La librería virtual del FCE

Soy visitante asiduo de las librerías del Fondo de Cultura Económica: la de Monterrey -a mil metros de casa- y las de CDMX. Nunca había utilizado la opción de comprar en su Librería Virtual. Lo hice por primera ocasión, y vaya calidad en el servicio. En estos tiempos de encierro, ha sido una experiencia tan sorprendente como atractiva. Se las recomiendo: https://elfondoenlinea.com

“La señal”, de Maxime Chattam

Amiga, amigo: si no eres fan de autores como H.P. Lovecraft, Bram Stoker o del Rey, Stephen King, y odias, te es indiferente, o te acobardas con la literatura de terror, los temas sobrenaturales, con el horror en todo su esplendor, deja de leer aquí, dale un click a la manita y ve a buscar otras reseñas por la página del grupo.

A quienes se quedaron: va pa´ largo. “La señal” es un extraordinaria novela, de esas que te estruja, aprieta, te comprime hasta el desvarío todos tus puntos de presión fóbicos.

No recuerdo cómo llegó a mi librero. No conocía a Maxime Chattam, un escritor francés que quiso ser actor y terminó siendo autor de más de 25 novelas. Ha vendido más de 7 millones de ejemplares e incursionado por diversos géneros.

El libro es un tocho de 660 páginas. Nada de la portada, salvo que era de la colección Negra de Alfaguara, me indicaba de lo que trataba. Quizá, pensé, súper fan del género negro, “es un policial”; nunca, incluso después del trepidante inicio, propio de un thriller, me imaginé que me enfrentaría a una novela de terror, de las que te dejan aullando.

La familia Spencer -Tom, Olivia y sus hijos Chad, Owen y la pequeña Zoey-, hartos del estrés, deciden abandonar Nueva York, y terminan comprando una vieja casa en Mahingan Falls, un pueblo perdido entre los densos bosques de Nueva Inglaterra, cerca, muy cerca de Salem.

Llegando al pueblo, inician una serie de desapariciones, suicidios y homicidios, mientras que en la vieja casa, una serie de manifestaciones sobrenaturales empiezan a inquietar la vida de sus nuevos habitantes. De golpe, los Spencer, cultos, educados, privilegiados, inteligentes y de mentalidad moderna, se ven obligados a enfrentarse al “mal”, concepto completamente ajeno a sus creencias y valores.

Historia contada por un narrador omnisciente y metiche, que involucra a medio pueblo, donde no falta el vecino acomedido que conoce toda la historia de la vieja casa; la guapa niñera, perseguida por el clásico matoncito del pueblo, que va que vuela para ser poseído; el viejo y necio jefe de la policía, que cierra los ojos ante tanta sangre; una médium que intenta explicar los fenómenos; el guapo teniente y la guapérrima policía, que deciden unir cuerpo y alma para combatir el mal.

Novela gótica: lugares encantados, fantasmas y monstruos aterrorizando por doquier; noches pobladas de pesadillas, asesinatos del pasado y del presente, leyendas de indios exterminados y brujas carbonizadas. Mescolanza extravagante de varias convenciones del terror y el gótico: espíritus vengativos surgidos del pasado que no terminan por morirse del todo, el “mal lugar”, lo sobrenatural a todo lo que da, y como catalizador de todo: ¡la tecnología!.

“La señal” es adictiva, te engancha; no la sueltas mas que para tomar aire, mientras intentas alejar las fuerzas sombrías y demoníacas. La historia primigenia de la casa encantada, establece la atmósfera sobrenatural que va envolviendo a todo el pueblo; y terminamos creyendo, porque de eso se trata el género: la creencia, que lo es todo, porque sin creencia, no hay terror.

“La señal” parece tender al exceso de elementos atroces, de fuerzas demoníacas capaces de destruir al pueblo impunemente, pero de ninguna manera, Chattam procura matizar los excesos, intentando que la lectura no sea tan opresiva y obsesiva, que se convierta en un tormento. Te afliges, ¡mucho! Detienes la lectura, tomas aire; esperas que el mal termine siendo castigado, que al final, exista un ajuste de cuentas y que los buenos terminen venciendo.

