Autor: Humberto Vela

Nací en Monterrey, N.L. México, en marzo de 1957. He trabajado desde 1982 en la industria de las tecnologías para la información, así que hoy inicio la aventura de escribir de nuevo.

“El invencible verano de Liliana”, de Cristina Rivera Garza

Celebración y denuncia, exigencia y recordatorio, duelo y purificación. Escrita desde la aflicción, “El invencible verano de Liliana” es un texto que evoca la vida breve de Liliana Rivera, la hermana favorita de la autora, víctima de feminicidio en una época donde la muerte violenta de las mujeres por razones de género aún no estaba tipificada.

El feminicidio de Liliana no acabó solo con su vida. Como todos los delitos de su tipo, sus efectos repercutieron a sus padres, a sus familiares, a sus vecinos, a sus compañeros y a Cristina Rivera Garza, la hermana mayor, que acudió, treinta años después de su muerte, a sus cuadernos, apuntes, notas, cartas y agendas, intocables durante esos años; a los testimonios de sus amigos más cercanos; a conversaciones con sus padres y familiares, para construir un poderoso relato sobre la vida de una mujer “brillante y audaz”: su hermana preferida.

Debo confesar de que a pesar de que tengo varias novelas de Cristina, incluyendo su última, ”Autobiografía del algodón”, nunca la había leído. Compraba sus novelas con la expectativa de leerlas; además, la consideraba un poco… paisana regiomontana, pero… en fin, así me pasa y me pesa. Abrí “El invencible verano de Liliana” por el tema: soy padre de dos hijas; además, la mayor, abogada, ha dedicado su vida profesional al tema de los derechos de la mujer. Pero la terminé porque me era imposible dejarla; culpable: el talento narrativo de Cristina.

Cristina Rivera Garza (1964-) es mexicana, novelista, traductora y crítica literaria. Maestra universitaria, es fundadora del Doctorado en Escritura Creativa en español en la Universidad de Houston. Autora de novelas como “La cresta de Ilión”, “La muerte me da” y “Ningún reloj cuenta esto”; ha escrito relatos y ensayo. Galardonada con varios Premios como el Premio Sor Juana Inés de la Cruz y el Roger Caillois, radica desde los 90´s en los Estados Unidos.

Dice Cristina Rivera en un ensayo titulado ¿Nos olvidan los muertos?”, publicado por Letras Libres en su reciente número de Junio del 2021 que “Los muertos nos conminan, por su mera presencia física, en tanto memoria vuelta materia, a la práctica ética de recordar, de tenerlos presentes, de volverlos presente”. Y precisamente es lo que logró Cristina con “El invencible verano de Liliana”: acercárnosla, traérnosla a este 2021, cuando lesionada por una tendinitis en el hombro, dejó la natación y en lugar de nadar, se puso a escribir este hermoso testimonio.

El relato de Cristina inicia en Azcapotzalco, un municipio industrial de la Ciudad de México cuando veintinueve años, tres meses, dos días después de la muerte de Liliana, decide acudir ante la justicia mexicana para solicitar una copia completa del expediente de investigación sobre el feminicidio de su hermana, quien fue asesinada el 16 de julio de 1990 en su pequeño departamento, ubicado en la Calle Mimosas 658, colonia Pasteros, Delegación Azcapotzalco.

Desconozco si existe un infierno peor que el burocrático judicial mexicano. Desde ahí arranca Cristina su paciente -se requiere mucha para lidiar con nuestra burocracia- reconstrucción de la vida de su hermana y lo hace con mucho amor y profundo dolor, aún en un proceso de duelo que no termina por sanar, que te conmueve, te emociona, te acerca, te involucra, te identifica.

Cristina utiliza el material escrito por su hermana: notas, apuntes, recortes, planos, cartas, casetes, agendas y cuadernos para procurar intuir, comprender, reconstruir, penetrar a su mundo íntimo, y en una labor detectivesca, localiza a sus amigos más cercanos de su etapa universitaria para recoger sus testimonios, y así, junto con conversaciones con sus padres y con algunos de los familiares que estuvieron más cerca de Liliana sus últimos años, ofrecernos un texto de una extraordinaria belleza que igual que te lastima, te deslumbra e ilumina.

“El invencible verano de Liliana” es una celebración que surge después de un duelo de muchos años; es una exigencia de justicia para que el proceso de sanación se complete; es la recuperación de la vida de una mujer, de apenas veinte años, apasionada de la literatura, el cine, la arquitectura y el rock que termina dándole voz a miles de mujeres, víctimas como ella, que ni se olvidan ni nos olvidan. ¡Te leo!

“Devastación”, de Tom Kristensen

Vaya pasmosa, asombrosa sorpresa que me llevé con la novela de Tom Kristensen, un autor que me era total, completa y absolutamente desconocido, cuya novela, “Devastación”, publicada originalmente en 1968 y editada en español por Errata natura 50 años después, me sumergió en un reto lector, del cual emergí saturado, colmado de sensaciones encontradas, después de atravesar por diversos estados, que pasaban de la conmoción al asombro, sacudido con tanta fuerza, que me obligaba a poner toda mi concentración en la lectura.

“Devastación” me la encontré arrinconada entre cientos de libros en la sección de Literatura Universal. Tomo único, lo compré más por curiosidad que por otras razones, y no de primer impulso. Cuando lo vi, lo saqué del estante, medio leí la sinopsis, lo dejé y seguí recorriendo la librería. Media hora después, ya en la fila para pagar, inquieto con lo que no llevaba en las manos, me salí, crucé la librería y regresé por ella. De vez en cuando mis intuiciones son muy afortunadas.

