“Por quién doblan las campanas”, de Ernest Hemingway

Hacía mucho tiempo que no me tomaba el debido para disfrutar una novela. “Por quién doblan las campanas” le leí en cortas sesiones de 100 páginas, no por su complejidad , que no la tiene, sino que, por el interés que me provocaba, acudía con frecuencia a otras lecturas sobre la guerra civil española.

Hay autores que no requieren de presentación, pues su popularidad traspasa los límites del universo literario. Ernest Hemingway (1899-1961) fue uno de ellos. Nobel de Literatura 1954, se creó un personaje que dejó huella en la imaginación popular y que aún perdura, como la demuestra el biopic cinematográfico “Hemingway y Gellhorn” protagonizado por Nicole Kidman y Clive Owen.

No tengo idea del porqué pensaba que había leído “Por quién doblan las campanas” en mi juventud, época en que leí “El viejo y el mar”, “París era una fiesta” y “Muerte en la tarde”, pero ventajas de tener catalogada tu biblioteca, me di cuenta que ni la había leído ni la tenía, y como leer a Hemingway es una fiesta, a la primera oportunidad, me enfiesté.

El episodio que se narra ocurre en 1936, cuando los republicanos planean lanzar una ofensiva contra las tropas franquistas asentadas en la ciudad de Segovia. Para evitar que los fascistas reciban apoyos por tierra, envían a un norteamericano experto en explosivos a volar un puente, con la instrucción que la voladura debe ocurrir exactamente minutos después de iniciada la ofensiva.

La novela transcurre durante los tres días que le toma a Roberto Jordán -el estadounidense- llegar a la zona, reunir y organizar a los guerrilleros republicanos dispersos en las montañas, que colaboraran con él, planear al detalle la explosión, enamorarse de María, reflexionar sobre su vida, la muerte, la familia, el carácter de los españoles, la guerra y su misión.

Leí una entrevista que le hicieron a Hemingway (George Plimpton, en “El oficio de escritor”, Ediciones Era, 1968) donde confesó que escribir esta gran novela sobre la guerra civil española le había representado “un problema con el que tuve que bregar cada día. En principio sabia lo que iba a suceder. Pero inventé cada día lo que iba sucediendo.”

La referencia es importante, porque una de las cosas que me sorprendieron de la lectura, fue la forma en que convirtió un historia que transcurrió en apenas 4 días, en una novela que, en mi edición, sobrepasa las 600 páginas. No es queja, al contrario: mantenerte adherido a una historia que avanza tan gradualmente, muestra la maestría del narrador que te la está contando.

Excepcional cuentista, cazador, boxeador, taurino, Hemingway aprovechó su experiencia como corresponsal de guerra, y testigo de primera mano de la conflagración española, para ofrecernos una visión -quizá sesgada- sobre las ideologías políticas, el fanatismo anti y religioso, y la lucha de clase que dividieron y enfrentaron a los españoles en una guerra fratricida que culminó en una larga dictadura.

Aunque pareciera que la novela es sobre la guerra, la temática la sobrepasa. “Por quién doblan las campañas” trata sobre el compañerismo, el compromiso, el sacrificio, la muerte, el suicidio, y la incertidumbre que viven los actores cuando reflexionan e intentan justificarse a la hora de matar a un paisano, a un vecino, solo por el hecho de militar en el bando contrario.

También vislumbras de refilón el ambiente político que se vivía en España, pletórico de intrigas, venganzas, traiciones y manipulaciones. Y si me lo permiten, ya poniéndome en un plan muy cursi, agregaría el amor a primera vista como parte de la temática, aunque me rechinaba un poco la relación entre Roberto y María.

“Por quién doblan las campanas” se convirtió en un gran éxito y acaparó críticas y elogios. A 80 años de su publicación conserva sus valores literarios; el paso del tiempo no parece haberlos disminuido. La recomiendo.
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