“Díez negritos”, de Agatha Christie

La lectura de “El pájaro obsceno de la noche” me dejó exhausto, con mi cerebro pareciendo pista de hielo: todo se le resbalaba, nada penetraba; lo sentía cerrado, completamente inaccesible a cualquier esfuerzo de comprensión, de reflexión, pensamiento o lucidez. Urgía frenar la intensidad y la complejidad para transitar por las rutas de la superficialidad y la banalidad y equilibrar mi Svadishthana.

Me receté un tratamiento a base de lectura de las revistas a las que acudo en estos casos: ¡Hola!, Quién, GQ, Vanity Fair, SoHo, Arcadia, Esquire y mi placer culposo: la irresistible TVNotas. Tres días hojeando esta clase de revistas y te garantizo que tu mente empieza a flotar por un inmenso océano donde la frivolidad, la trivialidad, la simpleza ayudan a equilibrar tus chacras, a reorientar tu energía y a prepararte para nuevos retos.

Mi duda existencial en esos momentos era sobre cuál sería la lectura conveniente para el regreso a la nueva normalidad. Conforme la curva de mi Svadishthana se aplanaba, más le daba vuelta al riesgo del rebote, por lo que la decisión sobre la elección del mi siguiente lectura no era fácil y sí relevante.

En esas andaba cuando recordé sus recomendaciones sobre “Diez negritos”, una de las novelas más conocidas y vendidas de Agatha Christie y consideré que podría ser la lectura ideal para pulsar el botón de reinicio cerebral.

Del realismo mágico al misterio psicológico. De la búsqueda del escurridizo narrador, a la del enigmático asesino. De la estructura complicada, enmarañada y compleja, a la estructura tradicional del planteamiento, conflicto y desenlace. Del inmenso Chile Latinoamericano de mágicos bosques y extensos territorios, a la pequeña y enigmática isla británica con cara de Negro.

Ocho personajes completamente diferentes y desconocidos entre sí, son convocados por diferentes medios y pretextos a trasladarse a la Isla del Negro, donde son recibidos por un matrimonio responsables de atenderlos durante su estancia. Y al ritmo de una canción infantil titulada “Diez negritos” los invitados empiezan a caer uno a uno, suponemos asesinados, y nosotros a tomar el papel de detectives, buscando causas, motivos o razones para tales ejecuciones.

“Diez negritos se fueron a cenar. Uno se ahogó y quedaron: Nueve/ Nueve negritos trasnocharon mucho. Uno no se despertó y quedaron: Ocho/ Ocho negritos viajaron por Devon. Uno se escapó y quedaron: Siete/ Siete negritos cortaron leña con un hacha. Uno se cortó en dos y quedaron: Seis/ Seis negritos jugaron con una colmena. A uno de ellos lo picó la abeja y quedaron: Cinco….”

Entretenida novela de la enorme autora inglesa, que dejó en la banca en esta ocasión a su detective consentido Hércules Poirot, trasladándonos a nosotros la responsabilidad de encontrar al asesino antes de que no quedase nadie en el solitario Peñón. “Diez negritos” es considerada una de sus mejores novelas. No conozco su obra, “Diez negritos” es la segunda novela que leo, pero el resultado final su lectura me dejó ampliamente satisfecho.

Clara, sencilla, desconcertante, enigmática, su lectura despierta nuestros sentidos de observación y análisis psicológico, obligándonos a plantearnos y descartar nuestras hipótesis al mismo ritmo de la canción. Yo no logré descifrar el enigma; no encontré al asesino -aunque lo sospeché desde el inicio- ni adiviné las causas, motivos y razones para provocar tanta matazón, porque …”Un negrito se encontraba sólo. Y se ahorcó, y no quedó ¡Ninguno!”.
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