Autor danés nacido en Londres, Tom Kristensen (1893-1974) fue poeta, novelista, crítico literario y periodista. Es una de las principales figuras literarias danesas de la generación posterior a la Primera Guerra Mundial. Además de “Devastación”, su novela más reconocida, publicó tres libros de poesía y numerosos textos autobiográficos o de viajes.

Diez días me llevó su lectura. Normalmente una novela de 650 páginas me toma la mitad de ese tiempo. Pero “Devastación” no es una novela fácil. Es más, a ratos me incomodaba y la tenía que dejar. Pero créeme: ni por asomo era por fastidio, cansancio, aburrimiento. Pausaba la lectura, pero ansiaba regresar a ella.

La historia de la auto degradación de Ole Jastrau, un crítico literario en sus treinta, que trabajaba en uno de los diarios más importantes de Dinamarca me tenía atrapado, subyugado, pero a la vez, anhelando un poco de sosiego. Testimoniar su descenso a los infiernos, rehén del alcohol; atestiguar su caída gradual pero inexorable, su desamparo, su decadencia, no me resultaba fácil de digerir.

Nos encontramos en Copenhague, en los años 20 del siglo pasado. Ole, casado y con un hijo, vive una vida aburguesada y rutinaria de clase media reseñando libros para el periódico Dagbladet, hasta que una noche, un viejo conocido del ambiente nocturno y un joven desarrapado, hijo de un reconocido poeta, irrumpen en su casa en busca de refugio, pues la policía los busca por cuestiones políticas.

La extraña, rara, muy chocante influencia que el joven, poeta como su padre, ejerce sobre Ole, lo conduce a cuestionarse el sentido de su vida, considerándola vacía y sin incentivos; a objetar su monotonía, a sacar a flote su insatisfacción con su vida matrimonial, a mostrar su amargura, su desencanto; y palpas la maestría de Kristensen para crear esa ambientación, esa atmósfera, entre bohemia y decadente que arrastra a Ole, y a nosotros junto con él, hacia la destrucción de su vida.

Insisto: lectura incómoda, extraña. Por momentos me identificaba con el protagonista, para inmediatamente después considerar sus reacciones como inmaduras, por no decir francamente inverosímiles. ¿Sería debido a mi absoluta ignorancia sobre Dinamarca y la cultura danesa? ¿Brecha generacional, además de cultural? Ese vacío emocional de Ole, ese intenso y acusado deseo de hundirse, de destruir su vida matrimonial, familiar, profesional me provocaba sensaciones ininteligibles.

Relatada con una prosa medida, seca, producto, creo, de una excepcional traducción; con un narrador distante, muy frío, que prefería mostrar más que explicar o resumir, lo que ralentizaba el ritmo del relato, utilizando los diálogos y las acciones, evitando reflexionar sobre las razones, dejándonos a los lectores la tarea de ponderar, especular, meditar, deducir, comprender, adivinar las causas, motivos y sin razones del proceso autodestructivo de Ole Jastrau, “Devastación” es, aunque cueste su lectura, una gran novela.

Sé que habrá lectores que podrán considerarla cruda, lenta, cansada, excesiva en el número de páginas, inverosímil e incomprensible las acciones y reacciones de los personajes, y no soy nadie para contradecirlos ni desmentirlos. A mí, a pesar de lo que me costó su lectura, me fascinó. Descarnada, inquietante, molesta, retadora, “Devastación” me supuso un gran descubrimiento.

Retrato de una cultura y una época desconocida, su lectura me confrontó con muchos de mis demonios, pues funcionó a manera de espejo y lo que vi, pudo disgustarme. “Devastación” es, sin duda, una novela sobresaliente, notable, realmente relevante. ¡Te leo!

“Tomás Nevinson”, de Javier Marías

Existen novelas que por sus asombrosas y maravillosas propiedades me hacen sentir incapacitado para trasmitirte las sensaciones y sentimientos que su lectura me provocan. “Tomás Nevinson”, y en general, la Literatura de Javier Marías, su peculiar estilo literario, su prosa, la estructura de sus novelas, sus personajes narradores, me dejan exhausto, pero satisfecho, contento, y afortunado por haberme permitido el gozo de su lectura.

Javier Marías es autor de quince novelas, de semblanzas, de relatos cortos, de antologías y de ensayo. Editorialista de El País, fue Profesor de la Universidad de Oxford y de la Complutense de Madrid y es miembro de la Real Academia Española. Multi galardonado por su obra, los últimos años ha sido integrante asiduo en las quinielas y listas de los autores con merecimientos para recibir el Nobel de Literatura.

Las novelas de Marías se leen despacio. Por más que intente acelerar el ritmo de lectura, con las historias de Javier termino por reconocer que no vale la pena: difícilmente me estará esperando una novela mejor de la que tengo en las manos. “Tomás Nevinson” fluye lenta pero plácidamente. Además, es extensa: 680 páginas, así que si pretendes romper un récord de lectura rápida, te recomiendo buscar otros autores.

Reflexión sobre los límites entre lo qué se puede hacer y lo qué no; sobre la elección del mal menor argumentando evitar mayor daño; “Tomás Nevinson” nos confronta con el dilema moral al que se enfrenta nuestro atractivo personaje, inmerso en una situación extrema tal, que no logra elegir un curso de acción que sea conforme con su educación “a la antigua”, con sus valores, ya que nunca creyó ni imaginó que algún día le fueran ordenar matar a una mujer.

Tomás Nevinson es un agente del servicio secreto británico, el M16, supuestamente en retiro. Un 6 de enero lo contacta Bertran Trupa, su antiguo jefe para proponerle que se infiltre en una pequeña ciudad española para identificar entre tres mujeres, a una militante del IRA que colaboró con el ETA en algunos de los más sangrientos y letales atentados que ocurrieron en España.
La orden es sencilla: identificar a la mujer sin ninguna duda y reunir pruebas eficaces, irrefutables e inequívocas para llevarla frente a la justicia con la certeza de que recibirá condena por sus actos; si no es posible obtener dichas pruebas indefectibles, ejecutarla.