“La señal” homenajea la obra de Stephen King. Son tantos los guiños a sus historias, que te sorprendes y quizá, hasta te molestes, pero te contienes porque sabes que no hay libro, serie o película de terror que no toque, aunque sea de refilón, alguna de las historias de King. Si Maxime Chattam quiso escribir un thriller de terror, lo logró: “La señal” es un delirante thriller gótico contemporáneo que termina hipnotizándote, se las recomiendo ampliamente.

“La lectura y los libros”, de Arthur Schopenhauer

“Para leer lo bueno, hay una condición, y es no leer lo malo, porque la vida es corta, el tiempo y las fuerzas, limitadas”, reflexiona el filósofo alemán Arthur Schopenhauer en su ensayo “La lectura y los libros”, pletórico de comentarios que cuestionan severamente determinadas actitudes que asumimos algunos lectores.

“Confundir la compra de libros con la apropiación del contenido”, “Cuando leemos, la mayor parte de las veces nos ahorramos el trabajo de pensar”, “Una lectura continua paraliza más el espíritu que un trabajo manual incesante, pues éste, al menos, permite entregarse a los pensamientos propios”, “… Los malos libros acaparan el tiempo, el dinero y la atención del público, que pertenecen de derecho a los buenos libros, ..”.

Arthur Schopenhauer (1788-1860) fue un filósofo alemán que ejerció una influencia relevante en el mundo artístico en el siglo XIX, e incluso, su ascendiente influyó en el XX. Su filosofía se centraba en el ejercicio del pensar: reflexionar hasta el final. Pesimista irredento, Schopenhauer, afirmaba que “toda vida es esencialmente sufrimiento” y proponía como posible solución, una hipotética huída del mundo.

Ningún tiempo tan propicio como estos días para leer a Don Arthur. Cuando muchos pensamos en la lectura como una forma “productiva” de evasión y ocupación del tiempo durante el encierro, “La lectura y los libros” nos ayuda a que busquemos mayor sentido a la actividad.

Schopenhauer critica entre tantas actitudes que algunos lectores asumimos: “Leer a tiempo, siempre la misma cosa, siempre las novedades , para encontrar en ellas, en las reuniones de sociedad, un asunto de conversación.”, “Bueno sería comprar libros si se pudiera comprar tiempo bastante para leerlos, ..” Y poniéndose un poco escatológico, Schopenhauer nos señala que “Inquirir si hay hombre que retenga todo lo leído, equivale a inquirir si lo hay que conserve en sí todo lo que ha podido comer”.

En fin, lectura de fin de mes, necesaria para frenar un poco la voracidad de mis lecturas, los ensayos de Schopenhauer logran que pongas a funcionar, aunque a regañadientes, otras partes de tu maquinaria cerebral.

“Como amigo”, de Forrest Gander


“Su rostro iba tan a favor de su pesarosa guapura, que parecía mayor y más convincente que cualquiera de nosotros…..Sus palabras no eran tanto registros memoriosos de acontecimientos como algo que lo hacía capaz de practicar una manera de hablar que nos hechizaba, incluso a sabiendas que eran pendejadas… Mentía no sólo acerca de su esposa Cora, su novia Sarah, sus amantes, sino acerca de todo”.

Erase una vez que era un joven carismático llamado Les, casado con Cora, que vivía en una ciudad vecina de donde trabajaba nuestro protagonista, lo que aprovechaba Les para vivir con Sarah, cuya estancia en su departamento justificaba ante Cora señalándola como lesbiana, por lo que su relación, le mentía, era la de una conveniente room mate con quien compartía gastos.

Clay era amigo, compañero de trabajo y ferviente admirador de Les. Besaba el suelo por donde pasaba Les. Desesperado porque ignoraba su presencia, porque sentía que su adoración no valía nada, molesto porque no le tiraba ni una migaja de conversación, porque lo eclipsaba, lo bajaba de nivel, lo vaciaba, empezó a pensar sobre las maneras de curarse de la veneración que le entregaba.

