“Paraíso inhabitado”, de Ana María Matute

Enternecedora y fascinante la historia de Adriana, una niña en sus casi once años, perteneciente a una familia “acomodada”, durante los años previos a la Guerra Civil Española, que víctima de la indiferencia de su madre y del alejamiento del núcleo familiar de su padre, se sumerge en un universo de fantasía, su propio paraíso, para evadirse del mundo de los “Gigantes”, donde se siente so juzgada e incomprendida.

Llegué tarde a la obra de Ana María Matute, al igual que a la de las Carmen, Laforet y Martín Gaite, mujeres pertenecientes a una destacada generación de escritoras españolas. Me imagino que por ignorancia o porque no era, ni es, frecuente tropezarse con sus libros en las librerías mexicanas, por eso cuando me encontré con “Paraíso deshabitado” no dude en llevármela. A la hora de pagarla, una grata sorpresa: contaba con un 40 % de descuento.

Ana María Matute (1925-2014), miembro de la RAE, Premio Café Gijón en 1952 a los 26 años, Premio Planeta a los 28, Premio Nacional de Literatura a los 32 y Premio Nadal a los 33; un matrimonio desdichado la sumió en una profunda depresión entre 1971 y 1996, período de silencios literarios, que rompió con la publicación de “Olvidado rey Gudú”. “Paraíso deshabitado” una de sus últimas novelas publicadas, apareció en 2008. Matute fue galardonada con el Premio Cervantes en el 2010.

“Paraíso inhabitado” me dejó con sentimientos encontrados. Me gustó, y mucho. La leí entre conmovido y sorprendido: Adri, nuestra pequeña protagonista, es la responsable. Sus silencios, sus refugios, sus libros, sus correrías nocturnas, su incansable imaginación, me enternecían.

Por otro lado, su incesante y firme, su persistente y compleja rebeldía frente al mundo de los adultos; su búsqueda de independencia; su tenaz batalla para liberarse de la reclusión hogareña, me asombraba y me confrontaba, quizá porque alcancé la odiosa edad cuando ni comprendes ni justificas la indocilidad infantil, aunque la rebeldía pueda estar justificada; en mi descargo, hasta la misma Adriana, por momentos, se reconocía “muy sorprendida de mi misma, de cuanto se me revelaba: la voluntad, el deseo de ser yo por encima de todas las prohibiciones, costumbres y barreras”.

En fin, el caso es que a pesar de la portada, no me esperaba esta historia, tan llena de imaginación y fantasía, que por momentos me parecía un cuento para niños, siendo, creo, un relato poderoso sobre la infancia, acerca de el primer amor, parte de esa experiencia inicial y vital que nos ocurren cuando nos abrimos al mundo.

Adri, una niña “chiquita”, “menudita” de talla, enorme en imaginación, se siente libre cuando todos duermen, aprovecha la noche para merodear por los rincones de la casa familiar y descubrir objetos, ambientes, personajes, con quienes establece una imaginativa comunicación con un lenguaje “secreto, un lenguaje al que yo tenía acceso”, nos cuenta Adriana en una de sus aventuras nocturnas.

“Paraíso inhabitado”: espacios, lenguajes, personajes; Unicornio con cuerno dorado que abandona el dibujo que lo contiene para escapar del marco que lo aprisiona, “dejando tras él hojas de otoño y hierba pisoteada”; diminuto teatro de marionetas, que le proporciona a Adri la posibilidad de crear un enorme mundo imaginario, poblado por los títeres, pero también por compañeros de juegos, como Gavrila, el hermoso, el guapo, el bello vecino del piso de arriba, el hijo de la bailarina, quien le enseña una forma de comunicarse, a contarse todo, sin necesidad de palabras “para saber que pensábamos o sentíamos los dos” y construir esa primera relación, ese primer amor, donde Adri encuentra euforia, equilibrio, paz.

Narrada en primera persona, con una prosa natural, sobria, a manera de un relato evocativo, con una estructura accesible, con Adriana, ya adulta, interviniendo en el relato que nos cuenta. “Paraíso inhabitado” es una historia llena de magia, narrada desde la mirada de una niña capaz de construir su propio universo, cuya lectura te la recomiendo ampliamente, mientras yo, ¡Te leo!
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