A Tomás lo conocimos en “Berta Isla”, novela titulada con el nombre de su ex mujer. Estudiante superdotado para los idiomas y para las imitaciones de acentos, fue reclutado por el M16 británico, y en esta novela lo encontramos años después, trabajando en Madrid para la Embajada Inglesa, separado de Berta y sus hijos, ya adolescentes, pero residiendo en la misma calle donde viven. Aburrido y deseoso de volver a la acción, acepta la propuesta de Trupa.

No te esperes una novela de espías pletórica de acción, a lo James Bond, aunque a Levinson le hayan concedido extra oficialmente licencia para matar. Marías es un maestro es eso de poner pausa a la acción, pero incrementando el misterio, lo que te mantiene en alerta permanente.

En “Tomás Levinson” lo que encuentras son largas digresiones, profundas reflexiones, preguntas bien jodidas sobre la decisión de asesinar a una mujer en nombre de la justicia, obviando con su muerte, que vuelva a cometer actos de terrorismo, evitar nuevos crímenes, horrendos crímenes.

Ambientada en los 90´s, narrada en primera persona, con el estilo peculiar de Marias, donde la voz narradora duda, opina, reflexiona buscando certidumbre, una luz que ilumine el laberinto en que se encuentra, que tranquilice ese estado de zozobra que sufre, imposibilitado para conocer la verdad a ciencia cierta, de determinar tras de quién, entre Inés, Celia o María, se esconde una implacable terrorista, que ha asesinado y puede volver a hacerlo.

Prosa sutil, suave y llena de matices; estructura sin complicaciones; personajes bien dibujados, mostrando su esencia, su conciencia, con un Tomás como ejemplo, símbolo de un hombre desterrado de su universo, sin futuro, envuelto en tareas incompatibles con sus recuerdos, “Tomás Nevinson”, con numerosas referencias a “Berta Isla”, la anterior novela de Marías, sin llegar a ser continuación, es una maravillosa novela que no puedo dejar de recomendártela. ¡Te leo!

“En busca de la felicidad”, de Douglas Kennedy

Cautivadora, conmovedora, amena lectura, que a pesar de su extensión (600 páginas), me resultó tan atractiva como adictiva. “En busca de la felicidad” cuenta la historia de los hermanos Sara y Eric Smythe, y la de Jack Malone y Dorothy, su mujer, ambientada en el Manhattan los 50´s, con la cruzada anti comunista del senador McCarthy como contexto histórico y político.

El libro atrajo mi atención. No conocía ni al autor ni a la editorial; la fotografía de la portada, con una mujer muy bella como protagonista, y el título tan, pero tan cursi, me impulsaron a tomarlo de la mesa, y contra mi costumbre, leer la contraportada: “… vertiginosa historia de amor”. Hice lo que nunca: ahí, en plena librería me puse a buscar información en la Wikipedia (me da pena que piensen que ando comparando precios con Amazon) y lo que leí, me decidió.

Douglas Kennedy (1955-) es un escritor estadounidense, neoyorkino para más señas, que ha escrito doce novelas traducidas a veintidós idiomas, de las cuales se han vendido 14 millones de copias. Lo aman en Francia y es conocido en España. La editorial Arpa se encuentra en Barcelona y publicó “En busca de la felicidad” en 2019. Habrá que seguirles la huella, a Kennedy y a Arpa; espero que continúen enviando sus publicaciones a México.

Dividida en cuatro partes y narrada en primera persona por Katie y Sara, “En busca de la felicidad” es una extraordinaria novela, escrita con una primorosa y bien cuidada prosa, llena de diálogos inteligentes y graciosos, que no obstante, retrata el horror, la oscura atmósfera de esos tiempos canallescos, la ruin persecución que sufrieron escritores, artistas, políticos e intelectuales de la izquierda liberal estadunidenses a mediados del siglo pasado.

Y sí, existe el romance, aunque la relación entre Sara y Jack Malone es compleja, tortuosa, enfermiza, destructiva, intensa y trágica, como muchas, sin duda, que ni me asusto ni mi chupo el dedo, porque acuerdos como los de Sara y Jack han existido siempre, pero aún y así, continuamente te cuestionas sobre los parámetros que definen la felicidad que buscan este singular par de amantes.

Erase una vez que era una fiesta en el Greenwich Village, durante la víspera del día de Acción de Gracias de 1945, recién finalizada la II Guerra cuando Sara Smythe conoce a Jack Malone, un periodista del Ejército estadounidense que pasa unos días de descanso en su país antes de regresar a Europa, ahora como voluntario para colaborar con las actividades posguerra.

Flechazo instantáneo, dos días con sus noches de pasión, y llega la despedida, con promesas de escribirse a diario y regresar dentro de nueve meses. El soldado Malone desaparece, dejando con el corazón roto a Sara, que llore y llore, enviando cartas por docenas, atosigando obsesivamente a su cartero en espera de respuestas, va construyendo una prometedora carrera como editora y columnista del diario Saturday Night/Sunday Morning.

Pasan los meses, unos años. Sara trabaja, sale, se relaciona, se mal casa, se divorcia; crece su fama como columnista, hasta que una mañana de domingo, paseando por Central Park se topa con, bueno, ya saben con quién, y ya no les cuento más de esta relación, porque hay más, como la entrañable relación filial entre Sara y su hermano Eric.