Sarah era la novia “lesbiana” de Les, el primer hombre a quién se la mamó, mamada que le supo a agua de pozo. Sarah, la que pensó, la primera vez que escuchó hablar a Les, que “está hablando de mis sentimientos, está hablando por mí, lo sabe todo”. Sarah, la que nos quiere contar cómo es la vida sin Les.

Forrest Gander es poeta. “Como amigo” es su primera novela. Estudió geología, y también literatura inglesa, ya ven ustedes que se complementan; vivió en la cuna de la independencia mexicana Dolores Hidalgo, de ahí, viene, supongo, la traducción al español mexicano de la poeta mexicana Pura López.

“Como amigo” es, y perdón para los que les parece que todo lo que leo son la octava, novena, …. maravilla de la literatura, es, digo, una novela p r e s c i n d i b l e. Con un arranque espectacular, perturbador, inquietante, “Como amigo” va perdiendo fuelle a la medida en que va transcurriendo la novela, muy, muy corta, por lo que no la vas a dejar sin terminar, porque con ese arranque, con ese personaje, esperas algo, pero, por desgracia, te quedas aguardando.

Tampoco estoy diciendo que es una pésima novela. No, se lee, te pone a pensar sobre temas importantes como el carisma, la envidia o el rechazo, pero quizá, saturado por tanta lectura, está se me atoró, o quizá no la comprendí, o a lo mejor la leí muy aprisa, o quizá me preocupó que se notaba una traducción a la mexicana, a mi, que siempre me molestaron las traducciones de Anagrama, por tanta hostia, tío, joder y cojones.

Narrada por tres protagonistas -Clay, Sarah y Les-, ubicada en algún rincón de los Estados Unidos de Trump, “Como amigo” es un ejercicio de un poeta escribiendo prosa que a ratos quiere ser poética -lo que Sarah nos cuenta a ratos parecen versos- pero que se queda en el vacío, el mismo que te deja la novela al terminarla después de la tormenta, que Hanna, creo se llamaba.

“Del color de la leche”, de Nell Leyshon

Un error común entre los lectores es el de no abrirnos a nuevos autores. Tenemos nuestros favoritos, y si son escritores compulsivos, de esos que publican un nuevo título cada 18 meses, pues se nos llena la lista de lecturas. Los dichos tienen su razón de existir, y el “más vale malo por conocido, que bueno por conocer” lo aplicamos en este caso, con mexicana y singular alegría.

Nell Leyshon es una escritora inglesa, que escribe teatro y novela principalmente. En 2010, la escritora se convirtió en la primera mujer que escribió para el teatro Shakespeare’s Globe de Londres que llevaba 400 años sin dar cabida a la creatividad femenina. Ella nació y creció en Somerset, y pasó la mitad de su infancia en Glastonbury, y la otra mitad en una pequeña aldea agrícola al borde de los niveles de Somerset, que supongo inspiro el pueblo donde transcurre “Del color de la leche”.

Desde el año pasado me aguardaba la novela de Nell Leyshon. Había leído varias reseñas sobre la obra, que incluso fue elegida por una asociación de libreros españoles como la mejor novela del 2014. Así que aprovechando el impulso que me dispensó Sexto Piso con su oferta veraniega, y que acumuló varios títulos en espera de lectura, me decidí a leerla.

Sorpresa fue la primera sensación. Desde la primera página conocemos una voz narrativa atractiva y original, la de nuestra protagonista y narradora, Mary, que inicia su historia: “… en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años… quiero contarte lo que ha pasado….. y eso es por el principio”.

Mary es la menor de cuatro hermanas; viven con sus padres y su abuelo en una pequeña granja en la Inglaterra rural. Nació con su pelo blanco como la leche, y una deformidad en una de sus piernas, lo que le resta valor ante los ojos de su padre, que utiliza a sus hijas como bestias de carga en las tareas agrícolas: ordeñar las vacas, pastar las ovejas, preparar el terreno para la siembra, etc.

