“Los guardianes”, de John Grisham

En Enero de 1993 leí una novela titulada “La tapadera” publicada por Ediciones Planeta Mexicana en aquella legendaria (por accesible principalmente) colección Planeta Serie Oro; “La tapadera” terminó siendo conocida como “La firma”, cuya versión cinematográfica protagonizó un joven e imberbe Tom Cruise.

Después de 28 años y de una treintena de novelas, continúo guardándole fidelidad a los libros de John Grisham (1955), abogado de formación, aficionado al beisbol, Bautista por religión, escritor de relatos judiciales que se venden como mascarillas en pandemia. La portada de “los guardianes” menciona la asombrosa cantidad de 300 millones de libros vendidos. ¡Joder!

Novelas para leer en vacaciones, “novelas de aeropuerto”, creo que las llaman, pretendiendo denigrarlas, solo por que están bien estructuradas, emplean un lenguaje neutro, utilizado sin pretensiones artísticas y que suelen ser bastante entretenidas y superficiales. Yo, que seré lector voraz y disperso, pero no presuntuoso, las leo con gusto.

Y lo hago como un equivalente a las sesiones de descanso activo -ejercicios diferentes, menos demandantes pero entretenidos- que programan los deportistas de alto rendimiento para evitar el pernicioso y desgastante sobreentrenamiento.

Las novelas de John Grisham desnudan el sistema judicial estadounidense. Doctor en derecho por la Universidad de Misisipi, ejerció su profesión una década, y actualmente es miembro de una organización estadounidense que se dedica a luchar para liberar a personas presas y condenadas injustamente, llamada “The Innocence Proyect”, organización similar, pero real y en grande, a la fundación “El ministerio de los guardianes”, un pequeño despacho de voluntarios donde colabora Cullen Post, el protagonista de “Los guardianes”, sacerdote y abogado, que ejerce su apostolado litigando para sacar de prisión a víctimas de errores, horrores y omisiones del sistema judicial norteamericano.

El objetivo de los Guardianes es descubrir la verdad y exonerar a sus clientes, que los eligen después de una profunda investigación que los convence sin ninguna duda, de su inocencia. El pequeño despacho lo ha logrado nueve veces en doce años, y cada ocasión que lo logran los embarga un sentimiento agridulce: ¿por qué festejar que un inocente alcance la libertad?

De eso va “Los guardianes”, la reciente novela (2019) de John Grisham, que nos cuenta la historia para lograr la absolución de Duke Russell, sentenciado a la pena de muerte por la violación y asesinato de una adolescente; y la de Quincy Miller, preso por el asesinato de su abogado, que por mal desempeño, le fastidió su acuerdo de divorcio.

Fiscales arrogantes, policías corruptos, jueces acomodaticios, defensores desbordados o incapaces, negociaciones con delincuentes para servir a la fiscalía, jurados de buena fe, pero lastrados por sus prejuicios; un sistema judicial imperfecto que produce injusticias para los dos lados: delincuentes en la calle, inocentes en la cárcel.

Historias basadas en sucesos y personajes reales (hay una nota del autor al final del libro); Thriller legal, con sus adictivas dosis de suspenso e intriga; historias de corrupción, impunidad, perjurio, compra de testigos; y Grisham, introduce en la trama hasta un cartel mexicano: El cartel de Saltillo.

“Los guardianes” le gustará a los seguidores de Grisham y a los que gustan de los thrillers; y es, además, una buena alternativa para nuevos lectores. “Los guardianes” ofrece trama, drama, confabulación, misterio, enigma que fluyen con el ritmo palpitante al que nos tiene acostumbrados Grisham, de capítulos cortos que se leen fácil, con un sólido y atractivo personaje principal que pinta para repetir.

Ah, y por cierto, hasta puedes aprender algo leyéndolas. Si yo fuera estudiante de derecho estadounidense, atendería a Grisham con la misma devoción, atención y respeto con la cual Danny LaRusso se sometía al Señor Miyagi. Los leo!
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