
Ha pasado largo tiempo sin comentar contigo, querida lectora, estimado amigo, mis lecturas. Fue en Julio del año pasado cuando publiqué un texto donde les comentaba mis impresiones sobre esa maravillosa novela de Leopoldo G. Alas “Clarin”, “La Regenta”; y no es que haya dejado de leer, sino más bien quise dejarte descansar de el constante bombardeo a los que te sometía tres o cuatro veces por semana.
No tengo idea si podré volver a maltratarte como en el pasado, pero hoy me entraron deseos de volver a escribir sobre mis lecturas, y aprovechando la lectura de un breve relato del entrañable maestro argentino Jorge Luis Borges, quiero compartir con ustedes unas reflexiones sobre “Las ruinas circulares”.
Contado por un narrador omnisciente (heterodiegético) que lo sabe todo, el relato breve de Borges nos cuenta la historia de un “soñador” que tiene como obsesión crear un ser humano a través de sus sueños, y además, imponerlo a la realidad.
En su primer sueño -se sueña como maestro griego en un anfiteatro circular dictando lecciones – elige un alumno, y mientras lo alecciona, se despierta, reconociendo que no alcanzó el objetivo de imponer al joven soñado en la realidad. El fracaso le resulta tan doloroso, que le provoca insomnio.
Después sueña con un corazón. Y entre sueño y sueño, va creando a un mancebo, órgano por órgano, hueso por hueso, desde el cabello hasta las uñas de los pies, pero la creación no habla, no hace nada, es incompetente, pues lo único que hace, es soñar. Decepcionado, el soñador se decide por solicitar ayuda a un dios -que resultó ser el del Fuego- que se la concede y despierta a la creación del soñador, ya convertido en un hombre de carne y hueso. A nuestro soñador le gusta tanto como quedó, que lo envía a otros templos a difundir su poder.
Pasa el tiempo, y nuestro soñador, inquieto por la suerte de al que ya consideraba su hijo -lo había enseñado para ir por el mundo-, al llegarle noticias sobre su desempeño en los templos del Norte, termina descubriendo que no es hombre, que no es su creación, sino que es el resultado de un sueño de otro soñador.
Cuento fantástico, sobrenatural, irreal, alejado de mis preferencias lectoras. Con un final inesperado e inexplicable por nuestras leyes naturales; relato provocador y desconcertante para mí como lector, aunque debo de reconocer la verdad: no me gustó. La fantasía de Borges, aunque parezca un sacrilegio decirlo y peor, escribirlo, no me gusta.
No mencionaré la casi siempre compleja simbología que encontramos en el relato sobre lo circular, por ejemplo, que en mitos y leyendas se relaciona con la eternidad; prefiero enfocar el texto en descubrirles lo significativo del tema, la intensidad del relato© y la tensión que provoca lo contado.
La voluntad y el proceso de creación como tema es significativo, aunque parezca una fantasía la de crear soñando. Porque sí, la creatividad y la innovación pueden nacer de la imaginación y la capacidad de soñar. Los sueños y la imaginación son fundamentales para el proceso de creación y resolución de problemas.
Entonces hablemos de los sueños: los sueños y la idea de perseguirlos son conceptos profundamente arraigados en la cultura y la psicología humanas. Los sueños representan deseos, metas y aspiraciones personales. Tener sueños y aspiraciones es una parte fundamental de la experiencia humana, ya que nos motiva, nos da un sentido de propósito y nos impulsa a crecer y alcanzar nuestros objetivos, por lo que soñar puede ser para muchos un tema significativo, aunque no sé si era en lo que estaba pensando Borges cuando lo escribía.
En cuanto a la intensidad, “Las ruinas circulares” ejerce una alta presión desde la apertura, y el final, es una acumulación de frases largas que tienen ritmo al leerla en voz alta (lo hice). “Caminó entre los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron de calor sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo”. Existe ritmo en lo narrado, ¿a poco no? Te leo, que te extraño.