Un día su padre la informa que ha convenido con el vicario del pueblo que se instale en la vicaría, en calidad de criada, responsable del cuidado de la señora de la casa, enferma del corazón. Así inicia una nueva vida para Mary, y pronto, por su carácter, simpatía, disciplina y dedicación conquista el cariño de la señora y el aprecio del Vicario.

A pesar de que pintaba para una vida color de rosa, la lectura de la historia de Mary te empieza a inquietar. Desconfiado que es uno, esperas que algo se tuerza: el mundo es cruel, y no les ofrece respiro a seres carentes de maldad como Mary. Y a Mary le ocurre lo que le sucede aún, a millones de mujeres: tiene que luchar contra una violencia, diferente a la que ejercía su padre, pero que igual te destroza hasta el alma.

Es imposible no simpatizar con Mary: lengua pronta y bien afilada, escepticismo sano que la protege contra decepciones innecesarias, cariñosa con su abuelo, trabajadora, leal. Tan buena como un dulce de leche, lo que le ocurre termina arrugándote el corazón.

Corta, intensa y muy buena novela. Le agradezco a editoriales como Sexto Piso el esfuerzo que hacen para acercarnos obras y autores que no conoceríamos de otra manera. Escribe Valeria Luiselli en el prólogo del libro (revisando mis notas mientras escribo este texto, me di cuenta que la mexicana lo había escrito): “Hay ciertos libros -muy pocos- que nos dejan con la sensación de haber tocado un fondo del cual no podemos y no queremos salir siendo el mismo lector. “El color de la leche” es uno de esos..”.

“Mi madre”, de Yasushi Inoue

Existen historias tan viejas como el mundo, y una de ellas, una prueba por la que casi todo ser humano debe de pasar, es la de ser testigo de la muerte de aquellos que nos dieron la vida, y como se lee en la contraportada: “padecer el trance de ver cómo la edad convierte a los progenitores en niños indefensos en brazos de sus propios hijos, de pronto devenidos padres, cuidadores”.

“Mi madre”, es un testimonio sobre los últimos años de vida de Yae Inoue, que Yasushi Inoue nos ofrece, en una lucida y conmovedora crónica sobre el deterioro mental que sufrió su madre, producto de la demencia senil que se disparó a partir de la muerte de su esposo. Texto escrito con delicadeza, lleno de amor y respeto, donde a través de los diálogos familiares, vamos conociendo la historia y la personalidad de la abuela, como la nombran toda familia.

Yasushi Inoue (1907-1991) no nos es muy conocido porque ha sido escasamente traducido al español, pero gozó de gran reconocimiento en su país natal, donde fue galardonado con casi todos los premios literarios que se entregan en Japón. Autor de poesía, novela, cuento y ensayo, también se dedicó al periodismo y algunas sus obras fueron llevadas al cine y a la televisión nipona. Gran acierto de Sexto Piso rescatarlo para nuestro mercado.

Dividido en tres partes que abarcan 8 años, narrado con una prosa delicada que alcanza en momentos tonos poéticos, “Mi madre” nos revela las reacciones, reflexiones y preocupaciones que provoca en toda la familia la situación de la abuela, en un sobrio retrato de la relación que cada miembro del clan guarda con la matriarca. Yasushi Inoue fue el primogénito de cuatro hijos: su hermano menor, cuyo nombre no recuerdo, y dos hermanas: Shigako y Kuwako, sobre quienes recayó la custodia de la madre.

Ellos, junto con sus parejas, sobrinos, hijos, dialogan sobre las conductas de la abuela, que van desde la constante repetición de las cosas, hasta el olvido -que en ocasiones parece selectivo- de personas y eventos que fueron relevantes en su vida, como el caso de su marido, al que nunca menciona, y de quién Inoue, al inicio del libro, nos hace una emotiva semblanza.

Todos ofrecen diagnósticos, suposiciones, ideas, reflexiones sobre las razones y sinrazones de lo que dice, no dice, repite y urde la abuela. Todos se preocupan, y dentro de sus alcances, intentan ayudar, hacerle más llevadera la vida, llenándola de compañía, amor y paciencia.

Escrito con delicadeza, con respeto hacia la madre y hacia los lectores, pues nunca dramatiza lo ya trágico, ni resalta la comicidad de situaciones que se producen en ocasiones, la historia fluye con una tonalidad conmovedora, moderada, nostálgica, evocadora.

Dudé mucho sobre la conveniencia de leer el libro. Mi madre, de 86 años cumplidos, presenta síntomas del deterioro que en la mente, produce el paso de los años. Pensé que me podía alterar su lectura. Sucedió lo contrario: me llenó de paz, de amor, indulgencia, mayor comprensión de la etapa que vive y grandes deseos de disfrutarla lo que nos quede de vida.

Libro hermoso, luminoso, emotivo; “Mi madre” es un “canto imperecedero a nuestra finitud, a nuestra fragilidad y a la eterna e ineludible figura de la madre”.

“La edad del desconsuelo”, de Jane Smiley

¿El amar te duele? ¿Amarte duele? ¿Es posible amar toda la vida? ¿Existe la felicidad; cuáles son los límites mínimos para considerarte que eres feliz? ¿El matrimonio, te debe ofrecer felicidad hasta que la muerte llegue?…A ti, sí, tú que estás casada: ¿eres feliz?¿Estás preparada para cuando llegues a la edad del desconsuelo?

Intensa lectura la de “La edad del desconsuelo”. Anoche, una pregunta insistía en fijarse en mi mente: ¿Me hubiera servido de algo leerla cuando se publicó, allá por 1987? No sé, quizá “La edad del desconsuelo” debiera ser lectura obligatoria para los casados que están ingresando a los cuarenta, esa década tan mítica como definitoria en la vida.

Jane Smiley (1949-) es una autora estadounidense que ha escrito 13 novelas, pero que ha sido escasamente traducida, cuando menos al español. No la conocía y no recuerdo dónde leí sobre “La edad del desconsuelo”, pero me atrajo lo suficiente como para buscarla hasta en la propia editorial -no la encontré en mis librerías tradicionales- Sexto Piso.

En “La edad del desconsuelo”, conocemos a David Hurts, dentista, 35 años, casado desde hace años con su novia de Facultad, Dana, dentista también; padres de Lizzie, Stephanie y Leah. Consulta compartida, casas en los suburbios y en el campo, estabilidad financiera, señalando firmemente el rumbo hacia un futuro asegurado.

Horarios de trabajo flexibles y coordinados, tareas domésticas compartidas, tres hijas inteligentes, sanas y hermosas. Tanta perfección te provoca sentimientos encontrados, porque las primeras páginas de la novela es una relación que nos expone Dave sobre las maravillas que le ha otorgado la vida desde que conoció a Dana.

No dejas la novela porque la narración está bien hecha, y además, hasta eso, el tipo es simpático y profundo; sus reflexiones, realistas, descarnadas e interesantes; Dave, con su incontinencia narrativa, te va envolviendo en su visión sobre lo que ha sido su vida, en los pequeños actos y eventos cotidianos que engarzados, van construyendo una rutina, que parece le acomoda.

Todo NoÑo pues, hasta que durante un paseo en el auto, a la maravillosa Dana se le escapa, sin darse cuenta, un pensamiento que nunca debió salir de su mente, porque viene a partirle la visión idílica de la vida a su marido: “nunca más volveré a ser feliz”.¡Válgame la maldita imprudencia Dana! Mira que en ocasiones, los deseos se te conceden.

