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“La cucaracha”, de Ian McEwan

Las primeras frases me obligaron a dirigirme a la sinopsis de la contraportada; no, no me había equivocado: en un arranque de locura o maestría literaria, usted juzgará, McEwan había reescrito su interpretación de “La metamorfosis”, de Frank Kafka, donde una vivaracha cucaracha, amanece una mañana convertida en ¡el Primer Ministro inglés, Jim Sams!

Absurda, satírica, disparatada, humorística a rabiar, “La cucaracha” es una novela muy corta, donde McEwan denuncia, con gracia, agudeza y un humor muy British, al Brexit, proyecto inglés que provocó un torrente de opiniones y cuya aplicación fue votada SI por los ingleses en un referéndum que dividió al Reino Unido.

Me gusta mucho Ian McEwan. He leído alguna de sus novelas y libros de relatos: “La ley del menor”, “Perros negros”, “El inocente”, “Jardín de cemento”, “Amsterdam” “Cáscara de nuez” y “Niños en el tiempo” son algunos de ellos. A finales del año pasado publicó “Máquinas como yo”, que no he leído, y a principios del 2020 sorprendió al mercado editorial con la publicación de “La cucaracha”.

La anécdota parece sencilla: el primer ministro inglés y los miembros de su gabinete son unas cucarachas reencarnados en seres humanos. A los disidentes de su equipo, los destituye, pensando que por diversas razones, no lograron convertirse en insectos como la mayoría de sus colaboradores, que, curianas también, forman un grupo fuerte, motivado y cohesionado en torno a su líder.

Kafkiano, Kafkiana: 1-. De Fran Kafka escritor checo, (1883-1924) o relacionado con él o con su obra. 2-. Que tiene el carácter trágicamente absurdo de las situaciones descritas por este escritor en sus obras. “La cucaracha” hace uso de Kafka, para señalar el absurdo de un plan económico planteado por Jim Sams, basado en una teoría económica denominada “reversionismo”, consistente en invertir los flujos económicos: el trabajador paga por trabajar, el comprador recibe dinero por consumir.

La novela narra una serie de acontecimientos disparatados en la agenda del Primer Ministro: reunión de gabinete donde el PM plantea las fechas y medidas a implementar para el lanzamiento de su plan; sesión Parlamentaria informando/imponiéndolo; creación de crisis diplomática con Francia a manera de cortina de humo; uso que le da al Twitter para provocar caos y confusión; chacotera descripción del presidente estadounidense y la conversación telefónica que mantienen.

Con la prosa elegante a la que nos tiene acostumbrados, McEwan nos muestra su total desacuerdo con el Brexit y su gobierno. Ya aprobado, me quedo con la impresión que aunque a destiempo, quiso hacerlo público, hacer uso de su derecho al pataleo.

Y muestra su indignación con un ingenioso relato, pletórico de ironía, a manera de una fábula, donde una cucaracha, especie animal sobreviviente a cataclismos y pandemias, afirma que “no es fácil ser homo sapiens: sus deseos están muy a menudo en pugna con su inteligencia”, mientras hace “grilla” de alto nivel, con inteligencia curiana para alcanzar sus objetivos.

“La cucaracha”, reclamo contra populismos que avanzan inexorablemente por el mundo. Llamada de atención sobre las consecuencias de no enfrentar electoralmente a los grupos políticos de extrema derecha, de corte fascista.

Visceralmente crítica, ácida, mordaz, cáustica, “La cucaracha” se lee, se reflexiona y sorprende, sobre todo porque me mostró a un Ian McEwan activista y polemista, perfil que me era desconocido.

“Monterrey, alforja de poetas”, coordinador Margarito Cuellar

El reto 17 era que el libro fuera de poesía y llevará en el título el nombre de “un lugar”. Me costó mucho arrancar: no leo mucha poesía y tengo pocos libros del género lírico. Un día comentándolo con mi mujer, se puso a Googlear y me propuso un poemario que llevaba el valle de Anáhuac en el título. Se me prendió el Foco y recordé que en alguno de mis libreros tenía varios volúmenes del libro “Monterrey, alforja de poetas 1”. Los busqué, lo encontré, lo leí, y palomeé el punto.

Nací en Monterrey; colaboré activamente con la organización de la Primera Feria de Monterrey, evento que brindó la oportunidad para que Sonya Garza Rapport, amiga muy estimada, y Directora de Cultura del Ayuntamiento de Monterrey en aquel 1989, editara y publicara esta antología seleccionada por el poeta Margarito Cuellar.

