“Yoga”, de Emmanuel Carrère

Armatoste explosivo de un género inclasificable, relato (s) inquietante (s) y adictivo (s), “Yoga”, el último libro del escritor francés Emmanuel Carrère me sorprendió, pero no me defraudó. Quizá me agarró en un estado de extrema sensibilidad, sinceramente te lo digo, me tocó ciertas fibras, pero ¡carajo! Me inquietó, me cautivó, me deslumbró y al final, me dejó con la conciencia que había disfrutado de un gran libro.

Con riesgo de parecerte incongruente, no sabía que esperar. Se dijo y se escribió demasiado sobre los embrollos, los diversos obstáculos que sorteó Emmanuel Carrère para publicar “Yoga”, un libro esperado porque desde la publicación de “El reino”, pasaron años sin que el francés entregara una nueva obra.

Emmanuel Carrère (1957-), francés, periodista, cineasta y escritor multi género, ganador del Premio FIL de Guadalajara en el 2017, es un autor que se ha especializado por escribir novelas donde mezcla la ficción con la realidad; novelas de no ficción como “El adversario”, “Una novela rusa” y “De vidas ajenas”, pueden servir de ejemplo de su literatura. Si le crees o no, que todo lo que escribe es real, pues ya es cosa de cada quien.

Pero te comentaba que no tenía idea de que iba “Yoga”, en qué había acabado el libro. Publicado en medio de una serie de conflictos jurídicos con su ex mujer, Hélène Devynck, se decía que Carrère fue obligado a rehacerlo ante el impedimento legal de mencionarla implícita y explícitamente.

Y supongo que algo así sucedió, porque “Yoga”, que según cuenta Carrère iba a ser un “librito risueño y sutil sobre el yoga”, terminó convertido en un extraño, pero fascinante, adictivo y seductor artefacto literario; un libro que cuenta varias historias, aparentemente inconexas, pero al final caes en cuenta que, como decía Steve Jobs, los puntos terminaron uniéndose.

Profundo, extenso y atractivo ensayo sobre la meditación, el taichí y el yoga; texto ambientado alrededor del atentado que conmovió profundamente a la sociedad francesa: la masacre en la revista satírica Charlie Hebdo en la que asesinaron a doce periodistas e hirieron a cinco de gravedad; relato íntimo y doloroso de la depresión que lo recluyó en un hospital psiquiátrico; y por último, su mirada, su percepción, contada a través de cuatro jóvenes refugiados en una pequeña isla griega sobre la crisis migratoria europea.

En la parte inicial, que da pretexto al libro, donde Carrère vibra y se explaya escribiendo sobre sus inquietudes espirituales, sus conocimientos y experiencias en la práctica de las diferentes versiones del yoga, el ying y el yang, sus posturas (asanas), las técnicas de respiración (pranayama), de meditación y mantras; me resultó atrayente por que me interesa e intriga el tema y por su hipnótica prosa; me conmovió además, intuir las promesas de bienestar que el autor percibe y anhela conseguir con su práctica, buscando espantar su tristeza, aliviar su depresión.

Turbadores y desgarradores me resultaron los apuntes sobre su internamiento hospitalario. Tristeza, desesperanza, pesimismo, angustia, soledad. La bestia negra, la depresión, descenso a los oscuros abismos de la mente; Carrère no se guarda nada en la historia de su locura, sus desequilibrios químicos, su manía depresiva, la terapia a base de electrochoques a la se sometió, y la tenue luz al final del túnel, el anhelado retorno al trabajo.

De la elipsis narrativa no me animo a contarte mucho. Usando como pretexto un viaje a Grecia, donde recala en una de las tantas islas, Emmanuel conoce y se involucra con una norteamericana activista en pro de los refugiados, grupos de adolescentes que esperan en Grecia su admisión en Europa.

Es en esa parte donde se nota las consecuencias de los líos jurídicos de Carrère con su ex-mujer, y supongo que para cumplir con el acuerdo legal, el autor la suprime, e introduce un personaje ficticio, ¨rompiendo” con el pacto con la verdad, pretendiendo que sea el lector quien llene los huecos del relato con el contexto que nos ofrece.

¿Metaficción? ¡Claro! Emmanuel hace todo lo posible para hacernos saber que está escribiendo “Yoga”; su texto nos manda a otros de sus libros; a su personaje Erika la afirma como ente de ficción; y la hipertextualidad de “Yoga” es indudable y evidente, pues muestra toda una red literaria de citas y referencias a otros textos.

¿Autobiografía? Escrito en primera persona, la verdad es que un lector como tú o como yo, la tenemos difícil para discernir que de lo que nos cuenta Emmanuel es verdad y cuál parte ficción. Aunque Carrère odie que se clasifique a parte de su obra como autoficcional, “Yoga” es a mi entender, más autoficción que autobiografía.

En fin, clasificaciones aparte, “Yoga” es una obra muy bien escrita, cautivante, emocionante, que se lee con emoción y concentración. Me gustó el regreso de Emmanuel Carrère a las librerías. Y si llegaste hasta aquí, te lo agradezco. Dejé muchas reflexiones y sensaciones sobre “Yoga” en el disco duro, pero tenía que cortar. ¡Te leo!

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