“La hija única”, de Guadalupe Nettel

Guardo una entrañable relación con la literatura de Guadalupe Nettel. Me conquistó a principios del 2012, cuando leí “El cuerpo en que nací”, una deslumbradora novela escrita en primera persona sobre una niña que tenía un defecto en uno de sus ojos.

A Nettel la conocí tarde. Ya en el 2006 había sido finalista del Premio Herradle de Novela con “La huésped”, novela que disfruté hasta el 2014, año en que ganó el codiciado premio creado por Jorge Herradle con su soberbia novela “Después del Invierno”.

También ha publicado cuento: “Pétalos y otras historias incómodas”, y “Matrimonio de peces rojos”, este último galardonado con el Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, y sé, aunque no los he leído, que también es autora de dos libros de ensayo, uno sobre Julio Cortazar y el otro sobre Octavio Paz.

El tema de “La única hija” me conmovió desde las primeras páginas: el eterno dilema de muchas mujeres ; vivir o no la maternidad; ser o no, madres. “Durante años traté de convencer a mis amigas de que reproducirse constituía un error irreparable”, cuenta Laura al inicio de la novela.

“La hija única” trata sobre la historia de Laura y su mejor amiga, Alina. Nos enteramos, en boca de Laura -quien la cuenta en primera persona-, que en su adolescencia y juventud, compartían la certeza de que nunca, nunca de los jamases, aceptarían la maternidad.

Pasan los años, y mientras Laura mantiene la misma posición, a grado tal que se opera para asegurarse que, ni por descuido, accedería a la maternidad, Alina, entrando en sus treintas, modifica su postura, y busca quedar embarazada, hasta que lo logra: Inés, así se llamará la hija tan buscada, tan deseada, cuya llegada, se convierte en el centro de la novela.

Apenas faltando unas cuantas semanas para la llegada de la bebe, les anuncian que Inés no sobrevivirá fuera del cuerpo de Alina: su cerebro no alcanzó a desarrollarse y será incapaz de asegurar su autonomía. Inician así las siguientes siete semanas, las más largas de su vida, evocó Alina, tiempo después.

¿Cómo te preparas para ese tipo de parto? ¿Cómo enfrentar una muerte que no ha sucedido? ¿Cómo apañarse para vivir después? ¿cómo sería su vida si lograra sobrevivir? “La hija única” es una novela que te provoca demasiadas preguntas, muchas de respuestas inciertas o sin ellas.

En paralelo, la novela nos presenta el inicio de la relación de Laura con Doris, su vecina y su hijo, Nicolás, producto de un matrimonio lleno de violencia, cuyas consecuencias se reflejan en su comportamiento, excesivamente agresivo hacía su madre, quien se somete, incapaz de controlarlo.

¿Infancia es destino? Nicolás tiene apenas 8 años, dos desde que falleció su padre en un accidente, los mismos años que lleva Doris en un incomprensible (para mi) estado depresivo, que la imposibilita para mantener una convivencia sana con su hijo, quién encuentra en Laura, su vecina, a la que no le gustan los niños, una especie de sustituta.

Nettel nos confronta así, con mucha sutileza, con tres mujeres haciendo frente a la maternidad desde diferentes posiciones y puntos de vista: negación, aceptación, zozobra, esperanza, calvario, culpa. Y conforme transcurre la lectura, comprendemos que existen diferentes modelos de vivir la experiencia.

Novela corta pero intensa, dolorosa e inspiradora, inquietante pero conmovedora, apasionada y realista, aleccionadora y feminista, escrita con la exquisita prosa de Nettel, que te lleva a evocar algunos de los cuentos que publicó en su maravilloso libro “El matrimonio de los peces rojos”, y que confirma el compromiso de la escritora con su literatura, con su visón sobre la maternidad como opción y no por imposición. Muy recomendable lectura .

  1 comentario para ““La hija única”, de Guadalupe Nettel

  1. 8 octubre, 2020 en 12:03 PM

    Excelente post sobre Guadalupe Nettel, (familiar de mi esposa). Saludos

    Enviado desde mi oficina móvil.

    El 7 oct 2020, a la(s) 19:37, Bienvenidos a Literati escribió:

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