
El título me engañó. Pensé que trataría sobre la última historia de amor de Frank Bascombe y resultó el ¿triste, tierno? viaje de un Frank de 74 años, semi jubilado con su hijo Paul, enfermo de ELA, al mítico monte Rushmore, intentando recuperar el tiempo perdido con ese hijo que siempre le ha parecido raro o extraño, excursión emprendida por la certeza de que la enfermedad se lo llevará irremediablemente.
Soy lector tardío de Richard Ford. Fue apenas hace 10 años cuando lo leí por primera vez. Mi primer libro fue “Canadá”, una obra de corte clásico, una novela de iniciación que me provocó una experiencia profunda y duradera, tan enriquecedora que a partir de ahí me seguí con “El periodista deportivo”, “Francamente, Frank”, “Flores en las grietas”, “Mi madre”, “Entre ellos”, “El día de la independencia”, “Acción de Gracias” e “Incendios”.
Frank Bascombe es el protagonista de cuatro de las obras de Richard Ford: “El periodista deportivo” (1986), “El Día de la Independencia” (1995), “Acción de gracias” (2006), y “Francamente, Frank” (2014), a las que se une “Sé mía”, la quinta entrega de la serie de Bascombe, considerado por muchos uno de los personajes más queridos y reconocidos en la literatura contemporánea estadounidense.
Es complicado centrar este texto solamente en “Sé mía”. Pienso, sobre todo si no has leído a Ford, que tengo que platicarte un poco más acerca del autor y su personaje. Richard Ford es un autor ampliamente admirado y reconocido, un maestro del realismo literario y un excelso narrador de la vida estadounidense contemporánea. Y las andanzas de Frank Bascombe, a quien le ha ocurrido de todo, son un recorrido profundo y melancólico por los altibajos de la vida en la clase media estadounidense.
El estilo de Richard Ford se caracteriza por una prosa precisa, que acompañada con un ritmo lento y reflexivo le permite capturar y revelarnos los detalles de la vida cotidiana: los gestos, los pensamientos, los objetos, las pequeñas rutinas. Estas observaciones dan textura a sus historias y hacen que los personajes y sus entornos sean vívidos. Sus protagonistas, como Frank Bascombe, son complejos, a menudo contradictorios, pero siempre profundamente humanos. A través de ellos, Ford explora temas universales como la soledad, el paso del tiempo, la pérdida y la búsqueda de significado. Y aunque sus historias pueden parecer sombrías, hay destellos de un humor sutil, a menudo irónico, que refleja la absurda complejidad de la vida.
Frank es un personaje complejo, un hombre que navega entre la rutina, las pérdidas y sus intentos de encontrar sentido en las cosas más simples. Su historia abarca varias décadas y refleja los cambios personales y sociales de Estados Unidos. No me identifico con Frank. Él es demasiado estadounidense. Además, sus obsesiones, su forma de pensar y de enfrentar la vida no son las mías. Sin embargo, es precisamente la maestría de Richard Ford la que logra lo imposible: convertir a este personaje en alguien entrañable. A través de su escritura, Ford no solo expone las grietas de Frank, sino que las llena de humanidad, haciendo que incluso sus contradicciones se sientan auténticas. Así, más allá de las diferencias culturales o personales, es difícil no conectar con esa universalidad de lo imperfecto que define a Frank Bascombe.
Frank ha vuelto, y está más solo que nunca. Su exesposa, Ann, ha fallecido, y su segundo matrimonio, ese intento de estabilidad con la aparentemente perfecta Sally Caldwell, es ya cosa del pasado. En su búsqueda desesperada de algo que se parezca al amor o, al menos, a una vida compartida, sus llamadas quedan sin respuesta. ¿A quién recurre? A una fisioterapeuta de un centro de masajes que visita ocasionalmente, ansioso por un mínimo contacto humano. Y a la Dra. Catherine Flaherty, una antigua amiga de su etapa como periodista deportivo, alguien con quien llegó a coquetear, pero que ahora prefiere mantenerse al margen, incluso de quienes frecuenta.
En “Sé mía”, encontramos a Frank en la clínica Mayo, en Rochester, Minnesota, donde su hijo Paul se somete voluntariamente a una investigación sobre la terrible enfermedad del ELA. Cuando el equipo médico la da por concluida, Frank coacciona a su hijo a emprender un viaje a Dakota del Sur para ver el monte Rushmore. Más que por patriotismo, el viaje para Frank, pareciera ser un intento de reconciliación y redención, un esfuerzo para hacer las paces con Paul, una última oportunidad para crear un momento memorable juntos. El trayecto está cargado de melancolía e ironía, pero también de momentos de ternura inesperada. Frank atiende el cuerpo de su hijo con una “piedad silenciosa”, pero su mayor desafío es mantener su mente a flote frente a la desesperación que provoca la enfermedad mientras que Paul, mordaz, a ratos rencoroso, pero siempre con un humor bastante peculiar, lucha ante la inevitable fragilidad de su situación.
“Sé mía” es una novela que te desarma. Richard Ford, con su estilo sobrio, reposado y profundo, nos lleva de la mano en un viaje cargado de ironía, dolor y humanidad. A través de Frank Bascombe y su hijo Paul, nos confronta con preguntas inevitables sobre el tiempo, la pérdida y las conexiones que intentamos mantener frente a lo irreversible. Aunque no es una historia fácil, su honestidad y precisión emocional la convierten en una experiencia inolvidable. Es una lectura para quienes buscan reflexionar sobre la vida en su desnudez más pura y, a la vez, encontrar belleza en lo cotidiano. Te leo!