estrambótica, desmedida, la singular saga literaria de otro escritor noruego, Karl Ove Knausgård, una de mis lecturas más significativas, que me marcó, impactó, conmovió y emocionó durante mi vida lectora. No pretendo compararlas; son distintas, pero se asemejan, además de la nacionalidad de los autores y los escenarios, en el dolor, la confusión, la pesadumbre, la melancolía que proyectan los protagonistas.

Narrada en primera persona, con una estructura de vaivén, que nos permite enterarnos de la conclusión de su matrimonio con Turid así, como de su relación con sus hijas, en particular, con la primogénita Vigdis, quien ingresando a la adolescencia, le trasmite un vacilante rechazo, a pesar, o quizá por ello, de ser quien más lo necesita de las tres.

Escrito con una prosa tan seca como sencilla, el autor logra trasmitirnos a través de Arvid, toda la confusión, la soledad, la desolación, el dolor, la indefensión que pueden desencadenar experiencias tan traumáticas como las sufridas por el melancólico Arvid, que mira tú, que la pérdida inesperada de los padres y el abandono de la esposa junto con las hijas, seguida la una de la otra, no son cuestiones menores.

“Hombres en mi situación” de Per Petterson, con todo y el pesimismo, la desolación, el abandono, la confusión que transmite me resultó una lectura vital, compleja pero emocionante que te la recomiendo sinceramente. ¡Te leo!

“Paraíso inhabitado”, de Ana María Matute

Enternecedora y fascinante la historia de Adriana, una niña en sus casi once años, perteneciente a una familia “acomodada”, durante los años previos a la Guerra Civil Española, que víctima de la indiferencia de su madre y del alejamiento del núcleo familiar de su padre, se sumerge en un universo de fantasía, su propio paraíso, para evadirse del mundo de los “Gigantes”, donde se siente so juzgada e incomprendida.

Llegué tarde a la obra de Ana María Matute, al igual que a la de las Carmen, Laforet y Martín Gaite, mujeres pertenecientes a una destacada generación de escritoras españolas. Me imagino que por ignorancia o porque no era, ni es, frecuente tropezarse con sus libros en las librerías mexicanas, por eso cuando me encontré con “Paraíso deshabitado” no dude en llevármela. A la hora de pagarla, una grata sorpresa: contaba con un 40 % de descuento.

Ana María Matute (1925-2014), miembro de la RAE, Premio Café Gijón en 1952 a los 26 años, Premio Planeta a los 28, Premio Nacional de Literatura a los 32 y Premio Nadal a los 33; un matrimonio desdichado la sumió en una profunda depresión entre 1971 y 1996, período de silencios literarios, que rompió con la publicación de “Olvidado rey Gudú”. “Paraíso deshabitado” una de sus últimas novelas publicadas, apareció en 2008. Matute fue galardonada con el Premio Cervantes en el 2010.

“Paraíso inhabitado” me dejó con sentimientos encontrados. Me gustó, y mucho. La leí entre conmovido y sorprendido: Adri, nuestra pequeña protagonista, es la responsable. Sus silencios, sus refugios, sus libros, sus correrías nocturnas, su incansable imaginación, me enternecían.

Por otro lado, su incesante y firme, su persistente y compleja rebeldía frente al mundo de los adultos; su búsqueda de independencia; su tenaz batalla para liberarse de la reclusión hogareña, me asombraba y me confrontaba, quizá porque alcancé la odiosa edad cuando ni comprendes ni justificas la indocilidad infantil, aunque la rebeldía pueda estar justificada; en mi descargo, hasta la misma Adriana, por momentos, se reconocía “muy sorprendida de mi misma, de cuanto se me revelaba: la voluntad, el deseo de ser yo por encima de todas las prohibiciones, costumbres y barreras”.

En fin, el caso es que a pesar de la portada, no me esperaba esta historia, tan llena de imaginación y fantasía, que por momentos me parecía un cuento para niños, siendo, creo, un relato poderoso sobre la infancia, acerca de el primer amor, parte de esa experiencia inicial y vital que nos ocurren cuando nos abrimos al mundo.

Adri, una niña “chiquita”, «menudita” de talla, enorme en imaginación, se siente libre cuando todos duermen, aprovecha la noche para merodear por los rincones de la casa familiar y descubrir objetos, ambientes, personajes, con quienes establece una imaginativa comunicación con un lenguaje “secreto, un lenguaje al que yo tenía acceso”, nos cuenta Adriana en una de sus aventuras nocturnas.

“Paraíso inhabitado”: espacios, lenguajes, personajes; Unicornio con cuerno dorado que abandona el dibujo que lo contiene para escapar del marco que lo aprisiona, “dejando tras él hojas de otoño y hierba pisoteada”; diminuto teatro de marionetas, que le proporciona a Adri la posibilidad de crear un enorme mundo imaginario, poblado por los títeres, pero también por compañeros de juegos, como Gavrila, el hermoso, el guapo, el bello vecino del piso de arriba, el hijo de la bailarina, quien le enseña una forma de comunicarse, a contarse todo, sin necesidad de palabras “para saber que pensábamos o sentíamos los dos” y construir esa primera relación, ese primer amor, donde Adri encuentra euforia, equilibrio, paz.