Monterrey no es una ciudad donde la cultura encuentre un campo fértil para desarrollarse. Una ciudad de casi 5 millones de habitantes que cuenta con menos de 15 librerías, incluyendo las de libros de 2a. mano, no puede presumir de acoger fervorosamente las iniciativas culturales. Pero han existido y existen escritores, pintores, escultores, artistas de todos los géneros, que se resisten a que la aridez de la tierra y el desinterés de la mayoría de los regiomontanos por sus manifestaciones, termine exterminándolos.

“Monterrey, alforja de poetas 1” es un ejemplo de esa resistencia. En una edición muy humilde, que privilegió el fondo sobre la forma, en este primer volumen presentó una breve biografía y una mini selección de la obra de doce poetas cuyo criterio de selección fue haber nacido a finales del siglo XIX.

Destaca en la sobresaliente lista, Alfonso Reyes, ensayista mas que poeta, pero sin duda, el escritor nacido en Monterrey más conocido y reconocido más allá de su ciudad natal. Celedonio Junco de la Vega, Francisco de Paula, Felipe Guerra, Nemesio García Naranjo, Porfirio Barba-Jacob -autor colombiano incluido por su participación en un periódico local-, David A. Cossío, Carlos Barrera, Miguel Martínez Rendón, Eusebio de la Cueva, Alfonso Junco y Rafael Lozano contemplan la docena de poetas con raigambre regiomontano.

Gracias a Retópata20 por la oportunidad de rescatar para su lectura “Monterrey, alforja de poetas 1”-

“El talento de Mr. Ripley”, de Patricia Highsmith

¡Vaya novela! Ahora comprendo el éxito de Patricia Highsmith. “El talento de Mr. Ripley” (1955) obtuvo el Gran Premio de Literatura Policíaca y fue nominada al Premio Edgar a la mejor novela, y además, adaptada al cine dos ocasiones. Novela escabrosa, turbadora y fascinante, termina seduciéndonos y atrapándonos sin remedio.

Primera novela que leo de la autora Texana. Fan de la novela negra, compraba sus libros con la seguridad que tarde o temprano las leería, pero la verdad, pasaron muchos años, hasta que hace unos días, me topé con un ensayo de Sergio Pitol sobre otra novela de Highsmith que me hizo click, y me provocó leer la edición conmemorativa 50 Anagrama de la primera novela de la serie de Tom Ripley.

Debo de comentar que “Los talentos de Mr. Ripley” no sigue casi ninguna de las reglas tradicionales del género negro. El protagonista, Thomas Ripley no es policía ni un detective sagaz, astuto, inteligente: es un ladrón, estafador, un asesino psicópata de lo peor, y si ven con cuidado la foto de arriba, podrán observar que Patricia Highsmith escribió 5 novelas utilizándolo como protagonista, así que no rompo con la regla de cortesía a la que estoy sujeto como comentarista de una historia de misterio si les cuento que, al final de la novela, los buenos no logran ajustar cuentas con Tom.

Entonces, si el enigma no es el cuándo y cómo van a atrapar al asesino, es válido preguntarnos: ¿cómo carajos le hizo la autora para apremiarnos a continuar leyendo ávidamente, vorazmente -terminé la novela en dos sentadas-, obsesivamente, las azarosas andanzas de Thomas?

La respuesta, para mi, estuvo en la caracterización de su anti héroe: Thomas Ripley, joven sin escrúpulos ni moral, que construyendo su muy personal escala de valores, logra esquivar sus reparos y contradicciones, en la búsqueda de la satisfacción de sus anhelos, pero a quien la autora nos condena, por mas absurdo que nos parezca, a desear que siga, que de alguna manera, se salve.

Con un inicio sosegado, donde parece que no sucede nada, utilizado por la autora para construir los personajes de la novela, conocemos a Tom, de 25 años, malviviendo en Nueva York, donde una tarde de suerte, lo contacta un millonario que, pensando que Tom es muy amigo de su hijo, Dickie Greenleaf, que vive en Italia, le pide que vaya y lo convenza de que regrese a casa.

Mr. Greenleaf le ofrece a Tom el viaje a Italia con los gastos generosamente cubiertos. Ripley acepta el encargo, se va y contacta con Dickie en un pequeño pueblo costero italiano cerca de Nápoles, donde logra hacerse su amigo, para terminar asumiendo su identidad después de asesinarlo.

Ni crean que ya les conté la novela. No, no mis estimadas amigas y amigos, aquí es cuando inician los juegos de pirotecnia de Tom para encubrir su delito, que lo llevan a encadenar otros más, dando muestra de su ingenio e inteligencia criminal, que con cierta dosis de suerte, le permiten dirigir las investigaciones policiales por rutas sin destino.

