“La última causa pérdida”, de Dennis Lehane

Existen lecturas que son para entretenerse. Un buen relato sobre las peripecias en que se enreda un detective para descubrir un delito, te distrae de los avatares enrevesados que se nos presentan en el día a día, y ese abandono, aunque sea parcial, de nuestras preocupaciones cotidianas, siempre se agradecen.

Reconozco que cuando inicié “La última causa perdida” lo hice casi con la certeza que nunca había leído a Lehane. Pronto caí en cuenta de mi equivocación. Digo, solo había leído dos novelas del estadounidense, que comparado con el número que leo de mis autores favoritos del género, no son nada: “Ese mundo desaparecido” y “La entrega”, ambas leídas, hasta eso, no hace mucho, en el 2017.

Lehane es bostoniano, y las tres novelas que he leído se ubican en Massachusetts, lo que parece ser una marca distintiva de su literatura. Cinco de sus novelas se han llevado a las pantallas cinematográficas, entre ellas “Mystics River”, y además, es guionista de las exitosas series de TV “The Wire” y “Boardwalk Empire”.

“La última causa pérdida” es la sexta entrega de la serie protagonizada por la pareja (están casados ) de detectives Patrick Kenzie y Angie Gennaro. No me cae en gracia iniciar con la última, pero así es la vida lectora. Digo, no es que sea necesario haber leído las primeras cinco para disfrutarla, pero como la pareja me resultó muy atractiva , pues, como que quieres conocer más sobre su historia.

Y no es que sean unas chuchas cuereras como investigadores. Digo, Angie conoce algo, un poco sobre el manejo de las nuevas tecnologías, y Patrick, Patrick…. es el experto en recibir raciones de plomo y golpes; ah, también es probo, recto, honrado, cuadrado a morir: no se le ven matices, o blanco o negro; voy derecho y no me quito aunque me rompan el hocico, parece ser su filosofía de vida. Y la pareja junta, son un derroche de colaboración y compromiso, que mantienen conversaciones deliciosas: puros diálogos ingeniosos, irónicos y sarcásticos.

La novela va sobre la desaparición de Amanda McCready, de 16 años, inteligente, madura, seria, a quién que le espera un futuro brillante en la universidad a su elección, porque su desempeño académico le asegura puertas abiertas con beca garantizada. La pega es que, cuando Amanda era una niña de 4, fue secuestrada, para ser rescatada por Patrick Kenzie, en un caso que atrajo la atención mediática 12 años atrás, secuestro que se narra en otra novela.

La pareja Kenzie, sumergida en una crisis financiera producto de la recesión del 2008, decide -a fuerza, sin querer queriendo- colaborar -y pro bono, como si las finanzas en casa rebosaran de prosperidad- de nuevo en su búsqueda, comprometidos con y por Beatriz McCready, tía de Amanda, preocupada siempre por el bienestar de su sobrina, permanentemente en riesgo, porque Helena, su hermana y madre de la desaparecida, no es, ni de cerca, ni de lejos, lo que se pudiera considerar una madre ejemplar.

La, esa sí, modélica Amanda, la hermosa, pero “no a la manera de las modelos”, la de los dieces de calificación, las becas escolares, la que lucha por salir de la pocilga donde su madre la quiere mantener sumergida, resulta que es, a la vez, solo durante sus ratos libres, una falsificadora de identidades, pero con aspiraciones de ingresar a grandes ligas delincuenciales, que se decide a jugar a las vencidas con unos rusos mafiosos, malos, muy malos, lo que complica el trabajo de Kenzie & Gennaro.

Novela entretenida, que estoy cierto que, los que han seguido la serie, la disfrutarán aún más. Lo mejor, perdón que insista, son la pareja de investigadores. Ah, también me gustó mucho la edición en pasta dura de RBA, con su sobrecubierta a todo color y la portada en blanco y negro; también el precio, 7 dólares americanos. Si se la encuentran, no duden en llevársela a casa: buena, bonita, entretenida y relativamente barata; ¿qué más podría uno desear en estos inciertos tiempos?
A <span>%d</span> blogueros les gusta esto: