“Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë

“Cumbres borrascosas” es una novela singular, poderosa, apasionada, misteriosa, diabólica, revolucionaria, de una violencia palpable y sorprendente; historia de una impetuosa energía, que te mantiene estimulado al máximo, completamente energizado, enganchado, por lo que me resultaba difícil dejar de pensar en ella cuando no la leía.

Durante muchos años le había sacado la vuelta; intento recordar, aunque sea una, una sola razón para tal desatino, y no, no me acuerdo. Afortunadamente el alboroto que generó en las redes la publicación de la colección Novelas Eternas, cuyo segundo tomo es la obra de Emily Brontë, me sirvió de impulso para subsanar tan enorme omisión.

Pena me da comentarlo, pero antes de adquirir la hermosa edición de esa colección, la biblioteca almacenaba 6 ediciones diferentes de “Cumbres borrascosas”, la primera en una colección de Editorial Cumbre publicada en 1967 y la penúltima, de Ediciones Siruela, del 2010, que fue la que leí al alimón con la edición de Novelas Eternas.

Me explico: noté que la novedosa colección provocó algunas dudas sobre la calidad de la traducción, y la integridad del contenido, por lo que me propuse vivir la experiencia de leer intercambiando ediciones cada tres o cuatro capítulos, para analizar si percibía alguna alteración que me obstruyera la lectura.

La verdad: no, no lo noté! Sí, existe desde el primer párrafo diferencias notorias entre los traductores, pero no me estorbó, salvo en ciertos nombres propios (Nelly/Ellen; La Granja de los tordos/de Thrushcross).

Lo que me hizo ruido fue el número de páginas: 308 VS 384. La de Siruela incluye un prólogo, una nota a la traducción y un árbol genealógico que suman 24 páginas; faltan, o sobran, pero no quise atormentarme intentando descifrar el misterio de las 52 cuartillas.

“Cumbres borrascosas” -“Wuthering Heights”-, parece transcurrir en los infiernos. Historia de dos casas vecinas (Cumbres borrascosas y La granja de los tordos), narrada en primera persona por Lockwood, arrendatario de la Granja y/o por Nelly/Ellen, su ama de llaves, testigo, protagonista y narradora de las desventuras de los Earnshaw y de los Linton, dos familias que, atadas por la vecindad, terminan mezclándose por y en la fatalidad.

La novela se basa en la relación entre Heathcliff y Catherine, que inicia desde la infancia, cuando el primero es “adoptado” por el padre de Catherine, Mr. Earnshaw, nexo filial que no impidió que entre ellos, emergiera una relación que, me niego a llamar de amor, pues es un término inadecuado para ese vinculo de codependencia apasionada, enfermiza, mórbida, extraña, aunque, no inexplicable, simplemente humana.

No esperen una novela romántica al estilo de Jane Austen; no soslayo su parecido a la literatura de su hermana Charlotte, ambas exponentes de un romanticismo seco, desolado, medio gótico. “Cumbres borrascosas” es ambiguamente incestuosa, tortuosa, densa, oscura, pero que te aprisiona y te emociona.

Con personajes bien trazados, que parecen no tener relación más allá que entre la de ellos mismos, donde la infame villanía de Heathcliff te asombra tanto, como la patética ingenuidad de Isabella Linton; la cobarde caballerosidad blandengue de Edgar Linton y el comportamiento caprichoso, infantil, egoísta y manipulador de su esposa, Catherine Earnshaw, que te lleva a pensar que son tal pa´cual.

Y los herederos, ¡joder!: Catherine Linton, la odiosa hija de Edgar y Catherine: necia, impertinente, imprudente y desobediente; vaya manera de complicarse la vida y la de su padre; y podría seguir con Linton, muy hijo del villano y de Isabella, pero tan blandengue y llorica como su tío Edgar; y Hareton Earnshaw, sobrino de Catherine y por tanto primo de Cathy, un huérfano desdichado; todos, padres, hijos y hasta los lacayos, interviniendo para crear una historia llena de crudeza, desprecio, antagonismo, odio, confusión y caos.

Quedé profundamente impresionado, sobrecogido, encandilado, absolutamente convencido de que “Cumbres borrascosas” es una novela excelsa, sublime, digna de pertenecer a ese minúsculo universo donde moran las obras verdaderamente clásicas, inmortales, que serán leídas por siempre. Imposible no leerla, imprescindible hacerlo.
A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: