“Orgullo y prejuicio”, de Jane Austen

¿Qué puedo decirles, que ustedes no conozcan, sobre la maravillosa obra de Jane Austen? Las novelas de la autora inglesa han estado presentes en la mente y en el corazón de millones de lectores desde que fueron publicadas, y gracias a la cinematografía, sus aficionados han tenido la oportunidad de conocer las historias de Austen a través de las decenas de versiones cinematográficas que se han producido sobre sus clásicos.

Gracias a Harold Bloom, el extraordinario crítico literario, entendí que a la literatura hay que entrarle sin prejuicios. En el primero de sus principios con que nos ilustra en su estupendo y pedagógico ensayo, “Cómo leer y por qué”, nos señala que debemos limpiarnos la mente de tópicos, de esos clichés que, como lectores, nos impiden el disfrute de grandes obras

Yo leí a Austen por primera vez apenas el año pasado. Pensaba que al haber visto algunas de sus obras en su versión cinematográfica, podía pasar por alto sus novelas, y lo hice sin remordimientos, desazón que sí me aflige cuando pienso en otras obras clásicas que no he leído, como por ejemplo, “En busca del tiempo perdido”. Estaba equivocado, pero estoy corrigiendo mi error.

Gracias a la lectura del ensayo de Bloom, recapacité y leí “Mansfield Park”, que me encantó, y, motivado por el desafío planteado por mis amigos de Retópada20, me zambullí en la deliciosa lectura de “Orgullo y prejuicio”, y fue tan grata, que me sentí recompensado por expurgar de mi mente esos desagradables clichés pseudointelectuales o de género.

Desarrollada en la Inglaterra del romanticismo, cuando se solían arreglar los matrimonios por conveniencia, y el apropiado casamiento de los hijas era la preocupación de los padres, “Orgullo y prejuicio” nos cuenta la historia de la familia Bennet, integrada por los padres y sus cinco hijas, modelos de la época: románticas por naturaleza, ávidas -en diferentes grados- en la búsqueda de relaciones sociales, fiestas y paseos, actividades desempeñadas con ardor, pasión y singular regocijo, en la búsqueda del marido ideal.

Entre un padre excéntrico e indolente y una madre simplemente estúpida; sus hermanas: Jane, la mayor, de una belleza excepcional, pero melancólica y soñadora; Mary, la más pequeña, desconectada del mundo e inmersa en la lectura; Lydia y Kitty, irresponsables, alocadas, atrevidas y coquetas, emerge, bella, llena de gracia, Elizabeth: la perspicaz -ingenio que la lleva a equivocarse más de la cuenta-, de firme voluntad -por no llamarle un poco necia-, y con una latosa tendencia al autoengaño; independiente en su forma de pensar, pretendiendo la misma independencia en su forma de vivir: Keira Knightley, -perdón, Lizzie Bennet- la verdadera heroína de la novela.

Su romance de novela con el misterioso, orgulloso y soberbio Darcy, que transcurre a través de todo el relato, que avanza y retrocede, lleno de secretos y malos entendidos, tan atractiva por real, parecida a muchas de las historias de amor que suceden hoy en día; que nos permite identificarnos con lo que nos cuenta la autora, y nos pone a reflexionar sobre la manera en que actuamos y nos relacionamos con nuestras parejas; en cuánto de orgullo y qué tantos prejuicios nos impiden disfrutarla como es debido, teniendo siempre presente, que, no existen historias de amor como las que nos cuentan las novelas.

“Orgullo y prejuicio” es mucho más que una novela sobre mujeres – escrita por una mujer, cuya protagonista es una mujer, y que es leída principalmente por mujeres-, que mis prejuicios hacían imaginar. La precisión de su estructura; el minucioso desarrollo de los personajes; los diálogos, cargados de ironía, ingenio, gracia y mordacidad; la atractiva trama argumental, llena de giros sentimentales; el lenguaje; todos son ingredientes de primera calidad, con los cuales Austen crea una novela inolvidable, un verdadero clásico de la literatura.
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