Narrada en primera persona, con una prosa natural, sobria, a manera de un relato evocativo, con una estructura accesible, con Adriana, ya adulta, interviniendo en el relato que nos cuenta. “Paraíso inhabitado” es una historia llena de magia, narrada desde la mirada de una niña capaz de construir su propio universo, cuya lectura te la recomiendo ampliamente, mientras yo, ¡Te leo!

“Honrarás a tu padre y a tu madre”, de Cristina Fallarás

Libro de memorias, crónica, novela histórica, autobiografía de ficción, autoficción pura y dura, “Honrarás a tu padre y a tu madre” me resultó de género inclasificable, pero de grata lectura. Cuenta dos historias con un mismo tronco, que parecen avanzar paralelamente, buscando sin encontrarlo, un punto de intersección donde conciliar los secretos, los prejuicios, los tabúes y las prohibiciones familiares con el deseo, la necesidad de conocer el origen de su vida.

No me acuerdo cómo llegué a “Honrarás a tu padre y a tu madre”. Publicado en el 2018, lo encontré entre una decena de libros de Anagrama que esperan lectura. Sé que no fue por lo atractivo del título, que me lo parece y también estoy seguro que no fue por la autora, desconocida para mi. Vagamente creo recordar una reseña pero no logro afirmar el recuerdo en mi mente. Sin embargo, supe por la sinopsis que el libro de Cristina trata de dos temas que me interesan: La Guerra Civil Española y el género de moda, la autoficción.

Independiente de las razones que me llevaron a iniciar la lectura, pronto una sorpresa avivó mi interés: uno de los protagonistas de la historia de Cristina Fallarás resultó descendiente de Benito Juárez, el más grande prócer de la historia mexicana: su bisnieto Pablo Sánchez Larqué, hijo de Delfín Sánchez Juárez y Sophia Larqué.

Cristina Fallarás (1968-) es una periodista, escritora y política española. Por su novela “Las niñas perdidas” recibió el prestigio Premio Hammett 2012 de la Semana Negra de Gijón y el Premio Ciudad de Barbastro de Novela Breve 2011 por “Últimos días en el Puesto del Este”. Este 2021 aparecerá su más reciente novela “El Evangelio según María Magdalena” y es una reconocida activista en favor de los derechos de las mujeres.

“Honrarás a tu padre y a tu madre” trata de de la historia de la familia de Cristina, esencialmente la sus dos abuelos, el paterno, Felix Fallarás, sin militancia política conocida y fusilado en Zaragoza en 1936; el otro, Pablo Sánchez Larqué, formaba parte como encargado de uno de los pelotones de fusilamientos de los Franquistas sublevados contra el gobierno de la Segunda República encabezado por Manuel Azaña.

Cristina, ante el muro de silencio impuesto por su abuela paterna, Presentación Pérez, investiga, indaga, analiza, rastrea y se entera sobre la vida y la muerte de su abuelo paterno, Felix Fallarás, el Chico, fusilado en los inicios de la Guerra Civil confundido, quizá, con su padre, Felix Fallarás, el Grande, activo sindicalista. De su abuelo materno, Pablo Sánchez, el Coronel, con quien convivió mientras vivió, tenia claro, por su abuela, la Jefa, que el principio había sido Benito Juárez.

Pero hay otra historia subyacente en el libro de Fallarás, que es la de la propia Cristina, que inicia cuando se echó a andar, partiendo sin rumbo y sin plan de Barcelona, a “buscar a mis muertos”, recalando en el “Grand Oasis Park”, una deprimente, abandonada y decrépita urbanización, otrora de lujo, ubicada en la costa de Tarragona, para relatarnos, desde ahí, a manera de bitácora, sus recuerdos a través de una serie de anécdotas, acercándonos a su privilegiada infancia como nieta de un reconocido militar del franquismo.

Escrito desde las entrañas, “Honrarás a tu padre y a tu madre” no es un libro sobre la Guerra Civil Española, sino sobre los efectos que provocó entre los descendientes de vencedores y los vencidos. El abuelo materno de Cristina perteneció al bando de los triunfadores; el materno, al de los derrotados. Y enfrentarse, asumirse como descendiente de esa dicotomía, obligó a Cristina a reconocer con lacerante dolor como el silencio y la cobardía familiar que palpó durante su búsqueda, le mutiló una parte de su memoria, la que pertenecía al abuelo paterno, y que recuperó con la escritura de esta historia.

Narrada en primera persona, intercalándose las historias de sus abuelos con las de su peregrinaje, “Honrarás a tu padre y a tu madre” me resultó una lectura fascinante, a pesar de que como escribe Cristina, “Nosotros, los vivos, solo tenemos pequeños huesecillos del esqueleto de la historia, de esta historia, y con ellos las construimos, evidentemente falsa. No cambia en absoluto lo que sucedió. Lo que sucedió, sucedió, y jamás tendremos idea”, porque la historia que nos relata Cristina, se puede creer o no, pero de que se lee, se lee y yo, ¡Te leo!
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