Al escucharla, a Dave se le mete a la cabeza que su mujer lo engaña. Y ese poderoso pensamiento, que se convierte en obsesión, transforma y trastorna su matrimonio, desequilibra su trabajo, altera a sus hijas. Después de analizar a su presunción desde todos los ángulos, concluye que ha llegado a “La edad del desconsuelo”, cuando “las barreras entre nuestras propias circunstancias se han derrumbado a pesar de toda la educación recibida”.

Dave decide “aguantar vara” y cumple con su compromiso de “padre involucrado”, exhibido a su máxima y febril intensidad durante la mini epidemia de gripa que enfermó a sus hijas, mientras su mente no descansa, y gira sobre temas como la desintegración de su relación, la conciencia del amor absoluto que siente por sus hijas, el futuro como divorciado, el desamor y el desconsuelo; y se colma -y nos carga- de ansiedad, miedo, angustia,

Novela corta, extraordinaria y compleja; atrevida e intensa; relevante y realista. “La edad del desconsuelo” retrata la vida, la vida misma, y por eso, te puede servir como herramienta para iniciar una conversación íntima contigo mismo, para confesarte o cuestionarte que tanto consuelo requieres, que tan feliz o infeliz eres. Y no, no sé si hubiera cambiado las cosas haberla leído a mis cuarenta..

“Si te dicen que caí”, de Juan Marsé

El domingo amanecí con la noticia sobre el fallecimiento de Juan Marsé. Su muerte me impactó por varias razones, pero la principal fue, y me avergüenza confesarlo, porque nunca lo había leído. No he leído a millones de escritores, lo sé, pero existen algunos autores que considero que para un lector con mi perfil, deberían ser imprescindibles. Marsé era -y estaba consciente de ello desde hace años- uno de ellos.

En mi vana defensa podría argumentar que sus libros nunca fueron bien distribuidos en nuestro país, quizá porque sus primeros éxitos coincidieron en tiempo con los de Fuentes, Vargas Llosa, García Márquez, José Agustín, Gustavo Sainz, Jorge Ibargüengoitia, Ricardo Garibay, Elena Poniatowska, grandes escritores también, cuyos libros eran más accesibles para los lectores mexicanos.

Juan Marsé (1933-2020), catalán de cepa, fue reconocido con premios mexicanos: el Premio Internacional de Novela México, y lo que hoy es el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances de México. Además, en el 2008 fue galardonado con el Premio Miguel de Cervantes 2008. Conocido, reconocido y apreciado, publicó principalmente novela y cuentos, y varias de sus obras fueron llevadas -con regular éxito- al cine.

“Si te dicen que caí”, su quinta novela, se publicó originalmente en México, en 1973, por causa de la censura del régimen franquista que desautorizaba su publicación en España. Unos años antes se había consagrado con la publicación de su novela mas conocida -su fama aún persiste- “Últimas tardes con Teresa”, ganadora del Biblioteca Breve en 1966.

“Si te dicen que caí” es un ejercicio memorístico de Juan Marsé. Novela de barrio, de calles y plazas, de bares, hospicios e iglesias. Ambientada en la Barcelona de la posguerra civil, cuenta las andanzas de una pandilla de adolescentes encabezada por el Java, y aderezada con las aventis del Sarnita, mientras buscan, sin querer encontrarla, a una prosti de lujo.

Guerrilleros urbanos, falangistas vengativos, huérfanas trabajadoras y colegialas aburguesadas; vencedores y vencidos, ricos y jodidos, nacionalistas y republicanos circulando en una historia laberíntica, o mas bien, en decenas de pequeñas aventis, mezclas de realidades y fantasías que te retan y fascinan.

Niños y niñas en su transito a la vida adulta; adolescentes con imaginación, sufriendo pesadillas pero soñando fantasías; memorias del barrio, de verdades y mentiras; lo real y lo inventado, llevándonos de la mano en un paseo por una Barcelona aún padeciendo las secuelas de la guerra, tratando de restañar sin alcanzar sus heridas.

Decía Marsé en 1977 que la única manera de recuperar su niñez y su barrio, y conseguir lo que pretendía al escribir “Si te dicen que caí”, era conceder crédito a ciertas formas consolidadas de la memoria popular, de la tradición oral, de ahí supongo, la técnica narrativa elegida.

