“Mirarse de frente”, de Vivian Gornick

Las historias que nos cuenta Vivian Gornick tienen entre sus principales cualidades las de ponerte a reflexionar sobre cómo sería enfrentarte a ti mismo sin disimulo. Verte frente a un espejo para hacer un verdadero ejercicio de introspección intentando descifrar quién en verdad eres y por qué eres cómo eres: si es por una historia que otros construyeron por ti, o por que en el tránsito de tu vida, paso por paso, cada decisión que tomaste, se convirtió en un ladrillo, que chueco o derecho, te ayudó a edificarla.

“Mirarse de frente” es el tercer libro que leo de Vivian Gornick. La lectura del primero, “Apegos feroces” me reventó el cerebro. La historia de la relación entre la autora y su madre, pletórica de pleitos y reconciliaciones, de complicidades y recriminaciones, de remembranzas y olvidos mereció el reconocimiento de la crítica y los lectores.

El segundo se titulo “La mujer singular y la ciudad”, del mismo corte autobiográfico, es un homenaje de Vivian a su ciudad natal, Nueva York; a sus calles, a los personajes que la recorren; a esas particularidades que la convierten en una urbe cosmopolita, reconocida y admirada.

“Mirarse de frente” va por el mismo tenor: Vivian nos narra siete experiencias de su vida, que las recopila en piezas de corte autobiográfico, como si reuniera una serie de ensayos personales donde reflexiona sobre un conjunto de temas que la convirtieron en la escritora que es: sus juveniles experiencias en el trabajo como camarera en una serie de hoteles veraniegos; la temprana militancia en el movimiento feminista de los 70´s; sus vivencias como maestra invitada en diversas universidades estadounidenses, plagadas de funcionarios y académicos a los cuales sus frustraciones profesionales les impedían establecer el contacto intelectual que anhelaba la reconocida pensadora neoyorquina, llenando sus visitas de un silencio de educado rechazo, en instituciones que tienen como fin el servir al intelecto.

Sus reflexiones sobre como la tecnología -el teléfono fijo, la novela se publicó originalmente en los 90´s- provocó la desaparición de la conversación epistolar, me llevó a pensar sobre la manera en que el Twitter o el WhatsApp nos hace cada vez más flojos, y nos ha privado de cuidar lo que queremos comunicar, de ordenar las ideas, de esclarecer lo queremos decir y en qué orden. Todos preferimos enviar un pequeño mensaje, antes que marcar el número telefónico. ¿ Escribir una carta? Por favor, ya ni siquiera un mail, que lo hemos arrumbado, o lo utilizamos como un medio de comunicación frío, como herramienta profesional y publicitaria.

“Mirarse de frente” termina con un homenaje a las calles de Nueva York. Leer “En la calle nadie es espectador, todo el mundo actúa”, es como ver “Un día lluvioso en Nueva York”, la película de Woody Allen donde rinde pleitesía a su ciudad, y se burla con fina ironía de los personajes que llenan sus calles, los círculos intelectuales y artísticos de esa gran ciudad.

“Mirarse de frente” es un libro intimista que utiliza Vivian Gornick para someter a su memoria a una especie de ajuste de cuentas interno. Como comenté al inicio, creo que el libro le sirvió de espejo para analizar los cómo y por qué de su fructífera vida, una de las más destacadas de la segunda ola feminista de los Estados Unidos.
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