Exhausto, emocionado, preocupado, pero feliz. Así me dejó la lectura de Demon Copperhead, un homenaje moderno a la obra maestra “David Copperfield” de Charles Dickens. Esta extraordinaria novela combina el poder de la literatura clásica con problemas sociales contemporáneos, abordando temas como la pobreza, la ignorancia, el abandono infantil y la desigualdad social, que permanecen vigentes incluso en potencias como Estados Unidos.

Sabía de Barbara Kingsolver, pero nunca la había leído. Hace años tengo su novela “La biblia envenenada”, pero no había encontrado la motivación para leerla. Los premios literarios, como el Pulitzer, son importantes porque funcionan como sellos de calidad, poniendo libros en el radar de lectores que tal vez no se habrían interesado en ellos de otra manera. Fue precisamente el Pulitzer 2023, que recibió la novela de Kingsolver, lo que definitivamente me impulsó a leer “Demon Copperhead”.

Barbara Kingsolver (Annapolis, 1955) es una de las escritoras más conocidas de la literatura contemporánea estadounidense. Su obra abarca tanto ficción como no ficción, y a lo largo de más de tres décadas ha explorado temas como la justicia social, el medio ambiente y las complejidades de las relaciones humanas. Desde “La biblia envenenada”, que retrata a una familia de misioneros en el Congo, hasta “Animal, vegetal, milagro”, donde narra los esfuerzos de su familia por consumir solo alimentos locales, Kingsolver ha mostrado una profunda conexión con la naturaleza y las luchas de las comunidades marginadas. Ha ganado el Premio Pulitzer por “Demon Copperhead” y es la única autora estadounidense que ha obtenido dos veces el Women’s Prize for Fiction. Su estilo combina una sensibilidad poética con un firme compromiso social, lo que la convierte en una voz literaria única e imprescindible.

“Demon Copperhead” es un relato conmovedor que sigue la vida de un niño huérfano en las Montañas Apalaches, un entorno marcado por la pobreza, la adicción y la lucha por la supervivencia. A través de la voz de Demon, la novela explora las miserias y las resiliencias de su mundo, tocando temas profundos como la epidemia de opiáceos que ha devastado comunidades enteras y el impacto del colonialismo que ha dejado huellas imborrables en su tierra.

Kingsolver nos sumerge en la complejidad emocional de su protagonista, dibujando un retrato vívido de la vida de quienes crecen en un sistema que parece haberles dado la espalda. A medida que Demon navega por un paisaje de adversidades—desde la falta de educación hasta la pérdida de sus seres queridos—la historia se convierte en una poderosa exploración de identidad y pertenencia, cuestionando las percepciones externas de su mundo. Con un estilo que combina humor y dolor, la autora invita a los lectores a empatizar con su viaje, revelando no solo las luchas, sino también la riqueza de una vida vivida en un contexto tan complicado.

La novela transcurre en la zona conocida como los Apalaches, una cordillera de Norteamérica de más de 3,200 kilómetros que abarca desde Terranova (Canadá) hasta el norte de Alabama (Estados Unidos), una región a menudo ridiculizada, mal interpretada y señalada desde afuera. Aunque la intención de Barbara Kingsolver al escribir su novela no fue abiertamente política en su enfoque, su retrato de la pobreza y la marginación en las comunidades de los Apalaches puede resonar con algunos temas de la retórica política Trumpiana. Esto me resultó evidente, sobre todo, recordando la película “Hillbilly Elegy”, basada en las memorias de JD Vance, el candidato a vicepresidente de Trump.

El personaje de Demon, un joven huérfano atrapado en un ciclo de ignorancia, pobreza y adicciones, representa la realidad de muchas personas en las zonas rurales de Estados Unidos, en particular los votantes que sienten que han sido olvidados por las élites políticas. En este sentido, la novela podría evocar las promesas de ciertos candidatos, que apelan a esta base electoral con discursos sobre “recuperar la grandeza” de las zonas rurales y defender a los “olvidados” de la nación.

La novela expone cómo las políticas fallidas y la falta de apoyo han contribuido al sufrimiento de comunidades como las de los Apalaches. En este sentido, podría resonar como una reflexión sobre el tipo de políticas que estos candidatos podrían proponer y las consecuencias a largo plazo de un enfoque que no aborda las raíces estructurales de la pobreza y el abuso de drogas. Aunque “Demon Copperhead” no es un libro explícitamente político, su retrato de los Apalaches y las dificultades de las clases bajas puede generar paralelismos con figuras políticas que apelan a los votantes rurales y marginados. Dependiendo de cómo se interprete, la novela puede servir tanto como crítica al sistema que perpetúa la pobreza y el abandono, como una defensa de la lucha personal por superar esas adversidades.

Narrada en primera persona por Demon, un niño huérfano cuya vida es un espejo de las crudas realidades de la epidemia de opiáceos, la novela nos sumerge en su lucha por sobrevivir en un entorno hostil. La fuerza de la obra reside en la capacidad de Kingsolver para dar voz a un protagonista profundamente humano, atrapado entre la dureza de su realidad y la esperanza de un futuro mejor. Con una prosa rica y evocadora, la autora captura los matices de una comunidad que, pese a ser ridiculizada por muchos, sigue adelante con una identidad firme y una resiliencia conmovedora. Demon Copperhead es tanto un retrato íntimo como una crítica social poderosa, que denuncia las injusticias sin perder de vista la belleza de las historias personales.¡Te leo!