“Y líbranos del mal”, de Santiago Roncagliolo

Sin alcanzar a decepcionarme por completo, siento que la más reciente novela de Santiago Roncagliolo me quedó a deber. Un tema potente, polémico y complejo: los abusos sexuales al interior de la Iglesia Católica del Perú, y la desintegración de una familia, conservadora, racista, clasista, católica radical, derivada del vínculo del padre con el escándalo de abusos sexuales de menores, pienso yo, daba para más. Y por favor, tenme paciencia, trataré de explicarme.

He leído a Santiago desde el 2006, cuando fue galardonado con el Alfaguara de Novela por su obra “Abril Rojo”. “Pudor”, “La pena máxima”, “Tan cerca de la vida”, “Óscar y las mujeres”, “La noche de los alfileres” son algunas de las novelas que leí con agrado. También recuerdo un libro de ensayo o crónica periodística sobre Abimael Guzmán y Sendero Luminoso titulado “La cuarta espada”.

Esperaba pues de buen ánimo “Y líbranos del mal”, después de casi cinco años sin leerlo. Santiago Roncagliolo (1975-), nació en Lima, Perú y En su carrera ha explotado todos los géneros para contar historias. Su obra ha sido traducida en más de veinte idiomas. Como periodista ha escrito una trilogía de historias reales sobre el siglo XX hispanoamericano: la ya citada “La cuarta espada”, “Memorias de una dama” y “El amante uruguayo”. Como creador u guionista, ha desarrollado películas y series. Sus libros infantiles han recibido los galardones White Raven y Barco de Vapor.

Una familia estadounidense, radicados en Brooklyn, inmigrantes peruanos, con una cabeza, Sebastian, ejerciendo un férreo patriarcado sobre su mujer y su hijo, Jimmy, de 17 años, nuestro narrador y protagonista, que a pesar de desconocer la patria de su padre, es enviado a Lima a cuidar a su abuela, Mamá Tita, quien es todo un personaje: abierta y orgullosamente racista, clasista y rabiosamente católica.

Sebastian es un meritorio descendiente de Mamá Tita. Comparte sus prejuicios de clase y su rígido catolicismo. Trabaja como administrador de la iglesia catedral católica en Brooklyn, a la cual se entrega incondicionalmente. Su único contacto con Perú, a donde jamás regresó, era a través de la visita anual de su Mamá Tita durante las navidades. Es serio, taciturno, pero esposo y padre responsable, distante, poco comunicativo, determinante, pero afectuoso.

En Lima, Jimmy advierte, percibe y se entera de inquietantes murmuraciones sobre el pasado de su padre. Su deseo de conocerlo a fondo, de saber la verdad, de comprender la resistencia de Sebastián a involucrarse con su patria y con los peruanos, lo impulsa a indagar, averiguar, fisgonear por aquí y por allá, y como el que busca, encuentra, termina tropezándose con una oscura historia sobre abusos sexuales a adolescentes en Sodalicio, una comunidad laica fundada por Gabriel Furiase, un hombre carismático y manipulador, en la cual su padre ocupó un papel de liderazgo.

¿Por qué mencioné que Santiago me quedó a deber en “Y líbranos del mal”? Por que no se decidió a ahondar en las víctimas, ni en las familias, y tampoco en la institución Católica. Pasaban las páginas, se acercaba el final de la novela, y desconocía a los perjudicados, no alcanzaba a vislumbrar un recuento integral de sus daños. Temas como los secretos de familia, la relación entre un padre y su hijo único, el significado de ser inmigrante también se tocaban solo de refilón.

Puro seducir con pistas, nuevos personajes, pequeñas sorpresas, intrigándonos y en ocasiones, sobresaltándonos un poco pero…Y es que terminé quedándome con la impresión que el autor optó con centrarse con una historia marginal: una especie de triangulo entre tres personajes -Sebastian, Daniel y Furiase- enredados en una relación de celos y venganzas.

La novela es leíble, bien escrita, narrada en primera persona por Jimmy, un personaje bien desarrollado en su papel de adolescente curioso, terco, insolente, enfrentado con su padre. Con un ritmo de menos a más, sin alcanzar las cotas de un thriller, “Y líbranos del mal” es una novela ligera, complaciente, mojigata, por lo que no entiendo la resistencia de Carlos Slim a su distribución en sus Sanborns. ¡Te leo!

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