“Una sala llena de corazones rotos”, de Anne Tyler

Novela pausada, la historia que nos cuenta Anne Tyler sobre Micah Mortimer, un informático -así se nos decía en los 80´s- me resultó un bálsamo, un calmante, una lectura relajante, muy adecuada, sobre todo después de la lectura de la novela de Rosario Castellanos, “Rito de iniciación”, que me significó otro tipo de ánimo como lector.

No tenía ni una sola referencia ni de la novela ni de Anne Tyler. La compré animado por conocer una nueva autora, por la editorial y por el almibarado título. Tampoco tenía en mente leerla tan pronto; hay novelas en espera en mis libreros, pero como la tenía a la mano por haber llegado unos días atrás a casa, y después de leer la entrada de la contraportada, me decidí, apostando a su brevedad y que el tema me era afín.

Anne Tyler (1941-), norteamericana, residente en Baltimore desde 1967, donde ha ambientado la mayor parte de sus novelas, es una escritora conocida y reconocida cuando menos en los Estados Unidos. Prolífica novelista, ha publicado más de 20 novelas, ha sido galardonada con el Premio PEN/Faulkner, el National Book Critics Circle y el Premio Pulitzer. Ha publicado literatura infantil, relato corto y varias de sus obran han sido adaptadas al cine y a la televisión.

Micah es un soltero en sus cuarenta, que vive solo en el sótano de un edificio de departamentos que además, administra; y lo hace con el mismo celo, eficacia, eficiencia y suficiencia con la que gestiona su departamento. Graduado en informática, ha formado una pequeña cartera de clientes a los que les resuelve diversos problemas que tienen con sus ordenadores, celulares y todos los dispositivos tecnológicos que cargamos en nuestras actividades cotidianas. Su microempresa es conocida por el sugerente nombre de “Tecnoermitaño”.

Personaje metódico, sistemático y cuidadoso, ha hecho del orden y la limpieza su divisa. Y ordenado, programado y cuadrado es en todos los aspectos de su vida. Huérfano de padre y madre, es querido y apreciado por sus dos hermanas, sus cuñados y sus sobrinos, que constantemente hacen burla de sus manías y peculiaridades, entre la que resalta su incompetencia, su torpeza, su total ineptitud social. Hazte de cuenta un Sheldon Cooper, sin su IQ, pero con su mismo déficit de empatía: es incapaz de entender y responder a los mensajes emocionales de los demás.

Entendible así su soltería, ha pasado por varias relaciones sentimentales, que terminan sin que nuestro protagonista logre explicarse a bien las razones. Al inicio de la historia, vemos que ha establecido con Cassia, una entregada maestra, de “treinta y muchos”, una unión que le funciona relativamente bien, hasta que concurren dos sucesos -Cassia es amenazada con el desalojo de su casa, y a Micah se le aparece en su hogar Brink, un joven que piensa que pudiera ser su hijo- que parecen provocar un leve desequilibrio en su vida.

Mientras observas la habilidad de Micah para resolver las decenas de problemas que diariamente le presentan sus clientes e inquilinos y te desesperas, asombras y consternas con su carencia de inteligencia emocional -No dudes de que el tipo te va a caer bien desde el principio-, esperas un milagro que no ocurre y Micah no se desvía de sus rutinas, porque Micah no lo requiere y terminas acompañándolo y disfrutando de su compañía, comprendiendo que Micah es más que sus manías, que es un hombre educado, atento, amable, servicial y solidario.

“Una sala llena de corazones rotos” es una novela corta que me gustaría que no hubiera acabado tan pronto. Historia encantadora, tierna, que te atrae con ese magnetismo máximo con que se aproximan dos imanes con polos diferentes; relato extraordinario sobre vidas ordinarias, donde te reconoces, te encuentras y compartes sentimientos, sensaciones, emociones en la cotidianidad de vidas como las de Micah, sus familiares, sus clientes y vecinos.

Novela fascinante que te hipnotiza, escrita con una estructura sin complejidades, una prosa sutil y delicada y un tipazo como protagonista, lo que te conduce a disfrutar de su lectura desde un estado de calma, de placidez, sin sobresaltos y sin extremos, como sencillas, familiares, naturales y cotidianas son las anécdotas que nos relata. Voy a buscar más Anne Tyler, si ya la conoces ¡Te leo! Y sí, no, también.
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