“Páradais”, de Fernanda Melchor


No por contar lo que nos puede parecer sucesos frecuentes, “Páradais” deja de ser una novela perturbadora. Misoginia, violencia, narcotrafico. Un par de adolescentes inadaptados forjan una alianza tóxica, a pesar de que integran una pareja tan improbable como factible. ¿Hasta dónde son capaces de llegar?

Fernanda Melchor (1982), Veracruzana, se graduó como periodista en la Universidad Veracruzana y obtuvo el grado de maestra en Estética y Arte por la Universidad Autónoma de Puebla. Autora con “Páradais” de otras dos novelas -“Falsa liebre” y “Temporada de huracanes”- y del libro de crónicas “Aquí no es Miami”, fue galardonada con el Premio Internacional de Literatura otorgado por la Casa de las Culturas del Mundo de Berlín, el Premio Anna Seghers y fue finalista el año pasado del International Booker Prize.

Yo no logré terminar “Temporada de huracanes”. Lo intenté, pero la historia del asesinato de la Bruja no terminó de engancharme. Después de “Páradais” voy de nuevo por ella. El año 2018 me resultó complicado, y probablemente no me encontraba a tono para disfrutarlo. Sé que es una buena novela, sé que Fernanda es una talentosa escritora – he leído varias de las crónicas de “Aquí no es Miami”-, así que probablemente el problema estuvo en mi.

“Páradais” es el nombre de un fraccionamiento privado ubicado Progreso, Veracruz. Escenario de lujo y comodidades para quienes lo habitan, concurren ahí quienes tienen la responsabilidad de proporcionárselas: guardias, jardineros, mozos y encargados de mantenimiento. Leopoldo García Chaparro -Polo-, pobre y moreno, trabaja como jardinero, de 16 años recién cumplidos, tiene problemas serios con el alcohol, con la autoridad y con la responsabilidad.

Franco Andrade -el Gordo-, rico y rubio, también por los 16, vive ahí con sus abuelos rascándose los huevos, viendo pornografía, fantaseando con cogerse a la vecina, birlándoles pesos y centavos para la compra de alcohol y cigarros. Padres ausentes, sus yayos hacen lo que pueden para controlar al delincuente en potencia.

Polo y el Gordo, unidos por la afición al alcohol, que lo consumen en las noches y a escondidas, comparten sus disparatadas fantasías: el jardinero, renunciar al trabajo que odia para unirse al cártel delincuencial donde Milton, su primo casi hermano, delinque amenazado a muerte; el Gordo solo sueña, habla y fantasea con la nociva obsesión por su vecina, Marián Maroño, casada, y madre de tres; atractiva, ingenua, cariñosa, solidaria y dulce.

Son muchos y muy variados los factores cognitivos, psicológicos, familiares y ambientales que pueden llevar a un adolescente a cometer delitos graves. Abuso domestico, inestabilidad y violencia familiar; influencia de las pandillas, los cárteles, y el acceso a las armas. Polo y el Gordo compartían algunos: padres violentos, familiares alcohólicos, historial de suspensiones, expulsiones y absentismo escolar, pero en el Gordo, es su naturaleza maligna la fuerza que lo empuja.

“Páradais” nos cuenta, con una tensión dramática que va creciendo página a página, como este par de inadaptados van potenciando sus delirios, sus frustraciones y sus neurosis, mezclando alcohol con obsesión.

Relatada por un narrador omnisciente, que parece estar permanentemente dentro del cerebro de Polo; con una prosa seca, vertiginosa, que no ofrece respiro, de párrafos largos, sin puntos y aparte, equivalente -imagínate- al que habla y habla rápidamente, sin parar, sin variar la entonación; con ese lenguaje tan oral, tan rabioso que noté en “Temporada de huracanes”, usando la palabra precisa y significativa, con frases que te colma de sensaciones, olores y colores.

Novela corta, que trata sobre problemas que deseáramos dejar atrás, pero que no tienen caducidad sexenal; sobre relaciones familiares tensas, violentas y humillantes; de conflictos morales, económicos y sociales, que no ofrecen salidas laborales; de mujeres maltratadas y violentadas; historia cruel y perturbadora, narrada con un lenguaje colmado de una oralidad innovadora que te impacta. “Páradais” es una lectura para tomarse en cuenta ¡Te leo!
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