“Evocarían hombres como torres que se fueron desmoronando, compañeros que no regresarían nunca de su sueño, y que no quedaría de ellos ni el recuerdo, ni una imagen: ni la postura en que cayeron acribillados, quedaría”.

Prosa sin preciosismos ni pretensiones, pero vigorosa, rotunda y precisa. Novela de trastornados tiempos narrativos y múltiples voces, “Si te dicen que caí” no es fácil lectura. Marsé menciona que unos versos de Machado lo acompañaron durante los tres años que le llevó escribir la novela: “En los labios niños/las canciones llevan/confusa la historia/y clara la pena”.

Quizá, a ratos, “Si te dicen que caí” te parezca confusa, pero la pena por la muerte de Marsé la aclara. Que descanse en paz este orfebre de nuestra literatura.

“El color prohibido”, de Yukio Mishima.

El primer libro que leí de Yukio Mishima (1925-1970) fue su opera prima, publicado a sus prometedores 24 años: “Confesiones de una máscara”. Me impactó tanto, que dejé anotado en la guarda del libro: “Fascinante, hipnótica, conmovedora y deslumbrante novela”. Recuerdo que enterarme sobre su elección para morir, me provocó igual una profunda conmoción: se suicidó en vivo por seppuku.

Autor precoz, prolífico, controvertido y talentoso, al punto que se le consideraba uno de los más grandes escritores japoneses del siglo XX, e incluso, candidato al Nobel de Literatura, escribió 40 novelas, 20 libros de relatos breves, otros tantos de ensayo, 18 obras de teatro y un breve ensayo auto biográfico titulado “El sol y el acero”.

“El color prohibido”, su 4a. novela, se publicó en 1951 y su titulo en japonés es una especie de alusión a la homosexualidad masculina. La novela trata la historia del un joven estudiante Yuichi -inseguro, noble, de gran corazón y gay-, y Shunsuké Hinoki, laureado novelista, entrando en la vejez, aunque para el autor (Mishima escribió la novela en sus veintes) aparece como un venerable anciano de 65 años.

Hinoki, poco agraciado físicamente, desde su infancia se sintió profundamente agraviado por las mujeres, y terminó odiándolas total, profunda y enconadamente. No obstante, mujeriego incorregible, se casó y divorció tres veces, matrimonios que solo le sirvieron para incrementar y justificar su animadversión.

Testarudo, se enamora de una hermosa joven, Yasuko, que a la vez está enamorada de Yuichi, quién no se atreve a confesarle a su enamorada su homosexualidad. Por esos extraños juegos de la vida, persiguiendo a Yasuko, Shunsuké conoce a Yuichi. Sorprendido, decide encararlo, y en un arrebato extraño e incomprensible, Yuichi le manifiesta su preferencia sexual.

Ante su inocencia e ingenuidad, el resentido escritor decide aprovecharse de Yuichi para vengarse de las mujeres -no les he dicho que el joven es espectacular y deslumbrantemente hermoso-, empezando por Yasuko, por lo que le hace una oferta irresistible para que se case con la joven, teniendo la certeza de que un matrimonio así, sólo le traerá infelicidad a la bella joven.

Yuichi, con una madre enferma y en aprietos financieros, acepta la oferta, y se convierte en el arma vengativa Shunsuké, quien utiliza toda su experiencia y talento como escritor, para convencerlo de su proyecto: “Todas se enamorarán de ti, pero tú no amarás a ninguna, puesto que amas a los hombres y harás de ellas unas desdichadas”.

La belleza, la homosexualidad, la estética están presentes en las obras que he leído de Mishima. La novela transcurre principalmente en los lugares de encuentro gay del Tokio en la posguerra, y trata sobre las formas en que se relacionaban, sin embargo no considero que “El color prohibido” sea una novela gay. Ubicada en un Japón que iniciaba su reconstrucción, incluye personajes complejos y representativos de la sociedad japonesa, como Shunsuké, la misma Yasuko y su familia; la condesa Kaburagi, o la Viuda Minabi, madre de Yuichi.