Permíteme comentarte que Eric es un personajazo: exitoso guionista en la recién nacida industria televisiva; de joven, como muchos, simpatizó con la izquierda liberal, y como todos, con la madurez, se olvidó de sus coqueteos con el comunismo, sucumbiendo a los placeres que ofrece el capitalismo salvaje. Eric Smythe es señalado por un cobarde, y sufre la persecución, las amenazas, los métodos miserables del macartismo que tantas vidas destruyeron. Eric, para sorpresa de algunos, demostró su verdadero carácter con las alternativas que eligió bajo la presión de los esbirros de McCarthy.

Y también aparecen Katie y su hermano Charlie, víctimas y beneficiarios de las circunstancias y de la bondad humana. “En busca de la felicidad” es una novela que te recomiendo leas si la encuentras. Son tantas sus virtudes, que solo me resta reiterarte mi sugerencia: lectura placentera e imprescindible. ¡Te leo!

“Yoga”, de Emmanuel Carrère

Armatoste explosivo de un género inclasificable, relato (s) inquietante (s) y adictivo (s), “Yoga”, el último libro del escritor francés Emmanuel Carrère me sorprendió, pero no me defraudó. Quizá me agarró en un estado de extrema sensibilidad, sinceramente te lo digo, me tocó ciertas fibras, pero ¡carajo! Me inquietó, me cautivó, me deslumbró y al final, me dejó con la conciencia que había disfrutado de un gran libro.

Con riesgo de parecerte incongruente, no sabía que esperar. Se dijo y se escribió demasiado sobre los embrollos, los diversos obstáculos que sorteó Emmanuel Carrère para publicar “Yoga”, un libro esperado porque desde la publicación de “El reino”, pasaron años sin que el francés entregara una nueva obra.

Emmanuel Carrère (1957-), francés, periodista, cineasta y escritor multi género, ganador del Premio FIL de Guadalajara en el 2017, es un autor que se ha especializado por escribir novelas donde mezcla la ficción con la realidad; novelas de no ficción como “El adversario”, “Una novela rusa” y “De vidas ajenas”, pueden servir de ejemplo de su literatura. Si le crees o no, que todo lo que escribe es real, pues ya es cosa de cada quien.

Pero te comentaba que no tenía idea de que iba “Yoga”, en qué había acabado el libro. Publicado en medio de una serie de conflictos jurídicos con su ex mujer, Hélène Devynck, se decía que Carrère fue obligado a rehacerlo ante el impedimento legal de mencionarla implícita y explícitamente.

Y supongo que algo así sucedió, porque “Yoga”, que según cuenta Carrère iba a ser un “librito risueño y sutil sobre el yoga”, terminó convertido en un extraño, pero fascinante, adictivo y seductor artefacto literario; un libro que cuenta varias historias, aparentemente inconexas, pero al final caes en cuenta que, como decía Steve Jobs, los puntos terminaron uniéndose.

Profundo, extenso y atractivo ensayo sobre la meditación, el taichí y el yoga; texto ambientado alrededor del atentado que conmovió profundamente a la sociedad francesa: la masacre en la revista satírica Charlie Hebdo en la que asesinaron a doce periodistas e hirieron a cinco de gravedad; relato íntimo y doloroso de la depresión que lo recluyó en un hospital psiquiátrico; y por último, su mirada, su percepción, contada a través de cuatro jóvenes refugiados en una pequeña isla griega sobre la crisis migratoria europea.

En la parte inicial, que da pretexto al libro, donde Carrère vibra y se explaya escribiendo sobre sus inquietudes espirituales, sus conocimientos y experiencias en la práctica de las diferentes versiones del yoga, el ying y el yang, sus posturas (asanas), las técnicas de respiración (pranayama), de meditación y mantras; me resultó atrayente por que me interesa e intriga el tema y por su hipnótica prosa; me conmovió además, intuir las promesas de bienestar que el autor percibe y anhela conseguir con su práctica, buscando espantar su tristeza, aliviar su depresión.

Turbadores y desgarradores me resultaron los apuntes sobre su internamiento hospitalario. Tristeza, desesperanza, pesimismo, angustia, soledad. La bestia negra, la depresión, descenso a los oscuros abismos de la mente; Carrère no se guarda nada en la historia de su locura, sus desequilibrios químicos, su manía depresiva, la terapia a base de electrochoques a la se sometió, y la tenue luz al final del túnel, el anhelado retorno al trabajo.

De la elipsis narrativa no me animo a contarte mucho. Usando como pretexto un viaje a Grecia, donde recala en una de las tantas islas, Emmanuel conoce y se involucra con una norteamericana activista en pro de los refugiados, grupos de adolescentes que esperan en Grecia su admisión en Europa.

Es en esa parte donde se nota las consecuencias de los líos jurídicos de Carrère con su ex-mujer, y supongo que para cumplir con el acuerdo legal, el autor la suprime, e introduce un personaje ficticio, ¨rompiendo” con el pacto con la verdad, pretendiendo que sea el lector quien llene los huecos del relato con el contexto que nos ofrece.

¿Metaficción? ¡Claro! Emmanuel hace todo lo posible para hacernos saber que está escribiendo “Yoga”; su texto nos manda a otros de sus libros; a su personaje Erika la afirma como ente de ficción; y la hipertextualidad de “Yoga” es indudable y evidente, pues muestra toda una red literaria de citas y referencias a otros textos.

¿Autobiografía? Escrito en primera persona, la verdad es que un lector como tú o como yo, la tenemos difícil para discernir que de lo que nos cuenta Emmanuel es verdad y cuál parte ficción. Aunque Carrère odie que se clasifique a parte de su obra como autoficcional, “Yoga” es a mi entender, más autoficción que autobiografía.

