“Una librería con magia”, de Thomas Montasser

Existen lecturas para descansar. Así como los deportistas de alto rendimiento programan sesiones de -lo que en la jerga se le conoce como- descaso activo, los lectores agarramos un libro y nos ponemos a leer solo por el placer de la lectura, sin ningún plan, sin objetivo, solo para el disfrute, el solaz y el esparcimiento.

Grupos de Facebook que fomentan la lectura, cumplen una gran función: el intercambio de lecturas, experiencias, consejos, recomendaciones son muy importantes para los que amamos los libros. Un ejemplo de ello es “Una librería con magia”, un bello libro de cuya existencia me enteré apenas hace cuatro días, gracias a un amigo del grupo. Con el aval de su comentario, lo adquirí y me llegó el domingo a media tarde, y en la noche, ya en cama, lo inicié y lo terminé, disfrutándolo y gozando la sensación de relax que me producía su lectura.

Thomas Montasser es un agente literario alemán. Ha publicado literatura infantil, es periodista, profesor universitario y lector. Traía ganas de escribir sobre una librería, y se dio el gusto publicando “Una librería con magia”, un texto sin grandes pretensiones, donde narra una historia un poco, solo un poquito inverosímil, que le sirve de pretexto para mostrarnos un panorama superficial de como se administra un sitio mágico como lo son las librerías.

La anécdota va de que Valerie, una estudiante de economía con aspiraciones de convertirse en consultora empresarial, recibe -inesperadamente y sin ser tomada en cuenta su opinión- la encomienda de encargarse de la librería de su tía Charlotte, quien desaparece de escena dejándonos a todos con la maldita duda. ¿está muerte o anda de parranda?

Valerie acepta, se instala en el sillón de lectura de “Ringelnatz & Co.”, toma de los libreros un libro, “El proceso”, de Franz Kafkfa, y ocurre el inevitable flechazo entre la joven economista y los libros, pero también nuestra chiflazón por elaborar la lista de los libros citados en la novela y que no teníamos idea sobre su existencia. Como siempre, un libro te lleva a otros libros, y en “Una librería con magia” convivimos con poetas como Andreas Gryphuis, Heinrich Heine, Rolke, Trakl; y hasta nuestro chileno Pablo Neruda es citado, aunque la mayoría, sin profundizar gran cosa sobre su literatura.

Y los días van pasando, las lecturas de Valerie se van ampliando, su romance con los libros in crescendo; aparecen personajes, como su novio Sven, que pronto se fastidia de la nueva pasión de su novia por la literatura y la tienda, y acepta un trabajo muy ventajoso para su carrera en Qatar, dando un respiro a Valerie, que también presentaba señales de hartazgo sobre la relación; conocemos a Timmi, un niño de diez años, extraordinario lector, bibliófilo en potencia; un albañil persa, amante de la poesía; y la estrella de la película: un joven medio hipster, lector y bibliófilo, que le mueve el tapete a nuestra heroína.

No quiero que piensen que “Una librería con magia” es la obra que los amantes de los libros esperábamos. Es un libro entretenido para un domingo en la noche, cuando queremos olvidar afrentas, pandemias y otras pesadumbres. No pretendo con este informe que te lances a la librería a comprarlo, aunque yo no me arrepiento de haberlo hecho; pero si lo tienes a la mano, no dudes en leerlo cuando te encuentres en estado Zen.
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