“La inquilina de Wildfell Hall”, de Anne Brontë

Historia asombrosamente actual, moderna, realista, cruel y hasta dolorosa; novela rabiosamente feminista, con Helen, una maravillosa protagonista que encuentra el valor para alzarse contra la tortura que le supone su matrimonio con Arthur Huntingdon, un infeliz y abusivo patán, borracho y libertino, que considera al engaño y la humillación a la pareja, una cláusula inalterable y obligatoria del contrato matrimonial. Sí, “La inquilina de Wildfell” es un Clásico del Siglo XIX que trata con temas que se resisten a desaparecer en el XXI.

En diciembre del 2020 leí “Agnes Grey”, de Anne Brontë, historia realista, didáctica e ilustrativa de una época; novela corta, narrada con una prosa sin ñoñerías, afectaciones ni sentimentalismos; novela que me cautivó a tal punto que me prometí leer en la primera oportunidad “La inquilina de Wildfell”, la segunda y última novela de la más pequeña de las hermanas Brontë. La busqué sin éxito, hasta que, para mi fortuna, este enero llegó la edición que presenta en su entrega 53, la colección de Novelas Eternas.

Cuando publiqué el texto sobre las impresiones, sensaciones y sentimientos que me causó la ópera prima de Anne, recibí una inusual -por cuantiosa-, cantidad de comentarios recomendándome la lectura de “La inquilina de Wildfell”. Fue gracias a esas insistentes sugerencias, que, recibiendo la novela, me preparé a leerla a la brevedad. ¡Gracias, Bendito grupo! Aún sin leerla, conocía la historia -ocurre así con los clásicos-, pero la lectura me resultó interesante y hasta formativa, al observar la evolución de Helen, un personaje trascendente, ejemplar.

La novela trata del arribo a Wildfell Hall, una vieja mansión en un lamentable estado de abandono, de una joven mujer, de la que poco se sabía. Mrs. Graham llegó con su pequeño hijo y una criada; pronto, debido a su comportamiento huidizo, evasivo, receloso y poco sociable, atrajo la atención de la pequeña comunidad que la rodeaba, que empezó a murmurar y a preguntarse sobre la procedencia y el estado de la joven señora.

Es Gilbert Markham, un joven hacendado que vive, junto a su madre y sus hermanas, en una casa vecina a Wildfell Hall, quien nos empieza a contar a manera epistolar, dirigida a su cuñado, la primera parte de la historia de la señora Graham y su hijo Arthur.

El misterio, la belleza y el distanciamiento que Helen -le llevó varias visitas conocer el nombre- le impone, atrae su atención, interés que deriva en algo más profundo, que los sentimientos iniciales de amable vecindad que lo acercaron a su bella vecina.

Su evidente deferencia hacia la joven, provoca el aumento de los chismes de sus vecinos, murmuraciones que se centran en una supuesta relación impropia entre la joven y su casero, el señor Lawrence, propietario de Wildfell Hall, lo que desata los celos de Gilbert, y desencadena un violento enfrentamiento con el casero, y peor aún, el rechazo de Helen a sus pretensiones románticas.

A partir de aquí, es la propia Helen, a través de sus diarios, la que nos cuenta su vida con sus tíos, su noviazgo, matrimonio y primeros años de casada con Arthur Huntingdon, padre de su hijo, un hombre tan guapo como mimado, fanfarrón, flojo e irresponsable, y dado, junto con su pandilla, a todos los vicios imaginables, que la engaña y la humilla de manera constante.

Helen evidencia en sus diarios la situación matrimonial de muchas mujeres: malos tratos y abusos verbales; resignación ante las humillaciones y atropellos, acrecentados por las costumbres de la época, que consideraba a el papel de la mujer en el matrimonio, como una pieza, un componente más, de un contrato de negocios sumamente desventajoso para ellas.

Minucioso retrato de la sociedad victoriana de la época, “La inquilina de Wildfell Hall” muestra a una sociedad con doble moral, que tras una apariencia puritana, esconde vicios -alcoholismo, y drogadicción-, conflictos familiares -hoy los denominamos violencia familiar y/o de género-, represión sexual y un restrictivo código de conducta social.

Para mí, la parte más seductora y cautivadora de la novela resultó observar La evolución de Helen, una heroína que supo ser capaz de enfrentarse y sobrepasar sus limitaciones históricas, sociales y personales.

El talento literario y la valentía de Anne Brontë se revela en Helen, una mujer de fuerza suficiente como para procurar buscar su bienestar por sí misma. Anne, supuestamente la más sumisa de las Brontë, es la visionaria feminista que concede a su protagonista femenina, como un abierto desafío, un final provocador, escandaloso, e inédito para su época. Imprescindible lectura. ¡Te leo!

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