En fin, clasificaciones aparte, “Yoga” es una obra muy bien escrita, cautivante, emocionante, que se lee con emoción y concentración. Me gustó el regreso de Emmanuel Carrère a las librerías. Y si llegaste hasta aquí, te lo agradezco. Dejé muchas reflexiones y sensaciones sobre “Yoga” en el disco duro, pero tenía que cortar. ¡Te leo!

“La perra”, de Pilar Quintana

“La perra” es la historia de Damaris, una mujer afrocolombiana residente en una zona selvática del Pacífico Colombiano; historia que a la vez, puede ser la de millones de nuestras mujeres latinoamericanas. Novela corta o relato largo, lectura breve pero intensa; recreada en un ambiente hostil, solitario y peligroso, donde la jungla se une al océano. “La perra”, a pesar de su otro significado, trata sobre la relación entre Damaris y Chirli, una cachorra adoptada por nuestra protagonista.

Espero que me disculpes por traer tan pronto otra novela de Pilar Quintana, la última galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2021. Tantos autores por conocer, tanta obra por leer, y no me pude resistir a a la lectura de “La perra” cuando me la encontré, en un improbable estante de la librería, el mero día de Saint Jordi, mientras aún tenía presente en mi mente las buenas sensaciones que me dejó “Los abismos”.

Varios miembros del grupo me la recomendaron cuando platiqué sobre la Alfaguara 2021. La busqué primero OnLine, en mis librerías mexicanas habituales, y en todas, la reportaron como agotada. El 23 asistí a una de ellas, y neceando, la busqué, solo por no dejar, conociendo como conozco el pésimo sistema informático de venta en línea de esa librería. Y ahí estaba: sección literatura hispanoamericana, ordenada alfabéticamente, en la Q.

La vi tan delgada, tan breve, que me animé a leerla de inmediato. Es raro que lea dos libros del mismo autor tan seguido, pero lo sentí razonable. Tenía disponible el resto de la tarde del Día del Libro, y “Yoga”, el último libro del controvertido francés Emmanuel Carrère podía esperar al sábado. Y sí, sus 108 páginas me permitieron cerrar el viernes contento con su lectura.

Pilar Quintana (1972) nació en Cali y ha escrito 5 novelas y un libro de cuentos: “Cosquillas en la lengua” (2003), “Coleccionistas de polvos raros” (2007), “Conspiración iguana” (2009), “La perra” (2017) y “Los abismos” (2021). “La perra”, ha sido traducida a quince idiomas y reconocida con el Premio de Narrativa Colombiana y un PEN Translates Award.


Damaris es una mujer afrocolombiana, robusta, sólida, de piel oscura -vaya con la corrección política- y manos torpes por enormes. Vive con Rogelio, su marido, tosco pescador, hombre serio, callado y trabajador, medio bruto, pero no tan mal compañero.

Cerca de los cuarenta, después de años de esfuerzos por concebir un hijo -curas con hierbas, brujerías y rezos incluidos-, se decide por adoptar a Chirli, una perra recién nacida, con quien rápidamente crea un vínculo casi maternal, tensando su relación con Rogelio, en un matrimonio ya en crisis por los problemas inherentes a la infertilidad.

“La perra”, breve pero profunda, lectura cordial, pero sin complacencias. Con una estructura sin complicaciones y una prosa tan delicada y precisa como la de “Los abismos”, que hace que la lectura fluya con un ritmo sereno y relajado, totalmente opuesto al de las olas violentas que rompen contra los acantilados que bordean a ese pueblo de “una calle larga de arena apretada con casas a lado y lado”.

Los sueños, la angustia, la soledad, el mar, la lluvia, los moscos; tierra dura cuyas características y ubicación desconocía, y que gracias a la novela de Pilar Quintana y la ayuda de Google pude conocer, aunque someramente, la dureza que el Pacífico colombiano impone a sus habitantes.

Novela seria, narrada con un tono denso, que nunca cayó en la tentación de aprovecharse de los brujos indígenas y la herbolaria popular para encasillarse en la arbitraria clasificación de “realismo mágico”. Sí, queda claro que una negra pobre que vive en el Pacífico colombiano no tiene acceso a tratamientos de fertilidad, pero tampoco a soluciones “mágicas” a un problema que nos las tiene.

“La perra” trata sobre temas importantes, formales, serios: la maternidad, la fertilidad, y la frustración que provoca lo inalcanzable; el matrimonio y sus presiones hacia la mujer para parir y sus promesas de felicidad incumplidas; el racismo como parte de una estructura social y económica y las diferencias entre clases sociales. Excelente lectura, gracias por recomendármela ¡Te leo!

“Gente normal”, de Sally Rooney

Ganas de agarrarlos del cuello, zarandearlos y cuestionarlos a gritos: ¿¡Qué no se dan cuenta que tienen todo para ser felices juntos, par de anormales!? Mira que a pesar de saber de que iba la cosa, la lectura de “Gente Normal” me sacaba de quicio, me exasperaba cada vez que ese par de tarados se separaban, pero cuando recordaba que ya soy un adulto mayor, respiraba hondo hasta que me controlaba.

Detesto leer una novela después de ver la película basada en el libro. No creo que la animadversión tenga que ver con la trama o el final revelado; pienso que es más bien que no me gusta que se me sobrepongan los rostros de los actores y actrices en los de los protagonistas de la novela.

La serie de televisión “Gente normal” fue una de las mejores series que vi el año pasado (la vi en STARZPLAY). No recuerdo haberme enterado que se basaba en una novela. Por eso cuando mi librero me la recomendó, la acepté sin dudar y sin ligar el título del libro con la serie que había visto meses atrás. Mi senil memoria desencadena esas penosas situaciones.

Iniciada la lectura, la hermosísima cara de Daisy Edgar-Jones apareció y se incrustó en mi mente, que cliqueó de inmediato, evocando la serie y fastidiándome de paso, porque elegir una lectura en ciertas circunstancias, me resulta un incordio.

Pensé en regresar el libro a su lugar, pero al final, decidí darme la oportunidad de leerlo, con la expectativa de que ocurriera lo que normalmente sucede: que el libro fuera mejor que la película, lo que significaría una novela atractiva, porque reitero: la serie para televisión es espléndida.

Tratándole de dar forma a este texto, me enteré que Sally Rooney fue la super estrella en el mercado editorial anglosajón el año pasado, y yo, ¡ni enterado!; vaya, me pasó de noche, quizá por la pandemia, quizá porque la etiquetaron como un fenómeno literario de su generación. El caso es que a pesar del éxito de la novela y de la serie, “Gente normal” me agarró fuera de base.

“Gente normal” trata acerca de la singular relación entre Marianne Sheridan y Connell Waldron, y cubre desde su último año (2011) en el Instituto de Carricklea, un pequeño poblado irlandés, hasta principios del 2015, casi graduados de la Universidad de Dublín, ella en Historia y Política, él en Filología Inglesa.

Brillantes estudiantes, atractivos, envidiados y apreciados por igual, en lo único que difieren es en el origen: ella, hija de abogados de abolengo; él, hijo de madre soltera muy joven y trabajadora.

Marianne es una nerd con toques góticos: inteligente, brillante, hermosa, de familia adinerada, indiferente a los usos y costumbres de sus condiscípulos, que no pierden oportunidad para aplicarle bullying; inepta en lo social, intensa en lo intelectual, apasionada en el plano sexual.

Connell es considerado como un buen partido, estudiante sobresaliente, centro delantero del equipo de fútbol del Instituto, guapo, que cae bien a todo el mundo, y aunque peca de introvertido, mal que bien, más por sentido de pertenencia que por placer, se involucra y participa en las actividades extra escolares.

Lorraine, la madre de Connell, trabaja como empleada doméstica de entrada por salida en la casa familiar de Marianne. Connell acostumbra ir por su madre al finalizar su jornada laboral. Es durante los momentos en que espera que su madre esté lista para regresar a casa, cuando Marianne y Connell empiezan a conocerse, y muy pronto se enciende una chispa entre los dos.

Connell, inmaduro, inseguro, temeroso de las reacciones de sus amigos, decide ocultar la relación ante los demás, determinación que Marianne respeta, aunque sin entender plenamente las razones. Y pasan los meses; y entre más se conocen, más se entienden, y conforme más se entienden, más y mejor se comparten; y así, van construyendo un fuerte, un firme, un muy sólido vínculo afectivo, que trasciende las convenciones románticas al uso.

Y transcurren los años universitarios, y ellos, entre sonoros éxitos académicos, continúan acercándose y alejándose, sin lograr derrumbar todas las barreras construidas con supuestos, conjeturas, imaginaciones y malos entendidos, involucrándose cada quien por su lado en otras relaciones, que solo les sirven para regresar al mismo punto.

“Gente normal” es una historia intimista, un relato sobre un amor poco convencional, sin cursilería ni estridencias, pero real, auténtico, lleno de confusión, deseo, pasión, ternura, necesidad, aturdimiento, vacilación, fantasía, incertidumbre, dolor, miedo, nerviosismo.

Novela estructurada con saltos en el tiempo que te mantiene atado a la trama, escrita con una prosa llana, seca, donde resalta un extraordinario trabajo en el desarrollo de nuestros protagonistas, sumamente complejos, contradictorios, inseguros, insensatos, anormales, magnéticos, súper atractivos personajes.

Novela intensa, inteligente, introspectiva, que nos hace reflexionar sobre las barreras sociales, la amistad, el maltrato familiar, las relaciones tóxicas; un relato lleno de matices que hacen única, una historia que pudiera parecer ordinaria, de gente normal, que me gustó, que me emocionó como la serie, a pesar que supuestamente no se dirige a gente de mi generación ¡Te leo!

“Los abismos”, de Pilar Quintana

Novela seria y conmovedora; punto de vista de una niña perspicaz sobre un tema que en nuestra infancia provocó angustia, zozobra y congoja: el miedo ante la muerte de nuestros padres. Galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2021, “Los abismos” fue una puerta que se nos abrió a la literatura de Pilar Quintana.

Hace muchos, pero muchos años, perdí la inocencia y dejé de considerar a los premios, sobre todo los que otorgan las Editoriales, como guía literaria, sin que por ello considere que me debo de privar de comprar, y mucho menos leer una novela, solo por el hecho de haber sido galardonada.

El tema está bastante sobado y manoseado, por lo que ya solo menciono que una cosa es que no te chupes el dedo con los premios, y otra cosa es que descalifiques un autor o una obra de entrada, solo porque ha sido galardonado. Los premios son un mecanismo de promoción de una industria que requiere de lectores y consumidores, y debe de entenderse de esa forma.

Yo no conocía a Pilar Quintana. Compré “Los abismos” Premio Alfaguara de Novela 2021 solamente porque desde 1998 he comprado todas las novelas galardonadas por Alfaguara. Y la leí tan pronto, simplemente porque una compañera de mi mundo académico, colombiana como la autora, me la recomendó.

El boca a boca funciona, sin duda, como también funcionan las recomendaciones en las redes sociales, en nuestras comunidades. Quizá si no hubiera de por medio esa intervención, se queda en espera, como lo están aún “Salvar el fuego”, de mi paisano Guillermo Arriaga o “Mañana tendremos otros nombres”, de Patricio Pron, por citar solo los dos premiados que anteceden a Pilar.

