“Los reinos de papel”, de Jesús Marchamalo

!Las bibliotecas! Vaya tema: Borges imaginó el paraíso bajo la forma de una biblioteca, y aunque la frase se haya convertido en un vulgar “Cliché”, los que amamos a los libros no podemos sino estar de acuerdo con el argentino. Y además, irnos haciendo de una, es una aspiración compartida.

¡Ah, los libros! Forjamos con ellos una relación que va más allá de su simple posesión. Pienso, de acuerdo a mi experiencia, que detrás de la decisión consiente de acumularlos, reunirlos, coleccionarlos, integrarlos a una biblioteca existe una concepción de tiempo y espacio muy personal.

Escribía Walter Benjamín en su texto “Desembalo mi biblioteca” que “entre todas las formas de procurarse libros, la más gloriosa, se piensa, es la de escribirlos uno mismo”. Los escritores son, decía Benjamín, “personas que escriben libros no por pobreza, sino por insatisfacción con los libros que podrían comprar pero que no les complacen”.

Jesús Marchamalo nos presenta en “Los reinos de papel” veinte bibliotecas de igual número de escritores. Durante la lectura, conocemos, a través de los volúmenes que las forman, pero también en los detalles que las complementan, el espacio personal, ese universo único que rodea a cada uno de los autores, y que a la vez, los define y refleja más nítidamente que los libros que han escrito, porque, volviendo a citar a Borges, “no somos lo que escribimos sino lo que leemos”.

“Los reinos de papel. Bibliotecas de escritores” nos permite, ademas de asomarnos a las bibliotecas de escritores como Rosa Montero, Lorenzo Silva, Vicente Molina Foix, Marta Sanz, David Trueba o Elvira Lindo, conocer las recomendaciones de cada autor sobre tres lecturas: una propia, otra sobre algún libro que por alguna razón les resultó definitivo en su vida y una obra del autor español Miguel Delibes.

Los de la obra del Maestro Miguel Delibes se explica por qué es la Fundación que lleva su nombre la que junto con Siruela edito “Los reinos de papel”. Y es precisamente de la biblioteca del autor español la última a la que se refiere Marchamalo, recalcando en su descripción las notas, dedicatorias y anotaciones que con don Miguel o su Esposa acostumbraban señalar sus libros.

Existen muchos lectores que piensan que es una especie de pecado el hacer anotaciones o subrayar los libros. Yo nunca he compartido esa opinión. Cuando reabro alguno de los libros, me gusta encontrarme con alguna referencia que me ayude a recordarme cuando lo leí, lo compré o lo coloqué en su lugar. Igual me emociono cuando compró un libro en una librería de viejo y me encuentro esta clase de anotaciones. Me gusta conocer la historia de quienes me precedieron en su posesión.

Bello libro como casi todos los que tratan de libros, bibliotecas, librerías. Es otra manera de aprender, conociendo los gustos y las pasiones literarias de los responsables de que existan los libros.
A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: