“Una tierra prometida”, de Barack Obama

Caray, Barack Obama no solo habla “bonito”; también escribe con tanta gracia y donaire, que su tocho de 847 páginas lo leí contento, relajado, concentrado, eso, a pesar de que tenía programado leerlo entre otras lecturas, a manera de descanso en medio de otros libros; pero no, qué va: la prosa, la estructura, hasta el tono de intriga que eligió Obama para escribir su autobiografía, me mantuvo atado a su lectura.

Había leído sus dos libros: ”Los sueños de mi padre” y “La audacia de la esperanza”, así como una biografía muy completa (“El puente”), del magnifico periodista David Remnick; igual, disfruté de la lectura de “El mundo tal y como es”, las extraordinarias memorias de Ben Rhodes, uno de sus más cercanos colaboradores, y que es frecuentemente citado en este libro.

Me gustaría contar con talento para convencerlos sobre el valor estético que, como obra literaria, guarda “Una tierra prometida”, pero creo que no tiene sentido. Los que gusten de las autobiografías de líderes políticos la compraran, y algunos, la leerán; los fans de Obama, sin duda, se sumergirán en su lectura, aunque la consigan a préstamo; sus enemigos, la leerán por “encimita”, buscando en el índice alfabético referencias para justificar sus fobias; y los demás, se la pensaran dos veces, pues estas 847 páginas cubren apenas el primero de dos tomos que integran su autobiografía completa; y económico, lo que se dice barato, el libro no es.

Organizado en siete grandes capítulos, todos ellos salpicados por encantadores, entrañables recuerdos personales y anécdotas maritales, parentales y domésticas, lo que le otorga una calidez especial al libro. Amor, nostalgia, respeto, amistad, lealtad son sentimientos que se palpan mientras lees “Una tierra prometida”.

Como contraste, igual es constante durante toda la lectura, la narrativa sobre la lucha que se libra en las Cámaras de Diputados y Senadores para lograr la aprobación de sus proyectos. Mezquindad, egoísmo, filibusterismo, hostilidad, desacuerdos, intereses enfrentados, polémicas, riñas, conflictos. Lo normal en cualquier Congreso que se precie de democrático.

Al inicio narra la increíble, sorprendente, fulgurante, deslumbrante historia de su arribo a la Casa Blanca: de las calles, aulas y pequeños despachos en la ciudad de Chicago, al Congreso Estatal de Illinois, para desde ahí, proyectarse al Senado Estadounidense, para usarlo como la plataforma de lanzamiento hacia el despacho oval.

También cuenta sus primeros días en la Casa Blanca, sus convicciones, sus dudas, su opinión sobre la codicia y voracidad de los banqueros y ejecutivos de Wall Street; emocionante narrativa sobre el trabajo político que, obligado por la peor crisis económica del siglo XXI, inició desde el primer día de su trabajo como Presidente para reflotar la economía estadounidense, que se hundía, arrastrando con ella, a las demás economías occidentales.

En “La causa justa”, reflexiona, incómodo, sobre el papel que juega su país como supuesto garante y guardián de los valores democráticos que pretenden imponer al resto del mundo. Cuenta sus impresiones sobre sus primeras giras por el mundo, los líderes que conoció, y sus participaciones en las denominadas Cumbres.

Su rol como Comandante en jefe, las guerras en Irán y Afganistán, la persecución del terrorismo, de “El mundo tal y como es”, como se titula el libro de su asesor Rhodes, es de lo que trata la quinta parte; de la eterna resistencia que oponen los Halcones -y las industrias bélicas que los soportan-, a cualquier iniciativa tendiente a dejar de hacer la guerra. Obama da cuenta de ello, tal como es.

Obama escribe sobre el notorio desgaste en su equipo; las diferencias entre los que despachan en el ala oeste y el resto de su gabinete; sus rutinas para no perder piso; lo privilegiado que se sentía viviendo en la Casa Blanca, arropados por todo un equipo a su servicio; su percepción sobre el alejamiento de Michelle, a la que veía frustrada por el papel secundario que su esposa sentía jugar, lejanía que se reflejaba y era palpable cuando llegaba a la recámara, y la encontraba dormida.

Como toda autobiografía política, Obama aprovecha la suya para ajustar cuentas -con los republicanos-, y esencialmente, para recordarnos que recibió la presidencia inmerso en la peor crisis económica del siglo XXI, lo que marcó y condicionó sus decisiones.

Sin embargo, y en contra del consejo de algunos miembros de su equipo, Barack Obama apretó el acelerador y abrió frentes políticos adicionales, sin comunicar suficiente y adecuadamente lo que se hizo para contener y reflotar la economía: Reforma Sanitaria, Cambio Climático, Irán y Afganistán: ¡Una sangría política!

Y le costó, vaya si tuvo consecuencia el desenfrenado activismo de Barack Obama: en las elecciones de su segundo año, su partido cosechó la peor pérdida electoral desde que Franklin D. Roosevelt perdiera 62 escaños en el Congreso durante su 2o. Año, de su 2o. Mandato. Obama apenas en su segundo año de su primer mandato, ya tenía en su contra, ¡el Congreso y el Senado! La captura de Bin Laden llegó demasiado tarde.

Autobiografía sincera, bien contada, con un arco de tensión en la narración que colabora a mantener la atención, te ofrece mucho más que una idea de conjunto de sus primeros dos años de gobierno: sentimientos, sensaciones, reflexiones, interpretaciones, recuerdos.

Una autobiografía profundamente personal, una honda mirada a su interior, donde Barack Obama no escatima en una severa autocrítica, en una autoevaluación dura y sin concesiones. La historia continuará, viene el segundo tomo, pero, ¡Vaya tipo fascinante!
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