Pilar Quintanilla (1972) nació en Cali y ha escrito 5 novelas y un libro de cuentos: “Cosquillas en la lengua” (2003), “Coleccionistas de polvos raros” (2007), “Conspiración iguana” (2009) y “La perra” (2017). El libro de cuentos, “Caperucita se come al lobo”, provocó una controversia hace tiempo, pues tratándose sobre el tema del deseo femenino, parece que se les coló a los responsables de las bibliotecas escolares en Chile generando molestia entre los padres de familia. “La perra”, traducida a quince idiomas, ha sido reconocida con el Premio de Narrativa Colombiana y un PEN Translates Award.

“Los abismos” cuenta la historia de Claudia, quien desde su mirada curiosa y sensible, mirada perspicaz para una niña de 8 años, que observa sin ingenuidad, pero sin comprender cabalmente cuál fue el detonante, el comienzo de una serie de conflictos entre sus padres, surgidos de una indiscreción de su madre, devaneo que deviene en sutiles pero trascendentales cambios en la dinámica familiar.

Ubicada en Cali, durante unas vacaciones de verano; narrada en primera persona por Claudia, (gracias al oficio de la autora, no te hace ruido el nivel del lenguaje que utiliza Claudia, considerando que es una niña), relata la memoria familiar de su madre (tocaya, se llama igual que la hija) y la de su padre, propietario junto con su hermana Amelia de un súper mercado, herencia de sus padres.

Claudia madre, lectora asidua de revistas de corazón, comenta con su hija, sin cesar, y sin reflexionar sobre los efectos en la pequeña Claudia, historias como la de Natalie Wood, Diana de Inglaterra, la Princesa Grace de Mónaco, todas ellas involucradas en accidentes mortales. Gloria Inés, prima que era como su hermana, fallece ese verano al precipitarse desde el balcón de su departamento, a 18 pisos de altura, historias que provocan pesadillas en la niña.

El padre, serio, trabajador y responsable, tolera la indiscreción de su mujer, resiste el estado depresivo en que la postró el fin del affaire, e intenta darle la vuelta a la página; le gusta pasear con su hija los fines de semana, se muestra atento y empático a sus necesidades, pero discreto y poco comunicativo, no colabora en construir una atmósfera más alegre y equilibrada para su hija.

Novela intimista, de excelente factura, escrita con una prosa delicada, y personajes bien construidos; historia que sin extremismos, se atreve a desacralizar a la madre perfecta y que evade otorgarle al padre el papel de culpable; que trata sobre sobre los anhelos, los deseos, las aspiraciones de las mujeres y su relación con la maternidad; sobre la tristeza y la depresión; pero sobre todo, de los miedos, los temores infantiles, el más grande de ellos: el perder a nuestros padres. ¡Te leo!

“Ex Libris Confesiones de una lectora”, de Ann Fadiman

Es difícil resistirse a un libro sobre libros. No importa el género: ya sean novelas; biografías y autobiografías de escritores, editores, agentes literarios; crónicas, ensayos, libros de fotografías, etc., lo que trate de los libros y su entorno, nos seducen irremediablemente porque va implícita en su lectura la promesa de descubrir más títulos, más autores, más sueños.

Y es que los lectores somos imaginativos y curiosos, muy curiosos. Siempre en la búsqueda de nuevos universos, de cosas desconocidas (ya existe un universo inagotable encerrado en la palabra cosas, escribe Arnoldo Kraus), también nos agrada conocer, nos divierte averiguar, las manías lectoras de otras personas.

Creo que esa es una de las razones de esta comunidad. Los lectores, como tú, como yo, entendemos el sentimiento de pertenecer a un grupo como este, donde nos reunimos un conjunto de personas con intereses e inquietudes comunes en torno a la lectura y los libros.

Nuestros ritos, rutinas y actividades lectoras pueden parecerles extrañas a quienes visualizan la pertenencia grupal con las salidas a cenar o a tomar la copa, o con las reuniones para ver un partido de futbol; actividades sociales como los clubes de lectura son parecidas, y cumplen con los mismos propósitos de una reunión para jugar cartas, por ejemplo, y sin embargo, algunos lo consideran singulares.

Dicho lo anterior, resultó natural que al descubrir “Ex Libris” en una mesa atestada de mi librería preferida, cargara con él, a pesar del precio (es importado de España). En descargo de “Ex Libris”, te comento que es un hermoso libro: la portada es muy atractiva, y la edición de Editorial Alfabeto está muy bien cuidada; vaya, es de los pocos libros nuevos que son cosidos, no pegados. Ah, e incluye el separador.

Anne Fadiman es profesora, editora, periodista y ensayista. Ha publicado reportajes en diversas revistas ( Harper´s, The New Yorker y The New York Times) y proviene de una familia estrechamente ligada con la literatura y los libros. Maestra galardonada con el Richard H. Brodhead Price for Teaching Excellence de la Universidad de Yale, es miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias de los Estados Unidos.

Publicado en 1998, “Ex Libris Confesiones de una lectora” es un libro sobre libros, que lo lees de un gozoso tirón. Dividido en 18 capítulos, con una prosa simple y sencilla, Anne nos relata sus extravagancias, sus caprichos, sus excentricidades en algunos de los temas que cotidianamente rondan por nuestros pensamientos lectores y otros, que ni siquiera los hubiéramos imaginado.

Deliciosa la narración sobre la manera en que tras cinco años de matrimonio, durante los cuales permanecieron juntas pero separadas, en la misma casa, pero en diferentes libreros, ella y su marido decidieron fortalecer su relación marital a través de unir sus respectivas bibliotecas. Decisiones sobre los cómo ordenarlos -género, autor, idioma, etc.-; seleccionar los libreros; en caso de títulos repetidos, con cuál se quedarán, etc., fueron algunos de los retos que afrontaron poniendo en riesgo la estabilidad matrimonial.

Manías como la de andar husmeando y a la caza nuevas palabras; los libros del estante suelto, que son aquellos que no tienen nada que ver con el resto de la biblioteca; sobre la relación física que mantiene con sus libros, pues no considera el rayarlos, subrayarlos, doblarlos, como signos de mal trato, sino como señal de intimidad.

La lectura “in situ” le llama ella, a la afición por leer una novela en la ubicación donde transcurre (yo utilizo Google para hacer los recorridos narrados en una novela, aunque de manera virtual); la pedante manía de andarle corrigiendo la ortografía a cualquiera, y su pasión por la cacería de erratas en libros, revistas, periódicos y hasta en los menús de los restaurantes a los que acude.

La lectura en voz alta, los libros de segunda mano, la biblioteca de sus padres; también toca un tema que por mi edad, ya me inquieta, que es la que ocurrirá con mi biblioteca cuando muera. Yo pienso legarla a mis hijas, que aman los libros como yo, aunque estoy consciente de los deberes, de la carga que les heredo junto con ella.

En resumen: “Ex Libris Confesiones de una lectora” es un libro bien escrito, mejor editado, divertido, ingenioso, y muy informativo que se disfrutó deliciosamente durante un domingo -en mi caso- en primavera. ¡Te leo!

“No es un río”, de Selva Almada

Leía por aquí, por allá y por acullá sobre Selva Almada y tomaba nota mental por si me encontraba algún día con uno de sus libros. No sé cuál sea tu proceso para decidirte a adquirir un libro, porque muchos pueden ser los cursos que te conducen a ellos, pero definitivamente, en algunas ocasiones, el azar juega un papel estelar.

Dependiendo de la urgencia por leerlo, ya sea por el peso de una recomendación, o de la curiosidad, o la necesidad, salgo a buscarlo, por tierra -librerías- o aire -OnLine-; si no es urgente y tengo la certeza que tarde o temprano llegará (novedades de mis autores preferidos, éxitos en ventas, etc.), espero a que llegue a la librería; o quizá ocurra que por casualidad, me lo encuentre, y al verlo, recuerde alguna nota, comentario, o recomendación que almacené en el cerebro y me lo llevo; o la más común: que simplemente me hizo ojitos.

Es posible que encuentre en la librería un libro o un autor que lo tenía registrado, pero que al momento de verlo no logro extraer del disco duro cerebral la información guardada y me pase de frente, viendo sin ver. La memoria es caprichosa, y con la edad, bastante arbitraria.

No dudo que algo así me haya pasado con Selva, porque se me hace cañón que “No es un río” haya sido el primer libro de la argentina con que me haya encontrado en toda la vida. Bueno, no exageremos, digamos que desde el 2012, cuando publicó su primera novela “El viento que arrasa”. Haya sido como haya sido, el caso es que ahora sí fluyó el Karma: lo ví, recordé, me lo traje a casa, lo leí y me gustó mucho.

Selva Almada (1973) es una autora argentina que inició como poeta (“Mal de muñecas”, 2003) y empezó a sonar como novelista cuando publicó “El viento que arrasa”. En el 2014 publicó un libro de No Ficción “Chicas muertas” donde visibilizó tres femicidios, libro que la proyectó como feminista. “No es un río” es su tercera novela (a lo mejor si es la primera ocasión que un libro suyo llega a mi rancho). Mientras lo leía me enteré que la novela ingresó a la lista de las finalistas del IV Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. ¡Suerte!

Novela corta, que se lee en una sentada, “No es un río” cuenta la historia de tres amigos, El Negro, Enero y Eusebio, en un relato que fluye mientras los dos primeros, junto con el Tilo, hijo adolescente de Eusebio, pasan unos días pescando en “la isla”, viaje armado hacía rato, con el pretexto de estrenar el nuevo barco del Negro.

Durante las jornadas pesqueras, mientras comen, beben y conversan, cincuentones Enero y el Negro, comparten recuerdos, en una larga conversación, procurada, quizá, con la intención de que el Tilo penetre en las hondas raices que forjaron la amistad que sostuvieron con su padre, Eusebio, y que explican los fuertes y entrañables lazos que ahora los unen con el niño.

Ambientada en algún lugar al interior de la Argentina que no logré ubicar (¿Entre Ríos, el río Paraná?), donde se percibe la pobreza de sus habitantes, un incidente -Enero regresó al río, muerta, porque “Jedía fiero” una gran Raya, “una bicha hermosa” que habían pescado el día anterior”- provocó la molestia de Aguirre, un habitante de la isla, quien a pasado más tiempo en el río “que con nadie”.

Pronto corre la noticia entre los pobladores, que azuzados por Aguirre deciden darles una lección, “Hay que enseñarles” dice Aguirre. Y la novela se vuelve densa, tensa, oscura, mientras uno, como lector mexicano, va sumergiéndose en un universo conocido, poblado por ahogados, curanderos, hombres violentos, mujeres sin esperanzas; universo muy parecido al de nuestro campo, muy Rulfo.

Magistral novela corta, narrada en tercera persona, con un lenguaje lleno de expresiones (andar de guazuncho, sucucho, chúcara, chucean, tanzas, el paspado) que sentía ajenas a mis experiencias con la literatura argentina, pero atractivo y sonoro; utilizando una prosa muy condensada, intensa, casi sin pausas, armada con diálogos cortos, dosificados, llenos de silencios, muy secos, como desolados y rústicos son los personajes, “No es un río” no me defraudó, y su lectura me invitó, ahora sí, a buscar las otras dos novelas de Selva Almada. ¡Te leo!
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