“Miedo y asco en Las Vegas”, de Hunter S. Thompson

“Estábamos en algún lugar de Barstow, muy cerca del desierto, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así como : -Estoy algo volado, mejor conduce tú…… “

1971, Las Vegas; un joven periodista freelance, con un nivel de autoestima profesional demasiado alto, es enviado por una revista a cubrir una carrera de motocicletas y todoterrenos en el desierto de Nevada. A nuestro protagonista le gustan las drogas, el alcohol y rock and roll, así que acudir a la ciudad de la perdición era más una fiesta que trabajo.

Inicios de los 70´s. Hachís, metanfetamina, ácidos, mescalina, adrenocromo, estramonio, éter -“ay endemoniado éter…una droga del todo corporal. La mente se encoge aterrada, incapaz de comunicar con la columna vertebral. Las manos aletean disparatadamente, incapaces de sacar dinero del bolsillo… de la boca brota una risa balbuciente y silbidos…siempre sonriendo”.-

¡Alto aquí! Por favor, un poco de paciencia. Cuando inicié “Miedo y asco en Las Vegas” no tenía ni la más remota idea de a lo que iba. La Editorial Anagrama es garantía. Confío en ellos. Ahora que festejan su 50 Aniversario decidí comprar todos aquellos libros de la colección 50 ANAGRAMA que no estuviera en mis estantes, porque según la editorial, esta colección de su quincuagésimo aniversario incluye los mejores libros que habían publicado en sus primeros 50 años de vida. Por eso compré el libro de Hunter S. Thompson. No lo tenía ni en los entrepaños, ni en mi radar, pero era integrante de tan señalada colección.

El caso es que después de leer “Elevación”, en pleno estado Zen, la vi, la abrí, la inicié, y !BUM!: recibí un golpazo en el cerebro. ¡Santo giro inesperado!, desde las primeras líneas, quedé enganchado. A la mitad de la novela, desquiciado por la lectura, me puse a buscar en la Internet quién demonios era el tal Hunter, y !Santa Esquizofrenia Batman!: otro madrazo entre ceja, oreja y espalda. ¡Lo conocía! Un periodista súper zafado que había visto en un documental sobre la campaña presidencial de Nixon. Era él: el creador del periodismo Gonzo. Todo se me aclaró y seguí con la novela con decenas de preguntas en mi cabeza, todas alrededor del cómo había logrado sobrevivir -la novela, no yo- y permanecer vigente casi ¡50 años! para festejar junto con Anagrama tan señalada fecha.

Necesitan leerla para entenderme. Un tema cien por ciento setentero: drogas, alcohol, insatisfacción, pantalones acampanados; cuando no era políticamente incorrecto que dos vaqueros borrachos dejaran medio muerto a un marica entre las maquinas de billar romano.

Escrita con una prosa con ritmo de ametralladora: “Locura en todas direcciones, a cualquier hora…en todas partes saltaban chispas… Teníamos el impulso; íbamos en la cresta de una ola alta y maravillosa…como Lucy en el cielo de diamantes”, “Miedo y asco en Las Vegas” te tritura la cabeza mientras te enteras que “la mescalina es una droga básicamente sensual y superficial, que exagera la realidad en vez de alterarla”.

Las anécdotas son divertidas: el periodista Gonzo asiste a la carrera donde se da gusto drogándose y cargándole a la revista que lo envió, miles de dólares de consumo en la cuenta del hotel, del cuál sale por piernas y sin escribir una línea del reportaje; a medio camino de vuelta a LA, su representante lo regresa a Las Vegas a cubrir la Conferencia Nacional de Fiscales de Distrito sobre Narcóticos y Drogas Peligrosas, por lo que retorna con su maleta cargada de drogas, suficiente para matar un pelotón de infantes de Marina, y una descomunal 357 en la bolsa, así que ya podrá imaginarse el desmadre.

Como me gustaría que un Milleniam que la haya leído me diera a conocer sus impresiones. El haberla gozado tanto me hace sentir como un vejestorio senil, achacoso y decadente recordando, cagado de risa, mis viejas lecturas de José Agustín al ritmo del “Rock de la cárcel” con un churro quemándome los dedos y exclamando ¡Ah!, ….porque acababa de recordar quién era, cómo me llamaba.
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