“Lejos del mundanal ruido”, de Thomas Hardy

Espléndido y ameno clásico de la literatura inglesa del siglo XIX, “Lejos del mundanal ruido”, es una novela para lectores pacientes, pues en Weatherbury, la región donde transcurre la historia, “…los últimos tres o cuatro años forman parte del presente y hacia falta como mínimo un siglo para dejar algún rastro en la faz o en el pulso del lugar. Cinco décadas apenas modificaban el corte de unas polainas o el bordado de un vestido, siquiera mínimamente. Diez generaciones no bastaban para alterar el sentido de una frase”.

No conocía a Thomas Hardy. Ni siquiera recordaba, y menos leído, la única novela que tenía de su autoría -“El brazo marchito”-, contenida junto con otras novelas de autores como Austen, Dickens, Wilde, Emily Brontë, Conrad y H.G. Wells en el hermoso Tomo I, presentado por José Emilio Pacheco, correspondiente a Literatura Inglesa de la Gran Colección de la Literatura Universal, que publicó Éditions Gallimard, en conjunto con Promexa y que adquirí, en el lejano 1982, Gran Colección, te decía, que solo embellece mi biblioteca desde entonces.

En mi descargo, confieso que se me dificulta leer los tochos que compilan varias novelas. Si me interesa algún título en particular, intento obtener el libro, aunque ya lo tenga, porque el ansia de coleccionar, no es como la gripa, que se cura relativamente fácil. Reconozco que mi biblioteca contiene muchos volúmenes que ojeo, acaricio, veo, admiro, presumo, mimo, sacudo, pero que no he leído.

Hardy era un autor fuera de mi radar. Fue con la colección “Novelas Eternas”, que tanto revuelo provocó en México, que ganó mi atención, pues cuatro de sus novelas -la primera, “Lejos del mundanal ruido”, que apareció en la entrega 25, con una traducción de Catalina Martínez Muñoz cedida por Alba Editorial-, son las que ha publicado esta cotizada colección del sello RBA Coleccionables; a causa de las reseñas, comentarios, y recomendaciones del BookTuber David Pérez Vega, que me decidí a conocer algo de la obra de Thomas Hardy (1840-1929), novelista y poeta inglés con una extensa obra literaria publicada, que incluye novela, cuento, poesía y dos piezas teatrales, escritor que alcanzó gran éxito y reconocimiento en vida.

“Lejos del mundanal ruido” es su cuarta novela, publicada en 1874, y cuenta la historia de Bathsheba Everdene, una mujer -perdón, que voy a tropezar con el “lugar común”- adelantada a su época, y con esto quiero decir que no tenía como meta el matrimonio; por decisión propia, elige administrar personalmente, y lo hace más que bien, la más próspera granja de la región, que heredó de su tío; “una muchacha que tiene la valentía suficiente para librar sus propias batallas y no desea un hogar”, la definía Henery Fray, uno de sus trabajadores.

Cómo protagonista de cuento de hadas, que no lo es, aunque por momentos pareciera, Bathsheba es, además de inteligente y trabajadora: bella, irremediablemente bella, y fascinante, y vanidosamente coqueta y seductora. Por ello, no resulta extraño que tres caballeros disputen su amor: Gabriel Oak, un joven de 28 años, experto en todo lo que tenga que ver las ovejas, un hombre emprendedor, en época de vacas -o más bien ovejas- flacas; William Boldwood, un serio, atractivo, soltero y rico Hacendado en sus cuarentas, vecino de la señorita Everdene, y el calavera del trío de pretendientes: el sargento Francis Troy, guapo, vanidoso, frívolo, mujeriego y jugador.

El juego del amor, que de eso trata esta deliciosa y entretenida novela, se desarrolla lejos del mundanal ruido, en una atmósfera literalmente bucólica, de crianza de ovejas, con todo lo que gira alrededor de ello: cruzas, nacimientos, esquilado, cosechas, ferias agrícolas y ganaderas, un escenario detalladamente descrito, pero sin abrumar, solo lo necesario y suficiente para impregnarte con los sonidos, olores y colores de la naturaleza que rodea y enmarca la vida cotidiana de un grupo de personajes magistralmente perfilados, que trabajan, juegan, se apasionan, cantan, declaman, rezan y blasfeman, proyectándose a través de sus acciones, permitiéndonos adentrarnos en ese pastoril mundo.

¿Quién conquistará el corazón de nuestra hermosa y veleidosa heroína? ¿Se desposará y abandonará sus ideales sobre su independencia?¿El amor la cegará a punto tal que se negará a acatar lo que su razón le indica?¿Su clasismo le impedirán abrir su mente y corazón a su más leal y fiel enamorado? ¿Destrozará el corazón y dañará la reputación del maduro y célibe Hacendado, que por vez primera lo entregaba a una mujer? ¿Tendrá, la bella Bathsheba, alguna idea sobre las consecuencias de una decisión equivocada? Y nosotros, lectores ¿por quién tomamos partido?

“Lejos del mundanal ruido” me resultó una fascinante lectura gracias a la pluma de Thomas Hardy, que nos ofrece una obra clásica: narrador omnipresente, estilo sobrio y preciso, trama atemporal, retrato de una época y una sociedad, protagonistas dotados con fortaleza y personalidad, personajes secundarios que aportan al relato y dan testimonio del mosaico social y económico de ese precioso universo de la Inglaterra rural del Siglo XIX. Intriga, romance, pasión y drama. ¿Qué más podría desear en una lectura? ¡Te leo!
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