Novela de corte psicológico, narrada desde el punto de vista de Tom, el ambiguo, el solitario, el inmoral, el frustrado, el escurridizo y turbador protagonista. El mayor atractivo lo encontré en los recursos literarios que utilizó Highsmith para angustiarnos, para horrorizarnos, cuando caemos en la cuenta que, en el fondo, muy en el fondo de nuestra conciencia, anhelamos que el juego continúe, y ese deseo me resultó muy inquietante, para que es más que la verdad.

PD-: Odié haber visto la versión cinematográfica del libro que estoy leyendo. ¿Por qué la leí si me molesta tanto? Porque al iniciar una lectura, es rara la ocasión que recuerdo o relaciono la novela con una película. Normalmente, ni los títulos coinciden. No sabía -recordaba- que había visto la película. El caso es que a las pocas páginas, aunque no lograba quitarme de la mente la cara de Matt Damon, la maestría de Highsmith logró que me sumergiera profundamente en la novela, asombrado, confirmando la máxima de que el libro casi siempre es mejor que la película.

“La edad del desconsuelo”, de Jane Smiley

¿El amar te duele? ¿Amarte duele? ¿Es posible amar toda la vida? ¿Existe la felicidad; cuáles son los límites mínimos para considerarte que eres feliz? ¿El matrimonio, te debe ofrecer felicidad hasta que la muerte llegue?…A ti, sí, tú que estás casada: ¿eres feliz?¿Estás preparada para cuando llegues a la edad del desconsuelo?

Intensa lectura la de “La edad del desconsuelo”. Anoche, una pregunta insistía en fijarse en mi mente: ¿Me hubiera servido de algo leerla cuando se publicó, allá por 1987? No sé, quizá “La edad del desconsuelo” debiera ser lectura obligatoria para los casados que están ingresando a los cuarenta, esa década tan mítica como definitoria en la vida.

Jane Smiley (1949-) es una autora estadounidense que ha escrito 13 novelas, pero que ha sido escasamente traducida, cuando menos al español. No la conocía y no recuerdo dónde leí sobre “La edad del desconsuelo”, pero me atrajo lo suficiente como para buscarla hasta en la propia editorial -no la encontré en mis librerías tradicionales- Sexto Piso.

En “La edad del desconsuelo”, conocemos a David Hurts, dentista, 35 años, casado desde hace años con su novia de Facultad, Dana, dentista también; padres de Lizzie, Stephanie y Leah. Consulta compartida, casas en los suburbios y en el campo, estabilidad financiera, señalando firmemente el rumbo hacia un futuro asegurado.

Horarios de trabajo flexibles y coordinados, tareas domésticas compartidas, tres hijas inteligentes, sanas y hermosas. Tanta perfección te provoca sentimientos encontrados, porque las primeras páginas de la novela es una relación que nos expone Dave sobre las maravillas que le ha otorgado la vida desde que conoció a Dana.

No dejas la novela porque la narración está bien hecha, y además, hasta eso, el tipo es simpático y profundo; sus reflexiones, realistas, descarnadas e interesantes; Dave, con su incontinencia narrativa, te va envolviendo en su visión sobre lo que ha sido su vida, en los pequeños actos y eventos cotidianos que engarzados, van construyendo una rutina, que parece le acomoda.

Todo NoÑo pues, hasta que durante un paseo en el auto, a la maravillosa Dana se le escapa, sin darse cuenta, un pensamiento que nunca debió salir de su mente, porque viene a partirle la visión idílica de la vida a su marido: “nunca más volveré a ser feliz”.¡Válgame la maldita imprudencia Dana! Mira que en ocasiones, los deseos se te conceden.

Al escucharla, a Dave se le mete a la cabeza que su mujer lo engaña. Y ese poderoso pensamiento, que se convierte en obsesión, transforma y trastorna su matrimonio, desequilibra su trabajo, altera a sus hijas. Después de analizar a su presunción desde todos los ángulos, concluye que ha llegado a “La edad del desconsuelo”, cuando “las barreras entre nuestras propias circunstancias se han derrumbado a pesar de toda la educación recibida”.

Dave decide “aguantar vara” y cumple con su compromiso de “padre involucrado”, exhibido a su máxima y febril intensidad durante la mini epidemia de gripa que enfermó a sus hijas, mientras su mente no descansa, y gira sobre temas como la desintegración de su relación, la conciencia del amor absoluto que siente por sus hijas, el futuro como divorciado, el desamor y el desconsuelo; y se colma -y nos carga- de ansiedad, miedo, angustia,

Novela corta, extraordinaria y compleja; atrevida e intensa; relevante y realista. “La edad del desconsuelo” retrata la vida, la vida misma, y por eso, te puede servir como herramienta para iniciar una conversación íntima contigo mismo, para confesarte o cuestionarte que tanto consuelo requieres, que tan feliz o infeliz eres. Y no, no sé si hubiera cambiado las cosas haberla leído a mis cuarenta..
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