“Mortalidad”, de Christopher Hitchens

Creanme que le pensé demasiado sobre si debía o no compartir con ustedes esta lectura. “Mortalidad” es uno de los libros más dolorosos que he leído en mi vida y los tiempos no están como para fomentar sentimientos así. Pero somos adultos, y en conciencia, tenemos la capacidad de elegir.

“Mortalidad” contiene la serie de artículos que Hitchens publicó en la revista Vanity Fair a lo largo de dieciocho meses donde detalló el proceso que sufrió para tratar de vencer médicamente el cáncer de esófago que terminó con su vida. No tengo idea de lo que hayan experimentado sus lectores al leerlo por etapas; leerlo de un solo golpe me representó una experiencia estremecedora, pero a la vez aleccionadora.

Christopher Hitchens fue un escritor, periodista y ensayista muy polémico por las posiciones que sostenía frente a las religiones. Basta mencionar sus libros más discutidos: “dios no es bueno” y “dios no existe” para comprender el revuelo que provocó la serie de artículos entre los fanáticos religiosos, muchos ofreciendo orar por su salud, otros festejando el supuesto castigo divino.

En “Mortalidad” Hitchens ajusta las cuentas y discute de nuevo los tabúes; analiza lucida y profundamente la relación del enfermo con el mundo que lo rodea, que lo llevó a preguntarse si no habría un breve manual de protocolo que se aplicara a quienes, de buena fe, interactúan con la víctima de la enfermedad, en ocasiones con un simple ¿cómo estás?, para la cual no existe una respuesta que satisfaga ni a quien pregunta ni a quien responde.

Hitchens eligió enfrentarse a la muerte sin modificar su pensamiento, rechazando el consuelo religioso y preparándose a morir con un mínimo de estoicismo, pero sin dejar de luchar por su supervivencia. Su elección fue ponerse en manos de la ciencia médica, y esa opción, para a mi entender, fue demasiado dolorosa, porque se pasó sus últimos meses de vida de hospital en hospital, de la quimioterapia a la radiación, de la radiación a la intervención quirúrgica, intentando inútilmente gestionar el dolor y la tortura que implican los tratamientos a los que se sometió.

El libro duele, y lastima porque la prosa descarnada y lúcida con la cual Hitchens narra el tormento y los dolores que le producían, te dejan angustiado, agobiado, abrumado, desolado. No he leído demasiado sobre el tema de la tortura y sus efectos en el cuerpo humano, pero con “Mortalidad” aprendí o confirmé, no sé como escribirlo, mi indisposición para someterme a cualquier procedimiento o protocolo médico que me produzca tanto dolor para ganar unos cuantos meses o años más de vida, porque lo vivió Christopher, lo digo con todo respeto porque él consideró lo contrario, no es vida.

“Mortalidad” es pues un libro difícil de digerir. Es la historia de una batalla desigual entre un hombre dispuesto a enfrentarse a una enfermedad para la cual aún no existe cura definitiva. Christopher Hitchens falleció en Houston, TX el 15 de diciembre del 2011, Continuó escribiendo hasta el final.
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