“El color prohibido” no te impacta tanto como “Confesiones de una máscara” o “Vestidos de noche”, la otra novela de Mishima que leí hace 3 años. Cómo escribe Mishima: “Un autor no es responsable de las ilusiones que origina su obra ni de la fascinación que provoca”. Es entretenida, bien escrita, mas larga de lo necesario; sin embargo, se deja leer gracias a las intrigas que concibe Shunsuké y ejecuta obedientemente Yuichi. No me arrepiento de haberla leído, pero hay otras mejores.

“Charles Bukowski. Ellos quieren algo crudo”, compilación de David Stephen Calonne



!Prejuicios, malditos prejuicios! Por andar de prejuicioso, durante muchos, muchos años, me perdí de la literatura de Charles Bukowski. El año pasado, navegando en YouTube me encontré con un documental sobre su vida. Me cayó bien el maestro, y teniendo varios libros suyos en mis estantes sin tocar -por tonto- me puse a leer “Mujeres”, y de ahí, no paré de leerlo hasta terminar todas sus novelas, alguno de sus cuentos y poemas; y me encanta verlo en YouTube en los recitales que ofrecía para pagar la renta y su bebida.

Me consideré afortunado cuando me encontré el año pasado con “Charles Bukowski. Ellos quieren algo. 30 años de entrevistas”, un libro que compila 31 entrevistas de ese “viejo cabrón y tambaleante”, que además, “es el mejor maldito poeta del pueblo”.

El libro se publicó en el 2013, y lo descubrí en una feria librera que montó la Casa del Libro Universitaria de la Universidad Autónoma de Nuevo León, co editora, justo cuando mi proceso de conversión en fan del “Poeta del infierno” había concluido.

Originalmente poeta, Anagrama, que fue la editorial que lo publicó en Hispanoamérica, se decidió primeramente por sus novelas -casi todas auto ficción-, que Bukowski llama ficción creativa. Cartero, Factotum, Mujeres, La senda del perdedor, Hollywood y Pulp son sus novelas publicadas por la editorial catalana.

Menciona Mauricio Bares, traductor y editor del libro, sobre Bukowski, que “fue ignorado en ingles, alabado en alemán, insultado en la televisión francesa, maltratado en el cine italiano, y que la decisión que le creo un enorme culto en español – la de presentarlo exclusivamente como narrador-, mutiló sus orígenes como poeta y su larga trayectoria como tal.”


A Charles Bukowski le llegó el reconocimiento como autor en la última etapa de su vida. Mientras tanto, se dedicó a hacer “chambitas” para comer, beber, pagar la renta y jugar en el hipódromo. Se nota en las conversaciones del libro que Charles se divertía mucho comportándose como el personaje que creó: grosero, borracho, peleonero, perverso, jugador, promiscuo, pero talentoso, ingenioso y carismático.

En las entrevistas que presenta Nitro/Press comprobarás la fascinación que ejercía en sus interrogadores, mientras él se divertía escondido tras el personaje. ¡Tipazo! Las entrevistas están ordenadas cronológicamente, iniciando en 1963 y culminando con la que concedió en 1993 a Gudolfn S. Freyermuth quien la tituló “Qué carajos: últimas palabras”.

Pero como el reto trata sobre una editorial que nunca haya leído, aprovecho para comentarles sobre la editorial Nitro/Press. Editorial mexicana, de nicho, poco conocida, luchadora como todas las editoriales pequeñas, acostumbradas a enfrentarse a pedradas a los grandes grupos editoriales. Su página de Facebook es nitro-press, por sí les interesa.

“..Ellos quieren algo crudo” es una edición sobresaliente por la selección tan representativa de las entrevistas, por la presentación vintage que utilizan, las fotografías, caricaturas y dibujos que presentan; todo, todo el libro me gustó.
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