“Las reputaciones”, de Juan Gabriel Vásquez

La reputación, el prestigio, la fama, la opinión que los demás tienen sobre nosotros. Patrimonio de los que tienen poco o nada; un estorbo que se busca evadir, minimizando daños, para los que tienen todo. Las palabras, una imagen, un video, una caricatura tienen poder para lacerar, herir, dañar, mutilar, para asesinar social, económica o políticamente sin necesidad de empuñar ni disparar un arma.

Juan Gabriel Vásquez (1973) es un escritor colombiano que he leído poco, pero que disfruto mucho al hacerlo. Lo conocí con “El ruido de cosas al caer”, que fue galardonada con el Premio Alfaguara 2011, y justo cuando me preparaba para iniciar su más reciente novela “Volver la vista atrás”, me di cuenta que no había leído “Las reputaciones”.

Caray, no es que lea todos los libros que publican los autores que me gustan, pero después de “El ruido de las cosas al caer”, Juan Gabriel solo había publicado dos novelas: “La forma de las ruinas” y “Las reputaciones”, y pensaba -equivocadamente- que había leído las dos. La senilidad a todo su esplendor. Para no hacerte largo el cuento, me decidí mejor por leer “Las reputaciones” y dejar para después la más reciente.

Y es que terminando de leer Kawabata, se me antojó el giro rotundo, tajante, violento y completo de tema. Además, “Las reputaciones” es una novela corta, de apenas 140 páginas, que se me acomodaba para leerla entre viernes y sábado. Ah, y el tema me interesa, y mucho. Los linchamientos mediáticos los tengo atravesados.

Un artista plástico con talento, pero que alcanzó la fama como caricaturista político, conoce, vive, disfruta el poder que se le concede al publicar diariamente su viñeta acompañada de unos breves pero corrosivos, muy mordaces y destructivos comentarios, que hieren, y quedan para siempre en la memoria de quienes lo reciben, pero también en el recuerdo colectivo.

Javier Mallarino es, a sus sesenta y cinco, el caricaturista más influyente e importante de Colombia. En la plenitud de su vida profesional, consciente de su poder y de los riegos inherentes de ejercerlo, eligió una vida en el anonimato. Divorciado, entregado a su trabajo, vive solitario en una casa ubicada en la montaña que rodea Bogotá.

Gusta de ser un sujeto desconocido e irreconocible en las calles de Bogotá, pero no rechaza el reconocimiento y respeto de sus colegas, ni los homenajes y las reverencias que le brinda la clase política. Y los aireados reclamos, que los hay, los recibe con una “esforzada indiferencia”, escudado bajo su “arte y compromiso”, que pone por encima de sus sentimientos personales.

Una noche, en el bar del Teatro Colón, celebrando, minutos después de recibir un homenaje, con condecoración incluida, por parte del gobierno colombiano, se le acercó una joven, que se presentó como Samanta Leal, pidiéndole una entrevista para un blog desconocido. Comprometido por la manera en que la solicitó, se la concedió para el día siguiente.

La reunión no resultó una entrevista periodística, sino un ejercicio para la memoria, un esfuerzo para mirar hacia atrás y traer lo pasado hasta el presente: “Acuérdese, por favor”, le pidió Samanta, y Javier, poco a poco, de memoria en memoria, empezó a recordar…lo que sucedió una noche de fiesta en su casa en la montaña, veintiocho años atrás.

Y lo que recordó de esa noche de hace veintiocho años, evocando su reacción a la mañana siguiente, plasmada en una caricatura acompañada con una frase que no denunciaba ni declaraba nada, que sólo sugería algo aterrador, y cuyas consecuencias, que no le provocaron interés entonces, le generó, al recordar, un terremoto emocional que zarandeó las certezas adquiridas en el pasado.

Mirada crítica sobre los medios de comunicación y los “opinadores” políticos, tan convencidos algunos de ellos, que son luminosos faros que guían a la nación. Reflexión sobre la memoria, que es tan pobre, “que solo se mueve hacia atrás, la novela trata sobre la fragilidad con la que se sostiene la reputación, el honor, la imagen.

Tema actual, cuando las imágenes, las palabras, son empleadas como armamento para asesinar socialmente, para borrar de la faz de la tierra al adversario, al equivocado, al errado, al desviado de la ruta correcta, al que patina, al que desbarra, sin necesidad de empuñar ni disparar un arma.

Inquietante e intensa, narrada con un estilo elegante y directo, escrita con una prosa fluida y natural; con un protagonista construido con un gran calado psicológico, de múltiples rostros y lleno de contradicciones, “Las reputaciones” es una novela tan real, tan vigente, inteligente y aguda, que hace muy recomendable su lectura. ¡Te leo!
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